{"id":4061,"date":"2016-06-01T06:05:03","date_gmt":"2016-06-01T11:05:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-catequesis-papa-francisco-sobre-la-parabola-del-fariseo-y-el-publicano\/"},"modified":"2016-06-01T06:05:03","modified_gmt":"2016-06-01T11:05:03","slug":"texto-completo-catequesis-papa-francisco-sobre-la-parabola-del-fariseo-y-el-publicano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-catequesis-papa-francisco-sobre-la-parabola-del-fariseo-y-el-publicano\/","title":{"rendered":"[TEXTO COMPLETO] Catequesis Papa Francisco sobre la par\u00e1bola del fariseo y el publicano"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 01 Jun. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco dedic&oacute; la catequesis de la Audiencia General del mi&eacute;rcoles a la par&aacute;bola del fariseo y el publicano y denunci&oacute; las actitudes de aquellos que, como el fariseo, son falsas y corruptas. &ldquo;Y adem&aacute;s, su actitud y sus palabras est&aacute;n lejos del modo de actuar y de hablar de Dios, quien ama a todos los hombres y no desprecia a los pecadores. &Eacute;ste desprecia a los pecadores, tambi&eacute;n cuando se&ntilde;ala al otro que est&aacute; ah&iacute;. Aquel fariseo, que se considera justo, descuida el mandamiento m&aacute;s importante: el amor a Dios y al pr&oacute;jimo&rdquo;, explic&oacute;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, el texto completo de la catequesis del Papa:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos hermanos y hermanas, &iexcl;buenos d&iacute;as!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl mi&eacute;rcoles pasado hemos escuchado la par&aacute;bola del juez y la viuda, sobre la necesidad de orar con perseverancia. Hoy, con otra par&aacute;bola, Jes&uacute;s quiere ense&ntilde;arnos cu&aacute;l es la actitud justa para orar e invocar la misericordia del Padre: c&oacute;mo se debe orar. Una actitud justa para orar. Es la par&aacute;bola del fariseo y del publicano (Cfr. Lc 19,9-14).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAmbos protagonistas suben al templo a orar, pero act&uacute;an de modos muy diferentes, obteniendo resultados opuestos. El fariseo ora &laquo;de pie&raquo; (v. 11), y usa muchas palabras. La suya, si, es una oraci&oacute;n de agradecimiento dirigida a Dios, pero en realidad es un alarde de sus propios m&eacute;ritos, con sentido de superioridad hacia los &laquo;dem&aacute;s hombres&raquo;, calific&aacute;ndolos como &laquo;ladrones, injustos y ad&uacute;lteros&raquo;, como, por ejemplo &ndash; y se&ntilde;ala a aquel otro que estaba ah&iacute; &#8211; &laquo;como ese publicano&raquo; (v. 11). Pero precisamente aqu&iacute; est&aacute; el problema: aquel fariseo ora a Dios, pero en verdad mira a s&iacute; mismo. &iexcl;Ora a si mismo! En vez de tener delante a sus ojos al Se&ntilde;or, tiene un espejo. A pesar de encontrarse en el templo, no siente la necesidad de postrarse delante de la majestad de Dios; est&aacute; de pie, se siente seguro, &iexcl;casi fuera &eacute;l, el due&ntilde;o del templo! &Eacute;l enumera las buenas obras cumplidas: es irreprensible, observante de la Ley m&aacute;s de lo debido, ayuna &laquo;dos veces por semana&raquo; y paga la &ldquo;decima&rdquo; parte de todo aquello que posee. En conclusi&oacute;n, m&aacute;s que orar, el fariseo se complace de la propia observancia de los preceptos. Y adem&aacute;s, su actitud y sus palabras est&aacute;n lejos del modo de actuar y de hablar de Dios, quien ama a todos los hombres y no desprecia a los pecadores. &Eacute;ste desprecia a los pecadores, tambi&eacute;n cuando se&ntilde;ala al otro que est&aacute; ah&iacute;. Aquel fariseo, que se considera justo, descuida el mandamiento m&aacute;s importante: el amor a Dios y al pr&oacute;jimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNo basta pues preguntarnos cu&aacute;nto oramos, debemos tambi&eacute;n examinarnos c&oacute;mo oramos, o mejor, c&oacute;mo es nuestro coraz&oacute;n: es importante examinarlo para evaluar los pensamientos, los sentimientos, y extirpar la arrogancia y la hipocres&iacute;a. Pero, yo pregunto: &iquest;se puede orar con arrogancia? No. &iquest;Se puede orara con hipocres&iacute;a? No. Solamente, debemos orar ante Dios como nosotros somos. Pero &eacute;ste oraba con arrogancia e hipocres&iacute;a. Estamos todos metidos en la agitaci&oacute;n del ritmo cotidiano, muchas veces a merced de sensaciones, desorientadas, confusas. Es necesario aprender a encontrar el camino hacia nuestro coraz&oacute;n, recuperar el valor de la intimidad y del silencio, porque es ah&iacute; que Dios nos encuentra y nos habla. Solamente a partir de ah&iacute; podemos nosotros encontrar a los dem&aacute;s y hablar con ellos. El fariseo se ha encaminado hacia el templo, est&aacute; seguro de s&iacute;, pero no se da cuenta de haber perdido el camino de su coraz&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl publicano en cambio se presenta en el templo con &aacute;nimo humilde y arrepentido: &laquo;manteni&eacute;ndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho&raquo; (v. 13). Su oraci&oacute;n es breve, no es tan larga como aquella del fariseo: &laquo;Dios m&iacute;o, ten piedad de m&iacute;, que soy un pecador&raquo;. Nada m&aacute;s. &ldquo;Oh Dios, ten piedad de m&iacute; pecador&rdquo;. Bella oraci&oacute;n, &iquest;eh? Podemos decirla tres veces, todos juntos. Dig&aacute;mosla: &ldquo;Oh Dios, ten piedad de m&iacute; pecador&rdquo;. &ldquo;Oh Dios, ten piedad de m&iacute; pecador&rdquo;. &ldquo;Oh Dios, ten piedad de m&iacute; pecador&rdquo;. De hecho, los cobradores de impuestos &ndash; llamados justamente, publicanos &ndash; eran considerados personas impuras, sometidas a los dominadores extranjeros, eran mal vistos por la gente y generalmente asociados a los &ldquo;pecadores&rdquo;. La par&aacute;bola ense&ntilde;a que se es justo o pecador no por la propia pertenencia social, sino por el modo de relacionarse con Dios y por el modo de relacionarse con los hermanos. Los gestos de penitencia y las pocas y simples palabras del publicano testimonian su conciencia acerca de su m&iacute;sera condici&oacute;n. Su oraci&oacute;n es esencial. Act&uacute;a como un humilde, seguro solo de ser un pecador necesitado de piedad. Si el fariseo no ped&iacute;a nada porque ten&iacute;a ya todo, el publicano puede solo mendigar la misericordia de Dios. Y esto es bello, &iquest;eh? Mendigar la misericordia de Dios. Present&aacute;ndose &ldquo;con las manos vac&iacute;as&rdquo;, con el coraz&oacute;n desnudo y reconoci&eacute;ndose pecador, el publicano muestra a todos nosotros la condici&oacute;n necesaria para recibir el perd&oacute;n del Se&ntilde;or. Al final justamente &eacute;l, despreciado as&iacute;, se convierte en icono del verdadero creyente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJes&uacute;s concluye la par&aacute;bola con una sentencia: &laquo;Les aseguro que este &uacute;ltimo &ndash; es decir, el publicano &#8211; volvi&oacute; a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza ser&aacute; humillado y el que se humilla ser&aacute; ensalzado&raquo; (v. 14). De estos dos, &iquest;Qui&eacute;n es el corrupto? El fariseo. El fariseo es justamente el icono del corrupto que finge orar, pero solamente logra vanagloriarse de s&iacute; mismo delante de un espejo. Es un corrupto pero finge orar. As&iacute;, en la vida quien se cree justo y juzga a los dem&aacute;s y los desprecia, es un corrupto y un hip&oacute;crita. La soberbia compromete toda acci&oacute;n buena, vac&iacute;a la oraci&oacute;n, aleja a Dios y a los dem&aacute;s. Si Dios prefiere la humildad no es para desanimarnos: la humildad es m&aacute;s bien la condici&oacute;n necesaria para ser ensalzados por &Eacute;l, as&iacute; poder experimentar la misericordia que viene a colmar nuestros vac&iacute;os. Si la oraci&oacute;n del soberbio no alcanza el coraz&oacute;n de Dios, la humildad del miserable lo abre. Dios tiene una debilidad: la debilidad por los hombres. Delante a un coraz&oacute;n humilde, Dios abre su coraz&oacute;n totalmente. Es esta humildad que la Virgen Mar&iacute;a expresa en el cantico del Magn&iacute;ficat: &laquo;Ha mirado la humillaci&oacute;n de su esclava. [&hellip;] Su misericordia se extiende de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n sobre aquellos que lo temen&raquo; (Lc 1,48.50). Que Ella nos ayude, nuestra Madre, a orar con un coraz&oacute;n humilde. Y nosotros, repitamos tres veces m&aacute;s, aquella bella oraci&oacute;n: &ldquo;Oh Dios, ten piedad de m&iacute; pecador&rdquo;. &ldquo;Oh Dios, ten piedad de m&iacute; pecador&rdquo;. &ldquo;Oh Dios, ten piedad de m&iacute; pecador&rdquo;. Gracias.&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTambi&eacute;n te puede interesar:&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t\tPapa Francisco: &iquest;Eres como el fariseo corrupto, soberbio e hip&oacute;crita del Evangelio? https:\/\/t.co\/kUBthWQpHH<\/p>\n<p>\t&mdash; ACI Prensa (@aciprensa) 1 de junio de 2016<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 01 Jun. 16 (ACI).- El Papa Francisco dedic&oacute; la catequesis de la Audiencia General del mi&eacute;rcoles a la par&aacute;bola del fariseo y el publicano y denunci&oacute; las actitudes de aquellos que, como el fariseo, son falsas y corruptas. &ldquo;Y adem&aacute;s, su actitud y sus palabras est&aacute;n lejos del modo de actuar y de hablar &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-catequesis-papa-francisco-sobre-la-parabola-del-fariseo-y-el-publicano\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab[TEXTO COMPLETO] Catequesis Papa Francisco sobre la par\u00e1bola del fariseo y el publicano\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-4061","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4061","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4061"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4061\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4061"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4061"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4061"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}