{"id":4092,"date":"2016-06-02T08:05:02","date_gmt":"2016-06-02T13:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-primera-meditacion-del-papa-francisco-en-jubileo-de-sacerdotes\/"},"modified":"2016-06-02T08:05:02","modified_gmt":"2016-06-02T13:05:02","slug":"texto-completo-primera-meditacion-del-papa-francisco-en-jubileo-de-sacerdotes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-primera-meditacion-del-papa-francisco-en-jubileo-de-sacerdotes\/","title":{"rendered":"TEXTO COMPLETO: Primera meditaci\u00f3n del Papa Francisco en Jubileo de sacerdotes"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 02 Jun. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEste jueves el Papa Francisco dirige el retiro para los sacerdotes que participan en el Jubileo de los sacerdotes en Roma (Italia), cuyas predicaciones pueden seguirse a trav&eacute;s del sitio web http:\/\/www.im.va\/. El Santo Padre tambi&eacute;n dio a los presb&iacute;teros tres sugerencias para la oraci&oacute;n personal de este d&iacute;a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n la primera meditaci&oacute;n gracias a Radio Vaticana:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&iexcl;Buenos d&iacute;as queridos sacerdotes!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tComencemos esta jornada de retiro espiritual. Y tambi&eacute;n creo que nos har&aacute; bien orar unos por otros, los unos por los otros, es decir en comuni&oacute;n. Un retiro, pero en comuni&oacute;n, &iexcl;todos! Yo he escogido el tema de la misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAntes una peque&ntilde;a introducci&oacute;n, para todo el retiro:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa misericordia, en su aspecto m&aacute;s femenino, es el entra&ntilde;able amor materno, que se conmueve ante la fragilidad de su creatura reci&eacute;n nacida y la abraza, supliendo todo lo que le falta para que pueda vivir y crecer (rahamim); y en su aspecto m&aacute;s masculino, es la fidelidad fuerte del Padre que sostiene siempre, perdona y vuelve a poner en camino a sus hijos. La misericordia es tanto el fruto de una &laquo;alianza&raquo; &mdash;por eso se dice que Dios se acuerda de su (pacto de) misericordia (hesed)&mdash; como un &laquo;acto&raquo; gratuito de benignidad y bondad que brota de nuestra psicolog&iacute;a m&aacute;s profunda y se traduce en una obra externa (eleos, que se convierte en limosna). Esta inclusividad hace que est&eacute; siempre a la mano de todos el &laquo;misericordiar&raquo;, el compadecerse del que sufre, conmoverse ante el necesitado, indignarse, que se revuelvan las tripas ante una injusticia patente y ponerse inmediatamente a hacer algo concreto, con respeto y ternura, para remediar la situaci&oacute;n. Y, partiendo de este sentimiento visceral, est&aacute; al alcance de todos mirar a Dios desde la perspectiva de este atributo primero y &uacute;ltimo con el que Jes&uacute;s lo ha querido revelar para nosotros: el nombre de Dios es Misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCuando meditamos sobre la Misericordia sucede algo especial. La din&aacute;mica de los Ejercicios Espirituales se potencia desde dentro. La misericordia hace ver que las v&iacute;as objetivas de la m&iacute;stica cl&aacute;sica &mdash;purgativa, iluminativa y unitiva&mdash; nunca son etapas sucesivas, que se puedan dejar atr&aacute;s. Siempre tenemos necesidad de una nueva conversi&oacute;n, de m&aacute;s contemplaci&oacute;n y de un amor renovado. Nada une m&aacute;s con Dios que un acto de misericordia, ya sea que se trate de la misericordia con que el Se&ntilde;or nos perdona nuestros pecados, ya sea de la gracia que nos da para practicar las obras de misericordia en su nombre. Nada ilumina m&aacute;s la fe que el purgar nuestros pecados y nada m&aacute;s claro que Mateo 25, y aquello de &laquo;Dichosos los misericordiosos porque alcanzar&aacute;n misericordia&raquo; (Mt 5,7), para comprender cu&aacute;l es la voluntad de Dios, la misi&oacute;n a la que nos env&iacute;a. A la misericordia se le puede aplicar aquella ense&ntilde;anza de Jes&uacute;s: &laquo;Con la medida que midan ser&aacute;n medidos&raquo; (Mt 7,2). La misericordia nos permite pasar de sentirnos misericordiados a desear misericordiar. Pueden convivir, en una sana tensi&oacute;n, el sentimiento de verg&uuml;enza por los propios pecados con el sentimiento de la dignidad a la que el Se&ntilde;or nos eleva. Podemos pasar sin pre&aacute;mbulos de la distancia a la fiesta, como en la par&aacute;bola del Hijo Pr&oacute;digo, y utilizar como recept&aacute;culo de la misericordia nuestro propio pecado. La misericordia nos impulsa a pasar de lo personal a lo comunitario. Cuando actuamos con misericordia, como en los milagros de la multiplicaci&oacute;n de los panes, que nacen de la compasi&oacute;n de Jes&uacute;s por su pueblo y por los extranjeros, los panes se multiplican a medida que se reparten.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTres sugerencias<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa alegre y libre familiaridad que se establece a todos los niveles entre los que se relacionan entre s&iacute; con el v&iacute;nculo de la misericordia &mdash;familiaridad del Reino de Dios, tal como Jes&uacute;s lo describe en sus par&aacute;bolas&mdash; me lleva a sugerirles tres cosas para su oraci&oacute;n personal de este d&iacute;a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa primera tiene que ver con dos consejos pr&aacute;cticos que da san Ignacio y que dice: &laquo;No el mucho saber llena y satisface el alma, sino el sentir y gustar las cosas de Dios interiormente&raquo; (Ejercicios Espirituales, 2). San Ignacio agrega que all&iacute; donde uno encuentra lo que quiere y siente gusto, all&iacute; se quede rezando &laquo;sin tener ansia de pasar adelante, hasta que me satisfaga&raquo; (ib&iacute;d., 76). As&iacute; que, en estas meditaciones sobre la misericordia, uno puede comenzar por donde m&aacute;s le guste y quedarse all&iacute;, pues seguramente una obra de misericordia le llevar&aacute; a las dem&aacute;s. Si comenzamos dando gracias al Se&ntilde;or, que maravillosamente nos cre&oacute; y m&aacute;s maravillosamente a&uacute;n nos redimi&oacute;, seguramente esto nos llevar&aacute; a sentir pena por nuestros pecados. Si comenzamos por compadecernos de los m&aacute;s pobres y alejados, seguramente necesitaremos ser misericordiados tambi&eacute;n nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa segunda sugerencia para rezar tiene que ver con una forma de utilizar la palabra misericordia. Como se habr&aacute;n dado cuenta, al hablar de la misericordia a m&iacute; me gusta usar la forma verbal: &laquo;Hay que misericordiar para ser misericordiados&raquo;. El hecho de que la misericordia ponga en contacto una miseria humana con el coraz&oacute;n de Dios hace que la acci&oacute;n surja inmediatamente. No se puede meditar sobre la misericordia sin que todo se ponga en acci&oacute;n. Por tanto, en la oraci&oacute;n, no hace bien intelectualizar. Con prontitud, y con la ayuda de la gracia, nuestro di&aacute;logo con el Se&ntilde;or tiene que concretarse en qu&eacute; pecado tiene que tocar su misericordia en m&iacute;, d&oacute;nde siento, Se&ntilde;or, m&aacute;s verg&uuml;enza y m&aacute;s deseo reparar; y r&aacute;pidamente tenemos que hablar de aquello que m&aacute;s nos conmueve, de esos rostros que nos llevan a desear intensamente poner manos a la obra para remediar su hambre y sed de Dios, de justicia, de ternura. A la misericordia se la contempla en la acci&oacute;n. Pero un tipo de acci&oacute;n que es omniinclusiva: la misericordia incluye todo nuestro ser &mdash;entra&ntilde;as y esp&iacute;ritu&mdash; y a todos los seres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa &uacute;ltima sugerencia va por el lado del fruto de los ejercicios, es decir de la gracia que tenemos que pedir y que es, directamente, la de convertirnos en sacerdotes m&aacute;s misericordiados y m&aacute;s misericordiosos. Nos podemos centrar en la misericordia porque ella es lo esencial, lo definitivo.&nbsp; Por los escalones de la misericordia (cf. Laudato si&rsquo;, 77) podemos bajar hasta lo m&aacute;s bajo de la condici&oacute;n humana &mdash;fragilidad y pecado incluidos&mdash; y ascender hasta lo m&aacute;s alto de la perfecci&oacute;n divina: &laquo;Sean misericordiosos (perfectos) como su Padre es misericordioso&raquo;. Pero siempre para &laquo;cosechar&raquo; s&oacute;lo m&aacute;s misericordia. De aqu&iacute; deben venir los frutos de conversi&oacute;n de nuestra mentalidad institucional: si nuestras estructuras no se viven ni se utilizan para recibir mejor la misericordia de Dios y para ser m&aacute;s misericordiosos para con los dem&aacute;s, se pueden convertir en algo muy extra&ntilde;o y contraproducente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEste retiro espiritual, por tanto, ir&aacute; por el lado de esa &laquo;simplicidad evang&eacute;lica&raquo; que entiende y practica todas las cosas en clave de misericordia. Y de una misericordia din&aacute;mica, no como un sustantivo cosificado y definido, ni como adjetivo que decora un poco la vida, sino como verbo &mdash;misericordiar y ser misericordiados&mdash; que nos lanza a la acci&oacute;n en medio del mundo. Y, adem&aacute;s, como misericordia &laquo;siempre m&aacute;s grande&raquo;, como una misericordia que crece y aumenta, dando pasos de bien en mejor, y yendo de menos a m&aacute;s, ya que la imagen que Jes&uacute;s nos pone es la del Padre siempre m&aacute;s grande y cuya misericordia infinita &laquo;crece&raquo;, si se puede decir as&iacute;, y no tiene techo ni fondo, porque proviene de su soberana libertad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPrimera meditaci&oacute;n:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDe la distancia a la fiesta<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSi la misericordia del Evangelio es, como hemos dicho, un exceso de Dios, un desborde inaudito, lo primero es mirar d&oacute;nde el mundo de hoy, y cada persona, necesita m&aacute;s un exceso de amor as&iacute;. Lo primero es preguntarnos cu&aacute;l es el recept&aacute;culo para tal misericordia; cu&aacute;l es el terreno desierto y seco para tal desborde de agua viva; cu&aacute;les las heridas para ese aceite bals&aacute;mico; cu&aacute;l es la orfandad que necesita tal desvivirse en cari&ntilde;os y atenciones; cu&aacute;l la distancia para tanta sed de abrazo y de encuentro&hellip;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa par&aacute;bola que les propongo para esta meditaci&oacute;n es la del padre misericordioso (cf. Lc 15,11-31). Nos situamos en el &aacute;mbito del misterio del Padre. Y me viene al coraz&oacute;n comenzar por ese momento en que el hijo pr&oacute;digo est&aacute; en medio del chiquero, en ese infierno del ego&iacute;smo, que hizo todo lo que quiso y, en vez de ser libre, se encuentra esclavo. Mira a los chanchos que comen bellotas&hellip;, siente envidia y le viene la nostalgia. Nostalgia por el pan reci&eacute;n horneado que los empleados de su casa, la casa de su padre, comen para el desayuno. La nostalgia&hellip; La nostalgia es un sentimiento poderoso. Tiene que ver con la misericordia porque nos ensancha el alma. Nos hace recordar el bien primero &mdash;la patria de donde salimos&mdash; y nos despierta la esperanza de volver. En este horizonte amplio de la nostalgia, este joven &mdash;dice el Evangelio&mdash; entr&oacute; en s&iacute; y se sinti&oacute; miserable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSin detenernos ahora a describir lo m&iacute;sero de su estado, pasemos a ese otro momento en que, despu&eacute;s de que su Padre lo abraz&oacute; y lo bes&oacute; efusivamente, &eacute;l se encuentra sucio pero vestido de fiesta. Da vueltas en su dedo al anillo de par con su padre. Tiene sandalias nuevas en los pies. Est&aacute; en medio de la fiesta, entre la gente. Algo as&iacute; como nosotros, si alguna vez nos pas&oacute;, que nos confesamos antes de la misa y ah&iacute; nom&aacute;s nos encontramos &laquo;revestidos&raquo; y en medio de una ceremonia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAvergonzada dignidad<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDeteng&aacute;monos en esa &laquo;avergonzada dignidad&raquo; de este hijo pr&oacute;digo y predilecto. Si nos animamos a mantener serenamente el coraz&oacute;n entre esos dos extremos &mdash;la dignidad y la verg&uuml;enza&mdash;, sin soltar ninguno de ellos, quiz&aacute;s podamos sentir c&oacute;mo late el coraz&oacute;n de nuestro Padre. Podemos imaginar que la misericordia le brota como sangre. Que &eacute;l sale a buscarnos &mdash;pecadores&mdash;, nos atrae a s&iacute;, nos purifica y nos lanza de nuevo, renovados, a todas las periferias a misericordiar a todos. Su sangre es la sangre de Cristo, sangre de la Nueva y Eterna Alianza de misericordia, derramada por nosotros y por todos los hombres para el perd&oacute;n de los pecados. Esta sangre la contemplamos entrando y saliendo de su coraz&oacute;n, y del coraz&oacute;n del Padre. Esto es nuestro &uacute;nico tesoro, lo &uacute;nico que tenemos para dar al mundo: la sangre que purifica y pacifica todo y a todos. La sangre del Se&ntilde;or que perdona los pecados. La sangre que es verdadera bebida, que resucita y da la vida a lo que est&aacute; muerto por el pecado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn nuestra oraci&oacute;n serena, que va de la verg&uuml;enza a la dignidad, de la dignidad a la verg&uuml;enza, pedimos la gracia de sentir esa misericordia como constitutiva de nuestra vida entera; la gracia de sentir c&oacute;mo ese latido del coraz&oacute;n del Padre se a&uacute;na con el latir del nuestro. No basta sentirla como un gesto que Dios tiene de vez en cuando, perdon&aacute;ndonos alg&uacute;n pecado gordo, y luego nos las arreglamos solos, aut&oacute;nomamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSan Ignacio propone una imagen caballeresca propia de su &eacute;poca, pero, como la lealtad entre amigos es un valor perenne, puede ayudarnos. Dice que, para sentir &laquo;confusi&oacute;n y verg&uuml;enza&raquo; por nuestros pecados (y no perdernos de sentir la misericordia), podemos usar un ejemplo: imaginemos que &laquo;un caballero se hallase delante de su rey y de toda su corte, avergonzado y confundido en haberle mucho ofendido, siendo que de &eacute;l primero recibi&oacute; muchos dones y muchas mercedes&raquo; (Ejercicios Espirituales, 74). No obstante, siguiendo la din&aacute;mica del hijo pr&oacute;digo en la fiesta, imaginemos a este caballero como alguien que, en vez de ser avergonzado delante de todos, el rey lo toma inesperadamente de la mano y le devuelve su dignidad. Y vemos que&nbsp; no s&oacute;lo lo invita a seguirlo en su lucha, sino que lo pone al frente de sus compa&ntilde;eros. &iexcl;Con qu&eacute; humildad y lealtad lo servir&aacute; este caballero de ahora en adelante!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tYa sea sinti&eacute;ndonos como el hijo pr&oacute;digo festejado o como el caballero desleal convertido en superior, lo importante es que cada uno se sit&uacute;e en esa tensi&oacute;n fecunda en la que la misericordia del Se&ntilde;or nos pone: no solamente de pecadores perdonados, sino de pecadores dignificados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSim&oacute;n Pedro nos ofrece la imagen ministerial de esta sana tensi&oacute;n. El Se&ntilde;or lo educa y lo forma progresivamente y lo ejercita en mantenerse as&iacute;: Sim&oacute;n y Pedro. El hombre com&uacute;n, con sus contradicciones y debilidades, y el que es piedra, el que tiene las llaves, el que conduce a los dem&aacute;s. Cuando Andr&eacute;s lo lleva a Cristo, as&iacute; como est&aacute;, vestido de pescador, el Se&ntilde;or le pone el nombre de Piedra. Apenas acaba de alabarle por la confesi&oacute;n de fe que viene del Padre, cuando ya le recrimina duramente por la tentaci&oacute;n de escuchar la voz del mal esp&iacute;ritu al decirle que se aparte de la cruz. Lo invitar&aacute; a caminar sobre las aguas y lo dejar&aacute; hundirse en su propio miedo, para tenderle enseguida una mano; apenas se confiese pecador lo misionar&aacute; a ser pescador de hombres; lo interrogar&aacute; prolijamente sobre su amor, haci&eacute;ndole sentir dolor y verg&uuml;enza por su deslealtad y cobard&iacute;a, y tambi&eacute;n por tres veces le confiar&aacute; el pastoreo de sus ovejas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAh&iacute; tenemos que situarnos, en ese hueco en el que conviven nuestra miseria m&aacute;s vergonzante y nuestra dignidad m&aacute;s alta. Sucios, impuros, mezquinos, vanidosos, ego&iacute;stas y, a la vez, con los pies lavados, llamados y elegidos, repartiendo sus panes multiplicados, bendecidos por nuestra gente, queridos y cuidados. S&oacute;lo la misericordia hace soportable ese lugar. Sin ella, o nos creemos justos como los fariseos o nos alejamos como los que no se sienten dignos. En ambos casos, se nos endurece el coraz&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tProfundizamos un poco m&aacute;s. Nos preguntamos: Y, &iquest;por qu&eacute; es tan fecunda esta tensi&oacute;n? Dir&iacute;a que es fecunda porque mantenerla nace de una decisi&oacute;n libre. Y el Se&ntilde;or act&uacute;a principalmente sobre nuestra libertad, aunque nos ayude en todo. La misericordia es cuesti&oacute;n de libertad. El sentimiento brota espont&aacute;neo y cuando decimos que es visceral parecer&iacute;a que es sin&oacute;nimo de &laquo;animal&raquo;. Pero los animales desconocen la misericordia &laquo;moral&raquo;, aunque algunos puedan experimentar algo de esa compasi&oacute;n, como un perro fiel que permanece al lado de su due&ntilde;o enfermo. La misericordia es una conmoci&oacute;n que toca las entra&ntilde;as, pero puede brotar tambi&eacute;n de una percepci&oacute;n intelectual aguda &mdash;directa como un rayo, pero no por simple menos compleja&mdash;: uno intuye muchas cosas cuando siente misericordia. Uno comprende, por ejemplo, que el otro est&aacute; en una situaci&oacute;n desesperada, l&iacute;mite; le pasa algo que excede sus pecados o sus culpas; tambi&eacute;n uno comprende que el otro es un par, que &eacute;l mismo podr&iacute;a estar en su lugar; y que el mal es tan grande y devastador que no se arregla s&oacute;lo con justicia&hellip; En el fondo, uno se convence de que hace falta una misericordia infinita, como la del coraz&oacute;n de Cristo, para remediar tanto mal y tanto sufrimiento como vemos que hay en la vida de los seres humanos&hellip;&nbsp; Menos que eso, no alcanza. &iexcl;Tantas cosas comprende nuestra mente con s&oacute;lo ver a alguien tirado en la calle, descalzo, en una ma&ntilde;ana fr&iacute;a, o al Se&ntilde;or clavado en la cruz por m&iacute;!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAdem&aacute;s, la misericordia se acepta y se cultiva, o se rechaza libremente. Si uno se deja llevar, un gesto trae el otro. Si uno pasa de largo, el coraz&oacute;n se enfr&iacute;a. La misericordia nos hace experimentar nuestra libertad y es all&iacute; donde podemos experimentar la libertad de Dios, que es misericordioso con quien es misericordioso (cf. Dt 5,10), como le dijo a Mois&eacute;s. En su misericordia el Se&ntilde;or expresa su libertad. Y nosotros, la nuestra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPodemos vivir mucho tiempo &laquo;sin&raquo; la misericordia del Se&ntilde;or. Es decir: podemos vivir sin hacerla consciente y sin pedirla expl&iacute;citamente. Hasta que uno cae en la cuenta de que &laquo;todo es misericordia&raquo; y llora con amargura no haberla aprovechado antes, siendo as&iacute; que la necesitaba tanto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa miseria de la que hablamos es la miseria moral, intransferible, esa donde uno toma conciencia de s&iacute; mismo como persona que, en un punto decisivo de su vida, actu&oacute; por su propia iniciativa: eligi&oacute; algo y eligi&oacute; mal. Este es el fondo que hay que tocar para sentir dolor de los pecados y para arrepentirse verdaderamente. Porque, en otros &aacute;mbitos, uno no se siente tan libre ni siente que el pecado afecte toda su vida y, por tanto, no experimenta su miseria, con lo cual se pierde la misericordia, que s&oacute;lo act&uacute;a con esa condici&oacute;n. Uno no va a la farmacia y dice: &laquo;Por misericordia, le pido una aspirina&raquo;. Por misericordia pide que le den morfina para una persona sumida en los dolores atroces de una enfermedad terminal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl coraz&oacute;n que Dios une a esa miseria moral nuestra es el coraz&oacute;n de Cristo, su Hijo amado, que late como un solo coraz&oacute;n con el del Padre y el del Esp&iacute;ritu. Es un coraz&oacute;n que elige el camino m&aacute;s cercano y que lo compromete. Esto es propio de la misericordia, que se ensucia las manos, toca, se mete, quiere involucrarse con el otro, va a lo personal con lo m&aacute;s personal, no &laquo;se ocupa de un caso&raquo; sino que se compromete con una persona, con su herida. La misericordia excede la justicia y lo hace saber y lo hace sentir; queda implicado uno con el otro. Al dignificar, la misericordia eleva a aquel hacia el que uno se abaja y vuelve pares a los dos, al misericordioso y al misericordiado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDe aqu&iacute; la necesidad del Padre de hacer fiesta, para que se restaure todo de una sola vez, devolviendo a su hijo la dignidad perdida. Esto posibilita mirar al futuro de manera nueva. No es que la misericordia no tome en cuenta la objetividad del da&ntilde;o hecho por el mal. Pero le quita poder sobre el futuro, le quita poder sobre la vida que corre hacia delante. La misericordia es la verdadera actitud de vida que se opone a la muerte, que es el fruto amargo del pecado. En eso es l&uacute;cida, no es para nada ingenua la misericordia. No es que no vea el mal, sino que mira lo corta que es la vida y todo el bien que queda por hacer. Por eso hay que perdonar totalmente, para que el otro mire hacia adelante y no pierda tiempo en culparse y compadecerse de s&iacute; mismo y en lo que se perdi&oacute;. En el camino de ir a curar a otros, uno ir&aacute; haciendo su examen de conciencia y, en la medida en que ayuda a otros, reparar&aacute; el mal que hizo. La misericordia es fundamentalmente esperanzada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDejarse atraer y enviar por el movimiento del coraz&oacute;n del Padre es mantenerse en esa sana tensi&oacute;n de avergonzada dignidad. Dejarse atraer por el centro de su coraz&oacute;n, como sangre que se ha ensuciado yendo a dar vida a los miembros m&aacute;s lejanos, para que el Se&ntilde;or nos purifique y nos lave los pies; dejarse enviar llenos del ox&iacute;geno del Esp&iacute;ritu para llevar vida a todos los miembros, especialmente a los m&aacute;s alejados, fr&aacute;giles y heridos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tUn cura hablaba de una persona en situaci&oacute;n de calle que termin&oacute; viviendo en una hospeder&iacute;a. Era alguien cerrado en su propia amargura que no interactuaba con los dem&aacute;s. Persona culta, se enteraron despu&eacute;s. Pasado alg&uacute;n tiempo, este hombre fue a parar al hospital por una enfermedad terminal y le contaba al cura que, estando all&iacute;, sumido en su nada y en su decepci&oacute;n por la vida, el que estaba en la cama de al lado le pidi&oacute; que le alcanzara la escupidera y que luego se la vaciara. Y ese pedido de alguien que verdaderamente lo necesitaba y estaba peor que &eacute;l, le abri&oacute; los ojos y el coraz&oacute;n a un sentimiento poderos&iacute;simo de humanidad y a un deseo de ayudar al otro y de dejarse ayudar &eacute;l por Dios. De este modo, un sencillo acto de misericordia lo conect&oacute; con la misericordia infinita, se anim&oacute; a ayudar al otro y luego se dej&oacute; ayudar &eacute;l: muri&oacute; confesado y en paz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAs&iacute;, los dejo con la par&aacute;bola del padre misericordioso, una vez que nos hemos &laquo;situado&raquo; en ese momento en que el hijo se siente sucio y revestido, pecador dignificado, avergonzado de s&iacute; y orgulloso de su padre. El signo para saber si uno est&aacute; bien situado son las ganas de ser misericordioso con todos en adelante. Ah&iacute; est&aacute; el fuego que vino a traer Jes&uacute;s a la tierra, ese que enciende otros fuegos. Si no se prende la llama, es que alguno de los polos no permite el contacto. O la excesiva verg&uuml;enza, que no &laquo;pela los cables&raquo; y, en vez de confesar abiertamente &laquo;hice esto y esto&raquo;, se tapa; o la excesiva dignidad, que toca las cosas con guantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLos excesos de la misericordia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl &uacute;nico exceso ante la excesiva misericordia de Dios es excederse en recibirla y en desear comunicarla a los dem&aacute;s. El Evangelio nos muestra muchos lindos ejemplos de los que se exceden para recibirla: el paral&iacute;tico, cuyos amigos lo hacen entrar por el techo en medio del sitio donde estaba predicando el Se&ntilde;or; el leproso, que deja a sus nueve compa&ntilde;eros y regresa glorificando y dando gracias a Dios a grandes voces y va a ponerse de rodillas a los pies del Se&ntilde;or; el ciego Bartimeo, que logra detener a Jes&uacute;s con sus gritos; la mujer hemorroisa, que en su timidez se las ingenia para lograr una estrecha cercan&iacute;a con el Se&ntilde;or y que, como dice el Evangelio, cuando toc&oacute; el manto, el Se&ntilde;or sinti&oacute; que sal&iacute;a de &eacute;l una dynamis&hellip;; todos son ejemplos de ese contacto que enciende un fuego y desencadena la din&aacute;mica, la fuerza positiva de la misericordia. Tambi&eacute;n est&aacute; la pecadora, cuyas excesivas muestras de amor al Se&ntilde;or al lavarle los pies con sus l&aacute;grimas y sec&aacute;rselos con sus cabellos, son para el Se&ntilde;or signo de que ha recibido mucha misericordia, y por eso lo expresa as&iacute;. La gente m&aacute;s simple, los pecadores, los enfermos, los endemoniados&hellip;, son exaltados inmediatamente por el Se&ntilde;or, que los hace pasar de la exclusi&oacute;n a la inclusi&oacute;n plena, de la distancia a la fiesta. Esta es la expresi&oacute;n: la misericordia nos hace pasar &laquo;de la distancia a la fiesta&raquo;. Y esto no se entiende si no es en clave de esperanza, en clave apost&oacute;lica, en clave del que es misericordiado para misericordiar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPodemos terminar rezando, con el Magnificat de la misericordia, el Salmo 50 del rey David, que recitamos en los laudes todos los viernes. Es el Magnificat de &laquo;un coraz&oacute;n contrito y humillado&raquo; que, en su pecado, tiene la grandeza de confesar al Dios fiel que es m&aacute;s grande que el pecado. Situados en el momento en que el hijo pr&oacute;digo esperaba un trato distante y, en cambio, el padre lo meti&oacute; de lleno en una fiesta, podemos imaginarlo rezando el Salmo 50. Y rezarlo a dos coros con &eacute;l. Podemos escucharlo c&oacute;mo dice: &laquo;Misericordia, Dios m&iacute;o, por tu bondad; por tu inmensa compasi&oacute;n borra mi culpa&hellip;&raquo;. Y nosotros decir: &laquo;Pues yo (tambi&eacute;n) reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado&raquo;. Y a una voz, decir: &laquo;Contra ti, Padre, contra ti solo pequ&eacute;&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tRezamos desde esa tensi&oacute;n &iacute;ntima que enciende la misericordia, esa tensi&oacute;n entre la verg&uuml;enza que dice: &laquo;Aparta de mi pecado tu vista, borra en m&iacute; toda culpa&raquo;; y esa confianza que dice: &laquo;Roc&iacute;ame con el hisopo y quedar&eacute; limpio, l&aacute;vame; quedar&eacute; m&aacute;s blanco que la nieve&raquo;. Confianza que se vuelve apost&oacute;lica: &laquo;Devu&eacute;lveme la alegr&iacute;a de la salvaci&oacute;n, afi&aacute;nzame con esp&iacute;ritu firme y ense&ntilde;ar&eacute; a los malvados tus caminos, los pecadores volver&aacute;n a ti&raquo;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 02 Jun. 16 (ACI).- Este jueves el Papa Francisco dirige el retiro para los sacerdotes que participan en el Jubileo de los sacerdotes en Roma (Italia), cuyas predicaciones pueden seguirse a trav&eacute;s del sitio web http:\/\/www.im.va\/. El Santo Padre tambi&eacute;n dio a los presb&iacute;teros tres sugerencias para la oraci&oacute;n personal de este d&iacute;a. A &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-primera-meditacion-del-papa-francisco-en-jubileo-de-sacerdotes\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTEXTO COMPLETO: Primera meditaci\u00f3n del Papa Francisco en Jubileo de sacerdotes\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-4092","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4092","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4092"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4092\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4092"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4092"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4092"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}