{"id":4095,"date":"2016-06-02T10:05:02","date_gmt":"2016-06-02T15:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-segunda-meditacion-del-papa-francisco-en-jubileo-de-sacerdotes\/"},"modified":"2016-06-02T10:05:02","modified_gmt":"2016-06-02T15:05:02","slug":"texto-completo-segunda-meditacion-del-papa-francisco-en-jubileo-de-sacerdotes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-segunda-meditacion-del-papa-francisco-en-jubileo-de-sacerdotes\/","title":{"rendered":"TEXTO COMPLETO: Segunda meditaci\u00f3n del Papa Francisco en Jubileo de sacerdotes"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 02 Jun. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEste jueves el Papa Francisco dirige el retiro para los sacerdotes que participan en el Jubileo de los sacerdotes en Roma (Italia), cuyas predicaciones pueden seguirse a trav&eacute;s del sitio web http:\/\/www.im.va\/. En su segunda meditaci&oacute;n, el Santo Padre se&ntilde;al&oacute; que el mejor confesor suele ser el que mejor se confiesa y record&oacute; la historia de conversi&oacute;n de varios santos, cuyos corazones fueron recreados al experimentar la misericordia de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n la segunda meditaci&oacute;n del Santo Padre desde la bas&iacute;lica Santa Mar&iacute;a la Mayor gracias a Radio Vaticana:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDespu&eacute;s de haber rezado por la &quot;dignidad avergonzada&quot; y la &quot;verg&uuml;enza digna&quot;, que es el fruto de la misericordia, sigamos adelante en esta meditaci&oacute;n sobre el &quot;recept&aacute;culo de la Misericordia&quot;. Es sencilla. Podr&iacute;a decir una frase e irme, porque es una sola: el recept&aacute;culo de la Misericordia es nuestro pecado. Es tan simple. Sin embargo, a menudo sucede que nuestro pecado es como un colador, como una jarra agujereada de la cual se escurre la gracia en poco tiempo: &laquo;Porque dos males ha hecho mi pueblo: me ha abandonado a m&iacute;, fuente de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua&raquo; (Jr 2,13). De ah&iacute; la necesidad que el Se&ntilde;or explicita a Pedro de &laquo;perdonar setenta veces siete&raquo;. Dios no se cansa de perdonar, pero somos nosotros los que nos cansamos de pedir perd&oacute;n. Dios no se cansa de perdonar, tambi&eacute;n cuando ve que su gracia pareciera que no termina de echar ra&iacute;ces fuertes en la tierra de nuestro coraz&oacute;n, que es camino duro, lleno de maleza y pedregoso. Es simplemente porque Dios no es pelagiano y por eso no se cansa de perdonar. &Eacute;l regresa nuevamente a sembrar su misericordia y su perd&oacute;n, y regresa y regresa y regresa&hellip;setenta veces siete.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCorazones recreados<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSin embargo, podemos dar un paso m&aacute;s en esta misericordia de Dios que es siempre &laquo;m&aacute;s grande que nuestra conciencia&raquo; de pecado. El Se&ntilde;or no s&oacute;lo no se cansa de perdonarnos sino que renueva tambi&eacute;n el odre en que recibimos su perd&oacute;n. Utiliza un odre nuevo para el vino nuevo de su misericordia, para que no sea como un vestido con remiendos ni un odre viejo. Y ese odre es su misericordia misma: su misericordia en cuanto experimentada en nosotros mismos y en cuanto la ponemos en pr&aacute;ctica ayudando a otros. El coraz&oacute;n misericordiado no es un coraz&oacute;n emparchado sino un coraz&oacute;n nuevo, re-creado. Ese del que dice David: &laquo;Crea en m&iacute; un coraz&oacute;n puro, renu&eacute;vame por dentro con esp&iacute;ritu firme&raquo; (Sal 50,12). Este coraz&oacute;n nuevo, re-creado, es un buen recipiente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa liturgia expresa el alma de la Iglesia cuando nos hace decir esa hermosa oraci&oacute;n: &laquo;Oh Dios, t&uacute; que maravillosamente creaste el universo, y m&aacute;s maravillosamente lo recreaste en la redenci&oacute;n&raquo; (Vigilia Pascual, Oraci&oacute;n despu&eacute;s de la Primera Lectura). Por lo tanto, esta segunda creaci&oacute;n es m&aacute;s maravillosa que la primera. Es un coraz&oacute;n que se sabe recreado gracias a la fusi&oacute;n de su miseria con el perd&oacute;n de Dios y, por eso, &laquo;es un coraz&oacute;n misericordiado y misericordioso&raquo;. Es as&iacute;: experimenta los beneficios que la gracia tiene sobre su herida y su pecado, siente c&oacute;mo la misericordia pacifica su culpa, inunda con amor su sequedad, reaviva su esperanza. Por eso, cuando, al mismo tiempo y con la misma gracia, perdona al que tiene alguna deuda con &eacute;l y se compadece de los que tambi&eacute;n son pecadores, esta misericordia arraiga en una tierra buena, en la que el agua no se escurre sino que da vida. En el ejercicio de esta misericordia que repara el mal ajeno, ninguno es mejor para ayudar a curarlo, que aquel que mantiene viva la experiencia de haber sido misericordiado. M&iacute;rate a ti mismo, recuerda tu historia, cu&eacute;ntate tu historia y encontrar&aacute;s tanta misericordia. Vemos c&oacute;mo, entre los que trabajan en adicciones, los que se han rescatado suelen ser los que mejor comprenden, ayudan y exigen a los dem&aacute;s. Y el mejor confesor suele ser el que mejor se confiesa. Y podemos hacernos la pregunta: &iquest;c&oacute;mo me confieso? Casi todos los grandes santos han sido grandes pecadores o, como santa Teresita, ten&iacute;an conciencia de que era pura gracia preveniente el hecho de que no lo hubieran sido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAs&iacute;, el verdadero recipiente de la misericordia es la misma misericordia que cada uno ha recibido y le ha recreado el coraz&oacute;n; ese es el &laquo;odre nuevo&raquo; del que habla Jes&uacute;s (cf. Lc 5,37), el &laquo;hueco sanado&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNos situamos as&iacute; en al &aacute;mbito del misterio del Hijo, de Jes&uacute;s, que es la misericordia del Padre hecha carne. La imagen definitiva del recept&aacute;culo de la misericordia la encontramos a trav&eacute;s de las llagas del Se&ntilde;or resucitado, imagen de la huella del pecado restaurado por Dios, que no se borra totalmente ni supura: es cicatriz, no herida purulenta. Las heridas del Se&ntilde;or. San Bernardo tiene dos sermones bell&iacute;simos sobre las heridas del Se&ntilde;or. Ah&iacute;, en las heridas del Se&ntilde;or encontramos la misericordia. &Eacute;l es valiente, dice: &iquest;Te sientes perdido? &iquest;Te sientes mal? Entra ah&iacute;, en las entra&ntilde;as del Se&ntilde;or y ah&iacute; encontrar&aacute;s misericordia. En esa &laquo;sensibilidad&raquo; propia de las cicatrices, que nos recuerdan la herida sin doler mucho y la curaci&oacute;n sin que se nos olvide la fragilidad, all&iacute; tiene su sede la misericordia divina: en nuestras cicatrices. Las heridas del Se&ntilde;or, que permanecen todav&iacute;a, las ha llevado consigo: el cuerpo bell&iacute;simo, los moretones no est&aacute;n all&iacute;, pero las heridas ha querido llevarlas consigo. Y nuestras cicatrices. A todos nos sucede, cuando vamos al m&eacute;dico y tenemos algunas cicatrices, el m&eacute;dico nos dice: &ldquo;&iquest;Pero esto qu&eacute; cosa era?&quot;. Miremos las cicatrices del alma: esto que has hecho T&uacute;, con T&uacute; misericordia, que has curado T&uacute;&hellip; En la sensibilidad de Cristo resucitado que conserva sus llagas, no s&oacute;lo en sus pies y en sus manos, sino que tambi&eacute;n su coraz&oacute;n es un coraz&oacute;n llagado, encontramos el sentido justo del pecado y de la gracia. Contemplando el coraz&oacute;n llagado del Se&ntilde;or nos espejamos en &eacute;l. Se asemejan, nuestro coraz&oacute;n y el suyo, en que los dos est&aacute;n llagados y resucitados. Pero sabemos que el suyo era puro amor y qued&oacute; llagado porque acept&oacute; ser vulnerado; el nuestro, en cambio, era pura llaga, que qued&oacute; sanada porque acept&oacute; ser amada. En esa aceptaci&oacute;n se forma el recept&aacute;culo de la Misericordia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNuestros santos recibieron la Misericordia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPuede hacernos bien contemplar a otros que se dejaron recrear el coraz&oacute;n por la misericordia y mirar en qu&eacute; &laquo;recept&aacute;culo&raquo; la recibieron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPablo la recibe en el recept&aacute;culo duro e inflexible de su juicio moldeado por la Ley. Su dureza de juicio lo impulsaba a ser un perseguidor. La misericordia lo transforma de tal manera que, a la vez que se convierte en un buscador de los m&aacute;s alejados, de los de mentalidad pagana, por otro lado es el m&aacute;s comprensivo y misericordioso para con los que eran como &eacute;l hab&iacute;a sido. Pablo deseaba ser considerado anatema con tal de salvar a los suyos. Su juicio se consolida &laquo;no juzg&aacute;ndose ni siquiera a s&iacute; mismo&raquo;, dej&aacute;ndose justificar por un Dios que es&nbsp; m&aacute;s grande que su conciencia, apel&aacute;ndose a Jesucristo que es abogado fiel, de cuyo amor nada ni nadie lo puede separar. La radicalidad de los juicios de Pablo sobre la misericordia incondicional de Dios, que supera la herida de fondo, la que hace que tengamos dos leyes, (la de la carne y la del Esp&iacute;ritu), es tal porque es el recipiente de una mente susceptible a lo absoluto de la verdad, herida all&iacute; mismo donde la Ley y la Luz se convierten en trampa. La famosa &laquo;espina&raquo; que el Se&ntilde;or no le quita es el recept&aacute;culo en el que Pablo recibe la misericordia del Se&ntilde;or (cf. 2 Co 12,7).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPedro recibe la misericordia en su presunci&oacute;n de hombre sensato. Era sensato, con la sensatez maciza y trabajada de un pescador, que sabe por experiencia cu&aacute;ndo se puede pescar y cu&aacute;ndo no. Es la sensatez del que, cuando se entusiasma con esto de caminar sobre las aguas y de tener pescas milagrosas y se excede en mirarse a s&iacute; mismo, sabe pedir ayuda al &uacute;nico que lo puede salvar. Este Pedro fue sanado en la herida m&aacute;s honda que puede haber, la de negar al amigo. Quiz&aacute;s el reproche de Pablo, cuando le echa en cara su doblez, tiene que ver con esto. Parecer&iacute;a que Pablo sent&iacute;a que &eacute;l hab&iacute;a sido el peor &laquo;antes&raquo; de conocer a Cristo; pero Pedro lo fue despu&eacute;s de conocerlo, lo neg&oacute;&hellip; Sin embargo, ser sanado all&iacute; convirti&oacute; a Pedro en un Pastor misericordioso, en una piedra s&oacute;lida sobre la cual siempre se puede edificar, porque es piedra d&eacute;bil que ha sido sanada, no piedra que en su contundencia lleva a tropezar al m&aacute;s d&eacute;bil. Pedro es el disc&iacute;pulo a quien m&aacute;s corrige el Se&ntilde;or en el Evangelio. &iexcl;Es el m&aacute;s &ldquo;golpeado&rdquo;! Lo corrige constantemente, hasta aquel &uacute;ltimo: &laquo;A ti qu&eacute; te importa, t&uacute; s&iacute;gueme a m&iacute;&raquo; (Jn 21,22). La tradici&oacute;n dice que se le aparece de nuevo cuando Pedro est&aacute; huyendo de Roma. El signo de Pedro crucificado cabeza abajo, es quiz&aacute;s el m&aacute;s elocuente de este recept&aacute;culo de una cabeza dura que, para ser misericordiada, se pone hacia abajo incluso al estar dando el testimonio supremo de amor a su Se&ntilde;or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPedro no quiere terminar su vida diciendo: &laquo;Yo ya aprend&iacute; la lecci&oacute;n&raquo;, sino diciendo: &laquo;Como mi cabeza nunca va a aprender, la pongo para abajo&raquo;. Arriba del todo, los pies que lav&oacute; el Se&ntilde;or. Esos pies son para Pedro el recept&aacute;culo por donde recibe la misericordia de su Amigo y Se&ntilde;or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJuan ser&aacute; sanado en su soberbia de querer reparar el mal con fuego y terminar&aacute; siendo ese que escribe &laquo;hijitos m&iacute;os&raquo;, y se parece a uno de esos abuelitos buenos que s&oacute;lo hablan de amor, &eacute;l, que era &laquo;el hijo del trueno&raquo; (Mc 3,17).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAgust&iacute;n fue sanado en su nostalgia de haber llegado tarde a la cita: &laquo;Tarde te am&eacute;&raquo;, y encontrar&aacute; esa manera creativa de llenar de amor el tiempo perdido escribiendo sus Confesiones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tFrancisco es misericordiado cada vez m&aacute;s en muchos momentos de su vida. Quiz&aacute;s el recept&aacute;culo definitivo, que se convirti&oacute; en llagas reales, haya sido, m&aacute;s que besar al leproso, desposarse con la dama pobreza y sentir a toda creatura como hermana, el tener que custodiar en silencio misericordioso a la Orden que hab&iacute;a fundado. Francisco ve c&oacute;mo sus hermanos se dividen tomando como bandera la misma pobreza. El demonio nos hace pelear entre nosotros defendiendo las cosas m&aacute;s santas pero &laquo;con mal esp&iacute;ritu&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tIgnacio fue sanado en su vanidad, y si ese fue el recipiente, podemos vislumbrar lo grande que era ese deseo de vanagloria que se recre&oacute; en una tal b&uacute;squeda de la mayor gloria de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn el Diario de un cura rural, Bernanos nos relata la vida de un cura de pueblo, inspir&aacute;ndose en la vida del Santo Cura de Ars. Hay dos p&aacute;rrafos muy hermosos que narran los pensamientos &iacute;ntimos del cura en los &uacute;ltimos momentos de su imprevista enfermedad: &laquo;Las &uacute;ltimas semanas que Dios me conceder&aacute; de seguir sosteniendo la carga de la parroquia&#8230; tratar&eacute; de obrar menos preocupado por el porvenir, trabajar&eacute; tan s&oacute;lo para el presente. Esa especie de trabajo parece hecha a mi medida&#8230; Pues no tengo &eacute;xito m&aacute;s que en las cosas peque&ntilde;as. Y si he sido frecuentemente probado por la inquietud, tengo que reconocer que triunfo en las min&uacute;sculas alegr&iacute;as&raquo;. Un recipiente de la misericordia peque&ntilde;ito tiene que ver con las min&uacute;sculas alegr&iacute;as de nuestra vida pastoral, all&iacute; donde podemos recibir y ejercer la misericordia infinita del Padre en gestos peque&ntilde;os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl otro p&aacute;rrafo dice: &laquo;Todo ha terminado ya. La especie de desconfianza que ten&iacute;a de m&iacute;, de mi persona, acaba de disiparse, creo que para siempre. La lucha ha terminado. No la comprendo ya. Me he reconciliado conmigo mismo, con este despojo que soy. Odiarse es m&aacute;s f&aacute;cil de lo que se cree. La gracia consiste en el olvidarse. Pero si todo orgullo muriera en nosotros, la gracia de las gracias ser&iacute;a apenas amarse humildemente a s&iacute; mismo, como a cualquiera de los miembros dolientes de Jesucristo&raquo;. Este es el recipiente: &laquo;amarse humildemente a s&iacute; mismo, como a cualquiera de los miembros dolientes de Jesucristo&raquo;. Es un recipiente com&uacute;n, como un jarro viejo que podemos pedir prestado a los m&aacute;s pobres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl &laquo;Cura Brochero&raquo;, -&iexcl;de mi patr&iacute;a!- el beato argentino que pronto ser&aacute; canonizado, &laquo;se dej&oacute; trabajar el coraz&oacute;n por la misericordia de Dios&raquo;. Su recept&aacute;culo termin&oacute; siendo su propio cuerpo leproso. &Eacute;l, que so&ntilde;aba con morir galopando, vadeando alg&uacute;n r&iacute;o de las sierras para ir a dar la unci&oacute;n a alg&uacute;n enfermo. Una de sus &uacute;ltimas frases fue: &laquo;No hay gloria cumplida en esta vida&raquo;; &laquo;yo estoy muy conforme con lo que ha hecho conmigo respecto a la vista y le doy muchas gracias por ello&rdquo;. La lepra lo hab&iacute;a dejado ciego. &ldquo;Cuando yo pude servir a la humanidad, me conserv&oacute; &iacute;ntegros y robustos mis sentidos. Hoy, que ya no puedo, me ha inutilizado uno de los sentidos del cuerpo. En este mundo no hay gloria cumplida, y estamos llenos de miserias&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNuestras cosas muchas veces quedan a medias y, por eso, salir de s&iacute; es siempre gracia. Se nos concede &laquo;dejar las cosas&raquo; para que las bendiga y perfeccione el Se&ntilde;or. No tenemos que preocuparnos mucho de nosotros. Esto nos permite abrirnos a las penas y alegr&iacute;as de nuestros hermanos. Era el cardenal Van Thuan el que dec&iacute;a que, en la c&aacute;rcel, el Se&ntilde;or le hab&iacute;a ense&ntilde;ado a distinguir entre &laquo;las cosas de Dios&raquo;, a las que se hab&iacute;a dedicado en su vida libre como sacerdote y obispo, y Dios mismo, al que se dedicaba estando encarcelado (cf. Cinco panes y dos peces, Ciudad Nueva 2000). Y as&iacute; podremos continuar, con los santos, buscando como era el recept&aacute;culo de su misericordia. Pero ahora pasamos a la Virgen: &iexcl;Estamos en su casa!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMar&iacute;a como recipiente y fuente de Misericordia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSubiendo por la escalera de los santos, en esto de ir buscando los recipientes para la misericordia, llegamos a nuestra Se&ntilde;ora. Ella es el recipiente simple y perfecto, con el cual recibir y repartir la misericordia. Su &laquo;s&iacute;&raquo; libre a la gracia es la imagen opuesta del pecado que llev&oacute; al hijo pr&oacute;digo a la nada. Ella integra una misericordia a la vez muy suya, muy de nuestra alma y muy eclesial. Como dice en el Magn&iacute;ficat: se sabe mirada con bondad en su peque&ntilde;ez y sabe ver c&oacute;mo la misericordia de Dios alcanza a todas las generaciones. Ella sabe ver las obras que esa misericordia despliega y se siente &laquo;acogida&raquo;,&nbsp; junto con todo Israel, por esa misericordia. Ella guarda la memoria y la promesa de la misericordia infinita de Dios para con su pueblo. El suyo es el Magn&iacute;ficat de un coraz&oacute;n &iacute;ntegro, no agujereado, que mira la historia y a cada persona con su misericordia maternal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn aquel rato a solas con Mar&iacute;a que me regal&oacute; el pueblo mexicano, mirando a nuestra Se&ntilde;ora la Virgen de Guadalupe y dej&aacute;ndome mirar por ella, le ped&iacute; por ustedes, queridos sacerdotes, para que sean buenos curas. Y en el discurso a los obispos les dec&iacute;a que hab&iacute;a reflexionado largamente sobre el misterio de la mirada de Mar&iacute;a, sobre su ternura y su dulzura que nos infunde valor para dejarnos misericordiar por Dios. Quisiera ahora recordarles algunos &laquo;modos&raquo; de mirar que tiene nuestra Se&ntilde;ora, especialmente a sus sacerdotes, porque a trav&eacute;s de nosotros quiere mirar a su gente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMar&iacute;a nos mira de modo tal que uno se siente acogido en su regazo. Ella nos ense&ntilde;a que &laquo;la &uacute;nica fuerza capaz de conquistar el coraz&oacute;n de los hombres es la ternura de Dios. Aquello que encanta y atrae, aquello que doblega y vence, aquello que abre y desencadena, no es la fuerza de los instrumentos o la dureza de la ley, sino la debilidad omnipotente del amor divino, que es la fuerza irresistible de su dulzura y la promesa irreversible de su misericordia&raquo; (Discurso a los obispos de M&eacute;xico, 13 febrero 2016). Lo que sus pueblos buscan en los ojos de Mar&iacute;a es &laquo;un regazo en el cual los hombres, siempre hu&eacute;rfanos y desheredados, est&aacute;n en la b&uacute;squeda de un resguardo, de un hogar&raquo;. Y eso tiene que ver con sus modos de mirar: el espacio que abren sus ojos es el de un regazo, no el de un tribunal o el de un consultorio &laquo;profesional&raquo;. Si alguna vez notan que se les ha endurecido la mirada &ndash;por el trabajo, el cansancio, sucede a todos-, que cuando ven a la gente sienten fastidio o no sienten nada, vuelvan a mirarla a ella; m&iacute;renla con los ojos de los m&aacute;s peque&ntilde;os de su gente, que mendiga un regazo, y ella les limpiar&aacute; la mirada de toda &laquo;catarata&raquo; que no deja ver a Cristo en las almas, les curar&aacute; toda miop&iacute;a que vuelve borrosas las necesidades de la gente, que son las del Se&ntilde;or encarnado, y de toda presbicia que se pierde los detalles, &laquo;la letra chica&raquo; donde se juegan las realidades importantes de la vida de la Iglesia y de la familia. La mirada de Mar&iacute;a sana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOtro &laquo;modo de mirar de Mar&iacute;a&raquo; tiene que ver con el tejido: Mar&iacute;a mira &laquo;tejiendo&raquo;, viendo c&oacute;mo puede combinar para bien todas las cosas que le trae su gente. Les dec&iacute;a a los obispos mexicanos que, &laquo;en el manto del alma mexicana, Dios ha tejido, con el hilo de las huellas mestizas de su gente, el rostro de su manifestaci&oacute;n en la Morenita&raquo; (ib&iacute;d.) Un maestro espiritual ense&ntilde;a que lo que se dice de Mar&iacute;a de manera especial, se dice de la Iglesia de modo universal y de cada alma en particular (cf. Isaac de la Estrella, Serm&oacute;n 51: PL 194, 1863). Al ver c&oacute;mo teji&oacute; Dios el rostro y la figura de la Guadalupana en la tilma de Juan Diego podemos rezar contemplando c&oacute;mo teje nuestra alma y la vida de la Iglesia. Dicen que no se puede ver c&oacute;mo est&aacute; &laquo;pintada&raquo; la imagen. Es como si estuviera estampada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMe gusta pensar que el milagro no fue s&oacute;lo &laquo;estampar o pintar la imagen con un pincel&raquo;, sino que &laquo;se recre&oacute; el manto entero&raquo;, se transfigur&oacute; de pies a cabeza, y cada hilo &ndash; esos que las mujeres aprenden a tejer desde peque&ntilde;as, y para las prendas m&aacute;s finas usan las fibras del coraz&oacute;n del maguey (la penca de la que se sacan los hilos) &ndash;, cada hilo que ocup&oacute; su lugar fue transfigurado, asumiendo los detalles que brillan en su sitio y, entretejido con los dem&aacute;s, de igual manera transfigurados, hacen aparecer el rostro de nuestra Se&ntilde;ora y toda su persona y lo que la rodea. La misericordia hace eso mismo, no nos &laquo;pinta&raquo; desde fuera una cara de buenos, no nos hace el photoshop, sino que, con los hilos mismos de nuestras miserias &ndash;&iexcl;con ellos!- y pecados -&iexcl;con ellos!-, entretejidos con amor de Padre, nos teje de tal manera que nuestra alma se renueva recuperando su verdadera imagen, la de Jes&uacute;s. Sean, por tanto, sacerdotes &laquo;capaces de imitar esta libertad de Dios eligiendo cuanto es humilde para hacer visible la majestad de su rostro y de copiar esta paciencia divina en tejer, con el hilo fino de la humanidad que encuentren, aquel hombre nuevo que su pa&iacute;s espera. No se dejen llevar por la vana b&uacute;squeda de cambiar de pueblo &ndash;es nuestra tentaci&oacute;n: &ldquo;Pedir&eacute; al Obispo que me transfiera&rdquo;-, como si el amor de Dios no tuviese bastante fuerza para cambiarlo&raquo; (Discurso a los obispos de M&eacute;xico, 13 febrero 2016).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl tercer modo &ndash; en que mira la Virgen-, es el de la atenci&oacute;n: Mar&iacute;a mira con atenci&oacute;n, se vuelca toda y se involucra entera con el que tiene delante, como una madre cuando es todo ojos para su hijito que le cuenta algo. &laquo;Como ense&ntilde;a la bella tradici&oacute;n guadalupana, la Morenita custodia las miradas de aquellos que la contemplan, refleja el rostro de aquellos que la encuentran. Es necesario aprender que hay algo de irrepetible en cada uno de aquellos que nos miran en la b&uacute;squeda de Dios &ndash;no todos nos miramos del mismo modo-. Toca a nosotros no volvernos impermeables a tales miradas&rdquo;. Un sacerdote que permanece impermeable a las miradas se ha encerrado en s&iacute; mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&ldquo;Custodiar en nosotros a cada uno de ellos, conservarlos en el coraz&oacute;n, resguardarlos. S&oacute;lo una Iglesia capaz de resguardar el rostro de los hombres que van a tocar a su puerta es capaz de hablarles de Dios&rdquo;. Si no eres capaz de cuidar el rostro de los hombres que tocan a la puerta, no ser&aacute;s capaz de hablarles de Dios. &ldquo;Si no desciframos sus sufrimientos, si no nos damos cuenta de sus necesidades, nada podremos ofrecerles. La riqueza que tenemos fluye solamente cuando encontramos la poquedad de aquellos que mendigan, y dicho encuentro se realiza precisamente en nuestro coraz&oacute;n de pastores&raquo; (ib&iacute;d.). A sus obispos les dec&iacute;a que est&eacute;n atentos a ustedes, sus sacerdotes, &laquo;que no los dejen expuestos a la soledad y al abandono, presa de la mundanidad que devora el coraz&oacute;n&raquo; (ib&iacute;d.). El mundo nos observa con atenci&oacute;n pero para &laquo;devorarnos&raquo;, para volvernos consumidores&hellip; Todos necesitamos ser mirados con atenci&oacute;n, con inter&eacute;s gratuito, digamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;Ustedes est&eacute;n atentos &ndash; les dec&iacute;a a los obispos &ndash; y aprendan a leer las miradas de sus sacerdotes, para alegrarse con ellos cuando sientan el gozo de contar cuanto &ldquo;han hecho y ense&ntilde;ado&rdquo; (Mc 6,30), y tambi&eacute;n para no echarse atr&aacute;s cuando se sienten un poco rebajados y no puedan hacer otra cosa que llorar porque &ldquo;han negado al Se&ntilde;or&rdquo; (cf. Lc 22,61-62), y tambi&eacute;n para sostener [&#8230;], en comuni&oacute;n con Cristo, cuando alguno, abatido, saldr&aacute; con Judas &ldquo;en la noche&rdquo; (cf. Jn 13,30). En estas situaciones, que nunca falte la paternidad de ustedes, obispos, para con sus sacerdotes. Animen la comuni&oacute;n entre ellos; hagan perfeccionar sus dones; int&eacute;grenlos en las grandes causas, porque el coraz&oacute;n del ap&oacute;stol no fue hecho para cosas peque&ntilde;as&raquo; (ib&iacute;d.)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPor &uacute;ltimo, &iquest;c&oacute;mo mira Mar&iacute;a? Mar&iacute;a mira de modo &laquo;&iacute;ntegro&raquo;, uniendo todo, nuestro pasado, presente y futuro. No tiene una mirada fragmentada: la misericordia sabe ver la totalidad y capta lo m&aacute;s necesario. Como Mar&iacute;a en Can&aacute;, que es capaz de &laquo;compadecerse&raquo; anticipadamente de lo que acarrear&aacute; la falta de vino en la fiesta de bodas y pide a Jes&uacute;s que lo solucione, sin que nadie se d&eacute; cuenta, as&iacute; toda nuestra vida sacerdotal la podemos ver como &laquo;anticipada por la misericordia&raquo; de Mar&iacute;a, que previendo nuestras carencias ha provisto todo lo que tenemos. Si algo de &laquo;vino bueno&raquo; hay en nuestra vida, no es por m&eacute;rito nuestro sino por su &laquo;misericordia anticipada&raquo;, esa que ya en el Magn&iacute;ficat canta c&oacute;mo el Se&ntilde;or &laquo;mir&oacute; con bondad su peque&ntilde;ez&raquo; y &laquo;se acord&oacute; de su (alianza de) misericordia&raquo;, una &laquo;misericordia que se extiende de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n&raquo; sobre sus pobres y oprimidos (cf. Lc 1,46-55). La lectura que hace Mar&iacute;a es la de la historia como misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPodemos terminar rezando la Salve Regina en cuyas invocaciones late el esp&iacute;ritu del Magn&iacute;ficat. Ella es la Madre de la misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Y cuando ustedes sacerdotes tengan momentos oscuros, feos, cuando no sepan c&oacute;mo arreglarse en lo m&aacute;s &iacute;ntimo de su coraz&oacute;n, no digo solo &ldquo;miren a la Virgen&rdquo;, eso deben hacerlo, pero: &ldquo;vaya y d&eacute;jense mirar por ella, en silencio, tambi&eacute;n adormeci&eacute;ndose. Esto har&aacute; que en aquellos momentos feos, quiz&aacute; con tantos errores cometidos y que los llevaron a este punto, toda esta suciedad se convertir&aacute; en dep&oacute;sito de misericordia. D&eacute;jense mirar por la Virgen. &nbsp;Sus ojos misericordiosos son los que consideramos el mejor recipiente de la misericordia, en el sentido de poder beber en ellos esa mirada indulgente y buena de la que tenemos sed como s&oacute;lo se puede tener sed de una mirada. Esos ojos misericordiosos son tambi&eacute;n los que nos hacen ver las obras de la misericordia de Dios en la historia de los hombres y descubrir a Jes&uacute;s en sus rostros. En ella encontramos la tierra prometida &ndash; el reino de la misericordia instaurado por nuestro Se&ntilde;or &ndash; que viene, ya en esta vida, despu&eacute;s de cada destierro al que nos arroja el pecado. De su mano y bajo su mirada podemos cantar con alegr&iacute;a las grandezas del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPodemos decirle: Mi alma te canta, Se&ntilde;or, porque miraste con bondad la humildad y peque&ntilde;ez de tu servidor. Feliz de m&iacute;, que he sido perdonado. Tu misericordia, la que practicaste con todos tus santos y con todo tu pueblo fiel, tambi&eacute;n me ha alcanzado a m&iacute;. He andado disperso, busc&aacute;ndome a m&iacute; mismo, por la soberbia de mi coraz&oacute;n, pero no he ocupado ning&uacute;n trono, Se&ntilde;or, y mi &uacute;nica exaltaci&oacute;n es que tu Madre me alce a su regazo, me cubra con su manto y me ponga junto a su coraz&oacute;n. Quiero ser amado por ti como uno m&aacute;s de los m&aacute;s humildes de tu pueblo, colmar con tu pan a los que tienen hambre de ti. Acu&eacute;rdate, Se&ntilde;or, de tu alianza de misericordia con tus hijos, los sacerdotes de tu pueblo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQue con Mar&iacute;a seamos signo y sacramento de tu misericordia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 02 Jun. 16 (ACI).- Este jueves el Papa Francisco dirige el retiro para los sacerdotes que participan en el Jubileo de los sacerdotes en Roma (Italia), cuyas predicaciones pueden seguirse a trav&eacute;s del sitio web http:\/\/www.im.va\/. En su segunda meditaci&oacute;n, el Santo Padre se&ntilde;al&oacute; que el mejor confesor suele ser el que mejor se &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-segunda-meditacion-del-papa-francisco-en-jubileo-de-sacerdotes\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTEXTO COMPLETO: Segunda meditaci\u00f3n del Papa Francisco en Jubileo de sacerdotes\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-4095","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4095","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4095"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4095\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4095"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4095"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4095"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}