{"id":4123,"date":"2016-06-03T04:05:02","date_gmt":"2016-06-03T09:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-del-jubileo-de-los-sacerdotes\/"},"modified":"2016-06-03T04:05:02","modified_gmt":"2016-06-03T09:05:02","slug":"texto-completo-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-del-jubileo-de-los-sacerdotes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-del-jubileo-de-los-sacerdotes\/","title":{"rendered":"[TEXTO COMPLETO] Homil\u00eda del Papa Francisco en la Misa del Jubileo de los sacerdotes"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 03 Jun. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco presidi&oacute; esta ma&ntilde;ana en la Plaza de San Pedro la Santa Misa por la Solemnidad del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s y del Jubileo de los Sacerdotes que ha reunido en Roma durante 3 d&iacute;as a m&aacute;s de 6.000.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn su homil&iacute;a, el Santo Padre habl&oacute; de la necesidad de que cada sacerdote busques, incluya y se alegre. &ldquo;El coraz&oacute;n del sacerdote es un coraz&oacute;n traspasado por el amor del Se&ntilde;or; por eso no se mira a s&iacute; mismo, sino que est&aacute; dirigido a Dios y a los hermanos&rdquo;, afirm&oacute;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, el texto completo de la homil&iacute;a del Papa:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa celebraci&oacute;n del Jubileo de los Sacerdotes en la solemnidad del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s nos invita a llegar al coraz&oacute;n, es decir, a la interioridad, a las ra&iacute;ces m&aacute;s s&oacute;lidas de la vida, al n&uacute;cleo de los afectos, en una palabra, al centro de la persona. Y hoy nos fijamos en dos corazones: el del Buen Pastor y nuestro coraz&oacute;n de pastores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl coraz&oacute;n del Buen Pastor no es s&oacute;lo el coraz&oacute;n que tiene misericordia de nosotros, sino la misericordia misma. Ah&iacute; resplandece el amor del Padre; ah&iacute; me siento seguro de ser acogido y comprendido como soy; ah&iacute;, con todas mis limitaciones y mis pecados, saboreo la certeza de ser elegido y amado. Al mirar a ese coraz&oacute;n, renuevo el primer amor: el recuerdo de cuando el Se&ntilde;or toc&oacute; mi alma y me llam&oacute; a seguirlo, la alegr&iacute;a de haber echado las redes de la vida confiando en su palabra (cf. Lc 5,5).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl coraz&oacute;n del Buen Pastor nos dice que su amor no tiene l&iacute;mites, no se cansa y nunca se da por vencido. En &eacute;l vemos su continua entrega sin alg&uacute;n conf&iacute;n; en &eacute;l encontramos la fuente del amor dulce y fiel, que deja libre y nos hace libres; en &eacute;l volvemos cada vez a descubrir que Jes&uacute;s nos ama &laquo;hasta el extremo&raquo; (Jn 13,1), sin imponerse nunca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl coraz&oacute;n del Buen Pastor est&aacute; inclinado hacia nosotros, &laquo;polarizado&raquo; especialmente en el que est&aacute; lejano; all&iacute; apunta tenazmente la aguja de su br&uacute;jula, all&iacute; revela la debilidad de un amor particular, porque desea llegar a todos y no perder a nadie.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAnte el Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s nace la pregunta fundamental de nuestra vida sacerdotal: &iquest;A d&oacute;nde se orienta mi coraz&oacute;n? El ministerio est&aacute; a menudo lleno de muchas iniciativas, que lo ponen ante diversos frentes: de la catequesis a la liturgia, de la caridad a los compromisos pastorales e incluso administrativos. En medio de tantas actividades, permanece la pregunta: &iquest;En d&oacute;nde se fija mi coraz&oacute;n, a d&oacute;nde apunta, cu&aacute;l es el tesoro que busca? Porque &mdash;dice Jes&uacute;s&mdash; &laquo;donde estar&aacute; tu tesoro, all&iacute; est&aacute; tu coraz&oacute;n&raquo; (Mt 6,21).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLos tesoros irremplazables del Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s son dos: el Padre y nosotros. &Eacute;l pasaba sus jornadas entre la oraci&oacute;n al Padre y el encuentro con la gente. Tambi&eacute;n el coraz&oacute;n de pastor de Cristo conoce s&oacute;lo dos direcciones: el Se&ntilde;or y la gente. El coraz&oacute;n del sacerdote es un coraz&oacute;n traspasado por el amor del Se&ntilde;or; por eso no se mira a s&iacute; mismo, sino que est&aacute; dirigido a Dios y a los hermanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tYa no es un &laquo;coraz&oacute;n bailar&iacute;n&raquo;, que se deja atraer por las seducciones del momento, o que va de aqu&iacute; para all&aacute; en busca de aceptaci&oacute;n y peque&ntilde;as satisfacciones; es m&aacute;s bien un coraz&oacute;n arraigado en el Se&ntilde;or, cautivado por el Esp&iacute;ritu Santo, abierto y disponible para los hermanos Para ayudar a nuestro coraz&oacute;n a que tenga el fuego de la caridad de Jes&uacute;s, el Buen Pastor, podemos ejercitarnos en asumir en nosotros tres formas de actuar que nos sugieren las Lecturas de hoy: buscar, incluir y alegrarse<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tBuscar. El profeta Ezequiel nos recuerda que Dios mismo busca a sus ovejas (cf. 34,11.16). Como dice el Evangelio, &laquo;va tras la descarriada hasta que la encuentra&raquo; (Lc 15,4), sin dejarse atemorizar por los riesgos; se aventura sin titubear m&aacute;s all&aacute; de los lugares de pasto y fuera de las horas de trabajo. No aplaza la b&uacute;squeda, no piensa: &laquo;Hoy ya he cumplido con mi deber, me ocupar&eacute; ma&ntilde;ana&raquo;, sino que se pone de inmediato manos a la obra; su coraz&oacute;n est&aacute; inquieto hasta que encuentra esa oveja perdida. Y, cuando la encuentra, olvida la fatiga y se la carga sobre sus hombros todo contento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAs&iacute; es el coraz&oacute;n que busca: es un coraz&oacute;n que no privatiza los tiempos y espacios, no es celoso de su leg&iacute;tima tranquilidad, y nunca pretende que no lo molesten. El pastor, seg&uacute;n el coraz&oacute;n de Dios, no defiende su propia comodidad, no se preocupa de proteger su buen nombre, sino que, por el contrario, sin temor a las cr&iacute;ticas, est&aacute; dispuesto a arriesgar con tal de imitar a su Se&ntilde;or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl pastor seg&uacute;n Jes&uacute;s tiene el coraz&oacute;n libre para dejar sus cosas, no vive haciendo cuentas de lo que tiene y de las horas de servicio: no es un contable del esp&iacute;ritu, sino un buen Samaritano en busca de quien tiene necesidad. Es un pastor, no un inspector de la grey, y se dedica a la misi&oacute;n no al cincuenta o sesenta por ciento, sino con todo su ser. Al ir en busca, encuentra, y encuentra porque arriesga; no se queda parado despu&eacute;s de las desilusiones ni se rinde ante las dificultades; en efecto, es obstinado en el bien, ungido por la divina obstinaci&oacute;n de que nadie se extrav&iacute;e. Por eso, no s&oacute;lo tiene la puerta abierta, sino que sale en busca de quien no quiere entrar por ella. Como todo buen cristiano, y como ejemplo para cada cristiano, siempre est&aacute; en salida de s&iacute; mismo. El epicentro de su coraz&oacute;n est&aacute; fuera de &eacute;l: no es atra&iacute;do por su yo, sino por el t&uacute; de Dios y por el nosotros de los hombres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tIncluir. Cristo ama y conoce a sus ovejas, da la vida por ellas y ninguna le resulta extra&ntilde;a (cf. Jn 10,11-14). Su reba&ntilde;o es su familia y su vida. No es un jefe temido por las ovejas, sino el pastor que camina con ellas y las llama por su nombre (cf. Jn 10, 3-4). Y quiere reunir a las ovejas que todav&iacute;a no est&aacute;n con &eacute;l (cf. Jn 10,16).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAs&iacute; es tambi&eacute;n el sacerdote de Cristo: est&aacute; ungido para el pueblo, no para elegir sus propios proyectos, sino para estar cerca de las personas concretas que Dios, por medio de la Iglesia, le ha confiado. Ninguno est&aacute; excluido de su coraz&oacute;n, de su oraci&oacute;n y de su sonrisa. Con mirada amorosa y coraz&oacute;n de padre, acoge, incluye, y, cuando debe corregir, siempre es para acercar; no desprecia a nadie, sino que est&aacute; dispuesto a ensuciarse las manos por todos. Ministro de la comuni&oacute;n, que celebra y vive, no pretende los saludos y felicitaciones de los otros, sino que es el primero en ofrecer mano, desechando cotilleos, juicios y venenos. Escucha con paciencia los problemas y acompa&ntilde;a los pasos de las personas, prodigando el perd&oacute;n divino con generosa compasi&oacute;n. No rega&ntilde;a a quien abandona o equivoca el camino, sino que siempre est&aacute; dispuesto para reinsertar y recomponer los litigios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAlegrarse. Dios se pone &laquo;muy contento&raquo; (Lc 15,5): su alegr&iacute;a nace del perd&oacute;n, de la vida que se restaura, del hijo que vuelve a respirar el aire de casa. La alegr&iacute;a de Jes&uacute;s, el Buen Pastor, no es una alegr&iacute;a para s&iacute; mismo, sino para los dem&aacute;s y con los dem&aacute;s, la verdadera alegr&iacute;a del amor. Esta es tambi&eacute;n la alegr&iacute;a del sacerdote. &Eacute;l es transformado por la misericordia que, a su vez, ofrece de manera gratuita. En la oraci&oacute;n descubre el consuelo de Dios y experimenta que nada es m&aacute;s fuerte que su amor. Por eso est&aacute; sereno interiormente, y es feliz de ser un canal de misericordia, de acercar el hombre al coraz&oacute;n de Dios. Para &eacute;l, la tristeza no es lo normal, sino s&oacute;lo pasajera; la dureza le es ajena, porque es pastor seg&uacute;n el coraz&oacute;n suave de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos sacerdotes, en la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica encontramos cada d&iacute;a nuestra identidad de pastores. Cada vez podemos hacer verdaderamente nuestras las palabras de Jes&uacute;s: &laquo;Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros&raquo;. Este es el sentido de nuestra vida, son las palabras con las que, en cierto modo, podemos renovar cotidianamente las promesas de nuestra ordenaci&oacute;n. Os agradezco vuestro &laquo;s&iacute;&raquo; para dar la vida unidos a Jes&uacute;s: aqu&iacute; est&aacute; la fuente pura de nuestra alegr&iacute;a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTambi&eacute;n te puede interesar:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t\tAs&iacute; debe ser un sacerdote para asemejarse al Buen Pastor, seg&uacute;n Papa Francisco https:\/\/t.co\/bulHbnnxpk<\/p>\n<p>\t&mdash; ACI Prensa (@aciprensa) 3 de junio de 2016<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 03 Jun. 16 (ACI).- El Papa Francisco presidi&oacute; esta ma&ntilde;ana en la Plaza de San Pedro la Santa Misa por la Solemnidad del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s y del Jubileo de los Sacerdotes que ha reunido en Roma durante 3 d&iacute;as a m&aacute;s de 6.000. 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