{"id":4171,"date":"2016-06-05T05:05:02","date_gmt":"2016-06-05T10:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-canonizacion-de-dos-nuevos-santos\/"},"modified":"2016-06-05T05:05:02","modified_gmt":"2016-06-05T10:05:02","slug":"texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-canonizacion-de-dos-nuevos-santos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-canonizacion-de-dos-nuevos-santos\/","title":{"rendered":"[TEXTO] Homil\u00eda del Papa Francisco en la canonizaci\u00f3n de dos nuevos santos"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 05 Jun. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco celebr&oacute; la Santa Misa con el rito de canonizaci&oacute;n del polaco Stanislao di Ges&ugrave; Maria Papczynski (1631-1701) y de la sueca Maria Elisabetta Hesselblad (1870-1957).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn su homil&iacute;a, el Pont&iacute;fice coment&oacute; las lecturas de la liturgia del d&iacute;a y sobre los nuevos santos dijo que &ldquo;han permanecido &iacute;ntimamente unidos a la pasi&oacute;n de Jes&uacute;s y en ellos se ha manifestado el poder de su resurrecci&oacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&ldquo;La Pasi&oacute;n de Cristo est&aacute; la respuesta de Dios al grito angustiado y a veces indignado que provoca en nosotros la experiencia del dolor y de la muerte&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; tambi&eacute;n el Papa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, la homil&iacute;a completa del Papa Francisco:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa Palabra de Dios que hemos escuchado nos conduce al acontecimiento central de la fe: La victoria de Dios sobre el dolor y la muerte. Es el Evangelio de la esperanza que surge del Misterio Pascual de Cristo, que se irradia desde su rostro, revelador de Dios Padre y consolador de los afligidos. Es una palabra que nos llama a permanecer &iacute;ntimamente unidos a la pasi&oacute;n de nuestro Se&ntilde;or Jes&uacute;s, para que se manifieste en nosotros el poder de su resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn efecto, en la Pasi&oacute;n de Cristo est&aacute; la respuesta de Dios al grito angustiado y a veces indignado que provoca en nosotros la experiencia del dolor y de la muerte. Se trata de no escapar de la cruz, sino de permanecer ah&iacute;, como hizo la Virgen Madre, que sufriendo junto a Jes&uacute;s recibi&oacute; la gracia de esperar contra toda esperanza (cf. Rm 4,18).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEsta ha sido tambi&eacute;n la experiencia de Estanislao de Jes&uacute;s Mar&iacute;a y de Mar&iacute;a Isabel Hesselblad, que hoy son proclamados santos: han permanecido &iacute;ntimamente unidos a la pasi&oacute;n de Jes&uacute;s y en ellos se ha manifestado el poder de su resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa primera Lectura y el Evangelio de este domingo nos presentan dos signos prodigiosos de resurrecci&oacute;n, el primero obrado por el profeta El&iacute;as, el segundo por Jes&uacute;s. En los dos casos, los muertos son hijos muy j&oacute;venes de mujeres viudas que son devueltos vivos a sus madres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa viuda de Sarepta &mdash;una mujer no jud&iacute;a, que sin embargo hab&iacute;a acogido en su casa al profeta El&iacute;as&mdash; est&aacute; indignada con el profeta y con Dios porque, precisamente cuando El&iacute;as era su hu&eacute;sped, su hijo se enferm&oacute; y despu&eacute;s muri&oacute; en sus brazos. Entonces El&iacute;as dice a esa mujer: &laquo;Dame a tu hijo&raquo; (1 R 17,19). Esta es una palabra clave: manifiesta la actitud de Dios ante nuestra muerte (en todas sus formas); no dice: &laquo;tenla contigo, arr&eacute;glatelas&raquo;, sino que dice: &laquo;D&aacute;mela&raquo;. En efecto, el profeta toma al ni&ntilde;o y lo lleva a la habitaci&oacute;n de arriba, y all&iacute;, &eacute;l solo, en la oraci&oacute;n, &laquo;lucha con Dios&raquo;, present&aacute;ndole el sinsentido de esa muerte. Y el Se&ntilde;or escuch&oacute; la voz de El&iacute;as, porque en realidad era &eacute;l, Dios, quien hablaba y el que obraba en el profeta. Era &eacute;l que, por boca de El&iacute;as, hab&iacute;a dicho a la mujer: &laquo;Dame a tu hijo&raquo;. Y ahora era &eacute;l quien lo restitu&iacute;a vivo a su madre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa ternura de Dios se revela plenamente en Jes&uacute;s. Hemos escuchado en el Evangelio (Lc 7,11-17), c&oacute;mo &eacute;l experiment&oacute; &laquo;mucha compasi&oacute;n&raquo; (v.13) por esa viuda de Na&iacute;n, en Galilea, que estaba acompa&ntilde;ando a la sepultura a su &uacute;nico hijo, a&uacute;n adolescente. Pero Jes&uacute;s se acerca, toca el ata&uacute;d, detiene el cortejo f&uacute;nebre, y seguramente habr&aacute; acariciado el rostro ba&ntilde;ado de l&aacute;grimas de esa pobre madre. &laquo;No llores&raquo;, le dice (Lc 7,13). Como si le pidiera: &laquo;Dame a tu hijo&raquo;. Jes&uacute;s pide para s&iacute; nuestra muerte, para librarnos de ella y darnos la vida. Y en efecto, ese joven se despert&oacute; como de un sue&ntilde;o profundo y comenz&oacute; a hablar. Y Jes&uacute;s &laquo;lo devuelve a su madre&raquo; (v. 15). No es un mago. Es la ternura de Dios encarnada, en &eacute;l obra la inmensa compasi&oacute;n del Padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tUna especie de resurrecci&oacute;n es tambi&eacute;n la del ap&oacute;stol Pablo, que de enemigo y feroz perseguidor de los cristianos se convierte en testigo y heraldo del Evangelio (cf. Ga 1,13-17). Este cambio radical no fue obra suya, sino don de la misericordia de Dios, que lo &laquo;eligi&oacute;&raquo; y lo &laquo;llam&oacute; con su gracia&raquo;, y quiso revelar &laquo;en &eacute;l&raquo; a su Hijo para que lo anunciase en medio de los gentiles (vv. 15-16). Pablo dice que Dios Padre tuvo a bien manifestar a su Hijo no s&oacute;lo a &eacute;l, sino en &eacute;l, es decir, como imprimiendo en su persona, carne y esp&iacute;ritu, la muerte y la resurrecci&oacute;n de Cristo. De este modo, el ap&oacute;stol no ser&aacute; s&oacute;lo un mensajero, sino sobre todo un testigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY tambi&eacute;n con los pecadores, a todos y cada uno, Jes&uacute;s no cesa de hacer brillar la victoria de la gracia que da vida. Dice a la Madre Iglesia: &laquo;Dame a tus hijos&raquo;, que somos todos nosotros. &Eacute;l toma consigo todos nuestros pecados, los borra y nos devuelve vivos a la misma Iglesia. Y esto sucede de modo especial durante este A&ntilde;o Santo de la Misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa Iglesia nos muestra hoy a dos hijos suyos que son testigos ejemplares de este misterio de resurrecci&oacute;n. Ambos pueden cantar por toda la eternidad con las palabras del salmista: &laquo;Cambiaste mi luto en danzas, \/ Se&ntilde;or, Dios m&iacute;o, te dar&eacute; gracias por siempre&raquo; (Sal 30,12). Y todos juntos nos unimos diciendo: &laquo;Te ensalzar&eacute;, Se&ntilde;or, porque me has librado&raquo; (Respuesta al Salmo Responsorial).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 05 Jun. 16 (ACI).- El Papa Francisco celebr&oacute; la Santa Misa con el rito de canonizaci&oacute;n del polaco Stanislao di Ges&ugrave; Maria Papczynski (1631-1701) y de la sueca Maria Elisabetta Hesselblad (1870-1957). 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