{"id":4372,"date":"2016-06-12T05:05:03","date_gmt":"2016-06-12T10:05:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-del-papa-francisco-en-el-jubileo-de-los-enfermos-y-discapacitados\/"},"modified":"2016-06-12T05:05:03","modified_gmt":"2016-06-12T10:05:03","slug":"texto-homilia-del-papa-francisco-en-el-jubileo-de-los-enfermos-y-discapacitados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-del-papa-francisco-en-el-jubileo-de-los-enfermos-y-discapacitados\/","title":{"rendered":"[TEXTO] Homil\u00eda del Papa Francisco en el Jubileo de los Enfermos y discapacitados"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 12 Jun. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco celebr&oacute; la Santa Misa en la Plaza de San Pedro con motivo del Jubileo de los Enfermos y Discapacitados. En su homil&iacute;a, el Pont&iacute;fice denunci&oacute; que &ldquo;en esta &eacute;poca en la que el cuidado del cuerpo se ha convertido en un mito de masas y por tanto en un negocio, lo que es imperfecto debe ser ocultado, porque va en contra de la felicidad y de la tranquilidad de los privilegiados y pone en crisis el modelo imperante&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&ldquo;Cuantas personas discapacitadas y que sufren se abren de nuevo a la vida apenas sienten que son amadas. Y cuanto amor puede brotar de un coraz&oacute;n aunque sea s&oacute;lo a causa de una sonrisa&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute; despu&eacute;s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, el texto completo de la homil&iacute;a del Papa Francisco:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mi&raquo; (Ga 2,19). El ap&oacute;stol Pablo usa palabras muy fuertes para expresar el misterio de la vida cristiana: todo se resume en el dinamismo pascual de muerte y resurrecci&oacute;n, que se nos da en el bautismo. En efecto, con la inmersi&oacute;n en el agua es como si cada uno hubiese sido muerto y sepultado con Cristo (cf. Rm 6,3-4), mientras que, el salir de ella manifiesta la vida nueva en el Esp&iacute;ritu Santo. Esta condici&oacute;n de volver a nacer implica a toda la existencia y en todos sus aspectos: tambi&eacute;n la enfermedad, el sufrimiento y la muerte esta contenidas en Cristo, y encuentran en &eacute;l su sentido definitivo. Hoy, en el d&iacute;a jubilar dedicado a todos los que llevan en s&iacute; las se&ntilde;ales de la enfermedad y de la discapacidad, esta Palabra de vida encuentra una particular resonancia en nuestra asamblea. En realidad, todos, tarde o temprano, estamos llamados a enfrentarnos, y a veces a combatir, con la fragilidad y la enfermedad nuestra y la de los dem&aacute;s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY esta experiencia tan t&iacute;pica y dram&aacute;ticamente humana asume una gran variedad de rostros. En cualquier caso, ella nos plantea de manera aguda y urgente la pregunta por el sentido de la existencia. En nuestro animo se puede dar incluso una actitud c&iacute;nica, como si todo se pudiera resolver soportando o contando s&oacute;lo con las propias fuerzas. Otras veces, por el contrario, se pone toda la confianza en los descubrimientos de la ciencia, pensando que ciertamente en alguna parte del mundo existe una medicina capaz de curar la enfermedad. Lamentablemente no es as&iacute;, e incluso aunque esta medicina se encontrase no ser&iacute;a accesible a todos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa naturaleza humana, herida por el pecado, lleva inscrita en s&iacute; la realidad del limite. Conocemos la objeci&oacute;n que, sobre todo en estos tiempos, se plantea ante una existencia marcada por grandes limitaciones f&iacute;sicas. Se considera que una persona enferma o discapacitada no puede ser feliz, porque es incapaz de realizar el estilo de vida impuesto por la cultura del placer y de la diversi&oacute;n. En esta &eacute;poca en la que el cuidado del cuerpo se ha convertido en un mito de masas y por tanto en un negocio, lo que es imperfecto debe ser ocultado, porque va en contra de la felicidad y de la tranquilidad de los privilegiados y pone en crisis el modelo imperante. Es mejor tener a estas personas separadas, en alg&uacute;n &laquo;recinto&raquo; -tal ves dorado- o en las &laquo;reservas&raquo; del pietismo y del asistencialismo, para que no obstaculicen el ritmo de un falso bienestar. En algunos casos, incluso, se considera que es mejor deshacerse cuanto antes, porque son una carga econ&oacute;mica insostenible en tiempos de crisis. Pero, en realidad, con qu&eacute; falsedad vive el hombre de hoy al cerrar los ojos ante la enfermedad y la discapacidad. No comprende el verdadero sentido de la vida, que incluye tambi&eacute;n la aceptaci&oacute;n del sufrimiento y de la limitaci&oacute;n. El mundo no ser&aacute; mejor cuando este compuesto solamente por personas aparentemente &laquo;perfectas&raquo;, sino cuando crezca la solidaridad entre los seres humanos, la aceptaci&oacute;n y el respeto mutuo. Qu&eacute; ciertas son las palabras del ap&oacute;stol: &laquo;Lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios&raquo; (1 Co 1,27).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTambi&eacute;n el Evangelio de este domingo (Lc 7,36-8,3) nos presenta una situaci&oacute;n de debilidad particular. La mujer pecadora es juzgada y marginada, mientras Jes&uacute;s la acoge y la defiende: &laquo;Porque tiene mucho amor&raquo; (v. 47). Es esta la conclusi&oacute;n de Jes&uacute;s, atento al sufrimiento y al llanto de aquella persona. Su ternura es signo del amor que Dios reserva para los que sufren y son excluidos. No existe s&oacute;lo el sufrimiento f&iacute;sico; hoy, una de las patolog&iacute;as m&aacute;s frecuentes son las que afectan al esp&iacute;ritu. Es un sufrimiento que afecta al animo y hace que est&eacute; triste porque est&aacute; privado de amor. Cuando se experimenta la desilusi&oacute;n o la traici&oacute;n en las relaciones importantes, entonces descubrimos nuestra vulnerabilidad, debilidad y desprotecci&oacute;n. La tentaci&oacute;n de replegarse sobre s&iacute; mismo llega a ser muy fuerte, y se puede hasta perder la oportunidad de la vida: amar a pesar de todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa felicidad que cada uno desea, por otra parte, puede tener muchos rostros, pero s&oacute;lo puede alcanzarse si somos capaces de amar. Es siempre una cuesti&oacute;n de amor, no hay otro camino. El verdadero desaf&iacute;o es el de amar m&aacute;s. Cuantas personas discapacitadas y que sufren se abren de nuevo a la vida apenas sienten que son amadas. Y cuanto amor puede brotar de un coraz&oacute;n aunque sea s&oacute;lo a causa de una sonrisa. En tal caso la fragilidad misma puede convertirse en alivio y apoyo en nuestra soledad. Jes&uacute;s, en su pasi&oacute;n, nos ha amado hasta el final (cf. Jn 13,1); en la cruz ha revelado el Amor que se da sin limites. &iquest;Qu&eacute; podemos reprochar a Dios por nuestras enfermedades y sufrimiento que no este ya impreso en el rostro de su Hijo crucificado? A su dolor f&iacute;sico se agrega la afrenta, la marginaci&oacute;n y la compasi&oacute;n, mientras &eacute;l responde con la misericordia que a todos acoge y perdona: &laquo;Por sus heridas fuimos sanados&raquo; (Is 53,5; 1 P 2,24). Jes&uacute;s es el m&eacute;dico que cura con la medicina del amor, porque toma sobre s&iacute; nuestro sufrimiento y lo redime. Nosotros sabemos que Dios comprende nuestra enfermedad, porque &eacute;l mismo la ha experimentado en primera persona (cf. Hb 4,5).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl modo en que vivimos la enfermedad y la discapacidad es signo del amor que estamos dispuestos a ofrecer. El modo en que afrontamos el sufrimiento y la limitaci&oacute;n es el criterio de nuestra libertad de dar sentido a las experiencias de la vida, aun cuando nos parezcan absurdas e inmerecidas. No nos dejemos turbar, por tanto, de est&aacute;s tribulaciones (cf. 1 Tm 3,3). Sepamos que en la debilidad podemos ser fuertes (cf. 2 o 12,10), y recibiremos la gracia de completar lo que falta en nosotros al sufrimiento de Cristo, en favor de la Iglesia, su cuerpo (cf. Col 1,24); un cuerpo que, a imagen de aquel del Se&ntilde;or resucitado, conserva las heridas, signo del duro combate, pero son heridas transfiguradas para siempre por el amor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTambi&eacute;n te puede interesar:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t\t[TEXTO] Homil&iacute;a del Papa Francisco en el Jubileo de los Enfermos y discapacitados https:\/\/t.co\/MkO6ulFtSI<\/p>\n<p>\t&mdash; ACI Prensa (@aciprensa) 12 de junio de 2016<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 12 Jun. 16 (ACI).- El Papa Francisco celebr&oacute; la Santa Misa en la Plaza de San Pedro con motivo del Jubileo de los Enfermos y Discapacitados. En su homil&iacute;a, el Pont&iacute;fice denunci&oacute; que &ldquo;en esta &eacute;poca en la que el cuidado del cuerpo se ha convertido en un mito de masas y por tanto &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-del-papa-francisco-en-el-jubileo-de-los-enfermos-y-discapacitados\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab[TEXTO] Homil\u00eda del Papa Francisco en el Jubileo de los Enfermos y discapacitados\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-4372","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4372","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4372"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4372\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4372"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4372"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4372"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}