{"id":4790,"date":"2016-06-25T12:05:02","date_gmt":"2016-06-25T17:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-discurso-del-papa-en-el-encuentro-ecumenico-y-por-la-paz-en-armenia\/"},"modified":"2016-06-25T12:05:02","modified_gmt":"2016-06-25T17:05:02","slug":"texto-discurso-del-papa-en-el-encuentro-ecumenico-y-por-la-paz-en-armenia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-discurso-del-papa-en-el-encuentro-ecumenico-y-por-la-paz-en-armenia\/","title":{"rendered":"TEXTO Discurso del Papa en el Encuentro Ecum\u00e9nico y por la paz en Armenia"},"content":{"rendered":"<p> EREV\u00c1N, 25 Jun. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco particip&oacute; en la plaza de la Rep&uacute;blica de Erev&aacute;n en un Encuentro Ecum&eacute;nico y de Oraci&oacute;n por la Paz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEstuvieron presentes el Presidente de la Rep&uacute;blica y el Catholic&oacute;s Karekin II, quien pronunci&oacute; a su vez un discurso despu&eacute;s del Papa. &nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&ldquo;Para lograr la unidad necesaria no basta, seg&uacute;n san Nerses, la buena voluntad de alguien en la Iglesia: es indispensable la oraci&oacute;n de todos. Es hermoso estar aqu&iacute; reunidos para rezar unos por otros, unos con otros. Y es sobre todo el don de la oraci&oacute;n que he venido a pediros esta tarde. Por mi parte, os aseguro que, al ofrecer el Pan y el C&aacute;liz en el altar, no dejo de presentar al Se&ntilde;or a la Iglesia de Armenia y a vuestro querido pueblo&rdquo;, dijo el Santo Padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, el texto completo del discurso del Papa Francisco:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa bendici&oacute;n y la paz de Dios est&eacute;n con vosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMucho he deseado visitar esta querida tierra, vuestro Pa&iacute;s que fue el primero en abrazar la fe cristiana. Es una gracia para m&iacute; encontrarme en estas monta&ntilde;as, donde, bajo la mirada del monte Ararat, tambi&eacute;n el silencio parece que nos habla; donde los khatchkar &mdash;las cruces de piedra&mdash; narran una historia &uacute;nica, impregnada de fe s&oacute;lida y sufrimiento enorme, una historia rica de grandes testigos del Evangelio, de los que sois herederos. He venido como peregrino desde Roma para encontrarme con vosotros y para manifestaros un sentimiento que brota desde la profundidad del coraz&oacute;n: es el afecto de vuestro hermano, es el abrazo fraterno de toda la Iglesia Cat&oacute;lica, que os quiere y que est&aacute; cerca de vosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn los a&ntilde;os pasados, se han intensificado, gracias a Dios, las visitas y los encuentros entre nuestras Iglesias, siendo siempre muy cordiales y con frecuencia memorables. La Providencia ha querido que, en el mismo d&iacute;a en el que se recuerdan los santos Ap&oacute;stoles de Cristo, estemos juntos nuevamente para reforzar la comuni&oacute;n apost&oacute;lica entre nosotros. Estoy muy agradecido a Dios por la &laquo;real e &iacute;ntima unidad&raquo; entre nuestras Iglesias (cf. Juan Pablo II, Celebraci&oacute;n ecum&eacute;nica, Erev&aacute;n, 26 septiembre 2001: L&rsquo;Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa&ntilde;ola, 5 de octubre de 2001, p. 14) y os agradezco vuestra fidelidad al Evangelio, frecuentemente heroica, que es un don inestimable para todos los cristianos. Nuestro reencuentro no es un intercambio de ideas, sino un intercambio de dones (cf. Id., Carta enc. Ut unum sint, 28): recojamos lo que el Esp&iacute;ritu ha sembrado en nosotros, como un don para cada uno (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 246). Compartamos con gran alegr&iacute;a los muchos pasos de un camino com&uacute;n que ya est&aacute; muy avanzado, y miremos verdaderamente con confianza al d&iacute;a en que, con la ayuda de Dios, estaremos unidos junto al altar del sacrificio de Cristo, en la plenitud de la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHacia esa meta tan deseada &laquo;somos peregrinos, y peregrinamos juntos [&hellip;] hay que confiar el coraz&oacute;n al compa&ntilde;ero de camino sin recelos, sin desconfianzas&raquo; (ib&iacute;d., 244). En este trayecto nos preceden y acompa&ntilde;an muchos testigos, de modo particular tantos m&aacute;rtires que han sellado con la sangre la fe com&uacute;n en Cristo: son nuestras estrellas en el cielo, que resplandecen sobre nosotros e indican el camino que nos falta por recorrer en la tierra hacia la comuni&oacute;n plena. Entre los grandes Padres, deseo mencionar al santo Catholic&oacute;s Nerses Shnorhali. &Eacute;l manifestaba un amor extraordinario por su pueblo y sus tradiciones, y, al mismo tiempo, estaba abierto a las otras Iglesias, incansable en la b&uacute;squeda de la unidad, deseoso de realizar la voluntad de Cristo: que los creyentes &laquo;sean uno&raquo; (Jn 17,21). En efecto, la unidad no es un beneficio estrat&eacute;gico para buscar mutuos intereses, sino lo que Jes&uacute;s nos pide y que depende de nosotros cumplir con buena voluntad y con todas las fuerzas, para realizar nuestra misi&oacute;n: ofrecer al mundo, con coherencia, el Evangelio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPara lograr la unidad necesaria no basta, seg&uacute;n san Nerses, la buena voluntad de alguien en la Iglesia: es indispensable la oraci&oacute;n de todos. Es hermoso estar aqu&iacute; reunidos para rezar unos por otros, unos con otros. Y es sobre todo el don de la oraci&oacute;n que he venido a pediros esta tarde. Por mi parte, os aseguro que, al ofrecer el Pan y el C&aacute;liz en el altar, no dejo de presentar al Se&ntilde;or a la Iglesia de Armenia y a vuestro querido pueblo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSan Nerses advert&iacute;a tambi&eacute;n la necesidad de acrecentar el amor rec&iacute;proco, porque s&oacute;lo la caridad es capaz de sanar la memoria y curar las heridas del pasado: s&oacute;lo el amor borra los prejuicios y permite reconocer que la apertura al hermano purifica y mejora las propias convicciones. Para el santo Catholic&oacute;s, es esencial imitar en el camino hacia la unidad el estilo del amor de Cristo, que &laquo;siendo rico&raquo; (2 Co 8,9), &laquo;se humill&oacute; a s&iacute; mismo&raquo; (Flp 2,8). Siguiendo su ejemplo, estamos llamados a tener la valent&iacute;a de dejar las convicciones r&iacute;gidas y los intereses propios, en nombre del amor que se abaja y se da, en nombre del amor humilde: este es el aceite bendecido de la vida cristiana, el ung&uuml;ento espiritual precioso que cura, fortifica y santifica. &laquo;Suplimos las faltas con caridad un&aacute;nime&raquo;, escrib&iacute;a san Nerses (Cartas de Nerses Shnorhali, Catholic&oacute;s de los Armenios, Venecia 1873, 316), e incluso &mdash;hac&iacute;a entender&mdash; con una particular dulzura de amor, que ablande la dureza de los corazones de los cristianos, tambi&eacute;n de los que a veces est&aacute;n replegados en s&iacute; mismos y en sus propios beneficios. No los c&aacute;lculos ni los intereses, sino el amor humilde y generoso atrae la misericordia del Padre, la bendici&oacute;n de Cristo y la abundancia del Esp&iacute;ritu Santo. Rezando y &laquo;am&aacute;ndonos intensamente unos a otros con coraz&oacute;n puro&raquo; (cf. 1 P 1, 22), con humildad y apertura de &aacute;nimo, dispong&aacute;monos a recibir el don de la unidad. Sigamos nuestro camino con determinaci&oacute;n, m&aacute;s a&uacute;n corramos hacia la plena comuni&oacute;n entre nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo&raquo; (Jn 14,27). Hemos escuchado estas palabras del Evangelio, que nos disponen a implorar de Dios esa paz que el mundo tanto se esfuerza por encontrar. &iexcl;Qu&eacute; grandes son hoy los obst&aacute;culos en el camino de la paz y qu&eacute; tr&aacute;gicas las consecuencias de las guerras! Pienso en las poblaciones forzadas a abandonar todo, de modo particular en Oriente Medio, donde muchos de nuestros hermanos y hermanas sufren violencia y persecuci&oacute;n a causa del odio y de conflictos, fomentados siempre por la plaga de la proliferaci&oacute;n y del comercio de armas, por la tentaci&oacute;n de recurrir a la fuerza y por la falta de respeto a la persona humana, especialmente a los d&eacute;biles, a los pobres y a los que piden s&oacute;lo una vida digna un siglo del &ldquo;Gran Mal&rdquo; que se abati&oacute; sobre vosotros. Ese &laquo;exterminio terrible y sin sentido&raquo; (Saludo al comienzo de la Santa Misa para los fieles de rito armenio, 12 abril 2015), este tr&aacute;gico misterio de iniquidad que vuestro pueblo ha experimentado en su carne, permanece impreso en la memoria y arde en el coraz&oacute;n. Quiero reiterar que vuestros sufrimientos nos pertenecen: &laquo;son los sufrimientos de los miembros del Cuerpo m&iacute;stico de Cristo&raquo; (Juan Pablo II, Carta apost&oacute;lica en ocasi&oacute;n del XVII Centenario del bautismo del pueblo armenio, 7: L&rsquo;Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa&ntilde;ola, 2 de marzo de 2001, p. 6); recordarlos no es s&oacute;lo oportuno, sino necesario: que sean una advertencia en todo momento, para que el mundo no caiga jam&aacute;s en la espiral de horrores semejantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAl mismo tiempo, deseo recordar con admiraci&oacute;n c&oacute;mo la fe cristiana, &laquo;incluso en los momentos m&aacute;s tr&aacute;gicos de la historia armenia, ha sido el est&iacute;mulo que ha marcado el inicio del renacimiento del pueblo probado&raquo; (ib&iacute;d., 276). Esta es vuestra verdadera fuerza, que permite abrirse a la v&iacute;a misteriosa e salv&iacute;fica de la Pascua: las heridas que permanecen abiertas y que han sido producidas por el odio feroz e insensato, pueden en cierto modo conformarse a las de Cristo resucitado, a esas heridas que le fueron infligidas y que tiene impresas todav&iacute;a en su carne. &Eacute;l las mostr&oacute; gloriosas a los disc&iacute;pulos la noche de Pascua (cf. Jn 20,20): esas heridas terribles de dolor padecidas en la cruz, transfiguradas por el amor, son fuente de perd&oacute;n y de paz. Del mismo modo, tambi&eacute;n el dolor m&aacute;s grande, transformado por el poder salv&iacute;fico de la cruz, de la cual los Armenios son heraldos y testigos, puede ser una semilla de paz para el futuro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa memoria, traspasada por el amor, es capaz de adentrarse por senderos nuevos y sorprendentes, donde las tramas del odio se transforman en proyectos de reconciliaci&oacute;n, donde se puede esperar en un futuro mejor para todos, donde son &laquo;dichosos los que trabajan por la paz&raquo; (Mt 5,9). Har&aacute; bien a todos comprometerse para poner las bases de un futuro que no se deje absorber por la fuerza enga&ntilde;osa de la venganza; un futuro, donde no nos cansemos jam&aacute;s de crear las condiciones por la paz: un trabajo digno para todos, el cuidado de los m&aacute;s necesitados y la lucha sin tregua contra la corrupci&oacute;n, que tiene que ser erradicada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos j&oacute;venes: este futuro os pertenece: sabiendo aprovechar la gran sabidur&iacute;a de vuestros ancianos, desead ser constructores de paz: no notarios del status quo, sino promotores activos de una cultura del encuentro y de la reconciliaci&oacute;n. Que Dios bendiga vuestro futuro y &laquo;haga que se retome el camino de reconciliaci&oacute;n entre el pueblo armenio y el pueblo turco, y que la paz brote tambi&eacute;n en el Nagorno Karabaj&raquo; (Mensaje a los Armenios, 12 abril 2015).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPor &uacute;ltimo, quiero evocar en esta perspectiva a otro gran testigo y art&iacute;fice de la paz de Cristo, san Gregorio de Narek, que he proclamado Doctor de la Iglesia. Podr&iacute;a ser definido tambi&eacute;n &laquo;Doctor de la paz&raquo;. As&iacute; escrib&iacute;a en ese extraordinario Libro que me gusta considerar como la &laquo;constituci&oacute;n espiritual del pueblo armenio&raquo;: &laquo;Recu&eacute;rdate, [Se&ntilde;or, &hellip;] de los que en la estirpe humana son nuestros enemigos, pero por el bien de ellos: concede a ellos perd&oacute;n y misericordia. [&hellip;] No extermines a los que me muerden, transf&oacute;rmalos. Extirpa la viciosa conducta terrena y planta la buena en m&iacute; y en ellos&raquo; (Libro de las Lamentaciones, 83, 1-2). Narek, &laquo;part&iacute;cipe profundamente consciente de toda necesidad&raquo; (ib&iacute;d., 3,2), ha querido identificarse incluso con los d&eacute;biles y los pecadores de todo tiempo y lugar, para interceder en favor de todos (cf. ib&iacute;d., 31,3; 32,1; 47,2): se ha hecho &laquo;&ldquo;ofrenda de oraci&oacute;n&rdquo; de todo el mundo&raquo; (ib&iacute;d., 28,2). Su solidaridad universal con la humanidad es un gran mensaje cristiano de paz, un grito vehemente que implora misericordia para todos. Los armenios, presentes en muchos pa&iacute;ses y a quienes deseo abrazar fraternalmente desde aqu&iacute;, son mensajeros de este deseo de comuni&oacute;n, &laquo;embajadores de paz&raquo; (Juan Pablo II, Carta apost&oacute;lica en ocasi&oacute;n del XVII Centenario del bautismo del pueblo armenio: L&rsquo;Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa&ntilde;ola, 2 de marzo de 2001, p. 6). Todo el mundo necesita de vuestro mensaje, necesita de vuestra presencia, necesita de vuestro testimonio m&aacute;s puro. Kha&rsquo;ra&rsquo;rutiun amenetzun (Que la paz est&eacute; con vosotros).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EREV\u00c1N, 25 Jun. 16 (ACI).- El Papa Francisco particip&oacute; en la plaza de la Rep&uacute;blica de Erev&aacute;n en un Encuentro Ecum&eacute;nico y de Oraci&oacute;n por la Paz. 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