{"id":5094,"date":"2016-07-07T04:15:02","date_gmt":"2016-07-07T09:15:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/educar-para-la-vida\/"},"modified":"2016-07-07T04:15:02","modified_gmt":"2016-07-07T09:15:02","slug":"educar-para-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/educar-para-la-vida\/","title":{"rendered":"Educar para la vida"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">Formar a la gente joven es una tarea entusiasmante: labor que Dios mismo ha delegado fundamentalmente en los padres. Trabajo delicado y fuerte, paciente y alegre, no exento de perplejidades, que lleva tantas veces a dirigirse al Se\u00f1or, en busca de luz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Educar es obra de artista que quiere llevar a plenitud las potencialidades que residen en cada uno de sus hijos: ayudar a descubrir la importancia de preocuparse por los dem\u00e1s, ense\u00f1ar a ser creadores de relaciones aut\u00e9nticamente humanas, a vencer el miedo al compromiso&#8230; Capacitar, en definitiva, a cada una y a cada uno para que pueda responder al proyecto de Dios sobre sus vidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al mismo tiempo que siempre habr\u00e1 dificultades ambientales y aspectos mejorables, San Josemar\u00eda anima a los padres a mantener el coraz\u00f3n joven, para que les sea m\u00e1s f\u00e1cil recibir con simpat\u00eda las aspiraciones nobles e incluso las extravagancias de los chicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La vida cambia, y hay muchas cosas nuevas que quiz\u00e1 no nos gusten \u2013hasta es posible que no sean objetivamente mejores que otras de antes\u2013, pero que no son malas: son simplemente otros modos de vivir, sin m\u00e1s trascendencia. En no pocas ocasiones, los conflictos aparecen porque se da importancia a peque\u00f1eces, que se superan con un poco de perspectiva y sentido del humor[1].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Partimos de que en la dif\u00edcil tarea de educar siempre podremos mejorar, y de que no hay educaci\u00f3n perfecta: hasta de los errores se aprende. Merece la pena dedicar tiempo a actualizar nuestra formaci\u00f3n con un objetivo claro: educamos para la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Autoridad y libertad<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando los padres, confundiendo felicidad con bienestar, centran sus esfuerzos en procurar que sus hijos tengan de todo, que lo pasen lo mejor posible y que no sufran ninguna contradicci\u00f3n, se olvidan de que lo importante no es s\u00f3lo querer mucho a los hijos \u2013eso ya suele darse\u2013 sino quererlos bien. Y, objetivamente, no es un bien para ellos que se encuentren todo hecho, que no tengan que luchar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La lucha y el esfuerzo que comporta son imprescindibles para crecer, para madurar, para apropiarse de la existencia personal y dirigirla con libertad, sin sucumbir acr\u00edticamente a cualquier influencia externa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al mismo tiempo que siempre habr\u00e1 dificultades ambientales y aspectos mejorables, San Josemar\u00eda anima a los padres a mantener el coraz\u00f3n joven, para que les sea m\u00e1s f\u00e1cil recibir con simpat\u00eda las aspiraciones nobles e incluso las extravagancias de los chicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La vida cambia, y hay muchas cosas nuevas que quiz\u00e1 no nos gusten \u2013hasta es posible que no sean objetivamente mejores que otras de antes\u2013, pero que no son malas: son simplemente otros modos de vivir, sin m\u00e1s trascendencia. En no pocas ocasiones, los conflictos aparecen porque se da importancia a peque\u00f1eces, que se superan con un poco de perspectiva y sentido del humor[1].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Partimos de que en la dif\u00edcil tarea de educar siempre podremos mejorar, y de que no hay educaci\u00f3n perfecta: hasta de los errores se aprende. Merece la pena dedicar tiempo a actualizar nuestra formaci\u00f3n con un objetivo claro: educamos para la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica recuerda que ignorar la situaci\u00f3n real del hombre, su naturaleza herida, da lugar a graves errores en la educaci\u00f3n[2]. Contar con el pecado original y con sus consecuencias \u2013debilidad, inclinaci\u00f3n al mal y por tanto necesidad de luchar contra uno mismo, de vencerse\u2013 es indispensable para formar personas libres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Un ni\u00f1o o un joven, abandonado a los gustos e inclinaciones de su naturaleza, desciende por un plano inclinado que termina por anquilosar las energ\u00edas de su libertad. Si esa tendencia no se contrarresta con una exigencia adecuada a cada edad, que provoque lucha, tendr\u00e1n despu\u00e9s serias dificultades para realizar un proyecto de vida que merezca la pena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Querer bien a los hijos es ponerles en situaci\u00f3n de alcanzar dominio sobre s\u00ed mismos: hacer de ellos personas libres. Para ello, es innegable la necesidad de marcar l\u00edmites e imponer reglas, que no s\u00f3lo cumplan los hijos, sino tambi\u00e9n los padres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Educar es tambi\u00e9n proponer virtudes: abnegaci\u00f3n, laboriosidad, lealtad, sinceridad, limpieza&#8230;, present\u00e1ndolas de forma atractiva, pero a la vez sin rebajar su exigencia. Motivar a los hijos para que hagan las cosas bien, pero sin exagerar, sin dramatizar cuando llegan los fracasos, ense\u00f1\u00e1ndoles a sacar experiencia. Animarles a ambicionar metas nobles, sin suplirles en el esfuerzo. Y, sobre todo, es necesario fomentar la autoexigencia, la lucha; una autoexigencia que no debe presentarse como un fin en s\u00ed misma, sino como un medio para aprender a actuar rectamente con independencia de los padres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El ni\u00f1o, el joven, todav\u00eda no comprende el sentido de muchas obligaciones. Para suplir su natural falta de experiencia necesita apoyos firmes: personas que, habiendo ganado su confianza, le aconsejen con autoridad. Necesita, en concreto, apoyarse en la autoridad de los padres y de los profesores, que no pueden olvidar que parte de su papel es ense\u00f1ar a los hijos a desenvolverse con libertad y responsabilidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Como dec\u00eda san Josemar\u00eda, los padres que aman de verdad, que buscan sinceramente el bien de sus hijos, despu\u00e9s de los consejos y de las consideraciones oportunas, han de retirarse con delicadeza para que nada perjudique el gran bien de la libertad, que hace al hombre capaz de amar y de servir a Dios[3].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La autoridad de los padres ante los hijos no viene de un car\u00e1cter r\u00edgido y autoritario; se basa m\u00e1s bien en el buen ejemplo: en el amor que se tienen los esposos, en la unidad de criterio que los hijos ven en ellos, en su generosidad, en el tiempo que les dedican, en el cari\u00f1o \u2013cari\u00f1o exigente\u2013 que les muestran, en el tono de vida cristiana que dan al hogar; y tambi\u00e9n, en la claridad y confianza con que se les trata.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta autoridad debe ejercitarse con fortaleza, valorando lo que es razonable exigir en cada edad y situaci\u00f3n; con amor y con firmeza; sin dejarse vencer por un cari\u00f1o mal entendido, que podr\u00eda conducir a evitar disgustar a los hijos por encima de todo y que, a la larga, provocar\u00eda una actitud pasiva y caprichosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se esconde una gran comodidad \u2014y a veces una gran falta de responsabilidad\u2014 en quienes, constituidos en autoridad, huyen del dolor de corregir, con la excusa de evitar el sufrimiento a otros (&#8230;)[4]. Son los padres los que deben guiar, conjugando autoridad y comprensi\u00f3n. Dejar que los caprichos de los hijos gobiernen la casa indica a veces la comodidad de evitar situaciones inc\u00f3modas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con paciencia, conviene hacerles ver cu\u00e1ndo han obrado mal. As\u00ed se va formando tambi\u00e9n su conciencia, no dejando pasar las oportunidades de ense\u00f1ar a distinguir el bien del mal, lo que se debe hacer y evitar. Con razonamientos adecuados a su edad, se ir\u00e1n dando cuenta de lo que agrada a Dios y a los dem\u00e1s, y del porqu\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Madurar supone salir de uno mismo, y esto comporta sacrificios. El ni\u00f1o, al principio, est\u00e1 centrado en su mundo; crece en la medida en que comprende que \u00e9l no es el centro del universo, cuando comienza a abrirse a la realidad y a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esto conlleva aprender a sacrificarse por sus hermanos, a servir, a cumplir sus obligaciones en la casa, en la escuela y con Dios; implica tambi\u00e9n obedecer; renunciar a los caprichos; procurar no disgustar a sus padres&#8230; Es un itinerario que nadie puede recorrer solo. La misi\u00f3n de los padres es sacar lo mejor de ellos, aunque a veces duela un poco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con cari\u00f1o, con imaginaci\u00f3n y fortaleza, se les debe ayudar a ganar una personalidad s\u00f3lida y equilibrada. Con el tiempo, tambi\u00e9n los hijos comprender\u00e1n con m\u00e1s hondura el sentido de muchos comportamientos, prohibiciones o mandatos de sus padres, que entonces pod\u00edan parecer algo arbitrarios; se llenar\u00e1n de agradecimiento, tambi\u00e9n por aquellas palabras claras o momentos de m\u00e1s severidad \u2013no fruto de la ira, sino del amor\u2013 que entonces les hicieron sufrir. Adem\u00e1s, habr\u00e1n aprendido ellos mismos a educar a las generaciones futuras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Educar para la vida<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Educar es preparar para la vida, una vida que ordinariamente no est\u00e1 exenta de dificultades: habitualmente hay que esforzarse para alcanzar cualquier objetivo en el \u00e1mbito profesional, humano o espiritual. \u00bfPor qu\u00e9 entonces ese miedo a que los hijos se sientan frustrados cuando les falta alg\u00fan medio material?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tendr\u00e1n que aprender lo que cuesta ganarse la vida y convivir con personas de mayor inteligencia, fortuna, o prestigio social; afrontar carencias y limitaciones, materiales o humanas; asumir riesgos, si quieren acometer empresas que merezcan la pena; y v\u00e9rselas con el fracaso, sin que esto provoque el derrumbamiento personal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El af\u00e1n de allanarles el camino, para impedir el m\u00e1s m\u00ednimo tropiezo, lejos de causarles un bien, les debilita y les incapacita para afrontar las dificultades que encontrar\u00e1n en la universidad, en el trabajo o en la relaci\u00f3n con los dem\u00e1s. S\u00f3lo se aprende a superar obst\u00e1culos afront\u00e1ndolos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No hay ninguna necesidad de que los hijos posean de todo, ni de que lo posean al momento cediendo a sus caprichos. Al contrario, deben aprender a renunciar y a esperar: \u00bfno es verdad que en la vida hay muchas cosas que pueden esperar y otras que necesariamente deben esperar? En efecto, Benedicto XVI sostiene que \u201cno debemos depender de la propiedad material; debemos aprender la renuncia, la sencillez, la austeridad y la sobriedad\u201d[5].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Un exceso de protecci\u00f3n, que aleje al hijo de cualquier contrariedad, le deja indefenso ante el ambiente; esta actitud proteccionista contrasta radicalmente con la verdadera educaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El t\u00e9rmino educar deriva de las voces latinas e-ducere y e-ducare. La primera etimolog\u00eda est\u00e1 relacionada con la acci\u00f3n de suministrar valores que conducen al pleno desarrollo de la persona. La segunda es indicativa de la acci\u00f3n de extraer de ella lo mejor que puede dar de s\u00ed misma, al modo que hace el artista cuando extrae del bloque de m\u00e1rmol una bella escultura. En cualquiera de las dos acepciones, la libertad del educando juega un papel decisivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En vez de mantener una actitud proteccionista, es conveniente que los padres faciliten a los hijos la oportunidad de tomar decisiones y asumir sus consecuencias, de modo que puedan resolver sus peque\u00f1os problemas con esfuerzo. En general, conviene promover situaciones que favorezcan su autonom\u00eda personal, objetivo prioritario de cualquier tarea educativa. Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que esa autonom\u00eda debe ser proporcional a su capacidad de ejercerla; no tendr\u00eda sentido dotarles de unos medios econ\u00f3micos o materiales que no saben todav\u00eda emplear con prudencia; ni dejarles solos ante el televisor o navegando en internet; como tampoco ser\u00eda l\u00f3gico ignorar en qu\u00e9 consisten los videojuegos que tienen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Educar en la responsabilidad es la otra cara de educar en la libertad. El af\u00e1n por justificar todo lo que hacen dificulta que se sientan responsables de sus equivocaciones, priv\u00e1ndoles de una valoraci\u00f3n real de sus actos y, como consecuencia, de una fuente indispensable de conocimiento propio y de experiencia. Si, por ejemplo, en vez de ayudarles a asumir un bajo rendimiento escolar, se echa la culpa a los profesores o a la instituci\u00f3n acad\u00e9mica, se ir\u00e1 formando en ellos un modo irreal de enfrentarse con la vida: s\u00f3lo se sentir\u00edan responsables de lo bueno, mientras que cualquier fracaso o error ser\u00eda causado desde fuera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se alimenta de ese modo una actitud habitual de queja, que echa siempre la culpa al sistema o a los compa\u00f1eros de trabajo; o una tendencia a la autocompasi\u00f3n y a la b\u00fasqueda de compensaciones que conduce a la inmadurez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Educar siempre<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Todos estos planteamientos no son espec\u00edficos de la adolescencia o de etapas especialmente intensas en la vida de un hijo. Los padres \u2013de un modo o de otro\u2013 educan siempre. Sus actuaciones nunca son neutras o indiferentes, aunque los hijos tengan pocos meses de vida. Precisamente no es nada extra\u00f1a la figura del peque\u00f1o tirano, el ni\u00f1o de 4 a 6 a\u00f1os que impone en casa la ley de sus caprichos, desbordando la capacidad de los padres para educarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero los padres no s\u00f3lo educan siempre sino que adem\u00e1s deben educar para siempre. De poco servir\u00eda una educaci\u00f3n que se limitara a resolver las situaciones coyunturales del momento, si olvidara su proyecci\u00f3n futura. Est\u00e1 en juego dotarles de la autonom\u00eda personal necesaria. Sin ella quedar\u00edan a merced de todo tipo de dependencias. Unas m\u00e1s visibles, como las relacionadas con el consumismo, el sexo, o la droga; y otras m\u00e1s sutiles, pero no por ello menos importantes, como las procedentes de algunas ideolog\u00edas de moda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hay que tener en cuenta que el tiempo que los hijos permanecen en el hogar familiar es limitado. Es m\u00e1s, incluso durante ese periodo, el tiempo que transcurren al margen de los padres es muy superior al de convivencia real con ellos. Pero ese tiempo es precios\u00edsimo. Muchas personas se encuentran hoy con serias dificultades para estar con sus hijos y, ciertamente, \u00e9sta es una de las causas de algunas situaciones que hemos descrito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Efectivamente, cuando se ve poco a los hijos, se hace mucho m\u00e1s dif\u00edcil exigirles: en primer lugar porque se ignora lo que hacen y no se les conoce bien; y tambi\u00e9n porque se puede hacer muy cuesta arriba amargar con inc\u00f3modas exigencias los escasos momentos de convivencia familiar. Nada puede suplir la presencia en el hogar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Confianza<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La autoridad de los padres depende mucho del cari\u00f1o efectivo que perciben los hijos. Se sienten verdaderamente queridos cuando ordinariamente se les presta atenci\u00f3n e inter\u00e9s, y cuando ven que se hace lo posible por dedicarles tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En este contexto se les puede ayudar con autoridad y con acierto: cuando se conocen sus preocupaciones, las dificultades que atraviesan con el estudio o con las amistades, los ambientes que frecuentan; cuando se sabe en qu\u00e9 emplean su tiempo; cuando se ve c\u00f3mo reaccionan, qu\u00e9 les alegra o les entristece; cuando detectamos sus victorias o derrotas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los ni\u00f1os, los adolescentes y los j\u00f3venes necesitan hablar sin miedo con sus padres. \u00a1Cu\u00e1nto se adelanta en su formaci\u00f3n cuando hemos conseguido que haya comunicaci\u00f3n y di\u00e1logo con nuestros hijos! San Josemar\u00eda as\u00ed lo aconsejaba: Aconsejo siempre a los padres que procuren hacerse amigos de sus hijos. Se puede armonizar perfectamente la autoridad paterna, que la misma educaci\u00f3n requiere, con un sentimiento de amistad, que exige ponerse de alguna manera al mismo nivel de los hijos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los chicos \u2014aun los que parecen m\u00e1s d\u00edscolos y despegados\u2014 desean siempre ese acercamiento, esa fraternidad con sus padres. La clave suele estar en la confianza: que los padres sepan educar en un clima de familiaridad, que no den jam\u00e1s la impresi\u00f3n de que desconf\u00edan, que den libertad y que ense\u00f1en a administrarla con responsabilidad personal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Es preferible que se dejen enga\u00f1ar alguna vez: la confianza, que se pone en los hijos, hace que ellos mismos se averg\u00fcencen de haber abusado, y se corrijan; en cambio, si no tienen libertad, si ven que no se conf\u00eda en ellos, se sentir\u00e1n movidos a enga\u00f1ar siempre[6].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hay que alimentar constantemente este ambiente de confianza, creyendo siempre lo que digan, sin recelos, no permitiendo nunca que se cree una distancia tan grande que se haga dif\u00edcil de cerrar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La ayuda de profesionales de la educaci\u00f3n en los colegios o instituciones a los que asisten nuestros hijos puede ser de gran ayuda: en la tutor\u00eda o preceptuaci\u00f3n los chicos pueden recibir una formaci\u00f3n personal valios\u00edsima. Pero esta labor de asesoramiento no debe quitar el protagonismo a los padres. Y esto supone tiempo, dedicaci\u00f3n, pensar en ellos, buscar el momento adecuado, aceptar sus formas, dar confianza&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Conviene apostar fuerte por la familia; sacar tiempo de donde parece no haberlo, y aprovecharlo al m\u00e1ximo. Supone mucha abnegaci\u00f3n y no pocas veces implicar\u00e1 sacrificios grandes, que en algunos casos podr\u00edan incluso afectar a la posici\u00f3n econ\u00f3mica. Pero el prestigio profesional bien entendido forma parte de algo m\u00e1s amplio: el prestigio humano y cristiano, en el que el bien de la familia se sit\u00faa por encima de los \u00e9xitos laborales. Los dilemas, a veces aparentes, que puedan darse en este campo, se deben resolver desde la fe y en la oraci\u00f3n, buscando la voluntad de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La virtud de la esperanza es muy necesaria en los padres. Educar a los hijos produce muchas satisfacciones, pero tambi\u00e9n sinsabores y preocupaciones no peque\u00f1as. No hay que dejarse llevar por sentimientos de fracaso, pase lo que pase. Al contrario, con optimismo, con fe y con esperanza, se puede recomenzar siempre. Ning\u00fan esfuerzo ser\u00e1 vano, aunque pueda parecer que llega tarde o no se vean los resultados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La paternidad y la maternidad no terminan nunca. Los hijos est\u00e1n siempre necesitados de la oraci\u00f3n y del cari\u00f1o de sus padres, tambi\u00e9n cuando ya son independientes. Santa Mar\u00eda no abandon\u00f3 a Jes\u00fas en el Calvario. Su ejemplo de entrega y sacrificio hasta el final puede iluminar esta apasionante tarea que Dios encomienda a las madres y a los padres. Educar para la vida: tarea de amor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<br \/>\n[1] San Josemar\u00eda, Conversaciones, n. 100.<br \/>\n[2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, n. 407.<br \/>\n[3] San Josemar\u00eda, Conversaciones, n. 104.<br \/>\n[4] San Josemar\u00eda, Surco, n. 577<br \/>\n[5] Benedicto XVI, audiencia 27 de mayo de 2009<br \/>\n[6] San Josemar\u00eda, Conversaciones, n. 100.<\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Formar a la gente joven es una tarea entusiasmante: labor que Dios mismo ha delegado fundamentalmente en los padres. Trabajo delicado y fuerte, paciente y alegre, no exento de perplejidades, que lleva tantas veces a dirigirse al Se\u00f1or, en busca de luz. 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