{"id":558,"date":"2015-12-06T18:22:03","date_gmt":"2015-12-06T23:22:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/moralismo-frente-al-terror\/"},"modified":"2015-12-06T18:22:03","modified_gmt":"2015-12-06T23:22:03","slug":"moralismo-frente-al-terror","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/moralismo-frente-al-terror\/","title":{"rendered":"\u00bfMoralismo frente al terror?"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">&nbsp;Javier Pradera nos previno ante la tentaci\u00f3n de rematar los art\u00edculos invocando las \u201csoluciones imaginativas\u201d. Soluciones que nunca se precisaban. El moralismo es una soluci\u00f3n imaginativa con mayor circulaci\u00f3n: se acude a la moral para rehuir tomar decisiones ante los retos morales. Todo, la paz mundial, el hambre, la violencia dom\u00e9stica, el estudiante americano que se l\u00eda a tiros, al final, tiene un mismo culpable, la falta de valores, y una misma soluci\u00f3n, la educaci\u00f3n: hay que cambiar a la humanidad. En estos d\u00edas, despu\u00e9s de los atentados de Par\u00eds, ha vuelto a circular la moral como conjuro: el problema es culpa nuestra, y el buen comportamiento es la mejor respuesta.<\/p>\n<div id=\"sumario_3|despiece\" class=\"derecha\">\n<div class=\"aside estirar\">\n<h2>Otros art\u00edculos del autor<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfEntendernos con los nacionalistas? (06\/11\/2015)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Patrias y fronteras (27\/09\/2015)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La izquierda que pudo ser (17\/09\/2015)<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: justify\">Es cierto que la naturaleza del problema allana el camino a la apelaci\u00f3n a las malas intenciones: \u201cLas pol\u00edticas antiterroristas resultan in\u00fatiles, una simple excusa para cercenar derechos\u201d. La cr\u00edtica tiene su cl\u00e1sico: Javier Clemente, aquel entrenador de f\u00fatbol que, al preguntarle por los controles antidoping, contest\u00f3: \u201cNo sirven para nada, no han pillado a nadie\u201d. El disparatado argumento describe impecablemente una insuperable dificultad de la pol\u00edtica antiterrorista: cuando funciona, no hay noticia. Debe anticiparse a los problemas, y los problemas, si no aparecen, no existen. El quebradero se multiplica cuando la magnitud de las amenazas (bacteriol\u00f3gicas o qu\u00edmicas) impone la anticipaci\u00f3n como \u00fanica respuesta. Una circunstancia que convertida en principio de acci\u00f3n asusta: si damos por bueno que debemos anticiparnos a cualquier cosa, el poder tiene franco el camino al despotismo y la arbitrariedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En esas circunstancias, la democracia queda seriamente afectada. La oposici\u00f3n no se resistir\u00e1 a rentabilizar el buen hacer del Gobierno o la tregua de los terroristas y, a poco que pase el tiempo sin atentados, acusar\u00e1 al Gobierno de cultivar la alarma para cercenar derechos. El Gobierno, por lo mismo, procurar\u00e1 actuar en caliente, mientras el miedo persiste. Por eso, Valls se apresur\u00f3 a apelar a \u201carmas qu\u00edmicas o bacteriol\u00f3gicas\u201d, amenazas cuyo realismo nadie puede tasar y que, dada su naturaleza, es mejor no esperar a tasar. Ante esos dilemas y tensiones, inevitables, en la l\u00ednea de menor resistencia intelectual, aparece la tentaci\u00f3n moralista: \u201cNecesitamos pol\u00edticos que no nos mientan\u201d.<\/p>\n<div id=\"sumario_1|html\" class=\"izquierda\">\n<p class=\"texto_grande\">El compromiso con los principios no nos acerca a la victoria, pero nos aleja de la barbarie<\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: justify\">Con todo, la moralizaci\u00f3n m\u00e1s extendida apunta a causas y soluciones: \u201cEl terrorismo solo se soluciona atacando las injusticias que est\u00e1n en su origen\u201d. La tesis, tal cual, tiene problemas inmediatos. Basta con pensar en ETA y el KKK para caer en la cuenta de que resulta insostenible en su formulaci\u00f3n incondicional, cuando asume que hay injusticias por detr\u00e1s de todo acto terrorista. Por lo dem\u00e1s, en asuntos de terrorismo, en los que, al final, unos pocos ejecutan acciones, hay que andarse alerta con la falacia ecol\u00f3gica y no atribuir a cada uno de los miembros de un grupo las caracter\u00edsticas del grupo: una cosa son las revueltas colectivas de las banlieues, y otra, los asesinatos terroristas (J. Cesari, <em>Ethnicity, Islam, and les banlieues: Confusing the issues<\/em>). Y, sobre todo, confundir unas cosas con otras supone un desprecio a la inteligencia de los habitantes de los suburbios parisienses y una falta de respeto a los terroristas: si alguien, dispuesto a matar y a morir, defiende que lo hace por Al\u00e1 y contra los infieles, lo m\u00ednimo que le debemos es creernos sus palabras, tomar en serio lo que nos dice. Sostener que, en el fondo, lo hace porque vive en la marginaci\u00f3n es tratarlo como si fuera una criatura que no sabe lo que dice.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esto no es un argumento en contra del islam, como no lo es en contra de la libertad recordar los cr\u00edmenes que se han cometido en su nombre, por citar a Madame Roland, pero s\u00ed es un argumento en contra de quienes niegan que maten en nombre del islam. No est\u00e1 de m\u00e1s recordar que, aunque se pueden realizar atrocidades en nombre de cualquier idea, desde Kant hasta una receta gastron\u00f3mica, no todas las ideas son igualmente d\u00factiles. Por ejemplo, no veo c\u00f3mo se puede montar una comuna hippy multicultural a partir de los escritos de Sabino Arana. Y nadie negar\u00e1 que las religiones tienen su particular lastre: en tanto que, inevitablemente, incorporan un n\u00facleo dogm\u00e1tico, que por eso son religiones, est\u00e1n peor pertrechadas para evitar las pr\u00e1cticas contrarias a los principios democr\u00e1ticos.<\/p>\n<div id=\"sumario_2|html\" class=\"izquierda\">\n<p class=\"texto_grande\">Una cosa son las revueltas colectivas de las Banlieue y otra los asesinatos terroristas<\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: justify\">Por supuesto, no cabe ignorar que en el origen de la violencia puede haber injusticia, pero cuando el terrorismo est\u00e1 en marcha eso sirve de poco. Con el c\u00e1ncer desatado de nada sirve dejar de fumar. En 1939, el problema era hacer frente a Hitler, no revisar el tratado de Versalles. Hay que reparar las injusticias porque la injusticia debe combatirse, no porque asegure victoria alguna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por aqu\u00ed asoma la mayor contaminaci\u00f3n intelectual del moralismo: relacionar el bien con la victoria. El lema \u201cganaremos porque defendemos mejores valores\u201d resulta conmovedor, po\u00e9tico, y puede que hasta eficaz para movilizar, pero, desafortunadamente, carece de fundamento. Ojal\u00e1 que s\u00ed, pero no. Con m\u00e9todos salvajes y ning\u00fan respeto por los derechos humanos, los militares argentinos acabaron con los montoneros, y Fujimori, con Sendero Luminoso. No resultaban mejores que aquellos a los que combat\u00edan, pero eso no les impidi\u00f3 derrotarlos. La tesis solo resulta inteligible a partir del principio, com\u00fan a diversas religiones, seg\u00fan el cual el bien siempre es retribuido. Ah\u00ed encontraban su fundamento las justas medievales: ganar el torneo era defender una causa noble. Algo que, por cierto, propiciaba una interpretaci\u00f3n c\u00ednica: puesto que siempre triunfa el bien, busquemos el triunfo a cualquier precio y tom\u00e9monos el triunfo como se\u00f1al de que hemos obrado bien.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La batalla moral es con nosotros mismos. Quiz\u00e1 se pudo acabar con ETA mediante la guerra sucia. Y, tambi\u00e9n, conviene no olvidarlo, cediendo a sus chantajes. Dos soluciones indecentes, pero soluciones. La moral, el respeto a ciertos valores es el filtro, la constricci\u00f3n, que nos imponemos. Sencillamente, no todo vale. El compromiso con los principios no es la soluci\u00f3n, hasta puede ser parte del problema. Pero es un problema que no queremos soslayar. Por eso, en lugar de arrasar con bombas devastadoras ponemos en duda la pol\u00edtica norteamericana despu\u00e9s del 11-S (J. Waldron, T<em>orture, terror, and trade-offs: Philosophy for the White House<\/em>) y le damos un par de vueltas al uso de drones (B. Srawser, Killing by remote control). Por eso, tambi\u00e9n, defendemos el derecho a opinar sin dejarnos intimidar porque algunos, ofendidos, nos amenacen, incluso a sabiendas de que callarnos nos garantizar\u00eda la tranquilidad. Eso no nos acerca a la victoria, ni aun menos a Dios, pero s\u00ed nos aleja de la barbarie. Dos cosas que son importantes, pero que no son la misma.<\/p>\n<p class=\"nota_pie\"><strong>F\u00e9lix Ovejero<\/strong> es profesor de la Universidad de Barcelona.<\/p>\n<p class=\"nota_pie\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Fuente: <strong>www.elpais.com<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;Javier Pradera nos previno ante la tentaci\u00f3n de rematar los art\u00edculos invocando las \u201csoluciones imaginativas\u201d. Soluciones que nunca se precisaban. El moralismo es una soluci\u00f3n imaginativa con mayor circulaci\u00f3n: se acude a la moral para rehuir tomar decisiones ante los retos morales. 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