{"id":5602,"date":"2016-07-26T12:15:02","date_gmt":"2016-07-26T17:15:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/comentario-a-la-liturgia-dominical-12\/"},"modified":"2016-07-26T12:15:02","modified_gmt":"2016-07-26T17:15:02","slug":"comentario-a-la-liturgia-dominical-12","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/comentario-a-la-liturgia-dominical-12\/","title":{"rendered":"Comentario a la liturgia dominical"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">Ciclo C<br \/>\nTextos: Qohelet 1, 2; 2, 21-23; Col 3, 1-5.9-11; Lc 12, 13-21<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teolog\u00eda Espiritual, profesor de Humanidades Cl\u00e1sicas en el Centro de Noviciado y Humanidades y Ciencias de la Legi\u00f3n de Cristo en Monterrey (M\u00e9xico).<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><b>Idea principal<\/b>: \u201c<i>Guardaos de toda codicia\u201d.<\/i> Ante los bienes materiales, ni desprecio, ni apego, sino el \u201ctanto cuanto\u201d de san Ignacio de Loyola.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><b>S\u00edntesis del mensaje:<\/b> <i>\u201cLa avaricia rompe el saco\u201d.<\/i> Esta frase proverbial parte de la imagen de un ladr\u00f3n que iba poniendo en un saco cuanto robaba y cuando, para que la cupiera m\u00e1s, apret\u00f3 lo que iba dentro, el saco se rompi\u00f3. <i>La codicia rompe el saco<\/i> es una forma m\u00e1s antigua que <i>La avaricia rompe el saco<\/i>, como lo muestra su presencia en obras como <i>La Lozana Andaluza<\/i> 252, <i>El Guzm\u00e1n de Alfarache<\/i>, esa novela picaresca de Mateo Alem\u00e1n, <i>El Quijote<\/i> I 20, II 13 y 26. Una forma sin\u00f3nima aparece en <i>El Critic\u00f3n<\/i> de Baltasar Graci\u00e1n: <i>Por no perder un bocado, se pierden cientos<\/i>. El coraz\u00f3n del codicioso no reposa ni siquiera de noche (evangelio). Busquemos las cosas de arriba (2\u00aa lectura), pues las de ac\u00e1 abajo no sacian y son perecederas (1\u00aa lectura).<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><b>Puntos de la idea principal<\/b>:<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><i><b>En primer lugar<\/b><\/i>, <i>ante los bienes materiales no cabe el despreciarlos<\/i>. Jes\u00fas no nos est\u00e1 invitando a despreciar los bienes de la tierra (evangelio). Son buenos y l\u00edcitos, y si conseguidos honestamente nos ayudan a llevar una vida digna y desahogada, en orden a tener una casa confortable y un trabajo remunerado, alimentar y sostener la familia, ofrecer una buena educaci\u00f3n a los hijos y ayudar a los necesitados. La riqueza en s\u00ed no es buena ni mala: lo que puede ser malo es el uso que hacemos de ella y la actitud interior ante ella. Si Jes\u00fas llam\u00f3 necio o insensato al rico del evangelio, no es porque fuera rico, o porque hubiera trabajado por su bienestar y el de su familia, sino porque hab\u00eda programado su vida prescindiendo de Dios y olvidando tambi\u00e9n la ayuda a los dem\u00e1s. <span style=\"font-family: Times, serif\"><span lang=\"es-ES\">La codicia lleva a los hombres a expresar un profundo amor por las posesiones, lo que los constituye en id\u00f3latras. <\/span><\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><i><b>En segundo lugar<\/b><\/i>, <i>ante los bienes materiales nos har\u00eda muy mal el apegarnos o idolatrarlos<\/i>. Basta abrir la Sagrada Escritura: <span style=\"font-family: Times, serif\"><span lang=\"es-ES\">Judas fue codicioso y entreg\u00f3 a su Maestro; David codici\u00f3 a Betsab\u00e9 y cometi\u00f3 asesinato; Jacob codici\u00f3 los derechos de su hermano y le incit\u00f3 a despreciarlos; los hijos de Jacob codiciaron el amor del padre y por envidia quisieron matar a su hermano Jos\u00e9; Anan\u00edas y Safira mintieron y murieron. <\/span><\/span>La codicia es un pecado tan antiguo como sutil. En el mundo en que vivimos, materialista por excelencia, no es nada raro que nos veamos tentados por la codicia. La Palabra de Dios nos habla del origen de la codicia, de sus efectos y de c\u00f3mo enfrentarla. Este dicho esta ligado a la f\u00e1bula de Esopo que habla del perro y el reflejo en el r\u00edo. Un perro que iba con un pedazo de carne en su hocico y al pasar por un puente vio su imagen reflejada en el agua.. pens\u00f3 que era otro perro que ten\u00eda un pedazo m\u00e1s grande y quiso quit\u00e1rselo\u2026El resultado: se qued\u00f3 sin nada. Qohelet (1\u00aa lectura) nos invita a relativizar los diversos afanes que solemos tener con su tono pesimista: <i>\u201cvanidad, todo es vanidad\u201d<\/i>, que podemos tambi\u00e9n traducir as\u00ed: <i>\u201cvaciedad, todo es vaciedad\u201d.<\/i> La riqueza no nos lo da todo en la vida, ni es lo principal: la muerte lo relativiza todo. Es sabio reconocer los l\u00edmites de lo humano y ver las cosas en el justo valor que tienen, transitorio y relativo. Tanto af\u00e1n y tanta angustia, incluso del trabajo, no puede llevarnos a nada s\u00f3lido. Nuestra vida es como la hierba que est\u00e1 fresca por la ma\u00f1ana y por la tarde ya se seca (Salmo). Jes\u00fas en el evangelio nos invita al desapego del dinero porque no es un valor absoluto ni humana ni cristianamente. Por encima del dinero est\u00e1 la amistad, la vida de familia, la cultura, el arte, la comunicaci\u00f3n interpersonal, el sano disfrute de la vida, la ayuda solidaria a los dem\u00e1s. Hay que tener tiempo para sonre\u00edr, jugar, \u201cperder tiempo\u201d con los familiares y amigos.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: Times, serif\"><span style=\"font-size: small\"><span lang=\"es-ES\"><br \/>\n<\/span><\/span><\/span><span style=\"color: #000000\"><i><b>Finalmente<\/b><\/i><\/span><span style=\"color: #000000\">, <\/span><span style=\"color: #000000\"><i>ante los bienes materiales sigamos la consigna de san Ignacio de Loyola: \u201cen tanto cuanto\u201d.<\/i><\/span> La regla del \u00abtanto cuanto\u00bb es importante para todos los mortales. No se trata de una doctrina filos\u00f3fica, ni de una planificaci\u00f3n econ\u00f3mica, ni de un proyecto pol\u00edtico, pero pudiera servir para todo. El gran San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, lo presenta con las siguientes expresiones. <em>\u201cEl hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Se\u00f1or y, mediante esto, salvar su alma; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son creadas para el hombre y para que le ayuden en la prosecuci\u00f3n del fin para que es creado. De donde se sigue, que el hombre <\/em><i>tanto<\/i><em> ha de usar de ellas, <\/em><i>cuanto<\/i><em> le ayuden para su fin, y <\/em><i>tanto<\/i><em> debe privarse de ellas, <\/em><i>cuanto<\/i><em> para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas creadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedr\u00edo, y no le est\u00e1 prohibido; en tal manera, que no queramos, de nuestra parte m\u00e1s salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo dem\u00e1s; solamente deseando y eligiendo lo que m\u00e1s nos conduce para el fin que somos creados\u201d<\/em>(Ejercicios, n\u00ba 23). Esta regla, de alguna forma la emplean todas las personas, pero no en el sentido en el que exige San Ignacio, porque todos buscan las criaturas, tanto en cuanto lo puedan enriquecer, deleitar, distraer, divertir. Es una \u00f3ptica totalmente diversa, ya que la mayor\u00eda emplea la filosof\u00eda del tanto cuanto, s\u00f3lo en logros terrenos, humanos, materiales, olvidando aplicar esta f\u00f3rmula en nuestras relaciones con Dios, en el negocio m\u00e1s importante: la salvaci\u00f3n del alma. S\u00f3lo cuando tenemos a Cristo como Se\u00f1or de nuestras vidas, podemos estar seguros de que moriremos m\u00e1s y m\u00e1s al pecado y viviremos m\u00e1s y m\u00e1s para El, interes\u00e1ndonos por la salvaci\u00f3n del alma.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><b>Para reflexionar:<\/b> \u00bfD\u00f3nde pongo mi felicidad: en las cosas materiales y perecederas o en las cosas eternas e incorruptibles? \u00bfPodr\u00eda afirmar de verdad que uso y deseo todo \u00abtanto cuanto\u00bb me es provechoso para mi salvaci\u00f3n eterna? \u00bfPeco de codicia, aceptando sobornos, aprovech\u00e1ndome del d\u00e9bil para mi beneficio, defendiendo al injusto, ardiendo de envidia, viviendo siempre descontento con lo que tengo?<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><b>Para rezar<\/b><span style=\"color: #000000\">: <\/span><i>Dios Todopoderoso que impulsaste a san Antonio Abad a abandonar las cosas de este mundo para seguir en pobreza y soledad el Evangelio de tu Hijo, te pedimos que, a ejemplo suyo sepamos desprendernos interior y exteriormente de todo lo que nos impide amarte y servirte con todo el coraz\u00f3n, el alma y las fuerzas. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Se\u00f1or. Am\u00e9n. <\/i><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-family: Times, serif\"><span style=\"font-size: small\"><span style=\"color: #000000\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif\"><span style=\"font-size: medium\">Cualquier sugerencia o duda pueden comunicarse con el padre Antonio a este email: arivero@legionaries.org. <\/span><\/span><\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&nbsp;<\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ciclo C Textos: Qohelet 1, 2; 2, 21-23; Col 3, 1-5.9-11; Lc 12, 13-21 P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teolog\u00eda Espiritual, profesor de Humanidades Cl\u00e1sicas en el Centro de Noviciado y Humanidades y Ciencias de la Legi\u00f3n de Cristo en Monterrey (M\u00e9xico). 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