{"id":5676,"date":"2016-07-28T05:05:03","date_gmt":"2016-07-28T10:05:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-del-papa-en-la-misa-por-el-1050-aniversario-del-bautismo-de-polonia\/"},"modified":"2016-07-28T05:05:03","modified_gmt":"2016-07-28T10:05:03","slug":"texto-homilia-del-papa-en-la-misa-por-el-1050-aniversario-del-bautismo-de-polonia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-del-papa-en-la-misa-por-el-1050-aniversario-del-bautismo-de-polonia\/","title":{"rendered":"TEXTO: Homil\u00eda del Papa en la Misa por el 1050\u00b0 aniversario del Bautismo de Polonia"},"content":{"rendered":"<p> CZESTOCHOWA, 28 Jul. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco celebr&oacute; este jueves 28 la Misa por el 1050&deg; aniversario del Bautismo de Polonia, en el Santuario de la Virgen de Czestochowa, donde afirm&oacute; que &ldquo;Dios nos salva haci&eacute;ndose peque&ntilde;o, cercano y concreto&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n la homil&iacute;a completa del Santo Padre:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLas lecturas de esta liturgia muestran un hilo divino, que pasa por la historia humana y teje la historia de la salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl ap&oacute;stol Pablo nos habla del gran dise&ntilde;o de Dios: &laquo;Cuando lleg&oacute; la plenitud del tiempo, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de una mujer&raquo; (Ga 4,4). Sin embargo, la historia nos dice que cuando lleg&oacute; esta &laquo;plenitud del tiempo&raquo;, cuando Dios se hizo hombre, la humanidad no estaba tan bien preparada, y ni siquiera hab&iacute;a un per&iacute;odo de estabilidad y de paz: no hab&iacute;a una &laquo;edad de oro&raquo;. Por lo tanto, la escena de este mundo no ha merecido la venida de Dios, m&aacute;s bien, &laquo;los suyos no lo recibieron&raquo; (Jn 1,11). La plenitud del tiempo ha sido un don de gracia: Dios ha llenado nuestro tiempo con la abundancia de su misericordia, por puro amor ha inaugurado la plenitud del tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSorprende sobre todo c&oacute;mo se realiza la venida de Dios en la historia: &laquo;nacido de mujer&raquo;. Ning&uacute;n ingreso triunfal, ninguna manifestaci&oacute;n grandiosa del Omnipotente: &eacute;l no se muestra como un sol deslumbrante, sino que entra en el mundo en el modo m&aacute;s sencillo, como un ni&ntilde;o dado a luz por su madre, con ese estilo que nos habla la Escritura: como la lluvia cae sobre la tierra (cf. Is 55,10), como la m&aacute;s peque&ntilde;a de las semillas que brota y crece (cf. Mc 4,31-32). As&iacute;, contrariamente a lo que cabr&iacute;a esperar y quiz&aacute;s desear&iacute;amos, el Reino de Dios, ahora como entonces, &laquo;no viene con ostentaci&oacute;n&raquo; (Lc 17,20), sino en la peque&ntilde;ez, en la humildad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl Evangelio de hoy retoma este hilo divino que atraviesa delicadamente la historia: desde la plenitud del tiempo pasamos al &laquo;tercer d&iacute;a&raquo; del ministerio de Jes&uacute;s (cf. Jn 2,1) y al anuncio del &laquo;ahora&raquo; de la salvaci&oacute;n (cf. v. 4). El tiempo se contrae, y la manifestaci&oacute;n de Dios acontece siempre en la peque&ntilde;ez. As&iacute; sucede en &laquo;el primero de los signos cumplidos por Jes&uacute;s&raquo; (v. 11) en Can&aacute; de Galilea. No ha sido un gesto asombroso realizado ante la multitud, ni siquiera una intervenci&oacute;n que resuelve una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica apremiante, como el sometimiento del pueblo al dominio romano. Se produce m&aacute;s bien un milagro sencillo en un peque&ntilde;o pueblo, que alegra las nupcias de una joven familia, totalmente an&oacute;nima. Sin embargo, el agua transformada en vino en la fiesta de la boda es un gran signo, porque nos revela el rostro esponsalicio de Dios, de un Dios que se sienta a la mesa con nosotros, que sue&ntilde;a y establece comuni&oacute;n con nosotros. Nos dice que el Se&ntilde;or no mantiene las distancias, sino que es cercano y concreto, que est&aacute; en medio de nosotros y cuida de nosotros, sin decidir por nosotros y sin ocuparse de cuestiones de poder. Prefiere &nbsp;instalarse en lo peque&ntilde;o, al contrario del hombre, que tiende a querer algo cada vez m&aacute;s grande. Ser atra&iacute;dos por el poder, por la grandeza y por la visibilidad es algo tr&aacute;gicamente humano, y es una gran tentaci&oacute;n que busca infiltrarse por doquier; en cambio, donarse a los dem&aacute;s, cancelando distancias, viviendo en la peque&ntilde;ez y colmando concretamente la cotidianidad, esto es exquisitamente divino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDios nos salva haci&eacute;ndose peque&ntilde;o, cercano y concreto. Ante todo, Dios se hace peque&ntilde;o. El<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe&ntilde;or, &laquo;manso y humilde de coraz&oacute;n&raquo; (Mt 11,29), prefiere a los peque&ntilde;os, a los que se ha revelado el Reino de Dios (Mt 11,25); estos son grandes ante sus ojos, y a ellos dirige su mirada (cf. Is 66,2). Los prefiere porque se oponen a la &laquo;soberbia de la vida&raquo;, que procede del mundo (cf. 1 Jn 2,16). Los peque&ntilde;os hablan su mismo idioma: el amor humilde que hace libres. Por eso llama a personas sencillas y disponibles para ser sus portavoces, y les conf&iacute;a la revelaci&oacute;n de su nombre y los secretos de su coraz&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPensemos en tantos hijos e hijas de vuestro pueblo: en los m&aacute;rtires, que han hecho resplandecer la fuerza inerme del Evangelio; en las personas sencillas y tambi&eacute;n extraordinarias que han sabido dar testimonio del amor del Se&ntilde;or en medio de grandes pruebas; en los anunciadores mansos y fuertes de la misericordia, como san Juan Pablo II y santa Faustina. A trav&eacute;s de estos &laquo;canales&raquo; de su amor, el Se&ntilde;or ha hecho llegar dones inestimables a toda la Iglesia y a toda la humanidad. Y es significativo que este aniversario del Bautismo de vuestro pueblo coincida precisamente con el Jubileo de la Misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAdem&aacute;s, Dios es cercano, su Reino est&aacute; cerca (cf. Mc 1,15): el Se&ntilde;or no desea que lo teman como a un soberano poderoso y distante, no quiere quedarse en un trono en el cielo o en los libros de historia, sino que quiere sumirse en nuestros avatares de cada d&iacute;a para caminar con nosotros. Pensando en el don de un milenio abundante de fe, es bello sobre todo agradecer a Dios, que ha caminado con vuestro pueblo, llev&aacute;ndolo de la mano y acompa&ntilde;&aacute;ndolo en tantas situaciones. Es lo que siempre estamos llamados a hacer, tambi&eacute;n como Iglesia: escuchar, comprometernos y hacernos cercanos, compartiendo las alegr&iacute;as y las fatigas de la gente, de manera que se transmita el Evangelio de la manera m&aacute;s coherente y que produce mayor fruto: por irradiaci&oacute;n positiva, a trav&eacute;s de la transparencia de vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPor &uacute;ltimo, Dios es concreto. De las Lecturas de hoy se desprende que todo es concreto en el actuar de Dios: la Sabidur&iacute;a divina &laquo;obra como art&iacute;fice&raquo; y &laquo;juega&raquo; con el mundo (cf. Pr 8,30); el Verbo se hace carne, nace de una madre, nace bajo la ley (cf. Ga 4,4), tiene amigos y participa en una fiesta: el eterno se comunica pasando el tiempo con personas y en situaciones concretas. Tambi&eacute;n vuestra historia, impregnada de Evangelio, cruz y fidelidad a la Iglesia, ha visto el contagio positivo de una fe genuina, trasmitida de familia en familia, de padre a hijo, y sobre todo de las madres y de las abuelas, a quienes hay mucho que agradecer. De modo particular, hab&eacute;is podido experimentar en carne propia la ternura concreta y providente de la Madre de todos, a quien he venido aqu&iacute; a venerar como peregrino, y a quien hemos saludado en el Salmo como &laquo;honor de nuestro pueblo&raquo; (Jdt 15,9).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAqu&iacute; reunidos, volvemos los ojos a ella. En Mar&iacute;a encontramos la plena correlaci&oacute;n con el Se&ntilde;or: al hilo divino se entrelaza as&iacute; en la historia un &laquo;hilo mariano&raquo;. Si hay alguna gloria humana, alg&uacute;n m&eacute;rito nuestro en la plenitud del tiempo, es ella: es ella ese espacio, preservado del mal, en el cual Dios se ha reflejado; es ella la escala que Dios ha recorrido para bajar hasta nosotros y hacerse cercano y concreto; es ella el signo m&aacute;s claro de la plenitud de los tiempos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn la vida de Mar&iacute;a admiramos esa peque&ntilde;ez amada por Dios, que &laquo;ha mirado la sencillez de su esclava&raquo; y &laquo;enaltece a los humildes&raquo; (Lc 1,48.52). &Eacute;l se complaci&oacute; tanto de Mar&iacute;a, que se dej&oacute; tejer la carne por ella, de modo que la Virgen se convirti&oacute; en Madre de Dios, como proclama un himno muy antiguo, que cant&aacute;is desde hace siglos. Que ella os siga indicando la v&iacute;a a vosotros, que de modo ininterrumpido os dirig&iacute;s a ella, viniendo a esta capital espiritual del pa&iacute;s, y os ayude a tejer en la vida la trama humilde y sencilla del Evangelio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn Can&aacute;, como aqu&iacute; en Jasna G&oacute;ra, Mar&iacute;a nos ofrece su cercan&iacute;a, y nos ayuda a descubrir lo que falta a la plenitud de la vida. Ahora como entonces, lo hace con cuidado de Madre, con la presencia y el buen consejo; ense&ntilde;&aacute;ndonos a evitar decisionismos y murmuraciones en nuestras comunidades. Como Madre de familia, nos quiere proteger a todos juntos. En su camino, vuestro pueblo ha superado en la unidad muchos momentos duros. Que la Madre, firme al pie de la cruz y perseverante en la oraci&oacute;n con los disc&iacute;pulos en espera del Esp&iacute;ritu Santo, infunda el deseo de ir m&aacute;s all&aacute; de los errores y las heridas del pasado, y de crear comuni&oacute;n con todos, sin ceder jam&aacute;s a la tentaci&oacute;n de aislarse e imponerse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa Virgen demostr&oacute; en Can&aacute; mucha concreci&oacute;n: es una Madre que toma en serio los problemas e interviene, que sabe detectar los momentos dif&iacute;ciles y solventarlos con discreci&oacute;n, eficacia y determinaci&oacute;n. No es due&ntilde;a ni protagonista, sino Madre y sierva. Pidamos la gracia de hacer nuestra su sencillez, su fantas&iacute;a en servir al necesitado, la belleza de dar la vida por los dem&aacute;s, sin preferencias ni distinciones. Que ella, causa de nuestra alegr&iacute;a, que lleva la paz en medio de la abundancia del pecado y de los sobresaltos de la historia, nos alcance la sobreabundancia del Esp&iacute;ritu, para ser siervos buenos y fieles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQue, por su intercesi&oacute;n, la plenitud del tiempo nos renueve tambi&eacute;n a nosotros. De poco sirve el paso entre el antes y el despu&eacute;s de Cristo, si permanece s&oacute;lo como una fecha en los anales de la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQue pueda cumplirse, para todos y para cada uno, un paso interior, una Pascua del coraz&oacute;n hacia el estilo divino encarnado por Mar&iacute;a: obrar en la peque&ntilde;ez y acompa&ntilde;ar de cerca, con coraz&oacute;n sencillo y abierto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CZESTOCHOWA, 28 Jul. 16 (ACI).- El Papa Francisco celebr&oacute; este jueves 28 la Misa por el 1050&deg; aniversario del Bautismo de Polonia, en el Santuario de la Virgen de Czestochowa, donde afirm&oacute; que &ldquo;Dios nos salva haci&eacute;ndose peque&ntilde;o, cercano y concreto&rdquo;. 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