{"id":5768,"date":"2016-07-30T05:05:02","date_gmt":"2016-07-30T10:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/video-y-texto-homilia-del-papa-francisco-en-misa-con-sacerdotes-y-religiosos-de-polonia\/"},"modified":"2016-07-30T05:05:02","modified_gmt":"2016-07-30T10:05:02","slug":"video-y-texto-homilia-del-papa-francisco-en-misa-con-sacerdotes-y-religiosos-de-polonia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/video-y-texto-homilia-del-papa-francisco-en-misa-con-sacerdotes-y-religiosos-de-polonia\/","title":{"rendered":"VIDEO Y TEXTO: Homil\u00eda del Papa Francisco en Misa con sacerdotes y religiosos de Polonia"},"content":{"rendered":"<p> CRACOVIA, 30 Jul. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEste s&aacute;bado el Papa Francisco presidi&oacute; en el Santuario San Juan Pablo II en Cracovia (Polonia) la Misa con los sacerdotes, religiosas, religiosos y seminaristas, en la que los exhort&oacute; a ser siempre una Iglesia en salida que lleve a los hombres la misericordia de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n el texto completo de la homil&iacute;a:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl pasaje del Evangelio que hemos escuchado (cf. Jn 20,19-31) nos habla de un lugar, de un disc&iacute;pulo y un libro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl lugar es la casa en la que estaban los disc&iacute;pulos al anochecer del d&iacute;a de la Pascua: de ella se dice s&oacute;lo que sus puertas estaban cerradas (cf. v. 19). Ocho d&iacute;as m&aacute;s tarde, los disc&iacute;pulos estaban todav&iacute;a en aquella casa, y sus puertas tambi&eacute;n estaban cerradas (cf. v. 26). Jes&uacute;s entra, se pone en medio y trae su paz, el Esp&iacute;ritu Santo y el perd&oacute;n de los pecados: en una palabra, la misericordia de Dios. En este local cerrado resuena fuerte el mensaje que Jes&uacute;s dirige a los suyos: &laquo;Como el Padre me ha enviado, as&iacute; tambi&eacute;n os env&iacute;o yo&raquo; (v. 21).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJes&uacute;s env&iacute;a. &Eacute;l desea desde el principio que la Iglesia est&eacute; de salida, que vaya al mundo. Y quiere que lo haga tal como &eacute;l mismo lo ha hecho, como &eacute;l ha sido mandado al mundo por el Padre: no como un poderoso, sino en forma de siervo (cf. Flp 2,7), no &laquo;a ser servido, sino a servir&raquo; (Mc 10,45) y llevar la Buena Nueva (cf. Lc 4,18); tambi&eacute;n los suyos son enviados as&iacute; en todos los tiempos. Llama la atenci&oacute;n el contraste: mientras que los disc&iacute;pulos cerraban las puertas por temor, Jes&uacute;s los env&iacute;a a una misi&oacute;n; quiere que abran las puertas y salgan a propagar el perd&oacute;n y la paz de Dios con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEsta llamada es tambi&eacute;n para nosotros. &iquest;C&oacute;mo no sentir aqu&iacute; el eco de la gran exhortaci&oacute;n de san Juan Pablo II: &laquo;&iexcl;Abrid las puertas!&raquo;? No obstante, en nuestra vida como sacerdotes y personas consagradas, se puede tener con frecuencia la tentaci&oacute;n de quedarse un poco encerrados, por miedo o por comodidad, en nosotros mismos y en nuestros &aacute;mbitos. Pero la direcci&oacute;n que Jes&uacute;s indica es de sentido &uacute;nico: salir de nosotros mismos. Es un viaje sin billete de vuelta. Se trata de emprender un &eacute;xodo de nuestro yo, de perder la vida por &eacute;l (cf. Mc 8,35), siguiendo el camino de la entrega de s&iacute; mismo. Por otro lado, a Jes&uacute;s no le gustan los recorridos a mitad, las puertas entreabiertas, las vidas de doble v&iacute;a. Pide ponerse en camino ligeros, salir renunciando a las propias seguridades, anclados &uacute;nicamente en &eacute;l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn otras palabras, la vida de sus disc&iacute;pulos m&aacute;s cercanos, como estamos llamados a ser, est&aacute; hecha de amor concreto, es decir, de servicio y disponibilidad; es una vida en la que no hay espacios cerrados ni propiedad privada para nuestras propias comodidades. Quien ha optado por configurar toda su existencia con Jes&uacute;s ya no elige d&oacute;nde estar, sino que va all&aacute; donde se le env&iacute;a, dispuesto a responder a quien lo llama; tampoco dispone de su propio tiempo. La casa en la que reside no le pertenece, porque la Iglesia y el mundo son los espacios abiertos de su misi&oacute;n. Su tesoro es poner al Se&ntilde;or en medio de la vida, sin buscar otra para &eacute;l. Huye, pues, de las situaciones gratificantes que lo pondr&iacute;an en el centro, no se sube a los estrados vacilantes de los poderes del mundo y no se adapta a las comodidades que aflojan la evangelizaci&oacute;n; no pierde el tiempo en proyectar un futuro seguro y bien remunerado, para evitar el riesgo convertirse en aislado y sombr&iacute;o, encerrado entre las paredes angostas de un ego&iacute;smo sin esperanza y sin alegr&iacute;a. Contento con el Se&ntilde;or, no se conforma con una vida mediocre, sino que tiene un deseo ardiente de ser testigo y de llegar a los otros; le gusta el riesgo y sale, no forzado por caminos ya trazados, sino abierto y fiel a las rutas indicadas por el Esp&iacute;ritu: contrario al &laquo;ir tirando&raquo;, siente el gusto de evangelizar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn segundo lugar, aparece en el Evangelio de hoy la figura de Tom&aacute;s, el &uacute;nico disc&iacute;pulo que se menciona. En su duda y su af&aacute;n de entender &mdash;y tambi&eacute;n un poco terco&mdash;, este disc&iacute;pulo se nos asemeja un poco, y hasta nos resulta simp&aacute;tico. Sin saberlo, nos hace un gran regalo: nos acerca a Dios, porque Dios no se oculta a quien lo busca. Jes&uacute;s le mostr&oacute; sus llagas gloriosas, le hizo tocar con la mano la ternura infinita de Dios, los signos vivos de lo que ha sufrido por amor a los hombres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPara nosotros, los disc&iacute;pulos, es muy importante poner nuestra humanidad en contacto con la carne del Se&ntilde;or, es decir, llevarle a &eacute;l, con confianza y total sinceridad, hasta el fondo, lo que somos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJes&uacute;s, como dijo a santa Faustina, se alegra de que hablemos de todo, no se cansa de nuestras vidas, que ya conoce; espera que la compartamos, incluso que le contemos cada d&iacute;a lo que nos ha pasado (cf. Diario, 6 septiembre 1937). As&iacute; se busca a Dios, con una oraci&oacute;n que sea transparente y no se olvide de confiar y encomendar las miserias, las dificultades y las resistencias. El coraz&oacute;n de Jes&uacute;s se conquista con la apertura sincera, con los corazones que saben reconocer y llorar las propias debilidades, confiados en que precisamente all&iacute; actuar&aacute; la divina misericordia. &iquest;Qu&eacute; es lo que nos pide Jes&uacute;s? Quiere corazones verdaderamente consagrados, que viven del perd&oacute;n que han recibido de &eacute;l, para derramarlo con compasi&oacute;n sobre los hermanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJes&uacute;s busca corazones abiertos y tiernos con los d&eacute;biles, nunca duros; corazones d&oacute;ciles y transparentes, que no disimulen ante los que tienen la misi&oacute;n en la Iglesia de orientar en el camino. El disc&iacute;pulo no rechaza hacerse preguntas, tiene la valent&iacute;a de sentir la duda y de llevarla al Se&ntilde;or, a los formadores y a los superiores, sin c&aacute;lculos ni reticencias. El disc&iacute;pulo fiel lleva a cabo un discernimiento atento y constante, sabiendo que cada d&iacute;a hay que educar el coraz&oacute;n, a partir de los afectos, para huir de toda doblez en las actitudes y en la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl ap&oacute;stol Tom&aacute;s, al final de su b&uacute;squeda apasionada, no s&oacute;lo ha llegado a creer en la resurrecci&oacute;n, sino que ha encontrado en Jes&uacute;s lo m&aacute;s importante de la vida, a su Se&ntilde;or; le dijo: &laquo;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o&raquo; (v. 28). Nos har&aacute; bien rezar cada d&iacute;a estas palabras espl&eacute;ndidas, para decirle: &laquo;Eres mi &uacute;nico bien, la ruta de mi camino, el coraz&oacute;n de mi vida, mi todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn el &uacute;ltimo vers&iacute;culo que hemos escuchado, se habla, en fin, de un libro: es el Evangelio, en el que no est&aacute;n escritos muchos otros signos que hizo Jes&uacute;s (v. 30). Despu&eacute;s del gran signo de su misericordia &mdash;podemos pensar&mdash;, ya no se ha necesitado a&ntilde;adir nada m&aacute;s. Pero queda todav&iacute;a un desaf&iacute;o, queda espacio para los signos que podemos hacer nosotros, que hemos recibido el Esp&iacute;ritu del amor y estamos llamados a difundir la misericordia. Se puede decir que el Evangelio, libro vivo de la misericordia de Dios, que hay que leer y releer continuamente, todav&iacute;a tiene al final p&aacute;ginas en blanco: es un libro abierto, que estamos llamados a escribir con el mismo estilo, es decir, realizando obras de misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOs pregunto: &iquest;C&oacute;mo est&aacute;n las p&aacute;ginas del libro de cada uno de vosotros? &iquest;Se escriben cada d&iacute;a? &iquest;Est&aacute;n escritas s&oacute;lo en parte? &iquest;Est&aacute;n en blanco? Que la Madre de Dios nos ayude en ello: que ella, que ha acogido plenamente la Palabra de Dios en su vida (cf. Lc 8,20-21), nos de la gracia de ser escritores vivos del Evangelio; que nuestra Madre de misericordia nos ense&ntilde;e a curar concretamente las llagas de Jes&uacute;s en nuestros hermanos y hermanas necesitados, de los cercanos y de los lejanos, del enfermo y del emigrante, porque sirviendo a quien sufre se honra a la carne de Cristo. Que la Virgen Mar&iacute;a nos ayude a entregarnos hasta el final por el bien de los fieles que se nos han confiado y a sostenernos los unos a los otros, como verdaderos hermanos y hermanas en la comuni&oacute;n de la Iglesia, nuestra santa Madre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos hermanos y hermanas, cada uno de nosotros guarda en el coraz&oacute;n una p&aacute;gina personal&iacute;sima del libro de la misericordia de Dios: es la historia de nuestra llamada, la voz del amor que atrajo y transform&oacute; nuestra vida, llev&aacute;ndonos a dejar todo por su palabra y a seguirlo (cf. Lc 5,11).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tReavivemos hoy, con gratitud, la memoria de su llamada, m&aacute;s fuerte que toda resistencia y cansancio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDemos gracias al Se&ntilde;or continuando con la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, centro de nuestra vida, porque ha entrado en nuestras puertas cerradas con su misericordia; porque nos da la gracia de seguir escribiendo su Evangelio de amor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CRACOVIA, 30 Jul. 16 (ACI).- Este s&aacute;bado el Papa Francisco presidi&oacute; en el Santuario San Juan Pablo II en Cracovia (Polonia) la Misa con los sacerdotes, religiosas, religiosos y seminaristas, en la que los exhort&oacute; a ser siempre una Iglesia en salida que lleve a los hombres la misericordia de Dios. 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