{"id":5793,"date":"2016-07-31T04:05:04","date_gmt":"2016-07-31T09:05:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/video-y-texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-de-clausura-de-la-jmj-cracovia-2016\/"},"modified":"2016-07-31T04:05:04","modified_gmt":"2016-07-31T09:05:04","slug":"video-y-texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-de-clausura-de-la-jmj-cracovia-2016","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/video-y-texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-de-clausura-de-la-jmj-cracovia-2016\/","title":{"rendered":"VIDEO y TEXTO: Homil\u00eda del Papa Francisco en la Misa de clausura de la JMJ Cracovia 2016"},"content":{"rendered":"<p> CRACOVIA, 31 Jul. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco presidi&oacute; hoy la Misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud Cracovia 2016, y alent&oacute; a los j&oacute;venes a no tener miedo de decirle &ldquo;s&iacute;&rdquo; a Jes&uacute;s &ldquo;con toda la fuerza del coraz&oacute;n&rdquo; y seguirlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, el texto completo de la Homil&iacute;a del Papa Francisco en la Misa de clausura de la JMJ Cracovia 2016:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos j&oacute;venes: hab&eacute;is venido a Cracovia para encontraros con Jes&uacute;s. Y el Evangelio de hoy nos habla precisamente del encuentro entre Jes&uacute;s y un hombre, Zaqueo, en Jeric&oacute; (cf. Lc 19,1-10). All&iacute; Jes&uacute;s no se limita a predicar, o a saludar a alguien, sino que quiere &mdash;nos dice el Evangelista&mdash; cruzar la ciudad (cf. v. 1). Con otras palabras, Jes&uacute;s desea acercarse a la vida de cada uno, recorrer nuestro camino hasta el final, para que su vida y la nuestra se encuentren realmente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTiene lugar as&iacute; el encuentro m&aacute;s sorprendente, el encuentro con Zaqueo, jefe de los &laquo;publicanos&raquo;, es decir, de los recaudadores de impuestos. As&iacute; que Zaqueo era un rico colaborador de los odiados ocupantes romanos; era un explotador de su pueblo, uno que debido a su mala fama no pod&iacute;a ni siquiera acercarse al Maestro. Sin embargo, el encuentro con Jes&uacute;s cambi&oacute; su vida, como sucedi&oacute;, y cada d&iacute;a puede suceder, con cada uno de nosotros. Pero Zaqueo tuvo que superar algunos obst&aacute;culos para encontrarse con Jes&uacute;s: al menos tres, que tambi&eacute;n pueden ense&ntilde;arnos algo a nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl primero es la baja estatura: Zaqueo no consegu&iacute;a ver al Maestro, porque era bajo. Tambi&eacute;n nosotros podemos hoy caer en el peligro de quedarnos lejos de Jes&uacute;s porque no nos sentimos a la altura, porque tenemos una baja consideraci&oacute;n de nosotros mismos. Esta es una gran tentaci&oacute;n, que no s&oacute;lo tiene que ver con la autoestima, sino que afecta tambi&eacute;n la fe. Porque la fe nos dice que somos &laquo;hijos de Dios, pues &iexcl;lo somos!&raquo; (1 Jn 3,1): hemos sido creados a su imagen; Jes&uacute;s hizo suya nuestra humanidad y su coraz&oacute;n nunca se separar&aacute; de nosotros; el Esp&iacute;ritu Santo quiere habitar en nosotros; estamos llamados a la alegr&iacute;a eterna con Dios. Esta es nuestra &laquo;estatura&raquo;, esta es nuestra identidad espiritual: somos los hijos amados de Dios, siempre. Entend&eacute;is entonces que no aceptarse, vivir infelices y pensar en negativo significa no reconocer nuestra identidad m&aacute;s aut&eacute;ntica: es como darse la vuelta cuando Dios quiere fijar sus ojos en m&iacute;; significa querer impedir que se cumpla su sue&ntilde;o en m&iacute;. Dios nos ama tal como somos, y no hay pecado, defecto o error que lo haga cambiar de idea. Para Jes&uacute;s &mdash;nos lo muestra el Evangelio&mdash;, nadie es inferior y distante, nadie es insignificante, sino que todos somos predilectos e importantes: &iexcl;T&uacute; eres importante! Y Dios cuenta contigo por lo que eres, no por lo que tienes: ante &eacute;l, nada vale la ropa que llevas o el tel&eacute;fono m&oacute;vil que utilizas; no le importa si vas a la moda, le importas t&uacute;. A sus ojos, vales, y lo que vales no tiene precio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCuando en la vida sucede que apuntamos bajo en vez de a lo alto, nos puede ser de ayuda esta gran verdad: Dios es fiel en su amor, y hasta obstinado. Nos ayudar&aacute; pensar que nos ama m&aacute;s de lo que nosotros nos amamos, que cree en nosotros m&aacute;s que nosotros mismos, que est&aacute; siempre de nuestra parte, como el m&aacute;s ac&eacute;rrimo de los &laquo;hinchas&raquo;. Siempre nos espera con esperanza, incluso cuando nos encerramos en nuestras tristezas, rumiando continuamente los males sufridos y el pasado. Pero complacerse en la tristeza no es digno de nuestra estatura espiritual. Es m&aacute;s, es un virus que infecta y paraliza todo, que cierra cualquier puerta, que impide que la vida se reavive, que recomience. Dios, sin embargo, es obstinadamente esperanzado: siempre cree que podemos levantarnos y no se resigna a vernos apagados y sin alegr&iacute;a. Porque somos siempre sus hijos amados. Recordemos esto al comienzo de cada d&iacute;a. Nos har&aacute; bien decir todas las ma&ntilde;anas en la oraci&oacute;n: &laquo;Se&ntilde;or, te doy gracias porque me amas; haz que me enamore de mi vida&raquo;. No de mis defectos, que hay que corregir, sino de la vida, que es un gran regalo: es el tiempo para amar y ser amado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tZaqueo ten&iacute;a un segundo obst&aacute;culo en el camino del encuentro con Jes&uacute;s: la verg&uuml;enza paralizante. Podemos imaginar lo que sucedi&oacute; en el coraz&oacute;n de Zaqueo antes de subir a aquella higuera, habr&aacute; tenido una lucha afanosa: por un lado, la curiosidad buena de conocer a Jes&uacute;s; por otro, el riesgo de hacer una figura bochornosa. Zaqueo era un personaje p&uacute;blico; sab&iacute;a que, al intentar subir al &aacute;rbol, har&iacute;a el rid&iacute;culo delante de todos, &eacute;l, un jefe, un hombre de poder. Pero super&oacute; la verg&uuml;enza, porque la atracci&oacute;n de Jes&uacute;s era m&aacute;s fuerte. Habr&eacute;is experimentado lo que sucede cuando una persona se siente tan atra&iacute;da por otra que se enamora: entonces sucede que se hacen de buena gana cosas que nunca se habr&iacute;an hecho. Algo similar ocurri&oacute; en el coraz&oacute;n de Zaqueo, cuando sinti&oacute; que Jes&uacute;s era de tal manera importante que habr&iacute;a hecho cualquier cosa por &eacute;l, porque &eacute;l era el &uacute;nico que pod&iacute;a sacarlo de las arenas movedizas del pecado y de la infelicidad. Y as&iacute;, la verg&uuml;enza paralizante no triunf&oacute;: Zaqueo &mdash;nos dice el Evangelio&mdash; &laquo;corri&oacute; m&aacute;s adelante&raquo;, &laquo;subi&oacute;&raquo; y luego, cuando Jes&uacute;s lo llam&oacute;, &laquo;se dio prisa en bajar&raquo; (vv. 4.6.). Se arriesg&oacute; y actu&oacute;. Esto es tambi&eacute;n para nosotros el secreto de la alegr&iacute;a: no apagar la buena curiosidad, sino participar, porque la vida no hay que encerrarla en un caj&oacute;n. Ante Jes&uacute;s no podemos quedarnos sentados esperando con los brazos cruzados; a &eacute;l, que nos da la vida, no podemos responderle con un pensamiento o un simple &laquo;mensajito&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos j&oacute;venes, no os avergonc&eacute;is de llevarle todo, especialmente las debilidades, las dificultades y los pecados, en la confesi&oacute;n: &Eacute;l sabr&aacute; sorprenderos con su perd&oacute;n y su paz. No teng&aacute;is miedo de decirle &laquo;s&iacute;&raquo; con toda la fuerza del coraz&oacute;n, de responder con generosidad, de seguirlo. No os dej&eacute;is anestesiar el alma, sino aspirad a la meta del amor hermoso, que exige tambi&eacute;n renuncia, y un &laquo;no&raquo; fuerte al doping del &eacute;xito a cualquier precio y a la droga de pensar s&oacute;lo en s&iacute; mismo y en la propia comodidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDespu&eacute;s de la baja estatura y la verg&uuml;enza paralizante, hay un tercer obst&aacute;culo que Zaqueo tuvo que enfrentar, ya no en su interior sino a su alrededor. Es la multitud que murmura, que primero lo bloque&oacute; y luego lo critic&oacute;: Jes&uacute;s no ten&iacute;a que entrar en su casa, en la casa de un pecador. &iquest;Qu&eacute; dif&iacute;cil es acoger realmente a Jes&uacute;s, qu&eacute; duro es aceptar a un &laquo;Dios, rico en misericordia&raquo; (Ef 2,4). Puede que os bloqueen, tratando de haceros creer que Dios es distante, r&iacute;gido y poco sensible, bueno con los buenos y malo con los malos. En cambio, nuestro Padre &laquo;hace salir su sol sobre malos y buenos&raquo; (Mt 5,45), y nos invita al valor verdadero: ser m&aacute;s fuertes que el mal amando a todos, incluso a los enemigos. Puede que se r&iacute;an de vosotros, porque cre&eacute;is en la fuerza mansa y humilde de la misericordia. No teng&aacute;is miedo, pensad en cambio en las palabras de estos d&iacute;as: &laquo;Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzar&aacute;n misericordia&raquo; (Mt 5,7). Puede que os juzguen como unos so&ntilde;adores, porque cre&eacute;is en una nueva humanidad, que no acepta el odio entre los pueblos, ni ve las fronteras de los pa&iacute;ses como una barrera y custodia las propias tradiciones sin ego&iacute;smo y resentimiento. No os desanim&eacute;is: con vuestra sonrisa y vuestros brazos abiertos predic&aacute;is la esperanza y sois una bendici&oacute;n para la &uacute;nica familia humana, tan bien representada por vosotros aqu&iacute;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAquel d&iacute;a, la multitud juzg&oacute; a Zaqueo, lo mir&oacute; con desprecio; Jes&uacute;s, en cambio, hizo lo contrario: levant&oacute; los ojos hacia &eacute;l (v. 5). La mirada de Jes&uacute;s va m&aacute;s all&aacute; de los defectos para ver a la persona; no se detiene en el mal del pasado, sino que divisa el bien en el futuro; no se resigna frente a la cerraz&oacute;n, sino que busca el camino de la unidad y de la comuni&oacute;n; en medio de todos, no se detiene en las apariencias, sino que mira al coraz&oacute;n. Jes&uacute;s mira nuestro coraz&oacute;n, tu coraz&oacute;n, mi coraz&oacute;n. Con esta mirada de Jes&uacute;s, pod&eacute;is hacer surgir una humanidad diferente, sin esperar a que os digan &laquo;qu&eacute; buenos sois&raquo;, sino buscando el bien por s&iacute; mismo, felices de conservar el coraz&oacute;n limpio y de luchar pac&iacute;ficamente por la honestidad y la justicia. No os deteng&aacute;is en la superficie de las cosas y desconfiad de las liturgias mundanas de la apariencia, del maquillaje del alma para aparentar ser mejores. Por el contrario, instalad bien la conexi&oacute;n m&aacute;s estable, la de un coraz&oacute;n que ve y transmite el bien sin cansarse. Y esa alegr&iacute;a que hab&eacute;is recibido gratis de Dios, dadla gratis (cf. Mt 10,8), porque son muchos los que la esperan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEscuchamos por &uacute;ltimo las palabras de Jes&uacute;s a Zaqueo, que parecen dichas a prop&oacute;sito para nosotros en este momento: &laquo;Date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa&raquo; (v. 5). Date prisa, porque hoy es necesario que me quede en tu casa. &Aacute;brele la puerta de tu coraz&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJes&uacute;s te dirige la misma invitaci&oacute;n: &laquo;Hoy tengo que alojarme en tu casa&raquo;. La Jornada Mundial de la Juventud, podr&iacute;amos decir, comienza hoy y contin&uacute;a ma&ntilde;ana, en casa, porque es all&iacute; donde Jes&uacute;s quiere encontrarnos a partir de ahora. El Se&ntilde;or no quiere quedarse solamente en esta hermosa ciudad o en los recuerdos entra&ntilde;ables, sino que quiere venir a tu casa, vivir tu vida cotidiana: el estudio y los primeros a&ntilde;os de trabajo, las amistades y los afectos, los proyectos y los sue&ntilde;os. C&oacute;mo le gusta que todo esto se lo llevemos en la oraci&oacute;n. &Eacute;l espera que, entre tantos contactos y chats de cada d&iacute;a, el primer puesto lo ocupe el hilo de oro de la oraci&oacute;n. Cu&aacute;nto desea que su Palabra hable a cada una de tus jornadas, que su Evangelio sea tuyo, y se convierta en tu &laquo;navegador&raquo; en el camino de la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJes&uacute;s, a la vez que te pide de ir a tu casa, como hizo con Zaqueo, te llama por tu nombre. Tu nombre es precioso para &eacute;l. El nombre de Zaqueo evocaba, en la lengua de la &eacute;poca, el recuerdo de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tFiaros del recuerdo de Dios: su memoria no es un &laquo;disco duro&raquo; que registra y almacena todos nuestros datos, sino un coraz&oacute;n tierno de compasi&oacute;n, que se regocija eliminando definitivamente cualquier vestigio del mal. Procuremos tambi&eacute;n nosotros ahora imitar la memoria fiel de Dios y custodiar el bien que hemos recibido en estos d&iacute;as. En silencio hagamos memoria de este encuentro, custodiemos el recuerdo de la presencia de Dios y de su Palabra, reavivemos en nosotros la voz de Jes&uacute;s que nos llama por nuestro nombre. As&iacute; pues, recemos en silencio, recordando, dando gracias al Se&ntilde;or que nos ha tra&iacute;do aqu&iacute; y ha querido encontrarnos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CRACOVIA, 31 Jul. 16 (ACI).- El Papa Francisco presidi&oacute; hoy la Misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud Cracovia 2016, y alent&oacute; a los j&oacute;venes a no tener miedo de decirle &ldquo;s&iacute;&rdquo; a Jes&uacute;s &ldquo;con toda la fuerza del coraz&oacute;n&rdquo; y seguirlo. 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