{"id":5829,"date":"2016-08-01T10:15:02","date_gmt":"2016-08-01T15:15:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/transmitir-la-fe\/"},"modified":"2016-08-01T10:15:02","modified_gmt":"2016-08-01T15:15:02","slug":"transmitir-la-fe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/transmitir-la-fe\/","title":{"rendered":"Transmitir la fe"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">Cada hijo es una muestra de confianza de Dios con los padres, que les encomienda el cuidado y la gu\u00eda de una criatura llamada a la felicidad eterna. La fe es el mejor legado que se les puede transmitir; m\u00e1s a\u00fan: es lo \u00fanico verdaderamente importante, pues es lo que da sentido \u00faltimo a la existencia. Dios, por lo dem\u00e1s, nunca encarga una misi\u00f3n sin dar los medios imprescindibles para llevarla a cabo; y as\u00ed, ninguna comunidad humana est\u00e1 tan bien dotada como la familia para facilitar que la fe arraigue en los corazones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>El testimonio personal<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La educaci\u00f3n de la fe no es una mera ense\u00f1anza, sino la transmisi\u00f3n de un mensaje de vida. Aunque la palabra de Dios es eficaz en s\u00ed misma, para difundirla el Se\u00f1or ha querido servirse del testimonio y de la mediaci\u00f3n de los hombres: el Evangelio resulta convincente cuando se ve encarnado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esto vale de manera particular cuando nos referimos a los ni\u00f1os, que distinguen con dificultad entre lo que se dice y qui\u00e9n lo dice; y adquiere a\u00fan m\u00e1s fuerza cuando pensamos en los propios hijos, pues no diferencian claramente entre la madre o el padre que reza y la oraci\u00f3n misma: m\u00e1s a\u00fan, la oraci\u00f3n tiene valor especial, es amable y significativa, porque quien reza es su madre o su padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esto hace que los padres tengan todo a su favor para comunicar la fe a sus hijos: lo que Dios espera de ellos, m\u00e1s que palabras, es que sean piadosos, coherentes. Su testimonio personal debe estar presente ante los hijos en todo momento, con naturalidad, sin pretender dar lecciones constantemente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A veces, basta con que los hijos vean la alegr\u00eda de sus padres al confesarse, para que la fe se haga fuerte en sus corazones. No cabe minusvalorar la perspicacia de los ni\u00f1os, aunque parezcan ingenuos: en realidad, conocen a sus padres, en lo bueno y en lo menos bueno, y todo lo que estos hacen \u2013u omiten\u2013 es para ellos un mensaje que ayuda a formarlos o los deforma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Benedicto XVI ha explicado muchas veces que los cambios profundos en las instituciones y en las personas suelen promoverlos los santos, no quienes son m\u00e1s sabios o poderosos: \u00abEn las vicisitudes de la historia, [los santos] han sido los verdaderos reformadores que tantas veces han remontado a la humanidad de los valles oscuros en los cuales est\u00e1 siempre en peligro de precipitar; la han iluminado siempre de nuevo\u00bb [1].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En la familia sucede algo parecido. Sin duda, hay que pensar en cu\u00e1l es el modo m\u00e1s pedag\u00f3gico de transmitir la fe, y formarse para ser buenos educadores; pero lo decisivo es el empe\u00f1o de los padres por querer ser santos. Es la santidad personal la que permitir\u00e1 acertar con la mejor pedagog\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&#8220;En todos los ambientes cristianos se sabe, por experiencia, qu\u00e9 buenos resultados da esa natural y sobrenatural iniciaci\u00f3n a la vida de piedad, hecha en el calor del hogar. El ni\u00f1o aprende a colocar al Se\u00f1or en la l\u00ednea de los primeros y m\u00e1s fundamentales afectos; aprende a tratar a Dios como Padre y a la Virgen como Madre; aprende a rezar, siguiendo el ejemplo de sus padres. Cuando se comprende eso, se ve la gran tarea apost\u00f3lica que pueden realizar los padres, y c\u00f3mo est\u00e1n obligados a ser sinceramente piadosos, para poder transmitir \u2013m\u00e1s que ense\u00f1ar\u2013 esa piedad a los hijos&#8221; [2].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Ambiente de confianza y amistad<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por otra parte, vemos que muchos chicos y chicas \u2013sobre todo, en la juventud y adolescencia\u2013 acaban flaqueando en la fe que han recibido cuando sufren alg\u00fan tipo de prueba. El origen de estas crisis puede ser muy diverso \u2013la presi\u00f3n de un ambiente paganizado, unos amigos que ridiculizan las convicciones religiosas, un profesor que da sus lecciones desde una perspectiva atea o que pone a Dios entre par\u00e9ntesis\u2013, pero estas crisis cobran fuerza solo cuando quienes las sufren no aciertan a plantear a las personas adecuadas lo que les pasa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Es importante facilitar la confianza con los hijos, y que estos encuentren siempre disponibles a sus padres para dedicarles tiempo. Los chicos \u2013aun los que parecen m\u00e1s d\u00edscolos y despegados\u2013 desean siempre ese acercamiento, esa fraternidad con sus padres. La clave suele estar en la confianza: que los padres sepan educar en un clima de familiaridad, que no den jam\u00e1s la impresi\u00f3n de que desconf\u00edan, que den libertad y que ense\u00f1en a administrarla con responsabilidad personal. Es preferible que se dejen enga\u00f1ar alguna vez: la confianza, que se pone en los hijos, hace que ellos mismos se averg\u00fcencen de haber abusado, y se corrijan; en cambio, si no tienen libertad, si ven que no se conf\u00eda en ellos, se sentir\u00e1n movidos a enga\u00f1ar [3]. No hay que esperar a la adolescencia para poner en pr\u00e1ctica estos consejos: se puede propiciar desde edades muy tempranas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hablar con los hijos es de las cosas m\u00e1s gratas que existen, y la puerta m\u00e1s directa para entablar una profunda amistad con ellos. Cuando una persona adquiere confianza con otra, se establece un puente de mutua satisfacci\u00f3n, y pocas veces desaprovechar\u00e1 la oportunidad de conversar sobre sus inquietudes y sus sentimientos; que es, por otra parte, una manera de conocerse mejor a uno mismo. Aunque hay edades m\u00e1s dif\u00edciles que otras para lograr esa cercan\u00eda, los padres no deben cejar en su ilusi\u00f3n por llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se conf\u00edan las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se espera una ayuda eficaz y amable [4].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En ese ambiente de amistad, los hijos oyen hablar de Dios de un modo grato y atrayente. Todo esto requiere que los padres encuentren tiempo para estar con sus hijos, y un tiempo que sea \u201cde calidad\u201d: el hijo debe percibir que sus cosas nos interesan m\u00e1s que el resto de nuestras ocupaciones. Esto implica acciones concretas, que las circunstancias no pueden llevar a omitir o retrasar una y otra vez: apagar la televisi\u00f3n o el ordenador \u2013o dejar, claramente, de prestarle atenci\u00f3n\u2013 cuando la chica o el chico pregunta por nosotros y se nota que quiere hablar; recortar la dedicaci\u00f3n al trabajo; buscar formas de recreo y entretenimiento que faciliten la conversaci\u00f3n y vida familiar, etc.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>El misterio de la libertad<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando est\u00e1 por medio la libertad personal, no siempre las personas hacen lo que m\u00e1s les conviene, o lo que parecer\u00eda previsible en virtud de los medios que hemos puesto. A veces las cosas se hacen bien pero salen mal \u2013al menos, aparentemente\u2013, y sirve de poco culpabilizarse \u2013o echar la culpa a otros\u2013 de esos resultados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lo m\u00e1s sensato es pensar c\u00f3mo educar cada vez mejor, y c\u00f3mo ayudar a otros a hacer lo mismo; no hay, en este \u00e1mbito, f\u00f3rmulas m\u00e1gicas. Cada uno tiene un modo propio de ser, que le lleva a explicar y plantear las cosas de un modo diverso; y lo mismo puede decirse de los educandos que, aunque vivan en un ambiente semejante, poseen intereses y sensibilidades diversas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tal variedad no es, sin embargo, un obst\u00e1culo. M\u00e1s a\u00fan, amplia los horizontes educativos: por una parte, posibilita que la educaci\u00f3n se encuadre, realmente, dentro de una relaci\u00f3n \u00fanica, ajena a estereotipos; por otra, la relaci\u00f3n con los temperamentos y caracteres de los diversos hijos favorece la pluralidad de situaciones educativas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por eso, si bien el camino de la fe de es el m\u00e1s personal que existe \u2013pues hace referencia a lo m\u00e1s \u00edntimo de la persona, su relaci\u00f3n con Dios\u2013, podemos ayudar a recorrerlo: eso es la educaci\u00f3n. Si consideramos despacio en nuestra oraci\u00f3n personal el modo de ser de cada persona, Dios nos dar\u00e1 luces para acertar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Transmitir la fe no es tanto una cuesti\u00f3n de estrategia o de programaci\u00f3n, como de facilitar que cada uno descubra el designio de Dios para su vida. Ayudarle a que vea por s\u00ed mismo que debe mejorar, y en qu\u00e9, porque nosotros propiamente no cambiamos a nadie: cambian ellos porque quieren.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Diversos \u00e1mbitos de atenci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Podr\u00edan se\u00f1alarse <strong>diversos aspectos que tienen gran importancia para transmitir la fe.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Uno primero es quiz\u00e1 <strong>la vida de piedad en la familia, la cercan\u00eda a Dios en la oraci\u00f3n y los sacramentos.<\/strong> Cuando los padres no la \u201cesconden\u201d \u2013a veces involuntariamente\u2013 ese trato con Dios se manifiesta en acciones que lo hacen presente en la familia, de un modo natural y que respeta la autonom\u00eda de los hijos. Bendecir la mesa, o rezar con los hijos peque\u00f1os las oraciones de la ma\u00f1ana o la noche, o ense\u00f1arles a recurrir a los \u00c1ngeles Custodios o a tener detalles de cari\u00f1o con la Virgen, son modos concretos de favorecer la virtud de la piedad en los ni\u00f1os, tantas veces d\u00e1ndoles recursos que les acompa\u00f1ar\u00e1n toda la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Otro medio es <strong>la doctrina<\/strong>: una piedad sin doctrina es muy vulnerable ante el acoso intelectual que sufren o sufrir\u00e1n los hijos a lo largo de su vida; necesitan una formaci\u00f3n apolog\u00e9tica profunda y, al mismo tiempo, pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">L\u00f3gicamente, tambi\u00e9n en este campo es importante saber <strong>respetar las peculiaridades propias de cada edad<\/strong>. Muchas veces, hablar sobre un tema de actualidad o un libro podr\u00e1 ser una ocasi\u00f3n de ense\u00f1ar la doctrina a los hijos mayores (esto, cuando no sean ellos mismos los que se dirijan a nosotros para preguntarnos).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con los peque\u00f1os, <strong>la formaci\u00f3n catequ\u00e9tica que pueden recibir en la parroquia o en la escuela es una ocasi\u00f3n ideal. <\/strong>Repasar con ellos las lecciones que han recibido o ense\u00f1arles de un modo sugerente aspectos del catecismo que tal vez se han omitido, hacen que los ni\u00f1os entiendan la importancia del estudio de la doctrina de Jes\u00fas, gracias al cari\u00f1o que muestran los padres por ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Otro aspecto relevante es <strong>la educaci\u00f3n en las virtudes<\/strong>, porque si hay piedad y hay doctrina, pero poca virtud, esos chicos o chicas acabar\u00e1n pensando y sintiendo como viven, no como les dicte la raz\u00f3n iluminada por la fe, o la fe asumida porque pensada. Formar las virtudes requiere resaltar la importancia de la exigencia personal, del empe\u00f1o en el trabajo, de la generosidad y de la templanza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Educar en esos bienes impulsa al hombre <strong>por encima de las apetencias materiales<\/strong>; le hace m\u00e1s l\u00facido, m\u00e1s apto para entender las realidades del esp\u00edritu. Quienes educan a sus hijos con poca exigencia \u2013nunca les dicen que \u201cno\u201d a nada y buscan satisfacer todos sus deseos\u2013, ciegan con eso las puertas del esp\u00edritu.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Es una condescendencia que puede nacer del cari\u00f1o, pero tambi\u00e9n del querer ahorrarse el esfuerzo que supone educar mejor, <strong>poner l\u00edmites a los apetitos, ense\u00f1ar a obedecer o a esperar.<\/strong> Y como la din\u00e1mica del consumismo es de por s\u00ed insaciable, caer en ese error lleva a las personas a estilos de vida caprichosos y antojadizos, y les introducen en una espiral de b\u00fasqueda de comodidad que supone siempre un d\u00e9ficit de virtudes humanas y de inter\u00e9s por los asuntos de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Crecer en un mundo en el que todos los caprichos se cumplen es un pesado lastre para la vida espiritual, que incapacita al alma \u2013casi en la ra\u00edz\u2013 para la donaci\u00f3n y el compromiso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Otro aspecto que conviene considerar es el ambiente, pues tiene una gran fuerza de persuasi\u00f3n. <\/strong>Todos conocemos chicos educados en la piedad que se han visto arrastrados por un ambiente que no estaban preparados para superar. Por eso, es preciso estar pendientes de d\u00f3nde se educan los hijos, y crear o buscar entornos que faciliten el crecimiento de la fe y de la virtud. Es algo parecido a lo que sucede en un jard\u00edn: nosotros no hacemos crecer a las plantas, pero s\u00ed podemos proporcionar los medios \u2013abono, agua, etc.\u2013 y el clima adecuados para que crezcan.<br \/>\nComo aconsejaba san Josemar\u00eda a unos padres: &#8220;procurad darles buen ejemplo, procurad no esconder vuestra piedad, procurad ser limpios en vuestra conducta: entonces aprender\u00e1n, y ser\u00e1n la corona de vuestra madurez y de vuestra vejez&#8221; [5].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&nbsp;<\/p>\n<div id=\"articulo\">\n<div id=\"art_texto\" align=\"justify\">\n<div class=\"p402_premium\">\n[1] Benedicto XVI, Discurso en la Vigilia de la Jornada Mundial de la Juventud de Colonia, 20-VIII-2005.<\/p>\n<p>[2] San Josemar\u00eda Escriv\u00e1 de Balaguer, Conversaciones, n. 103.<\/p>\n<p>[3] San Josemar\u00eda Escriv\u00e1 de Balaguer, Conversaciones, n. 100.<\/p>\n<p>[4] San Josemar\u00eda Escriv\u00e1 de Balaguer, Es Cristo que pasa, n. 27.<\/p>\n<p>[5] San Josemar\u00eda Escriv\u00e1 de Balaguer, Tertulia, 12-XI-1972, en http:\/\/ww.es.josemariaescriva.info\/articulo\/la-educacion-de-los-hijos<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"fb-root\" class=\" fb_reset\"><\/div>\n<div class=\"fb-comments fb_iframe_widget\"><\/div>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cada hijo es una muestra de confianza de Dios con los padres, que les encomienda el cuidado y la gu\u00eda de una criatura llamada a la felicidad eterna. 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