{"id":5925,"date":"2016-08-04T10:05:02","date_gmt":"2016-08-04T15:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/video-y-texto-meditacion-del-papa-en-la-basilica-de-santa-maria-de-los-angeles-en-asis\/"},"modified":"2016-08-04T10:05:02","modified_gmt":"2016-08-04T15:05:02","slug":"video-y-texto-meditacion-del-papa-en-la-basilica-de-santa-maria-de-los-angeles-en-asis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/video-y-texto-meditacion-del-papa-en-la-basilica-de-santa-maria-de-los-angeles-en-asis\/","title":{"rendered":"VIDEO y TEXTO: Meditaci\u00f3n del Papa en la Bas\u00edlica de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles en As\u00eds"},"content":{"rendered":"<p> As\u00eds, 04 Ago. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEn ocasi&oacute;n del octavo centenario del &ldquo;perd&oacute;n de As&iacute;s&rdquo;, el Papa Francisco lleg&oacute; hoy a esta ciudad italiana y ofreci&oacute; una especial meditaci&oacute;n sobre la misericordia de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n el texto completo de su alocuci&oacute;n:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos hermanos y hermanas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQuisiera recordar hoy, ante todo, las palabras que, seg&uacute;n la antigua tradici&oacute;n, San Francisco pronunci&oacute; justamente aqu&iacute; ante todo el pueblo y los obispos: &laquo;Quiero enviaros a todos al para&iacute;so&raquo;. &iquest;Qu&eacute; cosa m&aacute;s hermosa pod&iacute;a pedir el Poverello de As&iacute;s, si no el don de la salvaci&oacute;n, de la vida eterna con Dios y de la alegr&iacute;a sin fin, que Jes&uacute;s obtuvo para nosotros con su muerte y resurrecci&oacute;n?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl para&iacute;so, despu&eacute;s de todo, &iquest;qu&eacute; es sino ese misterio de amor que nos une por siempre con Dios para contemplarlo sin fin? La Iglesia profesa desde siempre esta fe cuando dice creer en la comuni&oacute;n de los santos. Jam&aacute;s estamos solos cuando vivimos la fe; nos hacen compa&ntilde;&iacute;a los santos y los beatos, y tambi&eacute;n las personas queridas que han vivido con sencillez y alegr&iacute;a la fe, y la han testimoniado con su vida. Hay un nexo invisible, pero no por eso menos real, que nos hace ser &laquo;un solo cuerpo&raquo;, en virtud del &uacute;nico Bautismo recibido, animados por &laquo;un solo Esp&iacute;ritu&raquo; (cf. Ef 4,4).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQuiz&aacute;s San Francisco, cuando ped&iacute;a al Papa Honorio III la gracia de la indulgencia para quienes ven&iacute;an a la Porci&uacute;ncula, pensaba en estas palabras de Jes&uacute;s a sus disc&iacute;pulos: &laquo;En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera as&iacute;, &iquest;os habr&iacute;a dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volver&eacute; y os llevar&eacute; conmigo, para que donde estoy yo, est&eacute;is tambi&eacute;n vosotros&raquo; (Jn 14,2-3).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa v&iacute;a maestra es ciertamente la del perd&oacute;n, que se debe recorrer para lograr ese puesto en el para&iacute;so. Es dif&iacute;cil perdonar. &iquest;Cu&aacute;nto nos cuesta perdonar? Pensemos en eso un poco. Y aqu&iacute;, en la Porci&uacute;ncula, todo habla de perd&oacute;n. Qu&eacute; gran regalo nos ha hecho el Se&ntilde;or ense&ntilde;&aacute;ndonos a perdonar para experimentar en carne propia la misericordia del Padre. Hemos escuchado hace unos instantes la par&aacute;bola con la que Jes&uacute;s nos ense&ntilde;a a perdonar (cf. Mt 18,21-35). &iquest;Por qu&eacute; debemos perdonar a una persona que nos ha hecho mal? Porque nosotros somos los primeros que hemos sido perdonados, e infinitamente m&aacute;s. No hay nadie aqu&iacute; entre nosotros que no haya perdonado. Pensemos en silencio, las cosas malas que hemos hecho y que Dios nos ha perdonado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa par&aacute;bola nos dice justamente esto: como Dios nos perdona, as&iacute; tambi&eacute;n nosotros debemos perdonar a quien nos hace mal. Es la caricia del perd&oacute;n, el coraz&oacute;n que acaricia y que perdona. Muy lejos del gesto &lsquo;me la pagar&aacute;s&rsquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tExactamente como en la oraci&oacute;n que Jes&uacute;s nos ense&ntilde;&oacute;, el Padre Nuestro, cuando decimos: &laquo;Perdona nuestros pecados como tambi&eacute;n nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo&raquo; (Mt 6,12). Las deudas son nuestros pecados ante Dios, y nuestros deudores son aquellos que nosotros debemos perdonar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCada uno de nosotros podr&iacute;a ser ese siervo de la par&aacute;bola que tiene que pagar una gran deuda, pero es tan grande que jam&aacute;s podr&iacute;a lograrlo. Tambi&eacute;n nosotros, cuando en el confesionario nos ponemos de rodillas ante el sacerdote, repetimos simplemente el mismo gesto del siervo. Decimos: &laquo;Se&ntilde;or, ten paciencia conmigo&raquo;. Paciencia conmigo. &iquest;Alguna vez han pensando en la paciencia de Dios? Nos tiene paciencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn efecto, sabemos bien que estamos llenos de defectos y recaemos frecuentemente en los mismos pecados. Sin embargo, Dios no se cansa de ofrecer siempre su perd&oacute;n cada vez que se lo pedimos. Es un perd&oacute;n pleno, total, con el que nos da la certeza de que, aun cuando podemos recaer en los mismos pecados, &Eacute;l tiene piedad de nosotros y no deja de amarnos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tComo el rey de la par&aacute;bola, Dios se apiada, prueba un sentimiento de piedad junto con el de la ternura: es una expresi&oacute;n para indicar su misericordia para con nosotros. Nuestro Padre se apiada siempre cuando estamos arrepentidos, y nos manda a casa con el coraz&oacute;n tranquilo y sereno, dici&eacute;ndonos que nos ha liberado y perdonado todo. El perd&oacute;n de Dios no conoce l&iacute;mites; va m&aacute;s all&aacute; de nuestra imaginaci&oacute;n y alcanza a quien reconoce, en el &iacute;ntimo del coraz&oacute;n, haberse equivocado y quiere volver a &eacute;l. Dios mira el coraz&oacute;n que pide ser perdonado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl problema, desgraciadamente, surge cuando nosotros nos ponemos a confrontarnos con nuestro hermano que nos ha hecho una peque&ntilde;a injusticia. La reacci&oacute;n que hemos escuchado en la par&aacute;bola es muy expresiva, lo tomaba por el cuello, lo sofocaba y le dec&iacute;a: &laquo;P&aacute;game lo que me debes&raquo; (Mt 18,28). En esta escena encontramos todo el drama de nuestras relaciones humanas. Cuando estamos nosotros en deuda con los dem&aacute;s, pretendemos la misericordia; en cambio cuando estamos en cr&eacute;dito, invocamos la justicia. Y todos hacemos esto, todos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEsta no es la reacci&oacute;n del disc&iacute;pulo de Cristo ni puede ser el estilo de vida de los cristianos. Jes&uacute;s nos ense&ntilde;a a perdonar, y a hacerlo sin l&iacute;mites: &laquo;No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete&raquo; (v. 22). As&iacute; pues, lo que nos propone es el amor del Padre, no nuestra pretensi&oacute;n de justicia. En efecto, limitarnos a lo justo, no nos mostrar&iacute;a como disc&iacute;pulos de Cristo, que han obtenido misericordia a los pies de la cruz s&oacute;lo en virtud del amor del Hijo de Dios. No olvidemos, las palabras severas con las que se concluye la par&aacute;bola: &laquo;Lo mismo har&aacute; con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de coraz&oacute;n a su hermano&raquo; (v. 35).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos hermanos y hermanas: el perd&oacute;n del que nos habla San Francisco se ha hecho &laquo;cauce&raquo; aqu&iacute; en la Porci&uacute;ncula, y contin&uacute;a a &laquo;generar para&iacute;so&raquo; todav&iacute;a despu&eacute;s de ocho siglos. En este A&ntilde;o Santo de la Misericordia, es todav&iacute;a m&aacute;s evidente c&oacute;mo la v&iacute;a del perd&oacute;n puede renovar verdaderamente la Iglesia y el mundo. Ofrecer el testimonio de la misericordia en el mundo de hoy es una tarea que ninguno de nosotros puede rehuir. Repito: ofrecer el testimonio de la misericordia en el mundo de hoy es una tarea que ninguno de nosotros puede rehuir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl mundo necesita el perd&oacute;n; demasiadas personas viven encerradas en el rencor e incuban el odio, porque, incapaces de perdonar, arruinan su propia vida y la de los dem&aacute;s, en lugar de encontrar la alegr&iacute;a de la serenidad y de la paz. Pedimos a San Francisco que interceda por nosotros, para que jam&aacute;s renunciemos a ser signos humildes de perd&oacute;n e instrumentos de misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tInvito a los frailes, a los obispos a ir al confesionario. Yo tambi&eacute;n ir&eacute;, para estar a disposici&oacute;n del perd&oacute;n. Har&aacute; bien recibirlo hoy, aqu&iacute;, juntos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQue el Se&ntilde;or nos d&eacute; la gracia de decir esa palabra que el Padre no nos deja terminar: esa que ha dicho el hijo pr&oacute;digo, padre he pecado con&hellip; le he tapado la boca. Lo ha abrazado. Nosotros comenzamos a decirle y &Eacute;l nos tapar&aacute; la boca y nos abrazar&aacute;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&lsquo;Padre, ma&ntilde;ana tengo miedo de decir lo mismo&rsquo;. No importa, vuelve, El Padre siempre mira el camino, mira en espera de que vuelva el hijo pr&oacute;digo. Y todos nosotros lo somos. Que el Se&ntilde;or nos d&eacute; esta gracia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>As\u00eds, 04 Ago. 16 (ACI).- En ocasi&oacute;n del octavo centenario del &ldquo;perd&oacute;n de As&iacute;s&rdquo;, el Papa Francisco lleg&oacute; hoy a esta ciudad italiana y ofreci&oacute; una especial meditaci&oacute;n sobre la misericordia de Dios. 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