{"id":6135,"date":"2016-08-13T05:15:02","date_gmt":"2016-08-13T10:15:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/cambiar-al-mundo\/"},"modified":"2016-08-13T05:15:02","modified_gmt":"2016-08-13T10:15:02","slug":"cambiar-al-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/cambiar-al-mundo\/","title":{"rendered":"\u201cCambiar al mundo\u201d"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">Cuando era joven y mi imaginaci\u00f3n no ten\u00eda l\u00edmites, so\u00f1aba con cambiar el mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Seg\u00fan fui haci\u00e9ndome mayor, pens\u00e9 que no hab\u00eda modo de cambiar el mundo, as\u00ed que me propuse un objetivo m\u00e1s modesto e intent\u00e9 cambiar s\u00f3lo mi pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero, con el tiempo, me pareci\u00f3 tambi\u00e9n imposible. Cuando llegu\u00e9 a la vejez, me conform\u00e9 con intentar cambiar a mi familia, a los m\u00e1s cercanos a m\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero tampoco consegu\u00ed casi nada. Ahora, en mi lecho de muerte, de repente he comprendido una cosa: si hubiera empezado por intentar cambiarme a m\u00ed mismo, tal vez mi familia habr\u00eda seguido mi ejemplo y habr\u00eda cambiado, y con su inspiraci\u00f3n y aliento quiz\u00e1 habr\u00eda sido capaz de cambiar mi pa\u00eds y \u2014quien sabe\u2014 tal vez incluso hubiera podido cambiar el mundo.-<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Este viejo relato, recogido en una l\u00e1pida de la Abad\u00eda de Westminster, puede servirnos como una interesante reflexi\u00f3n acerca del sentido cr\u00edtico y el deseo de cambio que todos tenemos en nuestro interior. Normalmente, la cr\u00edtica se ti\u00f1e del \u00e1nimo o la disposici\u00f3n interior que hay tras ella, y de la que muchas veces procede. Tambi\u00e9n sabemos que hay disposiciones mejores y peores, positivas y negativas, optimistas y pesimistas, y eso debemos tenerlo presente, y saber reconocerlo, pues resulta decisivo para comprobar la rectitud de nuestros juicios y la fiabilidad de nuestra capacidad de valoraci\u00f3n y de cr\u00edtica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Si damos entrada a la envidia, al orgullo, la ira, la ambici\u00f3n, o a cualquiera de las m\u00faltiples formas en que la soberbia se manifiesta en todos los hombres, ese \u00e1nimo o predisposici\u00f3n con que observamos a los dem\u00e1s condicionar\u00e1 todo lo que observamos. Y entonces perderemos objetividad en nuestros an\u00e1lisis y eficacia en nuestros empe\u00f1os por mejorar el mundo que nos rodea.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Solamente si hay una buena disposici\u00f3n, si se ve a los dem\u00e1s con el necesario afecto, deseando su bien, s\u00f3lo entonces la cr\u00edtica re\u00fane las condiciones que requiere para ser una cr\u00edtica \u00fatil y constructiva. Y s\u00f3lo entonces es un acto de virtud para quien la practica y una verdadera ayuda para quien la recibe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Y para entender y realizar as\u00ed la cr\u00edtica, es preciso ensayarla primero con uno mismo, como advirti\u00f3 al final de su vida el protagonista de aquella reflexi\u00f3n. S\u00f3lo cuando se sabe lo que cuesta mejorar, lo dif\u00edcil que resulta y, al tiempo, lo importante y liberador que es, s\u00f3lo entonces se puede observar a los dem\u00e1s con cierta objetividad y ayudarles realmente. El que sabe decirse las cosas claras a s\u00ed mismo, sabe c\u00f3mo y cu\u00e1ndo dec\u00edrselas a los dem\u00e1s, y sabe tambi\u00e9n escucharlas con buena disposici\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Saber recibir y aceptar la cr\u00edtica es prueba de profunda sabidur\u00eda. Dejarse decir las cosas es signo cierto de grandeza espiritual y de inteligencia clara. Aprender de la cr\u00edtica es decisivo para hacer rendir los propios talentos. En cambio, quien no soporta que se le critique nada, e incluso ataca a quien ha tenido la atenci\u00f3n y el desvelo de hacerle una cr\u00edtica honesta y buena, o incluso se ensa\u00f1a con el mensajero, esa persona dif\u00edcilmente saldr\u00e1 de sus errores, que con seguridad ser\u00e1n numerosos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No se trata de vivir siempre pendiente de la cr\u00edtica, bailando al son de lo que se diga o se deje de decir sobre lo que hacemos o somos, porque esa preocupaci\u00f3n acabar\u00eda siendo patol\u00f3gica. El que no hace nada no suele recibir cr\u00edticas, pero el que hace mucho suele ser criticado por todos: lo critican los que no hacen nada, porque ven su vida y su trabajo como una acusaci\u00f3n; lo critican los que obran de modo contrario, porque lo consideran un enemigo; y lo critican a veces tambi\u00e9n los que hacen las mismas o parecidas cosas, porque se ponen celosos. Tiene que hacerse perdonar por los que apenas hacen nada y por los que no conciben que se pueda hacer nada bueno sin contar con ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En todo caso, y como tambi\u00e9n advirti\u00f3 con lucidez aquel hombre al final de sus d\u00edas, la clave de nuestra capacidad de hacer cambiar a los dem\u00e1s est\u00e1 siempre ligada a nuestra capacidad de cambiarnos a nosotros mismos.<\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando era joven y mi imaginaci\u00f3n no ten\u00eda l\u00edmites, so\u00f1aba con cambiar el mundo. Seg\u00fan fui haci\u00e9ndome mayor, pens\u00e9 que no hab\u00eda modo de cambiar el mundo, as\u00ed que me propuse un objetivo m\u00e1s modesto e intent\u00e9 cambiar s\u00f3lo mi pa\u00eds. Pero, con el tiempo, me pareci\u00f3 tambi\u00e9n imposible. 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