{"id":6658,"date":"2016-09-03T05:05:02","date_gmt":"2016-09-03T10:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-catequesis-del-papa-en-jubileo-de-los-voluntarios-y-operadores-de-la-misericordia\/"},"modified":"2016-09-03T05:05:02","modified_gmt":"2016-09-03T10:05:02","slug":"texto-catequesis-del-papa-en-jubileo-de-los-voluntarios-y-operadores-de-la-misericordia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-catequesis-del-papa-en-jubileo-de-los-voluntarios-y-operadores-de-la-misericordia\/","title":{"rendered":"TEXTO: Catequesis del Papa en Jubileo de los Voluntarios y Operadores de la Misericordia"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 03 Sep. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco celebr&oacute; la ma&ntilde;ana del 3 de septiembre una nueva Audiencia Jubilar con ocasi&oacute;n del Jubileo de los Voluntarios y Operarios de la Misericordia dedicada al amor y la caridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl Santo Padre invit&oacute; a imitar el ejemplo de Madre Teresa, quien ma&ntilde;ana ser&aacute; proclamada santa, y pedir &ldquo;ser instrumentos humildes en las manos de Dios para aliviar el sufrimiento del mundo, y dar la alegr&iacute;a y la esperanza de la resurrecci&oacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n el texto completo de la audiencia:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos hermanos y hermanas, buenos d&iacute;as.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHemos escuchado el himno de la caridad que el ap&oacute;stol Pablo escribi&oacute; a la comunidad de Corinto, y que constituye una de las p&aacute;ginas m&aacute;s hermosas y m&aacute;s exigentes para el testimonio de nuestra fe (cf. 1 Co 13,1-13). San Pablo ha hablado muchas veces del amor y de la fe en sus escritos; sin embargo, en este texto se nos ofrece algo extraordinariamente grande y original. &Eacute;l afirma que el amor, a diferencia de la fe y de la esperanza, &laquo;no pasar&aacute; jam&aacute;s&raquo; (v. 8). Esta ense&ntilde;anza debe ser para nosotros una certeza inquebrantable; el amor de Dios no cesar&aacute; nunca, ni en nuestra vida ni en la historia del mundo. Es un amor que permanece siempre joven, activo y din&aacute;mico, y que atrae hacia s&iacute; de un modo incomparable. Es un amor fiel que no traiciona, a pesar de nuestras contradicciones. Es un amor fecundo que genera y va m&aacute;s all&aacute; de nuestra pereza. En efecto, de este amor todos somos testigos. El amor de Dios nos sale al encuentro, como un r&iacute;o en crecida que nos arrolla pero sin aniquilarnos; m&aacute;s bien, es condici&oacute;n de vida: &laquo;Si no tengo amor, no soy nada&raquo;, dice san Pablo (v. 2). Cuanto m&aacute;s nos dejamos involucrar por este amor, tanto m&aacute;s se regenera nuestra vida. Verdaderamente deber&iacute;amos decir con toda nuestra fuerza: soy amado, luego existo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl amor del que nos habla el Ap&oacute;stol no es algo abstracto ni vago; al contrario, es un amor que se ve, se toca y se experimenta en primera persona. La forma m&aacute;s grande y expresiva de este amor es Jes&uacute;s. Toda su persona y su vida no es otra cosa que una manifestaci&oacute;n concreta del amor del Padre, hasta llegar al momento culminante: &laquo;la prueba de que Dios nos ama es que Cristo muri&oacute; por nosotros cuando todav&iacute;a &eacute;ramos pecadores&raquo; (Rm 5,8). Del Calvario, donde el sufrimiento del Hijo de Dios alcanza su culmen, brota el manantial de amor que cancela todo pecado y que todo recrea en una vida nueva. Llevemos siempre con nosotros, de modo indeleble, esta certeza de la fe: Cristo &laquo;me am&oacute; y se entreg&oacute; por m&iacute;&raquo; (Ga 2,20). Nada ni nadie podr&aacute; separarnos del amor de Dios (cf. Rm 8,35-39). Por tanto, el amor es la expresi&oacute;n m&aacute;s alta de toda la vida y nos permite existir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAnte este contenido tan esencial de la fe, la Iglesia no puede permitirse actuar como lo hicieron el sacerdote y el levita con el hombre abandonado medio muerto en el camino (cf. Lc 10,25-36). No se puede mirar para otro lado y dar la espalda para no ver muchas formas de pobreza que piden misericordia. No ser&iacute;a digno de la Iglesia ni de un cristiano &laquo;pasar de largo&raquo; y pretender tener la conciencia tranquila s&oacute;lo porque se ha rezado. El Calvario es siempre actual; no ha desaparecido ni permanece s&oacute;lo como un hermoso cuadro en nuestras iglesias. Ese v&eacute;rtice de compasi&oacute;n, del que brota el amor de Dios hacia la miseria humana, nos sigue hablando hoy, anim&aacute;ndonos a ofrecer nuevos signos de misericordia. No me cansar&eacute; nunca de decir que la misericordia de Dios no es una idea bonita, sino una acci&oacute;n concreta; y que la misericordia humana no ser&aacute; aut&eacute;ntica hasta que no se concrete en el actuar diario. La admonici&oacute;n del ap&oacute;stol Juan sigue siendo v&aacute;lida: &laquo;Hijitos m&iacute;os, no amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad&raquo; (1 Jn 3,18). De hecho, la verdad de la misericordia se comprueba en nuestros gestos cotidianos que hacen visible la acci&oacute;n de Dios en medio de nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHermanos y hermanas, vosotros represent&aacute;is el gran y variado mundo del voluntariado. Entre las realidades m&aacute;s hermosas de la Iglesia os encontr&aacute;is vosotros que cada d&iacute;a, casi siempre de forma silenciosa y oculta, dais forma y visibilidad a la misericordia. Vosotros manifest&aacute;is uno de los deseos m&aacute;s hermosos del coraz&oacute;n del hombre: hacer que una persona que sufre se sienta amada. En las distintas condiciones de indigencia y necesidad de muchas personas, vuestra presencia es la mano tendida de Cristo que llega a todos. La credibilidad de la Iglesia pasa tambi&eacute;n de manera convincente a trav&eacute;s de vuestro servicio a los ni&ntilde;os abandonados, los enfermos, los pobres sin comida ni trabajo, los ancianos, los sintecho, los prisioneros, los refugiados y los emigrantes, as&iacute; como a todos aquellos que han sido golpeados por las cat&aacute;strofes naturales&#8230; En definitiva, dondequiera que haya una petici&oacute;n de auxilio, all&iacute; llega vuestro testimonio activo y desinteresado. Vosotros hac&eacute;is visible la ley de Cristo, la de llevar los unos los pesos de los otros (cf. Ga 6,2; Jn 13,24). Sed siempre diligentes en la solidaridad, fuertes en la cercan&iacute;a, sol&iacute;citos en generar alegr&iacute;a y convincentes en el consuelo. El mundo tiene necesidad de signos concretos de solidaridad, sobre todo ante la tentaci&oacute;n de la indiferencia, y requiere personas capaces de contrarrestar con su vida el individualismo, el pensar s&oacute;lo en s&iacute; mismo y desinteresarse de los hermanos necesitados. Estad siempre contentos y llenos de alegr&iacute;a por vuestro servicio, pero no dej&eacute;is que nunca sea motivo de presunci&oacute;n que lleva a sentirse mejores que los dem&aacute;s. Por el contrario, vuestra obra de misericordia sea la humilde y elocuente prolongaci&oacute;n de Jesucristo que sigue inclin&aacute;ndose y haci&eacute;ndose cargo de quien sufre. De hecho, el amor &laquo;edifica&raquo; (1 Co 8,1) y, d&iacute;a tras d&iacute;a, permite a nuestras comunidades ser signo de la comuni&oacute;n fraterna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMa&ntilde;ana, tendremos la alegr&iacute;a de ver a Madre Teresa proclamada santa. Este testimonio de misericordia de nuestro tiempo se a&ntilde;ade a la innumerable lista de hombres y mujeres que han hecho visible con su santidad el amor de Cristo. Imitemos tambi&eacute;n nosotros su ejemplo, y pidamos ser instrumentos humildes en las manos de Dios para aliviar el sufrimiento del mundo, y dar la alegr&iacute;a y la esperanza de la resurrecci&oacute;n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 03 Sep. 16 (ACI).- El Papa Francisco celebr&oacute; la ma&ntilde;ana del 3 de septiembre una nueva Audiencia Jubilar con ocasi&oacute;n del Jubileo de los Voluntarios y Operarios de la Misericordia dedicada al amor y la caridad. 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