{"id":6853,"date":"2016-09-10T10:15:01","date_gmt":"2016-09-10T15:15:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/san-juan-gabriel-perboyre-11-de-septiembre\/"},"modified":"2016-09-10T10:15:01","modified_gmt":"2016-09-10T15:15:01","slug":"san-juan-gabriel-perboyre-11-de-septiembre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/san-juan-gabriel-perboyre-11-de-septiembre\/","title":{"rendered":"San Juan Gabriel Perboyre \u2013 11 de septiembre  \u00a0"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">(ZENIT &#8211; Madrid).- Su espeluznante martirio en la misi\u00f3n de China, plagado de torturas, puede equipararse por su refinada crueldad a otros estremecedores que tantas veces han segado la vida de los fieles seguidores de Cristo. Era natural de Puech de Montgesty, Francia, donde naci\u00f3 el 6 de enero de 1802. Fue el primog\u00e9nito de ocho hermanos. Al parecer, su vocaci\u00f3n al martirio como misionero se suscit\u00f3 siendo ni\u00f1o ante la encendida pr\u00e9dica que un sacerdote hizo en una de las iglesias que sol\u00eda frecuentar. Que ingresara en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n era algo comprensible ya que un t\u00edo paterno formaba parte de la misma, y sus allegados viv\u00edan este hecho como una bendici\u00f3n. Gran parte de los varones de la familia fueron ordenados sacerdotes. Poco antes de cumplir los 15 a\u00f1os, Juan Gabriel afirm\u00f3 que quer\u00eda ser misionero. Y cumpli\u00f3 su deseo ingresando en el seminario de Montauban, regido por los padres lazaristas que estaban impregnados del carisma de san Vicente de Pa\u00fal. En realidad \u00e9l fue como simple acompa\u00f1ante de su hermano peque\u00f1o Luis, con la idea de permanecer all\u00ed por una temporada. Pero se sinti\u00f3 llamado al sacerdocio y a lo largo del noviciado ratific\u00f3 su anhelo de derramar su sangre por amor a Cristo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Fue ordenado en septiembre de 1825 por el obispo de Montauban, y aunque le urg\u00eda partir a las misiones tuvo que esperar doce a\u00f1os para cumplir su sue\u00f1o. Quiso ocupar el lugar de su hermano Lu\u00eds que hab\u00eda muerto de unas fiebres mientras navegaba rumbo a China. Pero no gozaba de buena salud, y sus superiores lo nombraron subdirector del noviciado de Par\u00eds despu\u00e9s de haber ejercido la docencia brillantemente en el seminario de Saint-Flour. Hasta all\u00ed llegaban noticias del martirio de otros hermanos que no hac\u00edan m\u00e1s que alimentar su deseo de morir por Cristo. Ante las prendas que vest\u00eda el P. Clet, uno de los religiosos que hab\u00eda alcanzado esa palma a\u00f1orada por \u00e9l, manifest\u00f3: <em>\u00abHe aqu\u00ed el h\u00e1bito de un m\u00e1rtir&#8230; \u00a1cu\u00e1nta felicidad si un d\u00eda tuvi\u00e9ramos la misma suerte\u00bb [\u2026]. \u00abRezad para que mi salud se fortifique y que pueda ir a la China, a fin de predicar a Jesucristo y de morir por \u00c9l\u00bb.<\/em> Pero sus hermanos ya conoc\u00edan su af\u00e1n por restablecerse f\u00edsicamente para que su d\u00e9bil constituci\u00f3n no le impidiera viajar a China, difundir all\u00ed el Evangelio y obtener la corona martirial. No ocultaba que hab\u00eda ingresado en la Orden con ese exclusivo fin.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Finalmente, como en 1835 los m\u00e9dicos autorizaron su partida, los superiores dieron tambi\u00e9n su visto bueno. El intr\u00e9pido ap\u00f3stol llego a Macao en marzo de 1836. Estudi\u00f3 con verdadero ah\u00ednco la lengua china y adopt\u00f3 las costumbres y vestimenta de los ciudadanos, rap\u00e1ndose la cabeza y dejando crecer su pelo y bigotes. Los dos a\u00f1os que permaneci\u00f3 en Ho-nan y en Hu-p\u00e9 se caracterizaron por una intensa acci\u00f3n apost\u00f3lica entre los ni\u00f1os abandonados a los que asist\u00eda, alimentaba e instru\u00eda. Las duras inclemencias del tiempo no le detuvieron. Padeci\u00f3 innumerables fatigas, entre otras, las provenientes de sus agotadores desplazamientos que sol\u00eda realizar a pie o bien en carretas tiradas por bueyes, siempre alegre, sin importarle pasar hambre y sed, o mantenerse en un estado de vigilia. <em>\u00ab<\/em><em>Hay que ganarse el cielo con el sudor de la frente<\/em><em>\u00bb<\/em>, dec\u00eda. Todo se le hac\u00eda poco para poder transmitir el amor a Cristo: su \u00fanica pasi\u00f3n: <em>\u00ab<\/em><em>Jesucristo es el gran maestro de la ciencia; s\u00f3lo \u00c9l da la verdadera luz. Toda ciencia que no procede de \u00c9l y no conduce a \u00c9l es vana, in\u00fatil y peligrosa. No hay m\u00e1s que una sola cosa importante: conocer y amar a Jesucristo<\/em><em>\u00bb<\/em><em>.<\/em> Con su gracia super\u00f3 momentos de des\u00e1nimo que le asaltaron alguna vez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En 1839 se desat\u00f3 una persecuci\u00f3n y los misioneros de la comunidad de Hu-p\u00e9 donde Juan Gabriel estaba destinado, tuvieron que huir. Llegaba su momento; se hallaba preparado. Tanto su familia como su superior conoc\u00edan su absoluta disponibilidad a cumplir la voluntad divina, su deseo de unirse al Redentor. El valeroso misionero hab\u00eda escrito a su padre anticip\u00e1ndose a darle consuelo ante la m\u00e1s que previsible muerte que sab\u00eda que le aguardaba y que ansiaba: <em>\u00ab<\/em><em>Si tuvi\u00e9ramos que sufrir el martirio, ser\u00eda una gracia grande que se nos conceder\u00eda; es algo para desear, no para temer<\/em><em>\u00bb<\/em>. Y al superior general le transmit\u00eda su paz con la sabidur\u00eda encarnada en Cristo, fruto de su oraci\u00f3n, exponiendo con claridad lo que conoc\u00eda sobradamente acerca de la vida misionera; de forma impl\u00edcita ratificaba su cotidiano abrazo a la cruz y su serena espera ante el martirio: <em>\u00ab<\/em><em>No s\u00e9 qu\u00e9 me reservar\u00e1 el futuro. Sin duda muchas cruces. Es la cruz el pan cotidiano del misionero<\/em><em>\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No era temerario. Y cuando todos huyeron, \u00e9l se refugi\u00f3 en un bosque. Pero un mandar\u00edn convertido lo delat\u00f3 por treinta ta\u00e9is, moneda china. A partir de ese instante los atroces suplicios que tuvo que sufrir fueron indecibles. En un papel impregnado de sangre escribi\u00f3 a la comunidad narrando parte de lo que hab\u00eda padecido hasta ese momento, dando respuesta a la petici\u00f3n el P. Rizzolati. Le torturaron salvajemente con tal de lograr que apostatase de su fe en Cristo. Pero \u00e9l se mantuvo inalterable, sin proferir ninguna queja. Como sobreviv\u00eda a los crueles tormentos, lo encarcelaban para volver a atormentarlo con m\u00e1s violencia si cabe. El virrey no logr\u00f3 que pisoteara el crucifijo. Y el 11 de septiembre de 1840 despu\u00e9s de haber permanecido aherrojado con grilletes y haber sido tratado con tanta ferocidad en Ou-tchang-fou, lo ataron a un madero en forma de cruz muriendo estrangulado. Ten\u00eda 38 a\u00f1os. Le\u00f3n XIII lo beatific\u00f3 el 10 de noviembre de 1889. Juan Pablo II lo canoniz\u00f3 el 2 de junio de 1996. Sus restos reposan en Par\u00eds, en la capilla de la sede general de su Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&nbsp;<\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(ZENIT &#8211; Madrid).- Su espeluznante martirio en la misi\u00f3n de China, plagado de torturas, puede equipararse por su refinada crueldad a otros estremecedores que tantas veces han segado la vida de los fieles seguidores de Cristo. Era natural de Puech de Montgesty, Francia, donde naci\u00f3 el 6 de enero de 1802. 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