{"id":7135,"date":"2016-09-21T06:05:04","date_gmt":"2016-09-21T11:05:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-catequesis-del-papa-francisco-sobre-la-importancia-del-perdon-y-el-dar\/"},"modified":"2016-09-21T06:05:04","modified_gmt":"2016-09-21T11:05:04","slug":"texto-catequesis-del-papa-francisco-sobre-la-importancia-del-perdon-y-el-dar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-catequesis-del-papa-francisco-sobre-la-importancia-del-perdon-y-el-dar\/","title":{"rendered":"TEXTO Catequesis del Papa Francisco sobre la importancia del perd\u00f3n y el dar"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 21 Sep. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco dedic&oacute; la catequesis de la Audiencia General de este mi&eacute;rcoles a hablar del perd&oacute;n y la donaci&oacute;n, es decir, de dar al que lo necesita.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&ldquo;Si Dios me ha perdonado, &iquest;por qu&eacute; no debo perdonar a los dem&aacute;s? &iquest;Soy m&aacute;s grande de Dios? &iquest;Entienden esto? Este pilar del perd&oacute;n nos muestra la gratuidad del amor de Dios, que nos ha amado primero. Juzgar y condenar al hermano que peca es equivocado&rdquo;, dijo Francisco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, el texto completo de la catequesis:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos hermanos y hermanas, &iexcl;buenos d&iacute;as!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHemos escuchado el pasaje del Evangelio de Lucas (6,36-38) del cual es tomado el lema de este A&ntilde;o Santo Extraordinario: Misericordiosos como el Padre. La expresi&oacute;n completa es: &laquo;Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso&raquo; (v. 36). No se trata de un slogan, sino de un compromiso de vida. Para comprender bien esta expresi&oacute;n, podemos confrontarla con aquella paralela del Evangelio de Mateo, donde Jes&uacute;s dice: &laquo;Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que est&aacute; en el cielo&raquo; (5,48). En el llamado discurso de la monta&ntilde;a, que inicia con las Bienaventuranzas, el Se&ntilde;or ense&ntilde;a que la perfecci&oacute;n consiste en el amor, cumplimiento de todos los preceptos de la Ley. En esta misma perspectiva, San Lucas precisa que la perfecci&oacute;n es el amor misericordioso: ser perfectos significa ser misericordiosos. &iquest;Una persona que no es misericordiosa es perfecta? &iexcl;No! &iquest;Una persona que no es misericordiosa es buena? &iexcl;No! La bondad y la perfecci&oacute;n radican en la misericordia. Cierto, Dios es perfecto. Todav&iacute;a, si lo consideramos as&iacute;, se hace imposible para los hombres alcanzar esta absoluta perfecci&oacute;n. En cambio, tenerlo ante los ojos como misericordioso, nos permite comprender mejor en que consiste su perfecci&oacute;n y nos impulsa a ser como &Eacute;l llenos de amor, de compasi&oacute;n y misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPero me pregunto: &iquest;Las palabras de Jes&uacute;s son reales? &iquest;Es de verdad posible amar como ama Dios y ser misericordiosos como &Eacute;l?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSi miramos la historia de la salvaci&oacute;n, vemos que toda la revelaci&oacute;n de Dios es un incesante e inagotable amor por los hombres: Dios es como un padre o como una madre que ama con un amor infinito y lo derrama con abundancia sobre toda creatura. La muerte de Jes&uacute;s en la cruz es el culmen de la historia de amor de Dios con el hombre. Un amor talmente grande que solo Dios lo puede realizar. Es evidente que, relacionado con este amor que no tiene medidas, nuestro amor siempre ser&aacute; en defecto. Pero, &iexcl;cuando Jes&uacute;s nos pide ser misericordiosos como el Padre, no piensa en la cantidad! &Eacute;l pide a sus disc&iacute;pulos convertirse en signo, canales, testigos de su misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY la Iglesia no puede dejar de ser sacramento de la misericordia de Dios en el mundo, en todo tiempo y hacia toda la humanidad. Todo cristiano, por lo tanto, es llamado a ser testigo de la misericordia, y esto sucede en el camino a la santidad. &iexcl;Pensemos en tantos santos que se han hecho misericordiosos porque se han dejado llenar el coraz&oacute;n con la divina misericordia! Han dado cuerpo al amor del Se&ntilde;or derram&aacute;ndolo en las m&uacute;ltiples necesidades de la humanidad sufriente. En este florecer de tantas formas de caridad es posible reconocer los reflejos del rostro misericordioso de Cristo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNos preguntamos: &iquest;Qu&eacute; significa para los disc&iacute;pulos ser misericordiosos? Y esto es explicado por Jes&uacute;s con dos verbos: &laquo;perdonar&raquo; (v. 37) y &laquo;donar&raquo; (v. 38).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa misericordia se expresa, sobre todo, en el perd&oacute;n: &laquo;No juzguen y no ser&aacute;n juzgados; no condenen y no ser&aacute;n condenados; perdonen y ser&aacute;n perdonados&raquo; (v. 37). Jes&uacute;s no pretende alterar el curso de la justicia humana, todav&iacute;a recuerda a los disc&iacute;pulos que pera tener relaciones fraternas se necesita suspender los juicios y las condenas. De hecho, es el perd&oacute;n el pilar que sostiene la vida de la comunidad cristiana, porque en ella se manifiesta la gratuidad del amor con el cual Dios nos ha amado primero. &iexcl;El cristiano debe perdonar! Pero &iquest;Por qu&eacute;? Porque ha sido perdonado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTodos nosotros que estamos aqu&iacute;, hoy, en la Plaza, todos nosotros, hemos sido perdonados. Ninguno de nosotros, en su vida, no ha tenido necesidad del perd&oacute;n de Dios. Y porque nosotros hemos sido perdonados, debemos perdonar. Y lo recitamos todos los d&iacute;as en el Padre Nuestro: &ldquo;Perdona nuestros pecados; perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores&rdquo;. Es decir, perdonar las ofensas, perdonar tantas cosas, porque nosotros hemos sido perdonados de tantas ofensas, de tantos pecados. Y as&iacute; es f&aacute;cil perdonar. Si Dios me ha perdonado, &iquest;por qu&eacute; no debo perdonar a los dem&aacute;s? &iquest;Soy m&aacute;s grande de Dios? &iquest;Entienden esto? Este pilar del perd&oacute;n nos muestra la gratuidad del amor de Dios, que nos ha amado primero. Juzgar y condenar al hermano que peca es equivocado. No porque no se quiera reconocer el pecado, sino porque condenar al pecador rompe la relaci&oacute;n de fraternidad con &eacute;l y desprecia la misericordia de Dios, que en cambio no quiere renunciar a ninguno de sus hijos. No tenemos el poder de condenar a nuestro hermano que se equivoca, no estamos por encima &eacute;l: al contrario tenemos el deber de rescatarlo a la dignidad de hijo del Padre y de acompa&ntilde;arlo en su camino de conversi&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA su Iglesia, a nosotros, Jes&uacute;s indica tambi&eacute;n un segundo pilar: &ldquo;donar&rdquo;. Perdonar es el primer pilar; donar es el segundo pilar. &laquo;Den, y se les dar&aacute; [&hellip;] Porque la medida con que ustedes midan tambi&eacute;n se usar&aacute; para ustedes&raquo; (v. 38). Dios dona muy por encima de nuestros m&eacute;ritos, pero ser&aacute; todav&iacute;a m&aacute;s generoso con cuantos aqu&iacute; en la tierra ser&aacute;n generosos. Jes&uacute;s no dice que cosa suceder&aacute; a quienes no donan, pero la imagen de la &ldquo;medida&rdquo; constituye una exhortaci&oacute;n: con la medida&nbsp; del amor que damos, seremos nosotros mismos a decidir c&oacute;mo seremos juzgados, como seremos amados. Si observamos bien, existe una l&oacute;gica coherente: &iexcl;en la medida con la cual se recibe de Dios, se dona al hermano, y en la medida con la cual se dona al hermano, se recibe de Dios!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl amor misericordioso es por esto la &uacute;nica v&iacute;a a seguir. Cuanta necesidad tenemos todos de ser un poco misericordiosos, de no hablar mal de los dem&aacute;s, de no juzgar, de no &ldquo;desplumar&rdquo; a los dem&aacute;s con las cr&iacute;ticas, con las envidias, con los celos. &iexcl;No! Perdonar, ser misericordiosos, vivir nuestra vida en el amor y donar. Esa &ndash; caridad y este amor &ndash; permite a los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s no perder la identidad recibida de &Eacute;l, y de reconocerse como hijos del mismo Padre. En el amor que ellos &ndash; es decir, nosotros &ndash; practicamos en la vida se refleja as&iacute; aquella Misericordia que no tendr&aacute; jam&aacute;s fin (Cfr. 1 Cor 13,1-12). Pero no se olviden de esto: misericordia y don; perd&oacute;n y don. As&iacute; el coraz&oacute;n crece, crece en el amor. En cambio, el ego&iacute;smo, la rabia, hace el coraz&oacute;n peque&ntilde;o, peque&ntilde;o, peque&ntilde;o, peque&ntilde;o y se endurece como una piedra. &iquest;Qu&eacute; cosa prefieren ustedes? &iquest;Un coraz&oacute;n de piedra? Les pregunto, respondan: &ldquo;No&rdquo;. No escucho bien&hellip; &ldquo;No&rdquo;. &iquest;Un coraz&oacute;n lleno de amor? &ldquo;Si&rdquo;. &iexcl;Si prefieren un coraz&oacute;n lleno de amor, sean misericordiosos!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTambi&eacute;n te puede interesar:&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t\tPapa Francisco: &iquest;Quieres tener un coraz&oacute;n de piedra o poder amar sin l&iacute;mites? https:\/\/t.co\/mNa3LjZcq1<\/p>\n<p>\t&mdash; ACI Prensa (@aciprensa) 21 de septiembre de 2016<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 21 Sep. 16 (ACI).- El Papa Francisco dedic&oacute; la catequesis de la Audiencia General de este mi&eacute;rcoles a hablar del perd&oacute;n y la donaci&oacute;n, es decir, de dar al que lo necesita. &ldquo;Si Dios me ha perdonado, &iquest;por qu&eacute; no debo perdonar a los dem&aacute;s? &iquest;Soy m&aacute;s grande de Dios? &iquest;Entienden esto? 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