{"id":7427,"date":"2016-10-01T03:05:02","date_gmt":"2016-10-01T08:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-en-tiflis-georgia\/"},"modified":"2016-10-01T03:05:02","modified_gmt":"2016-10-01T08:05:02","slug":"texto-completo-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-en-tiflis-georgia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-en-tiflis-georgia\/","title":{"rendered":"TEXTO COMPLETO: Homil\u00eda del Papa Francisco en la Misa en Tiflis, Georgia"},"content":{"rendered":"<p> TIFLIS, 01 Oct. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco celebr&oacute; esta ma&ntilde;ana en Georgia una Misa en el estadio Mikheil Meskhi, en la ciudad de Tiflis, para la segunda parte de su viaje apost&oacute;lico a la regi&oacute;n del C&aacute;ucaso, tras su visita a Armenia en junio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n el texto completo de la homil&iacute;a:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEntre los muchos tesoros de este espl&eacute;ndido pa&iacute;s destaca el gran valor que representan las mujeres. Ellas &mdash;escrib&iacute;a santa Teresa del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s, cuya memoria celebramos hoy&mdash; &laquo;aman a Dios en n&uacute;mero mucho mayor que los hombres&raquo; (Manuscritos autobiogr&aacute;ficos, Manuscrito A, VI). Aqu&iacute; en Georgia, hay muchas abuelas y madres que siguen conservando y transmitiendo la fe, sembrada en esta tierra por santa Nino, y llevan el agua fresca del consuelo de Dios a muchas situaciones de desierto y conflicto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEsto nos ayuda a comprender la belleza de lo que el Se&ntilde;or dice en la primera lectura de hoy: &laquo;Como a un ni&ntilde;o a quien su madre consuela, as&iacute; os consolar&eacute; yo&raquo; (Is 66,13). Como una madre toma sobre s&iacute; el peso y el cansancio de sus hijos, as&iacute; quiere Dios cargar con nuestros pecados e inquietudes; &eacute;l, que nos conoce y ama infinitamente, es sensible a nuestra oraci&oacute;n y sabe enjugar nuestras l&aacute;grimas. Cada vez que nos mira se conmueve y se enternece con un amor entra&ntilde;able, porque, m&aacute;s all&aacute; del mal que podemos hacer, somos siempre sus hijos; desea tomarnos en brazos, protegernos, librarnos de los peligros y del mal. Dejemos que resuenen en nuestro coraz&oacute;n las palabras que hoy nos dirige: &laquo;Como una madre consuela, as&iacute; os consolar&eacute; yo&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl consuelo que necesitamos, en medio de las vicisitudes turbulentas de la vida, es la presencia de Dios en el coraz&oacute;n. Porque su presencia en nosotros es la fuente del verdadero consuelo, que permanece, que libera del mal, que trae la paz y acrecienta la alegr&iacute;a. Por lo tanto, si queremos ser consolados, tenemos que dejar que el Se&ntilde;or entre en nuestra vida. Y para que el Se&ntilde;or habite establemente en nosotros, es necesario abrirle la puerta y no dejarlo fuera. Hay que tener siempre abiertas las puertas del consuelo porque Jes&uacute;s quiere entrar por ah&iacute;: por el Evangelio le&iacute;do cada d&iacute;a y llevado siempre con nosotros, la oraci&oacute;n silenciosa y de adoraci&oacute;n, la Confesi&oacute;n y la Eucarist&iacute;a. A trav&eacute;s de estas puertas el Se&ntilde;or entra y hace que las cosas tengan un sabor nuevo. Pero cuando la puerta del coraz&oacute;n se cierra, su luz no llega y se queda a oscuras. Entonces nos acostumbramos al pesimismo, a lo que no funciona bien, a las realidades que nunca cambiar&aacute;n. Y terminamos por encerrarnos dentro de nosotros mismos en la tristeza, en los s&oacute;tanos de la angustia, solos. Si, por el contrario, abrimos de par en par las puertas del consuelo, entrar&aacute; la luz del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPero Dios no nos consuela s&oacute;lo en el coraz&oacute;n; por medio del profeta Isa&iacute;as, a&ntilde;ade: &laquo;En Jerusal&eacute;n ser&eacute;is consolados&raquo; (66,13). En Jerusal&eacute;n, en la comunidad, es decir en la ciudad de Dios: cuando estamos unidos, cuando hay comuni&oacute;n entre nosotros obra el consuelo de Dios. En la Iglesia se encuentra consuelo, la Iglesia es la casa del consuelo: aqu&iacute; Dios desea consolar. Podemos preguntarnos: Yo, que estoy en la Iglesia, &iquest;soy portador del consuelo de Dios? &iquest;S&eacute; acoger al otro como hu&eacute;sped y consolar a quien veo cansado y desilusionado? El cristiano, incluso cuando padece aflicci&oacute;n y acoso, est&aacute; siempre llamado a infundir esperanza a quien est&aacute; resignado, a alentar a quien est&aacute; desanimado, a llevar la luz de Jes&uacute;s, el calor de su presencia y el alivio de su perd&oacute;n. Muchos sufren, experimentan pruebas e injusticias, viven preocupados. Es necesaria la unci&oacute;n del coraz&oacute;n, el consuelo del Se&ntilde;or que no elimina los problemas, pero da la fuerza del amor, que ayuda a llevar con paz el dolor. Recibir y llevar el consuelo de Dios: esta misi&oacute;n de la Iglesia es urgente. Queridos hermanos y hermanas, sint&aacute;monos llamados a esto; no a fosilizarnos en lo que no funciona a nuestro alrededor o a entristecernos cuando vemos alg&uacute;n desacuerdo entre nosotros. No est&aacute; bien que nos acostumbremos a un &laquo;microclima&raquo; eclesial cerrado, es bueno que compartamos horizontes de esperanza amplios y abiertos, viviendo el entusiasmo humilde de abrir las puertas y salir de nosotros mismos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPero hay una condici&oacute;n fundamental para recibir el consuelo de Dios, y que hoy nos recuerda su Palabra: hacerse peque&ntilde;os como ni&ntilde;os (cf. Mt 18,3-4), ser &laquo;como un ni&ntilde;o en brazos de su madre&raquo; (Sal 130,2). Para acoger el amor de Dios es necesaria esta peque&ntilde;ez del coraz&oacute;n: en efecto, s&oacute;lo los peque&ntilde;os pueden estar en brazos de su madre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQuien se hace peque&ntilde;o como un ni&ntilde;o &mdash;nos dice Jes&uacute;s&mdash; &laquo;es el m&aacute;s grande en el reino de los cielos&raquo; (Mt 18,4). La verdadera grandeza del hombre consiste en hacerse peque&ntilde;o ante Dios. Porque a Dios no se le conoce con elevados pensamientos y muchos estudios, sino con la peque&ntilde;ez de un coraz&oacute;n humilde y confiado. Para ser grande ante el Alt&iacute;simo no es necesario acumular honores y prestigios, bienes y &eacute;xitos terrenales, sino vaciarse de s&iacute; mismo. El ni&ntilde;o es precisamente aquel que no tiene nada que dar y todo que recibir. Es fr&aacute;gil, depende del pap&aacute; y de la mam&aacute;. Quien se hace peque&ntilde;o como un ni&ntilde;o se hace pobre de s&iacute; mismo, pero rico de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLos ni&ntilde;os, que no tienen problemas para comprender a Dios, tienen mucho que ense&ntilde;arnos: nos dicen que &eacute;l realiza cosas grandes en quien no le ofrece resistencia, en quien es simple y sincero, sin dobleces. Nos lo muestra el Evangelio, donde se realizan grandes maravillas con peque&ntilde;as cosas: con unos pocos panes y dos peces (cf. Mt 14,15-20), con un grano de mostaza (cf. Mc 4,30-32), con el grano de trigo que cae en tierra y muere (cf. Jn 12,24), con un solo vaso de agua ofrecido (cf. Mt 10,42), con dos peque&ntilde;as monedas de una viuda pobre (cf. Lc 21, 1-4), con la humildad de Mar&iacute;a, la esclava del Se&ntilde;or (cf. Lc 1,46-55).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHe aqu&iacute; la sorprendente grandeza de Dios, un Dios lleno de sorpresas y que ama las sorpresas: nunca perdamos el deseo y la confianza en las sorpresas de Dios. Nos har&aacute; bien recordar que somos, siempre y ante todo, hijos suyos: no due&ntilde;os de la vida, sino hijos del Padre; no adultos aut&oacute;nomos y autosuficientes, sino ni&ntilde;os que necesitan ser siempre llevados en brazos, recibir amor y perd&oacute;n. Dichosa las comunidades cristianas que viven esta genuina sencillez evang&eacute;lica. Pobres de recursos, pero ricas de Dios. Dichosos los pastores que no se apuntan a la l&oacute;gica del &eacute;xito mundano, sino que siguen la ley del amor: la acogida, la escucha y el servicio. Dichosa la Iglesia que no cede a los criterios del funcionalismo y de la eficiencia organizativa y no presta atenci&oacute;n a su imagen. Peque&ntilde;o y amado reba&ntilde;o de Georgia, que tanto te dedicas a la caridad y a la formaci&oacute;n, acoge el aliento que te infunde el Buen Pastor, conf&iacute;ate a Aquel que te lleva sobre sus hombros y te consuela.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQuisiera resumir estas ideas con algunas palabras de santa Teresa del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s, a quien recordamos hoy. Ella nos se&ntilde;ala su &laquo;peque&ntilde;o camino&raquo; hacia Dios, &laquo;el abandono del ni&ntilde;ito que se duerme sin miedo en brazos de su padre&raquo;, porque &laquo;Jes&uacute;s no pide grandes haza&ntilde;as, sino &uacute;nicamente abandono y gratitud&raquo; (Manuscritos autobiogr&aacute;ficos, Manuscrito B). Lamentablemente &ndash;como escrib&iacute;a entonces, y ocurre tambi&eacute;n hoy&ndash;, Dios encuentra &laquo;pocos corazones que se entreguen a &eacute;l sin reservas, que comprendan toda la ternura de su amor infinito&raquo; (ib&iacute;d.). La joven santa y Doctora de la Iglesia, por el contrario, era experta en la &laquo;ciencia del Amor&raquo; (ib&iacute;d.), y nos ense&ntilde;a que &laquo;la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los dem&aacute;s, en no extra&ntilde;arse de sus debilidades, en edificarse de los m&aacute;s peque&ntilde;os actos de virtud que les veamos practicar&raquo;; nos recuerda tambi&eacute;n que &laquo;la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del coraz&oacute;n&raquo; (Manuscrito C). Pidamos hoy, todos juntos, la gracia de un coraz&oacute;n sencillo, que cree y vive en la fuerza bondadosa del amor, pidamos vivir con la serena y total confianza en la misericordia de Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TIFLIS, 01 Oct. 16 (ACI).- El Papa Francisco celebr&oacute; esta ma&ntilde;ana en Georgia una Misa en el estadio Mikheil Meskhi, en la ciudad de Tiflis, para la segunda parte de su viaje apost&oacute;lico a la regi&oacute;n del C&aacute;ucaso, tras su visita a Armenia en junio. 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