{"id":7660,"date":"2016-10-08T12:05:02","date_gmt":"2016-10-08T17:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-meditacion-del-papa-francisco-en-la-vigilia-de-oracion-del-jubileo-mariano\/"},"modified":"2016-10-08T12:05:02","modified_gmt":"2016-10-08T17:05:02","slug":"texto-meditacion-del-papa-francisco-en-la-vigilia-de-oracion-del-jubileo-mariano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-meditacion-del-papa-francisco-en-la-vigilia-de-oracion-del-jubileo-mariano\/","title":{"rendered":"TEXTO: Meditaci\u00f3n del Papa Francisco en la Vigilia de Oraci\u00f3n del Jubileo Mariano"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 08 Oct. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco ha presidido en la Plaza de San Pedro una Vigilia de Oraci&oacute;n con motivo del Jubileo Mariano que se celebra del 7 al 9 de octubre por el A&ntilde;o de la Misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&ldquo;La oraci&oacute;n del Rosario no nos aleja de las preocupaciones de la vida; por el contrario, nos pide encarnarnos en la historia de todos los d&iacute;as para saber reconocer en medio de nosotros los signos de la presencia de Cristo&rdquo;, dijo Francisco en la meditaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, el texto completo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos hermanos y hermanas,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn esta Vigilia hemos recorrido los momentos fundamentales de la vida de Jes&uacute;s, en compa&ntilde;&iacute;a de Mar&iacute;a. Con la mente y el coraz&oacute;n hemos ido a los d&iacute;as del cumplimiento de la misi&oacute;n de Cristo en el mundo. La Resurrecci&oacute;n como signo del amor extremo del Padre que devuelve vida a todo y es anticipaci&oacute;n de nuestra condici&oacute;n futura. La Ascensi&oacute;n como participaci&oacute;n de la gloria del Padre, donde tambi&eacute;n nuestra humanidad encuentra un lugar privilegiado. Pentecost&eacute;s, expresi&oacute;n de la misi&oacute;n de la Iglesia en la historia hasta el fin de los tiempos, bajo la gu&iacute;a del Esp&iacute;ritu Santo. Adem&aacute;s, en los dos &uacute;ltimos misterios hemos contemplado a la Virgen Mar&iacute;a en la gloria del Cielo, ella que desde los primeros siglos ha sido invocada como Madre de la Misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPor muchos aspectos, la oraci&oacute;n del Rosario es la s&iacute;ntesis de la historia de la misericordia de Dios que se transforma en historia de salvaci&oacute;n para quienes se dejan plasmar por la gracia. Los misterios que contemplamos son gestos concretos en los que se desarrolla la actuaci&oacute;n de Dios para con nosotros. Por medio de la plegaria y de la meditaci&oacute;n de la vida de Jesucristo, volvemos a ver su rostro misericordioso que sale al encuentro de todos en las diversas necesidades de la vida. Mar&iacute;a nos acompa&ntilde;a en este camino, indicando al Hijo que irradia la misericordia misma del Padre. Ella es en verdad la Odigitria, la Madre que muestra el camino que estamos llamados a recorrer para ser verdaderos disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s. En cada misterio del Rosario la sentimos cercana a nosotros y la contemplamos como la primera disc&iacute;pula de su Hijo, la que cumple la voluntad del Padre (cf. Mc 3,31-35; Mt 12,46-50; Lc 8,19-21).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa oraci&oacute;n del Rosario no nos aleja de las preocupaciones de la vida; por el contrario, nos pide encarnarnos en la historia de todos los d&iacute;as para saber reconocer en medio de nosotros los signos de la presencia de Cristo. Cada vez que contemplamos un momento, un misterio de la vida de Cristo, estamos invitados a comprender de qu&eacute; modo Dios entra en nuestra vida, para luego acogerlo y seguirlo. Descubrimos as&iacute; el camino que nos lleva a seguir a Cristo en el servicio a los hermanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCuando acogemos y asimilamos dentro de nosotros algunos acontecimientos destacados de la vida de Jes&uacute;s, participamos de su obra de evangelizaci&oacute;n para que el Reino de Dios crezca y se difunda en el mundo. Somos disc&iacute;pulos, pero tambi&eacute;n somos misioneros y portadores de Cristo all&iacute; donde &eacute;l nos pide estar presentes. Por tanto, no podemos encerrar el don de su presencia dentro de nosotros. Por el contrario, estamos llamados a hacer part&iacute;cipes a todos de su amor, su ternura, su bondad y su misericordia. Es la alegr&iacute;a del compartir que no se detiene ante nada, porque conlleva un anuncio de liberaci&oacute;n y de salvaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMar&iacute;a nos permite comprender lo que significa ser disc&iacute;pulo de Cristo. Ella fue elegida desde siempre para ser la Madre, aprendi&oacute; a ser disc&iacute;pula. Su primer acto fue ponerse a la escucha de Dios. Obedeci&oacute; al anuncio del &Aacute;ngel y abri&oacute; su coraz&oacute;n para acoger el misterio de la maternidad divina. Sigui&oacute; a Jes&uacute;s, escuchando cada palabra que sal&iacute;a de su boca (cf. Mc 3,31-35; Mt 12,46-50; Lc 8,19-21); conserv&oacute; todo en su coraz&oacute;n (cf. Lc 2,19) y se convirti&oacute; en memoria viva de los signos realizados por el Hijo de Dios para suscitar nuestra fe. Sin embargo, no basta s&oacute;lo escuchar. Esto es sin duda el primer paso, pero despu&eacute;s lo que se ha escuchado es necesario traducirlo en acciones concretas. El disc&iacute;pulo, en efecto, entrega su vida al servicio del Evangelio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDe este modo, la Virgen Mar&iacute;a acudi&oacute; inmediatamente a donde estaba Isabel para ayudarla en su embarazo (cf. Lc 1,39-56); en Bel&eacute;n dio a luz al Hijo de Dios (cf. Lc 2,1-7); en Can&aacute; se ocup&oacute; de los dos j&oacute;venes esposos (cf. Jn 2,1-11); en el G&oacute;lgota no retrocedi&oacute; ante el dolor, sino que permaneci&oacute; ante la cruz de Jes&uacute;s y, por su voluntad, se convirti&oacute; en Madre de la Iglesia (cf. Jn 19,25-27); despu&eacute;s de la Resurrecci&oacute;n, anim&oacute; a los Ap&oacute;stoles reunidos en el cen&aacute;culo en espera del Esp&iacute;ritu Santo, que los transform&oacute; en heraldos valientes del Evangelio (cf. Hch 1,14).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA lo largo de su vida, Mar&iacute;a ha realizado lo que se pide a la Iglesia: hacer memoria perenne de Cristo. En su fe, vemos c&oacute;mo abrir la puerta de nuestro coraz&oacute;n para obedecer a Dios; en su abnegaci&oacute;n, descubrimos cu&aacute;nto debemos estar atentos a las necesidades de los dem&aacute;s; en sus l&aacute;grimas, encontramos la fuerza para consolar a cuantos sufren. En cada uno de estos momentos, Mar&iacute;a expresa la riqueza de la misericordia divina, que va al encuentro de cada una de las necesidades cotidianas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tInvoquemos en esta tarde a nuestra tierna Madre del cielo, con la oraci&oacute;n m&aacute;s antigua con la que los cristianos se dirigen a ella, sobre todo en los momentos de dificultad y de martirio. Invoqu&eacute;mosla con la certeza de saber que somos socorridos por su misericordia maternal, para que ella, &laquo;gloriosa y bendita&raquo;, sea protecci&oacute;n, ayuda y bendici&oacute;n en todos los d&iacute;as de nuestra vida: Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las s&uacute;plicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, l&iacute;branos siempre de todo peligro, Oh Virgen gloriosa y bendita.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 08 Oct. 16 (ACI).- El Papa Francisco ha presidido en la Plaza de San Pedro una Vigilia de Oraci&oacute;n con motivo del Jubileo Mariano que se celebra del 7 al 9 de octubre por el A&ntilde;o de la Misericordia. &ldquo;La oraci&oacute;n del Rosario no nos aleja de las preocupaciones de la vida; por el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-meditacion-del-papa-francisco-en-la-vigilia-de-oracion-del-jubileo-mariano\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTEXTO: Meditaci\u00f3n del Papa Francisco en la Vigilia de Oraci\u00f3n del Jubileo Mariano\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-7660","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7660","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7660"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7660\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7660"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7660"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7660"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}