{"id":7943,"date":"2016-10-19T03:40:04","date_gmt":"2016-10-19T08:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/cuando-encuentro-una-persona-en-necesidad-cual-es-mi-reaccion-el-papa-en-su-catequesis\/"},"modified":"2016-10-19T03:40:04","modified_gmt":"2016-10-19T08:40:04","slug":"cuando-encuentro-una-persona-en-necesidad-cual-es-mi-reaccion-el-papa-en-su-catequesis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/cuando-encuentro-una-persona-en-necesidad-cual-es-mi-reaccion-el-papa-en-su-catequesis\/","title":{"rendered":"Cuando encuentro una persona en necesidad, \u00bfcu\u00e1l es mi reacci\u00f3n? El Papa en su catequesis"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2016\/10\/18\/OSSROM134648_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_8626098\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00553347.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>(RV).- El buen pastor que sigue a <strong>Jes&uacute;s<\/strong> y no el poder, el dinero o los acuerdos, incluso si ha sido abandonado por todos, tendr&aacute; siempre al <strong>Se&ntilde;or<\/strong> a su lado, se sentir&aacute; desolado pero jam&aacute;s amargado. Lo afirm&oacute; el <strong>Papa<\/strong> en su homil&iacute;a de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de <strong>Santa Marta<\/strong>.<\/p>\n<p>Al comentar la <strong>Segunda Carta<\/strong> a <strong>Timoteo<\/strong>, el <strong>Santo Padre<\/strong> se detuvo a considerar lo que experimentaron los <strong>Ap&oacute;stoles<\/strong>, quienes, al igual que <strong>San Pablo<\/strong> en la fase conclusiva de su vida, sintieron la soledad en la dificultad: fueron despojados, v&iacute;ctimas del encarnizamiento, abandonados, y piden algo para s&iacute; mismos como mendicantes:<\/p>\n<p>&ldquo;S&oacute;lo, mendicante, v&iacute;ctima del encarnizamiento, abandonado. Pero es el gran Pablo, &iexcl;el que ha o&iacute;do la voz del Se&ntilde;or, la llamada del Se&ntilde;or! Aquel que fue de una parte a otra, que sufri&oacute; tantas cosas y tantas pruebas por la predicaci&oacute;n del Evangelio, el que hizo comprender a los Ap&oacute;stoles que el Se&ntilde;or quer&iacute;a que tambi&eacute;n los Gentiles entraran en la Iglesia. El gran Pablo que en la oraci&oacute;n subi&oacute; hasta el S&eacute;ptimo Cielo y oy&oacute; coas que nadie hab&iacute;a o&iacute;do antes: el gran Pablo, all&iacute;, en aquella peque&ntilde;a habitaci&oacute;n de una casa, aqu&iacute;, en Roma, en espera de c&oacute;mo terminar&iacute;a esta lucha dentro de la Iglesia entre las partes, entre la rigidez de los judaizantes y aquellos disc&iacute;pulos fieles a &eacute;l. Y as&iacute; termina la vida del gran Pablo, en la desolaci&oacute;n: no en el resentimiento y en la amargura, sino con la desolaci&oacute;n interior&rdquo;.<\/p>\n<p>As&iacute; le sucedi&oacute; a <strong>Pedro<\/strong> y al gran <strong>Juan Bautista<\/strong>, que &ldquo;en la celda, solo y angustiado&rdquo;, env&iacute;a a sus disc&iacute;pulos a preguntar a Jes&uacute;s si es &Eacute;l el <strong>Mes&iacute;as<\/strong>, y termina degollado &ldquo;por el capricho de una bailarina y la venganza de una ad&uacute;ltera&rdquo;. Lo mismo le sucedi&oacute; a <strong>Maximiliano Kolbe<\/strong>, &ldquo;que hab&iacute;a hecho un movimiento apost&oacute;lico en todo el mundo y tantas cosas grandes&rdquo; y muri&oacute; en la celda de un campo de concentraci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ldquo;El ap&oacute;stol, cuando es fiel &ndash; subray&oacute; el <strong>Papa Francisco<\/strong> &ndash; no espera otro fin que el mismo de Jes&uacute;s&rdquo;. Pero el Se&ntilde;or permanece cerca de &eacute;l, &ldquo;no lo deja y all&iacute; encuentra su fuerza&rdquo;. As&iacute; muere Pablo. &ldquo;&Eacute;sta es la <strong>Ley del Evangelio<\/strong>: si la semilla de trigo no muere, no da fruto&rdquo;. Despu&eacute;s viene la resurrecci&oacute;n. Un te&oacute;logo de los primeros siglos dec&iacute;a que la sangre de los m&aacute;rtires es la semilla de los cristianos:<\/p>\n<p>&ldquo;Morir as&iacute; como m&aacute;rtires, como testigos de Jes&uacute;s es la semilla que muere y da fruto y llena la tierra de nuevos cristianos. Cuando el pastor vive as&iacute; no est&aacute; amargado: quiz&aacute;s sienta desolaci&oacute;n, pero tiene aquella certeza de que el Se&ntilde;or est&aacute; junto a &eacute;l. Pero cuando el pastor, en su vida, se&nbsp; ocupa de otras cosas que no son los fieles &ndash; por ejemplo, est&aacute; apegado al poder, est&aacute; apegado al dinero, est&aacute; apegado a los acuerdos, est&aacute; apegado a tantas cosas &ndash; al final no estar&aacute; solo, quiz&aacute;s estar&aacute;n los sobrinos, que esperan que muera para ver qu&eacute; cosa pueden llevarse&rdquo;.<\/p>\n<p>El <strong>Obispo de Roma<\/strong> concluy&oacute; su homil&iacute;a diciendo textualmente:<\/p>\n<p>&ldquo;Cuando voy a visitar la casa para sacerdotes ancianos encuentro a tantos de estos buenos, buenos, que han dado la vida por los fieles. Y est&aacute;n all&iacute;, enfermos, paral&iacute;ticos, en silla de ruedas, pero inmediatamente se ve aquella sonrisa. &lsquo;Est&aacute; bien, Se&ntilde;o; est&aacute; bien, Se&ntilde;or&rsquo;, porque sienten al Se&ntilde;or muy cerca de ellos. Y tambi&eacute;n aquellos ojos brillantes que tienen y preguntan: &lsquo;&iquest;C&oacute;mo va la Iglesia? &iquest;C&oacute;mo va la di&oacute;cesis? &iquest;C&oacute;mo van las vocaciones?&rsquo;. Hasta el final, porque son padres, porque han dado la vida por los dem&aacute;s. Volvamos a Pablo. Solo, mendicante, v&iacute;ctima del encarnizamiento, abandonado por todos, menos que por el Se&ntilde;or Jes&uacute;s: &lsquo;&iexcl;S&oacute;lo el Se&ntilde;or est&aacute; cerca de m&iacute;!&rsquo;. Y el buen pastor, el pastor debe tener esta seguridad: si &eacute;l va por el camino de Jes&uacute;s, el Se&ntilde;or estar&aacute; cerca de &eacute;l hasta el final. Recemos por los pastores que est&aacute;n en el final de su vida y que est&aacute;n esperando que el Se&ntilde;or se los lleve con &Eacute;l. Y recemos para que el Se&ntilde;or les d&eacute; la fuerza, el consuelo y la seguridad de que, aunque se sientan enfermos e incluso solos, el Se&ntilde;or est&aacute; con ellos, cerca de ellos. Que el Se&ntilde;or les d&eacute; a ellos la fuerza&rdquo;.<\/p>\n<p>(Mar&iacute;a Fernanda Bernasconi &#8211; RV).<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- El buen pastor que sigue a Jes&uacute;s y no el poder, el dinero o los acuerdos, incluso si ha sido abandonado por todos, tendr&aacute; siempre al Se&ntilde;or a su lado, se sentir&aacute; desolado pero jam&aacute;s amargado. 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