{"id":8109,"date":"2016-10-24T05:40:04","date_gmt":"2016-10-24T10:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/papa-los-rigidos-no-conocen-la-libertad-de-los-hijos-de-dios\/"},"modified":"2016-10-24T05:40:04","modified_gmt":"2016-10-24T10:40:04","slug":"papa-los-rigidos-no-conocen-la-libertad-de-los-hijos-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/papa-los-rigidos-no-conocen-la-libertad-de-los-hijos-de-dios\/","title":{"rendered":"Papa: los r\u00edgidos no conocen la libertad de los hijos de Dios"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2014\/07\/31\/1541920_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p>(Radio Vaticana).- Francisco fue recibido el 24 de octubre de 2016 por el nuevo Superior de los jesuitas, el padre Arturo Sosa, en el Aula de la Congregaci&oacute;n de la Curia general de la Compa&ntilde;ia de Jes&uacute;s, donde se desarrolla la 36 Congregaci&oacute;n General de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s con la participaci&oacute;n de m&aacute;s 215 delegados del mundo.<\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_8682802\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00554198.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>El Papa Francisco fue el primero en conocer el viernes 14 de octubre el nombramiento del padre Arturo Sosa como Superior General, seg&uacute;n el protocolo jesuita. Y el jueves 21 de octubre, por la tarde, lo recibi&oacute; en Santa Marta donde dialogaron por m&aacute;s de una hora.<\/p>\n<p>A diferencia de otros encuentros con &oacute;rdenes y congregaciones religiosas en cap&iacute;tulo, que generalmente son recibidas en el Vaticano, el Obispo de Roma prefiri&oacute; acercarse personalmente y participar con un extenso discurso al que sigui&oacute; el di&aacute;logo libre con preguntas y respuestas.<\/p>\n<p>En su discurso a la Congregaci&oacute;n General 36 de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, el Papa reiter&oacute;: &ldquo;Como les han dicho en varias ocasiones mis antecesores, la Iglesia los necesita, cuenta con ustedes y sigue confiando en ustedes, de modo especial para llegar a los lugares f&iacute;sicos y espirituales a los que otros no llegan o les resulta dif&iacute;cil hacerlo&rdquo;. Francisco habl&oacute; de &ldquo;Caminar juntos -libres y obedientes- caminar yendo a las periferias donde otros no llegan, &laquo;bajo la mirada de Jes&uacute;s y mirando el horizonte que es la Gloria de Dios siempre mayor, el que nos sorprende siempre&rdquo;. El jesuita est&aacute; llamado para &ldquo;discurrir -como dice Ignacio- y hacer vida en cualquiera parte del mundo donde se espera m&aacute;s servicio de Dios y ayuda de las &aacute;nimas&rdquo; (Co 304). Es que: &ldquo;Para la Compa&ntilde;&iacute;a, todo el mundo le ha de ser casa&rdquo;, dec&iacute;a Nadal&rdquo;. (jesuita Guillermo Ortiz &#8211; Radio Vaticana)<\/p>\n<p>TEXTO COMPLETO DE LAS PALABRAS DEL PAPA A LA CONGREGACI&Oacute;N GENERAL 36 DE LOS JESUITAS<\/p>\n<p>Queridos hermanos y amigos en el Se&ntilde;or,<\/p>\n<p>al rezar pensando qu&eacute; les dir&iacute;a, record&eacute; con particular emoci&oacute;n las palabras finales que nos dijo el Beato Pablo VI al finalizar nuestra Congregaci&oacute;n General XXXII: &laquo;Cos&igrave;, cos&igrave;, fratelli e figli. Avanti, in Nomine Domini. Camminiamo insieme, liberi, obbedienti, uniti nell&rsquo;amore di Cristo, per la maggior gloria di Dio&raquo;[1].<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n San Juan Pablo II y Benedicto XVI nos han animado a &laquo;caminar de una manera digna de la vocaci&oacute;n a la que hemos sido llamados (Ef 4,1)&raquo;[2] y a &laquo;proseguir por el camino de la misi&oacute;n con plena fidelidad a vuestro carisma originario, en el contexto eclesial y social caracter&iacute;stico de este inicio de milenio. Como os han dicho en varias ocasiones mis antecesores, la Iglesia os necesita, cuenta con vosotros y sigue confiando en vosotros, de modo especial para llegar a los lugares f&iacute;sicos y espirituales a los que otros no llegan o les resulta dif&iacute;cil hacerlo&raquo;[3].<\/p>\n<p>Caminar juntos -libres y obedientes- caminar yendo a las periferias donde otros no llegan, &laquo;bajo la mirada de Jes&uacute;s y mirando el horizonte que es la Gloria de Dios siempre mayor, el que nos sorprende siempre&raquo;[4]. El jesuita est&aacute; llamado para &laquo;discurrir -como dice Ignacio- y hacer vida en cualquiera parte del mundo donde se espera m&aacute;s servicio de Dios y ayuda de las &aacute;nimas&raquo; (Co 304). Es que: &ldquo;Para la Compa&ntilde;&iacute;a, todo el mundo le ha de ser casa&rdquo;, dec&iacute;a Nadal[5].<\/p>\n<p>Ignacio le escrib&iacute;a a Borja a prop&oacute;sito de una cr&iacute;tica de los jesuitas llamados &ldquo;ang&eacute;licos&rdquo; (Oviedo y Onfroy), porque dec&iacute;an que la Compa&ntilde;&iacute;a no estaba bien instituida y que hab&iacute;a que instituirla m&aacute;s en esp&iacute;ritu: el esp&iacute;ritu que los gu&iacute;a &ndash; dec&iacute;a Ignacio &ndash; &nbsp;&ldquo;ignora el estado de las cosas de la Compa&ntilde;&iacute;a, que est&aacute;n in fieri, fuera de lo necesario (y) substancial&rdquo;[6]. Me gusta tanto esta manera de ver de Ignacio a las cosas en devenir, haci&eacute;ndose, fuera de lo substancial. Porque saca a la Compa&ntilde;&iacute;a de todas las par&aacute;lisis y la libra de tantas veleidades.<\/p>\n<p>La F&oacute;rmula del Instituto es lo &ldquo;necesario y substancial&rdquo; que debemos tener todos los d&iacute;as ante los ojos, despu&eacute;s de mirar a Dios nuestro Se&ntilde;or: &ldquo;El modo de ser del Instituto, que es camino hacia &Eacute;l&rdquo;. Lo fue para los primeros compa&ntilde;eros y previeron que lo fuera &ldquo;para los que nos sigan por este camino&rdquo;. &nbsp;As&iacute;, tanto la pobreza como la obediencia o el hecho de no estar obligados a cosas como rezar en coro, no son ni exigencias ni privilegios, sino ayudas que hacen a la movilidad de la Compa&ntilde;&iacute;a, al estar disponibles &laquo;para correr por la v&iacute;a de Cristo Nuestro Se&ntilde;or&raquo; (Co 582) teniendo, gracias al voto de obediencia al Papa, una &laquo;m&aacute;s cierta direcci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo&raquo; (F&oacute;rmula Instituto 3). En la F&oacute;rmula est&aacute; la intuici&oacute;n de Ignacio, y su substancialidad es lo que permite que las Constituciones hagan hincapi&eacute; en tener siempre en cuenta &laquo;los lugares, tiempos y personas&raquo; y que todas las reglas sean ayudas -tanto cuanto- para cosas concretas.<\/p>\n<p>El caminar, para Ignacio, no es un mero ir y andar sino que se traduce en algo cualitativo: es aprovechamiento y progreso, es ir adelante, es hacer algo en favor de los otros. As&iacute; lo expresan las dos F&oacute;rmulas del Instituto aprobadas por Paulo III (1540) y Julio III (1550) cuando centran la ocupaci&oacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a en la fe &ndash;en su defensa y propagaci&oacute;n- y en la vida y doctrina de las personas. Aqu&iacute; Ignacio y los primeros compa&ntilde;eros usan la palabra aprovechamiento (ad profectum[7], cf. Fil 1, 12.25) que es la que da el criterio pr&aacute;ctico de discernimiento propio de nuestra espiritualidad.<\/p>\n<p>El aprovechamiento no es individualista, es com&uacute;n: &laquo;El fin de esta Compa&ntilde;&iacute;a es no solamente atender a la salvaci&oacute;n y perfecci&oacute;n de las &aacute;nimas propias con la gracia divina, mas con la misma intensamente procurar de ayudar a la salvaci&oacute;n y perfecci&oacute;n de las de los pr&oacute;jimos&raquo; (Ex 1, 2). Y si para alg&uacute;n lado se inclinaba la balanza en el coraz&oacute;n de Ignacio era hacia la ayuda de los pr&oacute;jimos, tanto es as&iacute; que se enojaba si le dec&iacute;an que la raz&oacute;n de que alguno se quedara en la Compa&ntilde;&iacute;a era &laquo;para que as&iacute; salvara su &aacute;nima. Ignacio no quer&iacute;a gente que siendo buena para s&iacute;, no se hallara en ella aptitud para el servicio del pr&oacute;jimo&raquo; (Aicardo I punto 10 p&aacute;g. 41).<\/p>\n<p>El aprovechamiento es en todo. La f&oacute;rmula de Ignacio expresa una tensi&oacute;n: &ldquo;no solamente&hellip; sino&hellip;&rdquo;; y este esquema mental de unir tensiones &ndash;la salvaci&oacute;n y perfecci&oacute;n propia y la salvaci&oacute;n y perfecci&oacute;n del pr&oacute;jimo- desde el &aacute;mbito superior de la Gracia, es propio de la Compa&ntilde;&iacute;a. La armonizaci&oacute;n de &eacute;sta y de todas las tensiones (contemplaci&oacute;n y acci&oacute;n, fe y justicia, carisma e instituci&oacute;n, comunidad y misi&oacute;n&hellip;) no se da mediante formulaciones abstractas sino que se logra a lo largo del tiempo mediante eso que Fabro llamaba &ldquo;nuestro modo de proceder&rdquo;[8]. Caminando y &ldquo;progresando&rdquo; en el seguimiento del Se&ntilde;or, la Compa&ntilde;&iacute;a va armonizando las tensiones que contienen y producen inevitablemente la diversidad de gente que convoca y las misiones que recibe.<\/p>\n<p>El aprovechamiento no es elitista. En la F&oacute;rmula Ignacio procede describiendo medios para aprovechar m&aacute;s universalmente, que son propiamente sacerdotales. Pero notemos que las obras de misericordia se dan por descontadas, &iexcl;la F&oacute;rmula dice: &laquo;sin que eso sea &oacute;bice&raquo; para la misericordia! Las obras de misericordia -el cuidado de los enfermos en las hospeder&iacute;as, la limosna mendigada y repartida, la ense&ntilde;anza a los peque&ntilde;os, el sufrir con paciencia las molestias&hellip;- eran el medio vital en el que Ignacio y los primeros compa&ntilde;eros se mov&iacute;an y exist&iacute;an, su pan cotidiano: &iexcl;cuidaban que todo lo dem&aacute;s no fuera &oacute;bice!<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El aprovechamiento, por fin, es &ldquo;lo que m&aacute;s aprovecha&rdquo;. Se trata del &ldquo;magis&rdquo;, de ese plus, que lleva a Ignacio a iniciar procesos, a acompa&ntilde;arlos y a evaluar su real incidencia en la vida de las personas, ya sea en cuestiones de fe, de justicia o de misericordia y caridad. El magis es el fuego, el fervor en acci&oacute;n, que sacude dormideras. Nuestros santos lo han encarnado siempre. Dec&iacute;an de San Alberto Hurtado que era &ldquo;un dardo agudo que se clava en las carnes dormidas de la Iglesia&rdquo;. Y esto contra esa tentaci&oacute;n que Pablo VI llamaba &ldquo;spiritus vertiginis&rdquo; y De Lubac, &ldquo;mundanidad espiritual&rdquo;. Tentaci&oacute;n que no es, en primer lugar, moral sino espiritual y que nos distrae de lo esencial: que es ser aprovechables, dejar huella, incidir en la historia, especialmente en la vida de los m&aacute;s peque&ntilde;os.<\/p>\n<p>&laquo;La Compa&ntilde;&iacute;a es Fervor&raquo;, dec&iacute;a Nadal[9]. Para reavivar el fervor en la misi&oacute;n de aprovechar a las personas en su vida y doctrina, deseo concretar estas reflexiones en tres puntos que, dado que la Compa&ntilde;&iacute;a est&aacute; en los lugares de misi&oacute;n en que tiene que estar, hacen m&aacute;s bien a nuestro modo de proceder. Tienen que ver con la alegr&iacute;a, con la Cruz y con la Iglesia, nuestra Madre, y miran a dar un paso adelante quitando los impedimentos que el enemigo de natura humana nos pone cuando vamos, en el servicio de Dios, de bien en mejor subiendo.<\/p>\n<p>Pedir insistentemente la consolaci&oacute;n<\/p>\n<p>Siempre se puede dar un paso adelante en el pedir insistentemente la consolaci&oacute;n. En las dos Exhortaciones Apost&oacute;licas [Evangelii gaudium y Amoris laetitia] &nbsp;y en la Enc&iacute;clica Laudato si&rsquo; he querido insistir en la alegr&iacute;a. Ignacio, en los Ejercicios nos hace contemplar a sus amigos &laquo;el oficio de consolar&raquo;, como propio de Cristo Resucitado (EE 224). Es oficio propio de la Compa&ntilde;&iacute;a consolar al pueblo fiel y ayudar con el discernimiento a que el enemigo de natura humana no nos robe la alegr&iacute;a: la alegr&iacute;a de evangelizar, la alegr&iacute;a de la familia, la alegr&iacute;a de la Iglesia, la alegr&iacute;a de la creaci&oacute;n&hellip; Que no nos la robe ni por desesperanza ante la magnitud de los males del mundo y los malentendidos entre los que quieren hacer el bien, ni nos la reemplace con las alegr&iacute;as fatuas que est&aacute;n siempre al alcance de la mano en cualquier comercio.<\/p>\n<p>Este &laquo;servicio de la alegr&iacute;a y de la consolaci&oacute;n espiritual&raquo; arraiga en la oraci&oacute;n. Consiste en animarnos y animar a todos a &laquo;pedir insistentemente la consolaci&oacute;n a Dios&raquo;. Ignacio lo formula de modo negativo en la 6&ordf; regla de primera semana, cuando dice que &laquo;mucho aprovecha el intenso mudarse contra la misma desolaci&oacute;n&raquo; instando en la oraci&oacute;n (EE 319). Aprovecha porque en la desolaci&oacute;n somos muy &laquo;para poco&raquo; (EE 324). Practicar y ense&ntilde;ar esta oraci&oacute;n de pedir y suplicar la consolaci&oacute;n, es el principal servicio a la alegr&iacute;a. Si alguno no se cree digno (cosa muy com&uacute;n en la pr&aacute;ctica), al menos insista en pedir esta consolaci&oacute;n por amor al mensaje, ya que la alegr&iacute;a es constitutiva del mensaje evang&eacute;lico, y p&iacute;dala tambi&eacute;n por amor a los dem&aacute;s, a su familia y al mundo. Una buena noticia no se puede dar con cara triste. La alegr&iacute;a no es un plus decorativo, es &iacute;ndice claro de la gracia: indica que el amor est&aacute; activo, operante, presente. Por eso el buscarla no debe confundirse con buscar &ldquo;un efecto especial&rdquo;, que nuestra &eacute;poca sabe producir para consumo, sino que se la busca en su &iacute;ndice existencial que es la &ldquo;durabilidad&rdquo;: Ignacio abre los ojos y se despierta al discernimiento de los esp&iacute;ritus al descubrir esta distinta valencia entre alegr&iacute;as duraderas y alegr&iacute;as pasajeras (Autobiog 8). El tiempo ser&aacute; lo que le da la clave para reconocer la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu.<\/p>\n<p>En los Ejercicios, el &ldquo;progreso&rdquo; en la vida espiritual se da en la consolaci&oacute;n: es el &laquo;ir de bien en mejor subiendo&raquo; (EE 315) y tambi&eacute;n &laquo;todo aumento de fe, esperanza y caridad y toda leticia interna&raquo; (EE 316). Este servicio de la alegr&iacute;a fue lo que llev&oacute; a los primeros compa&ntilde;eros a decidir no disolver sino instituir la compa&ntilde;&iacute;a que se brindaban y compart&iacute;an espont&aacute;neamente y cuya caracter&iacute;stica era la alegr&iacute;a que les daba rezar juntos, salir a misionar juntos y volver a reunirse, a imitaci&oacute;n de la vida que llevaban el Se&ntilde;or y sus ap&oacute;stoles. Esta alegr&iacute;a del anuncio expl&iacute;cito del Evangelio -mediante la predicaci&oacute;n de la fe y la pr&aacute;ctica de la justicia y la misericordia- es lo que lleva a la Compa&ntilde;&iacute;a a salir a todas las periferias. El jesuita es un servidor de la alegr&iacute;a del Evangelio, tanto cuando trabaja artesanalmente conversando y dando los ejercicios espirituales a una sola persona, ayud&aacute;ndola a encontrar ese &laquo;lugar interior de donde le viene la fuerza del Esp&iacute;ritu que lo gu&iacute;a, lo libera y lo renueva&raquo;[10], como cuando trabaja estructuralmente organizando obras de formaci&oacute;n, de misericordia, de reflexi&oacute;n, que son expansi&oacute;n institucional de ese punto de inflexi&oacute;n donde se da el quiebre de la voluntad propia y entra a actuar el Esp&iacute;ritu. Bien dec&iacute;a M. De Certeau: los Ejercicios son &laquo;el m&eacute;todo apost&oacute;lico por excelencia&raquo;, ya que posibilitan el &laquo;retorno al coraz&oacute;n, principio de una docilidad al Esp&iacute;ritu que despierta e impulsa al ejercitante a una fidelidad personal a Dios&raquo; [11].<\/p>\n<p>Dejarnos conmover por el Se&ntilde;or puesto en Cruz<\/p>\n<p>Siempre se puede dar un paso m&aacute;s en el dejarnos conmover por el Se&ntilde;or puesto en cruz, por &Eacute;l en persona y por &Eacute;l presente en tantos hermanos nuestros que sufren &ndash;&iexcl;la gran mayor&iacute;a de la humanidad! El Padre Arrupe dec&iacute;a que all&iacute; donde hay un dolor, all&iacute; est&aacute; la Compa&ntilde;&iacute;a.<\/p>\n<p>El Jubileo de la Misericordia es un tiempo oportuno para reflexionar sobre los servicios de la misericordia. Lo digo en plural porque la misericordia no es una palabra abstracta sino un estilo de vida, que antepone a la palabra los gestos concretos que tocan la carne del pr&oacute;jimo y se institucionalizan en obras de misericordia. Para los que hacemos los Ejercicios, esta gracia por la que Jes&uacute;s nos manda que nos asemejemos al Padre (cf. Lc 6, 36) comienza con ese coloquio de misericordia que es la expansi&oacute;n del coloquio con el Se&ntilde;or puesto en cruz por mis pecados. Todo el segundo ejercicio es un coloquio lleno de sentimientos de verg&uuml;enza, confusi&oacute;n, dolor y l&aacute;grimas agradecidas viendo qui&eacute;n soy yo &#8211; disminuy&eacute;ndome- y qui&eacute;n es Dios -engrandeci&eacute;ndolo-, &laquo;que me ha dado vida hasta ahora&raquo; (EE 61), qui&eacute;n es Jes&uacute;s, colgado en la cruz por m&iacute;. El modo como Ignacio vive y formula su experiencia de la misericordia es de mucho provecho personal y apost&oacute;lico y requiere una aguda y sostenida experiencia de discernimiento. Dec&iacute;a nuestro padre a [san Francisco] Borja: &laquo;Yo para m&iacute; me persuado, que antes y despu&eacute;s soy todo impedimento; y de esto siento mayor contentamiento y gozo espiritual en el Se&ntilde;or nuestro, por no poder atribuir a m&iacute; cosa alguna que buena parezca&raquo;[12]. Ignacio vive, pues de la pura misericordia de Dios hasta en las cosas m&aacute;s peque&ntilde;as de su vida y de su persona. Y sent&iacute;a que cuanto m&aacute;s impedimento &eacute;l pon&iacute;a, con m&aacute;s bondad lo trataba el Se&ntilde;or: &laquo;Tanta era la misericordia del Signore, e tanta la copia della soavit&agrave; e dolcezza della grazia sua con esso lui, che quanto egli pi&ugrave; desiderava d&rsquo;essere in questo modo gastigato, tanto pi&ugrave; benigno era Iddio e con abbondanza maggiore spargeva sopra di lui i tesori della sua infinita liberalit&agrave;. Laonde diceva, che egli credeva no vi essere nel mondo uomo, in cui queste due cose insieme, tanto come in lui, concorressero; la prima mancare tanto a Dio e l&rsquo;altra il ricevere tante e cos&igrave; continue grazie dalla sua mano&raquo;[13].<\/p>\n<p>Al formular Ignacio su experiencia de la misericordia en estos t&eacute;rminos comparativos -cuanto m&aacute;s sent&iacute;a faltar al Se&ntilde;or m&aacute;s se extend&iacute;a &Eacute;l en darle su gracia- libera la fuerza vivificante de la misericordia que nosotros muchas veces diluimos con formulaciones abstractas y condiciones legalistas. El Se&ntilde;or, que nos mira con misericordia y nos elige, nos env&iacute;a a hacer llegar con toda su eficacia esa misma misericordia a los m&aacute;s pobres, a los pecadores, a los sobrantes y crucificados del mundo actual que sufren la injusticia y la violencia. S&oacute;lo si experimentamos esta fuerza sanadora en lo vivo de nuestras propias llagas, como personas y como cuerpo, perderemos el miedo a dejarnos conmover por la inmensidad del sufrimiento de nuestros hermanos y nos lanzaremos a caminar pacientemente con nuestros pueblos aprendiendo de ellos el modo mejor de ayudarlos y servirlos (cf. CG 32 d 4 n 50).<\/p>\n<p>Hacer el bien de buen esp&iacute;ritu, sintiendo con la Iglesia<\/p>\n<p>Siempre se puede dar un paso adelante en hacer el bien de buen esp&iacute;ritu, sintiendo con la Iglesia, como dice Ignacio. Es tambi&eacute;n propio de la Compa&ntilde;&iacute;a el servicio del discernimiento del modo como hacemos las cosas. Fabro lo formulaba pidiendo la gracia de &laquo;todo el bien que pudiese realizar, pensar u organizar, se haga por el buen esp&iacute;ritu y no por el malo&raquo;[14]. Esta gracia de discernir, que no basta con pensar, hacer u organizar el bien sino que hay que hacerlo de buen esp&iacute;ritu, es lo que nos enra&iacute;za en la Iglesia, en la que el Esp&iacute;ritu act&uacute;a y reparte su diversidad de carismas para el bien com&uacute;n. Fabro dec&iacute;a que en muchas cosas los que quer&iacute;an reformar a la Iglesia ten&iacute;an raz&oacute;n, pero que Dios no la quer&iacute;a corregir con sus modos.<\/p>\n<p>Es propio de la Compa&ntilde;&iacute;a hacer las cosas sintiendo con la Iglesia. Hacer esto sin perder la paz y con alegr&iacute;a, dados los pecados que vemos tanto en nosotros como personas como en las estructuras que hemos creado, implica cargar la Cruz, experimentar la pobreza y las humillaciones, &aacute;mbito en el que Ignacio nos anima a elegir entre soportarlas pacientemente o desearlas[15]. All&iacute; donde la contradicci&oacute;n era m&aacute;s candente, Ignacio daba ejemplo de recogerse en s&iacute; mismo, antes de hablar o actuar, para obrar de buen esp&iacute;ritu. Las reglas para sentir con la Iglesia no las leemos como instrucciones precisas sobre puntos controvertidos (alguno podr&iacute;a resultar extempor&aacute;neo) sino ejemplos donde Ignacio invitaba en su tiempo a &ldquo;hacer contra&rdquo; al esp&iacute;ritu antieclesial, inclin&aacute;ndose total y decididamente del lado de nuestra Madre, la Iglesia, no para justificar una posici&oacute;n discutible sino para abrir lugar a que el Esp&iacute;ritu actuara a su tiempo.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El servicio del buen esp&iacute;ritu y del discernimiento nos hace ser hombres de Iglesia -no clericalistas, sino eclesiales-, hombres &ldquo;para los dem&aacute;s&rdquo;, sin cosa propia que a&iacute;sle sino con todo lo nuestro propio puesto en comuni&oacute;n y al servicio.<\/p>\n<p>No caminamos ni solos ni c&oacute;modos, caminamos con &laquo;un coraz&oacute;n que no se acomoda, que no se cierra en s&iacute; mismo, sino que late al ritmo de un camino que se realiza junto a todo el pueblo fiel de Dios&raquo;[16]. Caminamos haci&eacute;ndonos todo a todos con tal de ayudar a alguno.<\/p>\n<p>Este despojo hace que la Compa&ntilde;&iacute;a tenga y pueda tener siempre m&aacute;s el rostro, el acento y el modo de todos los pueblos, de cada cultura, meti&eacute;ndose en todos ellos, en lo propio del coraz&oacute;n de cada pueblo, para hacer all&iacute; Iglesia con cada uno, inculturando el evangelio y evangelizando cada cultura.<\/p>\n<p>Le pedimos a Nuestra Se&ntilde;ora de la Strada, en un coloquio filial o como de un siervo con su Se&ntilde;ora, que interceda por nosotros ante el &laquo;Padre de las misericordias y Dios de toda consolaci&oacute;n&raquo; (2 Cor 1, 3), para que nos ponga siempre nuevamente con su Hijo, con Jes&uacute;s, que carga y nos invita a cargar con &Eacute;l la cruz del mundo. Confiamos a Ella nuestro &ldquo;modo de proceder&rdquo;, para que sea eclesial, inculturado, pobre, servicial, libre de toda ambici&oacute;n mundana. Le pedimos a nuestra Madre que encamine y acompa&ntilde;e a cada jesuita junto con la porci&oacute;n del pueblo fiel de Dios al que ha sido enviado, por estos caminos de la consolaci&oacute;n, de la compasi&oacute;n y del discernimiento.<\/p>\n<p>[1] Discorso ai partecipanti alla 32&ordf; Congregazione Generale della Compagnia di Ges&ugrave;, 3 dicembre 1974.<\/p>\n<p>[2] Homil&iacute;a en la celebraci&oacute;n inaugural de la 33&ordf; Congregaci&oacute;n General de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, 2 de setiembre de 1983.<\/p>\n<p>[3] Discurso a los participantes en la 35&ordf; Congregaci&oacute;n General de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, 21 de febrero de 2008.<\/p>\n<p>[4] FRANCISCO, Homil&iacute;a en la fiesta del SS.mo Nombre de Jes&uacute;s, Iglesia del Ges&ugrave;, 3 de enero de 2014.<\/p>\n<p>[5] MNadal V 364-365.<\/p>\n<p>[6] Carta 51, A Francisco de Borja, julio de 1549, 17 N. 9. Cfr. M. A. FIORITO y A. SWINNEN, La F&oacute;rmula del Instituto de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s (introducci&oacute;n y versi&oacute;n castellana), Stromata, julio-diciembre 1977 &ndash; n&ordm; 3\/4, 259-260.<\/p>\n<p>[7] &ldquo;Ad profectum animarum in vita et doctrina Christiana&rdquo; in Monumenta Ignatiana, Constitutiones T. I (MHSI), Roma, 1934 , 26 y 376; cfr. Constituzioni della Compagnia di Ges&ugrave; annotate dalla CG 34 e Norme complementari, Roma, ADP, 1995, 32-33.<\/p>\n<p>[8] Cf. MF. 50, 69, 111, 114 etc.<\/p>\n<p>[9] Cf. MNad V, 310.<\/p>\n<p>[10] PIERRE FAVRE, Memorial, Paris, Descl&eacute;e, 1959; cf. Introduction de M. De CERTAU, p&aacute;g. 74.<\/p>\n<p>[11] Ib&iacute;d. 76.<\/p>\n<p>[12] IGNACIO DE LOYOLA, Carta 26 a Francisco de Borja, fines de 1545.<\/p>\n<p>[13] P. RIBADENEIRA, Vita di S. Ignazio di Loiola, Roma, La Civilt&agrave; Cattolica, 1863, 336.<\/p>\n<p>[14] PIERRE FAVRE, Memorial cit. n&ordm; 51.<\/p>\n<p>[15] Cf., Directorio Aut&oacute;grafo 23.<\/p>\n<p>[16] FRANCISCO, Homil&iacute;a en la fiesta del SS.mo Nombre de Jes&uacute;s, Iglesia del Ges&ugrave;, 3 de enero de 2014.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Radio Vaticana).- Francisco fue recibido el 24 de octubre de 2016 por el nuevo Superior de los jesuitas, el padre Arturo Sosa, en el Aula de la Congregaci&oacute;n de la Curia general de la Compa&ntilde;ia de Jes&uacute;s, donde se desarrolla la 36 Congregaci&oacute;n General de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s con la participaci&oacute;n de m&aacute;s 215 &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/papa-los-rigidos-no-conocen-la-libertad-de-los-hijos-de-dios\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPapa: los r\u00edgidos no conocen la libertad de los hijos de Dios\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-8109","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8109","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8109"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8109\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8109"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8109"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8109"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}