{"id":8168,"date":"2016-10-25T12:40:04","date_gmt":"2016-10-25T17:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/para-hacer-lio-de-papa-francisco-no-hay-que-tener-miedo-nos-pide-juan-pablo-ii\/"},"modified":"2016-10-25T12:40:04","modified_gmt":"2016-10-25T17:40:04","slug":"para-hacer-lio-de-papa-francisco-no-hay-que-tener-miedo-nos-pide-juan-pablo-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/para-hacer-lio-de-papa-francisco-no-hay-que-tener-miedo-nos-pide-juan-pablo-ii\/","title":{"rendered":"Para \u00abhacer l\u00edo\u00bb de Papa Francisco, \u00abno hay que tener miedo\u00bb nos pide Juan Pablo II"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2016\/10\/21\/EPA2237163_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_8691855\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00554477.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>(RV).- &ldquo;Si por razones leg&iacute;timas se opta por la cremaci&oacute;n del cad&aacute;ver, las cenizas del difunto, por regla general, deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un &aacute;rea especialmente dedicada a tal fin por la autoridad eclesi&aacute;stica competente&rdquo;, lo record&oacute; el Prefecto de la Congregaci&oacute;n para la Doctrina de la Fe, el Cardenal Gerhard Ludwig M&uuml;ller, al presentar la Instrucci&oacute;n &ldquo;Ad resurgendum cum Christo&rdquo;, acerca de la sepultura de los difuntos y la conservaci&oacute;n de las cenizas en caso de cremaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El documento presentado la ma&ntilde;ana del martes 25 de octubre, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, tiene por objeto &ldquo;reafirmar las razones doctrinales y pastorales para la preferencia de la sepultura de los cuerpos y de emanar normas relativas a la conservaci&oacute;n de las cenizas en el caso de la cremaci&oacute;n&rdquo;. Mientras tanto, en diferentes pa&iacute;ses se ha difundido notablemente la pr&aacute;ctica de la cremaci&oacute;n, se lee en el documento, pero al mismo tiempo tambi&eacute;n se han propagado nuevas ideas en desacuerdo con la fe de la Iglesia. Por ello, la nueva Instrucci&oacute;n recuerda que &ldquo;la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s es la verdad culminante de la fe cristiana, predicada como una parte esencial del Misterio pascual desde los or&iacute;genes del cristianismo&rdquo;.<\/p>\n<p>As&iacute; mismo, el documento se&ntilde;ala que &ldquo;siguiendo la antiqu&iacute;sima tradici&oacute;n cristiana, la Iglesia recomienda insistentemente que los cuerpos de los difuntos sean sepultados en los cementerios u otros lugares sagrados&rdquo;. Enterrando los cuerpos de los fieles difuntos, la Iglesia confirma su fe en la resurrecci&oacute;n de la carne, y pone de relieve la alta dignidad del cuerpo humano como parte integrante de la persona con la cual el cuerpo comparte la historia.&nbsp; &ldquo;No puede permitir, por lo tanto &ndash; se lee en el documento &ndash; actitudes y rituales que impliquen conceptos err&oacute;neos de la muerte, considerada como anulaci&oacute;n definitiva de la persona, o como momento de fusi&oacute;n con la Madre naturaleza o con el universo, o como una etapa en el proceso de re-encarnaci&oacute;n, o como la liberaci&oacute;n definitiva de la prisi&oacute;n del cuerpo&rdquo;.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, la Instrucci&oacute;n precisa que &ldquo;la sepultura en los cementerios u otros lugares sagrados responde adecuadamente a la compasi&oacute;n y el respeto debido a los cuerpos de los fieles difuntos, que mediante el Bautismo se han convertido en templo del Esp&iacute;ritu Santo&rdquo;. Por &uacute;ltimo, el documento se&ntilde;ala que &ldquo;la sepultura de los cuerpos de los fieles difuntos en los cementerios u otros lugares sagrados favorece el recuerdo y la oraci&oacute;n por los difuntos por parte de los familiares y de toda la comunidad cristiana, y la veneraci&oacute;n de los m&aacute;rtires y santos&rdquo;.<\/p>\n<p>De otro lado, cuando por diversas razones lleven a optar por la cremaci&oacute;n, la Instrucci&oacute;n afirma que &ldquo;&eacute;sta no debe ser contraria a la voluntad expresa o razonablemente presunta del fiel difunto, la Iglesia no ve razones doctrinales para evitar esta pr&aacute;ctica, ya que la cremaci&oacute;n del cad&aacute;ver no toca el alma y no impide a la omnipotencia divina resucitar el cuerpo y por lo tanto no contiene la negaci&oacute;n objetiva de la doctrina cristiana sobre la inmortalidad del alma y la resurrecci&oacute;n del cuerpo&rdquo;. En ausencia de razones contrarias a la doctrina cristiana, la Iglesia, despu&eacute;s de la celebraci&oacute;n de las exequias, acompa&ntilde;a la cremaci&oacute;n con especiales indicaciones lit&uacute;rgicas y pastorales, teniendo un cuidado particular para evitar cualquier tipo de esc&aacute;ndalo o indiferencia religiosa.<\/p>\n<p>Por todo ello, el documento se&ntilde;ala que &ldquo;si por razones leg&iacute;timas se opta por la cremaci&oacute;n del cad&aacute;ver, las cenizas del difunto, por regla general, deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un &aacute;rea especialmente dedicada a tal fin por la autoridad eclesi&aacute;stica competente&rdquo;. Desde el principio, recuerda la Instrucci&oacute;n, los cristianos han deseado que sus difuntos fueran objeto de oraciones y recuerdo de parte de la comunidad cristiana. La conservaci&oacute;n de las cenizas en un lugar sagrado puede ayudar a reducir el riesgo de sustraer a los difuntos de la oraci&oacute;n y el recuerdo de los familiares y de la comunidad cristiana. As&iacute;, adem&aacute;s, se evita la posibilidad de olvido, falta de respeto y malos tratos, que pueden sobrevenir sobre todo una vez pasada la primera generaci&oacute;n, as&iacute; como pr&aacute;cticas inconvenientes o supersticiosas.<\/p>\n<p>&ldquo;Por las razones mencionadas anteriormente &ndash; se lee en el documento &ndash; no est&aacute; permitida la conservaci&oacute;n de las cenizas en el hogar. S&oacute;lo en casos de graves y excepcionales circunstancias, dependiendo de las condiciones culturales de car&aacute;cter local, el Ordinario, de acuerdo con la Conferencia Episcopal o con el S&iacute;nodo de los Obispos de las Iglesias Orientales, puede conceder el permiso para conservar las cenizas en el hogar&rdquo;. Adem&aacute;s, se precisa que las cenizas, no pueden ser divididas entre los diferentes n&uacute;cleos familiares y se les debe asegurar respeto y condiciones adecuadas de conservaci&oacute;n.<\/p>\n<p>(Renato Martinez &ndash; Radio Vaticano)<\/p>\n<p><strong>CONGREGACI&Oacute;N PARA LA DOCTRINA DE LA FE<\/strong><\/p>\n<p><strong>Instrucci&oacute;n &ldquo;Ad resurgendum cum Christo&rdquo;, acerca de la sepultura de los difuntos y la conservaci&oacute;n de las cenizas en caso de cremaci&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p>1. Para resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo, es necesario &laquo;dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Se&ntilde;or&raquo; (2 Co 5, 8). Con la Instrucci&oacute;n Piam et constantem del 5 de julio de 1963, el entonces Santo Oficio, estableci&oacute; que &laquo;la Iglesia aconseja vivamente la piadosa costumbre de sepultar el cad&aacute;ver de los difuntos&raquo;, pero agreg&oacute; que la cremaci&oacute;n no es &laquo;contraria a ninguna verdad natural o sobrenatural&raquo; y que no se les negaran los sacramentos y los funerales a los que hab&iacute;an solicitado ser cremados, siempre que esta opci&oacute;n no obedezca a la &laquo;negaci&oacute;n de los dogmas cristianos o por odio contra la religi&oacute;n cat&oacute;lica y la Iglesia&raquo;. Este cambio de la disciplina eclesi&aacute;stica ha sido incorporado en el C&oacute;digo de Derecho Can&oacute;nico (1983) y en el C&oacute;digo de C&aacute;nones de las Iglesias Orientales (1990).<\/p>\n<p>Mientras tanto, la pr&aacute;ctica de la cremaci&oacute;n se ha difundido notablemente en muchos pa&iacute;ses, pero al mismo tiempo tambi&eacute;n se han propagado nuevas ideas en desacuerdo con la fe de la Iglesia. Despu&eacute;s de haber debidamente escuchado a la Congregaci&oacute;n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el Consejo Pontificio para los Textos Legislativos y muchas Conferencias Episcopales y S&iacute;nodos de los Obispos de las Iglesias Orientales, la Congregaci&oacute;n para la Doctrina de la Fe ha considerado conveniente la publicaci&oacute;n de una nueva Instrucci&oacute;n, con el fin de reafirmar las razones doctrinales y pastorales para la preferencia de la sepultura de los cuerpos y de emanar normas relativas a la conservaci&oacute;n de las cenizas en el caso de la cremaci&oacute;n.<\/p>\n<p>2. La resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s es la verdad culminante de la fe cristiana, predicada como una parte esencial del Misterio pascual desde los or&iacute;genes del cristianismo: &laquo;Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recib&iacute;: Cristo muri&oacute; por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucit&oacute; al tercer d&iacute;a, de acuerdo con la Escritura. Se apareci&oacute; a Pedro y despu&eacute;s a los Doce&raquo; (1 Co 15,3-5).<\/p>\n<p>Por su muerte y resurrecci&oacute;n, Cristo nos libera del pecado y nos da acceso a una nueva vida: &laquo;a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos&hellip; tambi&eacute;n nosotros vivamos una nueva vida&raquo; (Rm 6,4). Adem&aacute;s, el Cristo resucitado es principio y&nbsp; fuente de nuestra resurrecci&oacute;n futura: &laquo;Cristo resucit&oacute; de entre los muertos, como primicia de los que durmieron&hellip; del mismo modo que en Ad&aacute;n mueren todos, as&iacute; tambi&eacute;n todos revivir&aacute;n en Cristo&raquo; (1 Co 15, 20-22).<\/p>\n<p>Si es verdad que Cristo nos resucitar&aacute; en el &uacute;ltimo d&iacute;a, tambi&eacute;n lo es, en cierto modo, que nosotros ya hemos resucitado con Cristo. En el Bautismo, de hecho, hemos sido sumergidos en la muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo y asimilados sacramentalmente a &eacute;l: &laquo;Sepultados con &eacute;l en el bautismo, con &eacute;l hab&eacute;is resucitado por la fe en la acci&oacute;n de Dios, que le resucit&oacute; de entre los muertos&raquo; (Col 2, 12). Unidos a Cristo por el Bautismo, los creyentes participan ya realmente en la vida celestial de Cristo resucitado (cf. Ef 2, 6).<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. La visi&oacute;n cristiana de la muerte se expresa de modo privilegiado en la liturgia de la Iglesia: &laquo;La vida de los que en ti creemos, Se&ntilde;or, no termina, se transforma: y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansi&oacute;n eterna en el cielo&raquo;.&nbsp; Por la muerte, el alma se separa del cuerpo, pero en la resurrecci&oacute;n Dios devolver&aacute; la vida incorruptible a nuestro cuerpo transformado, reuni&eacute;ndolo con nuestra alma. Tambi&eacute;n en nuestros d&iacute;as, la Iglesia est&aacute; llamada a anunciar la fe en la resurrecci&oacute;n: &laquo;La resurrecci&oacute;n de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella&raquo;.<\/span><\/p>\n<p>3. Siguiendo la antiqu&iacute;sima tradici&oacute;n cristiana, la Iglesia recomienda insistentemente que los cuerpos de los difuntos sean sepultados en los cementerios u otros lugares sagrados.&nbsp;<\/p>\n<p>En la memoria de la muerte, sepultura y resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, misterio a la luz del cual se manifiesta el sentido cristiano de la muerte,&nbsp;&nbsp; la inhumaci&oacute;n es en primer lugar la forma m&aacute;s adecuada para expresar la fe y la esperanza en la resurrecci&oacute;n corporal.&nbsp;<\/p>\n<p>La Iglesia, como madre acompa&ntilde;a al cristiano durante su peregrinaci&oacute;n terrena, ofrece al Padre, en Cristo, el hijo de su gracia, y entregar&aacute; sus restos mortales a la tierra con la esperanza de que resucitar&aacute; en la gloria.<\/p>\n<p>Enterrando los cuerpos de los fieles difuntos, la Iglesia confirma su fe en la resurrecci&oacute;n de la carne,&nbsp; y pone de relieve la alta dignidad del cuerpo humano como parte integrante de la persona con la cual el cuerpo comparte la historia.&nbsp; No puede permitir, por lo tanto, actitudes y rituales que impliquen conceptos err&oacute;neos de la muerte, considerada como anulaci&oacute;n definitiva de la persona, o como momento de fusi&oacute;n con la Madre naturaleza o con el universo, o como una etapa en el proceso de re-encarnaci&oacute;n, o como la liberaci&oacute;n definitiva de la &ldquo;prisi&oacute;n&rdquo; del cuerpo.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, la sepultura en los cementerios u otros lugares sagrados responde adecuadamente a la compasi&oacute;n y el respeto debido a los cuerpos de los fieles difuntos, que mediante el Bautismo se han convertido en templo del Esp&iacute;ritu Santo y de los cuales, &laquo;como herramientas y vasos, se ha servido piadosamente el Esp&iacute;ritu para llevar a cabo muchas obras buenas&raquo;.<\/p>\n<p>Tob&iacute;as el justo es elogiado por los m&eacute;ritos adquiridos ante Dios por haber sepultado a los muertos,&nbsp; y la Iglesia considera la sepultura de los muertos como una obra de misericordia corporal.<\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, la sepultura de los cuerpos de los fieles difuntos en los cementerios u otros lugares sagrados favorece el recuerdo y la oraci&oacute;n por los difuntos por parte de los familiares y de toda la comunidad cristiana, y la veneraci&oacute;n de los m&aacute;rtires y santos.<\/p>\n<p>Mediante la sepultura de los cuerpos en los cementerios, en las iglesias o en las &aacute;reas a ellos dedicadas, la tradici&oacute;n cristiana ha custodiado la comuni&oacute;n entre los vivos y los muertos, y se ha opuesto a la tendencia a ocultar o privatizar el evento de la muerte y el significado que tiene para los cristianos.<\/p>\n<p>4. Cuando razones de tipo higi&eacute;nicas, econ&oacute;micas o sociales lleven a optar por la cremaci&oacute;n, &eacute;sta no debe ser contraria a la voluntad expresa o razonablemente presunta del fiel difunto, la Iglesia no ve razones doctrinales para evitar esta pr&aacute;ctica, ya que la cremaci&oacute;n del cad&aacute;ver no toca el alma y no impide a la omnipotencia divina resucitar el cuerpo y por lo tanto no contiene la negaci&oacute;n objetiva de la doctrina cristiana sobre la inmortalidad del alma y la resurrecci&oacute;n del cuerpo.<\/p>\n<p>La Iglesia sigue prefiriendo la sepultura de los cuerpos, porque con ella se demuestra un mayor aprecio por los difuntos; sin embargo, la cremaci&oacute;n no est&aacute; prohibida, &laquo;a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana&raquo;.<\/p>\n<p>En ausencia de razones contrarias a la doctrina cristiana, la Iglesia, despu&eacute;s de la celebraci&oacute;n de las exequias, acompa&ntilde;a la cremaci&oacute;n con especiales indicaciones lit&uacute;rgicas y pastorales, teniendo un cuidado particular para evitar cualquier tipo de esc&aacute;ndalo o indiferencia religiosa.<\/p>\n<p>5. Si por razones leg&iacute;timas se opta por la cremaci&oacute;n del cad&aacute;ver, las cenizas del difunto, por regla general, deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un &aacute;rea especialmente dedicada a tal fin por la autoridad eclesi&aacute;stica competente.<\/p>\n<p>Desde el principio, los cristianos han deseado que sus difuntos fueran objeto de oraciones y recuerdo de parte de la comunidad cristiana. Sus tumbas se convirtieron en lugares de oraci&oacute;n, recuerdo y reflexi&oacute;n. Los fieles difuntos son parte de la Iglesia, que cree en la comuni&oacute;n &laquo;de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican despu&eacute;s de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia&raquo;.<\/p>\n<p>La conservaci&oacute;n de las cenizas en un lugar sagrado puede ayudar a reducir el riesgo de sustraer a los difuntos de la oraci&oacute;n y el recuerdo de los familiares y de la comunidad cristiana. As&iacute;, adem&aacute;s, se evita la posibilidad de olvido, falta de respeto y malos tratos, que pueden sobrevenir sobre todo una vez pasada la primera generaci&oacute;n, as&iacute; como pr&aacute;cticas inconvenientes o supersticiosas.<\/p>\n<p>6. Por las razones mencionadas anteriormente, no est&aacute; permitida la conservaci&oacute;n de las cenizas en el hogar. S&oacute;lo en casos de graves y excepcionales circunstancias, dependiendo de las condiciones culturales de car&aacute;cter local, el Ordinario, de acuerdo con la Conferencia Episcopal o con el S&iacute;nodo de los Obispos de las Iglesias Orientales, puede conceder el permiso para conservar las cenizas en el hogar. Las cenizas, sin embargo, no pueden ser divididas entre los diferentes n&uacute;cleos familiares y se les debe asegurar respeto y condiciones adecuadas de conservaci&oacute;n.<\/p>\n<p>7. Para evitar cualquier malentendido pante&iacute;sta, naturalista o nihilista, no sea permitida la dispersi&oacute;n de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma, o la conversi&oacute;n de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyer&iacute;a o en otros art&iacute;culos, teniendo en cuenta que para estas formas de proceder no se pueden invocar razones higi&eacute;nicas, sociales o econ&oacute;micas que pueden motivar la opci&oacute;n de la cremaci&oacute;n.<\/p>\n<p>8. En el caso de que el difunto hubiera dispuesto la cremaci&oacute;n y la dispersi&oacute;n de sus cenizas en la naturaleza por razones contrarias a la fe cristiana, se le han de negar las exequias, de acuerdo con la norma del derecho.<\/p>\n<p>El Sumo Pont&iacute;fice Francisco, en audiencia concedida al infrascrito Cardenal Prefecto el 18 de marzo de 2016, ha aprobado la presente Instrucci&oacute;n, decidida en la Sesi&oacute;n Ordinaria de esta Congregaci&oacute;n el 2 de marzo de 2016, y ha ordenado su publicaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Roma, de la sede de la Congregaci&oacute;n para la Doctrina de la Fe, 15 de agosto de 2016, Solemnidad de la Asunci&oacute;n de la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>GERHARD Card. M&Uuml;LLER<\/p>\n<p>Prefecto<\/p>\n<p>LUIS F. LADARIA, S.I.<\/p>\n<p>Arzobispo titular de Thibica<\/p>\n<p>Secretario<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- &ldquo;Si por razones leg&iacute;timas se opta por la cremaci&oacute;n del cad&aacute;ver, las cenizas del difunto, por regla general, deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un &aacute;rea especialmente dedicada a tal fin por la autoridad eclesi&aacute;stica competente&rdquo;, lo record&oacute; el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/para-hacer-lio-de-papa-francisco-no-hay-que-tener-miedo-nos-pide-juan-pablo-ii\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPara \u00abhacer l\u00edo\u00bb de Papa Francisco, \u00abno hay que tener miedo\u00bb nos pide Juan Pablo II\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-8168","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8168","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8168"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8168\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8168"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8168"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8168"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}