{"id":8571,"date":"2016-11-05T14:15:07","date_gmt":"2016-11-05T19:15:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/comentario-a-la-liturgia-dominical-22\/"},"modified":"2016-11-05T14:15:07","modified_gmt":"2016-11-05T19:15:07","slug":"comentario-a-la-liturgia-dominical-22","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/comentario-a-la-liturgia-dominical-22\/","title":{"rendered":"Comentario a la liturgia dominical"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">(ZENIT &#8211; M\u00e9xico).- Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teolog\u00eda Espiritual, director espiritual y profesor de Humanidades Cl\u00e1sicas en el Centro de Noviciado y Humanidades y Ciencias de la Legi\u00f3n de Cristo en Monterrey (M\u00e9xico).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Idea principal<\/strong>: Creo con fe firme en el dogma de la <em>resurrecci\u00f3n de la carne<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>S\u00edntesis del mensaje:<\/strong> Dentro de dos domingos \u2013domingo 34 del tiempo ordinario- termina el a\u00f1o de la misericordia. En este domingo el Se\u00f1or nos invita a meditar con fe y serenidad en las verdades eternas que viviremos despu\u00e9s de nuestra muerte. \u00bfQu\u00e9 habr\u00e1 despu\u00e9s de esta vida? La <em>muerte<\/em>, el <em>juicio<\/em>, el <em>veredicto<\/em> de Dios: o el <em>premio<\/em> \u2013despu\u00e9s de una purificaci\u00f3n en el <em>purgatorio<\/em>&#8211; o el <em>castigo<\/em>, que Dios nunca quiso, pero que nosotros nos ganamos con nuestra rebeld\u00eda y desamor, y finalmente la <em>resurrecci\u00f3n<\/em> <em>de nuestro cuerpo en la vida eterna<\/em>. Todo el mes de noviembre est\u00e1 impregnado por estas verdades, sobre todo con la celebraci\u00f3n de la fiesta de todos los\u00a0 Santos y la de los fieles Difuntos. El Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica en el n\u00famero 988\u00a0dice as\u00ed: <em>\u201cel Credo cristiano \u2014profesi\u00f3n de nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo, y en su acci\u00f3n creadora, salvadora y santificadora\u2014 culmina en la proclamaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n de los muertos al fin de los tiempos, y en la vida eterna\u201d.<\/em> Y en el n\u00famero 990 declara: <em>\u201c<\/em><em>La &#8220;resurrecci\u00f3n de la carne&#8221; significa que, despu\u00e9s de la muerte, no habr\u00e1 solamente vida del alma inmortal, sino que tambi\u00e9n nuestros &#8220;cuerpos mortales&#8221; (Rm\u00a08, 11) volver\u00e1n a tener vida\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Puntos de la idea principal<\/strong>:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong><em>En primer lugar<\/em><\/strong>, <em>la primera lectura<\/em> <em>nos muestra que algunos m\u00e1rtires, en medio de una persecuci\u00f3n contra los jud\u00edos, tuvieron una gran fe en la resurrecci\u00f3n<\/em>. Los jud\u00edos de los siglos precedentes no hab\u00edan descubierto todav\u00eda la fe en la resurrecci\u00f3n. Su creencia era similar a la de muchos pueblos \u2013los griegos, por ejemplo- que pensaban que los hombres, tras la muerte, continuaban teniendo una existencia en los infiernos (que los jud\u00edos llamaban <em>sheol<\/em>), pero una existencia miserable, una existencia espectral, indigna de la naturaleza humana, y todav\u00eda menos de Dios. La muerte se les presentaba como una ruptura irreparable. Pero algunos recibieron la inspiraci\u00f3n de Dios de una esperanza m\u00e1s all\u00e1 de la muerte: <em>\u201cNo me entregar\u00e1s a la muerte, ni dejar\u00e1s a tu fiel conocer la corrupci\u00f3n\u201d <\/em>(Salmo 15, 10). Esperanza de que Dios les llevar\u00e1 consigo. Estos jud\u00edos estaban convencidos de que, para tener una vida plena junto a Dios, tambi\u00e9n deb\u00eda resucitar su cuerpo. Preguntemos, si no, a la madre de los siete hijos (<em>1\u00aa lectura<\/em>), a quien el rey Ant\u00edoco exig\u00eda \u2013para que abandonaran su religi\u00f3n- comer carne de cerdo, prohibida por la ley de Mois\u00e9s, por ser animal impuro. Para conservar la pureza ritual hab\u00eda que abstenerse absolutamente de comer de cerdo. Estos j\u00f3venes resistieron y fueron fieles a la ley. Lo que les manten\u00eda en su lucha contra el perseguidor era la fe en la resurrecci\u00f3n. Ten\u00edan confianza de que Dios les recompensar\u00eda con una resurrecci\u00f3n gloriosa. Dios no puede abandonar a sus fieles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong><em>En segundo lugar<\/em><\/strong>, ahora es <em>Jes\u00fas en el evangelio<\/em> <em>de hoy quien profes\u00f3 esta certeza de la resurrecci\u00f3n; m\u00e1s a\u00fan, anunci\u00f3 su propia resurrecci\u00f3n<\/em>. Ante la pregunta rid\u00edcula de los saduceos sobre la mujer que se cas\u00f3 siete veces -\u00bfde qui\u00e9n ser\u00e1 mujer, de los siete esposos que tuvo?-, da una respuesta luminosa y decisiva al misterio de la resurrecci\u00f3n. Les hace ver que tienen una idea equivocada de la resurrecci\u00f3n. No es el retorno a la vida terrena, sino una resurrecci\u00f3n que inaugura una vida completamente nueva de relaci\u00f3n con Dios, llena de alegr\u00eda y gozo, sin mezcla de tristeza ni fatiga, que s\u00f3lo se dan aqu\u00ed en la tierra. En esta nueva vida con Dios ya no hay necesidad de casarse ni de relaciones \u00edntimas. Hay amor, pero no vida sexual, que en la tierra era consuelo, placer y bendici\u00f3n entre esposo y esposa para reforzar el amor entre los esposos y procrear. La vida all\u00e1 no es continuaci\u00f3n de la de aqu\u00ed, llena de placeres sensibles y carnales, aunque leg\u00edtimos y buenos, dentro de un matrimonio santo. No se necesita procrear, porque all\u00e1 habr\u00e1 s\u00f3lo vida, no muerte. All\u00e1 seremos como \u00e1ngeles, dice Jes\u00fas, con existencia espiritual, aunque con su cuerpo resucitado. Lo que esperamos no es una vida terrena, aunque mejorada, sino una vida celestial en plenitud, al lado de Dios y sus santos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong><em>Finalmente<\/em><\/strong>, creer en la resurrecci\u00f3n de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. <em>&#8220;La resurrecci\u00f3n de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella&#8221;<\/em> (Tertuliano,\u00a0<em>De resurrectione mortuorum<\/em>\u00a01, 1). Busquemos ya aqu\u00ed en la tierra los valores celestiales: amor, alegr\u00eda, paz y uni\u00f3n con Dios y con todos los hermanos, sin odios ni ego\u00edsmos. Es una felicidad m\u00e1s profunda y completa, que aqu\u00ed en la tierra era un sorbo, un aperitivo, mezclado a veces con la hiel y el vinagre. La 2\u00aa lectura nos ayuda a prepararnos para esa resurrecci\u00f3n: con confianza en Dios y esperanza inquebrantable, a\u00fan en medio de luchas y tribulaciones, pues el amor de Dios prevalecer\u00e1 al final. Cristo nos ha prometido esta resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Para reflexionar<\/strong>: Cuando la Iglesia dice por \u00faltima vez las palabras de perd\u00f3n de la absoluci\u00f3n de Cristo sobre el cristiano moribundo, lo sella por \u00faltima vez con una unci\u00f3n fortificante y le da a Cristo en el vi\u00e1tico como alimento para el viaje. Le habla entonces con una dulce seguridad: <em>\u00abAlma cristiana, al salir de este mundo, marcha en el nombre de Dios Padre Todopoderoso, que te cre\u00f3, en el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que muri\u00f3 por ti, en el nombre del Esp\u00edritu Santo, que sobre ti descendi\u00f3. Entra en el lugar de la paz y que tu morada est\u00e9 junto a Dios en Si\u00f3n, la ciudad santa, con Santa Mar\u00eda Virgen, Madre de Dios, con san Jos\u00e9 y todos los \u00e1ngeles y santos [&#8230;] Te entrego a Dios, y, como criatura suya, te pongo en sus manos, pues es tu Hacedor, que te form\u00f3 del polvo de la tierra. Y al dejar esta vida, salgan a tu encuentro la Virgen Mar\u00eda y todos los \u00e1ngeles y santos [&#8230;] Que puedas contemplar cara a cara a tu Redentor\u00bb<\/em> (Rito de la Unci\u00f3n de Enfermos y de su cuidado pas<em>toral, Orden de recomendaci\u00f3n de moribundo<\/em>s, 146-147).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Para rezar<\/strong>: agradezcamos la gracia de la vida eterna con las palabras de uno de los grandes doctores de la Iglesia, San Agust\u00edn:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u201cEntonces seremos libres y veremos,<br \/>\nveremos y amaremos,<br \/>\namaremos y alabaremos.<br \/>\nHe aqu\u00ed lo que suceder\u00e1 al fin sin fin\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cualquier sugerencia o duda pueden comunicarse con el padre Antonio a este email: arivero@legionaries.org.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&nbsp;<\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(ZENIT &#8211; M\u00e9xico).- Antonio Rivero, L.C. 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