{"id":8584,"date":"2016-11-06T05:15:02","date_gmt":"2016-11-06T10:15:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-de-la-homilia-del-papa-francisco-en-el-jubileo-de-los-reclusos\/"},"modified":"2016-11-06T05:15:02","modified_gmt":"2016-11-06T10:15:02","slug":"texto-completo-de-la-homilia-del-papa-francisco-en-el-jubileo-de-los-reclusos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-de-la-homilia-del-papa-francisco-en-el-jubileo-de-los-reclusos\/","title":{"rendered":"Texto completo de la homil\u00eda del papa Francisco en el jubileo de los reclusos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">(ZENIT &#8211; Ciudad del Vaticano).-\u00a0El papa Francisco presidi\u00f3 este domingo la santa misa en la bas\u00edlica de San Pedro en el d\u00eda del Jubileo de los reclusos, quienes estaban acompa\u00f1ados por sus familias, capellanes, voluntarios y funcionarios. El Santo Padre se\u00f1al\u00f3 que el mensaje de este jubileo es de esperanza y que la\u00a0historia que inicia hoy mira al futuro y est\u00e1 todav\u00eda sin escribir, porque con la gracia de Dios y aprendiendo de los errores del pasado, se puede abrir un nuevo cap\u00edtulo de la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Texto completo de las palabras del Papa:<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El mensaje que la Palabra de Dios quiere comunicarnos hoy es ciertamente de esperanza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Uno de los siete hermanos condenados a muerte por el rey Ant\u00edoco Ep\u00edfanes dice: \u00abDios mismo nos resucitar\u00e1\u00bb (2M 7,14). Estas palabras manifiestan la fe de aquellos m\u00e1rtires que, no obstante los sufrimientos y las torturas, tienen la fuerza para mirar m\u00e1s all\u00e1. Una fe que, mientras reconoce en Dios la fuente de la esperanza, muestra el deseo de alcanzar una vida nueva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Del mismo modo, en el Evangelio, hemos escuchado c\u00f3mo Jes\u00fas con una respuesta simple pero perfecta elimina toda la casu\u00edstica banal que los saduceos le hab\u00edan presentado. Su expresi\u00f3n: \u00abNo es Dios de muertos, sino de vivos: porque para \u00e9l todos est\u00e1n vivos\u00bb (Lc 20,38), revela el verdadero rostro del Padre, que desea s\u00f3lo la vida de todos sus hijos. La esperanza de renacer a una vida nueva, por tanto, es lo que estamos llamados a asumir para ser fieles a la ense\u00f1anza de Jes\u00fas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La esperanza es don de Dios. Est\u00e1 ubicada en lo m\u00e1s profundo del coraz\u00f3n de cada persona para que pueda iluminar con su luz el presente, muchas veces turbado y ofuscado por tantas situaciones que conllevan tristeza y dolor. Tenemos necesidad de fortalecer cada vez m\u00e1s las ra\u00edces de nuestra esperanza, para que puedan dar fruto. En primer lugar, la certeza de la presencia y de la compasi\u00f3n de Dios, no obstante el mal que hemos cometido. No existe lugar en nuestro coraz\u00f3n que no pueda ser alcanzado por el amor de Dios. Donde hay una persona que se ha equivocado, all\u00ed se hace presente con m\u00e1s fuerza la misericordia del Padre, para suscitar arrepentimiento, perd\u00f3n, reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hoy celebramos el Jubileo de la Misericordia para vosotros y con vosotros, hermanos y hermanas reclusos. Y es con esta expresi\u00f3n de amor de Dios, la misericordia, que sentimos la necesidad de confrontarnos. Ciertamente, la falta de respeto por la ley conlleva la condena, y la privaci\u00f3n de libertad es la forma m\u00e1s dura de descontar una pena, porque toca la persona en su n\u00facleo m\u00e1s \u00edntimo. Y todav\u00eda as\u00ed, la esperanza no puede perderse. Una cosa es lo que merecemos por el mal que hicimos, y otra cosa distinta es el \u00abrespiro\u00bb de la esperanza, que no puede sofocarlo nada ni nadie. Nuestro coraz\u00f3n siempre espera el bien; se lo debemos a la misericordia con la que Dios nos sale al encuentro sin abandonarnos jam\u00e1s (cf. san Agust\u00edn, Sermo 254,1).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En la carta a los Romanos, el ap\u00f3stol Pablo habla de Dios como del \u00abDios de la esperanza\u00bb (Rm 15,13). Es como si nos quisiera decir que tambi\u00e9n Dios espera; y por parad\u00f3jico que pueda parecer, es as\u00ed: Dios espera. Su misericordia no lo deja tranquilo. Es como el Padre de la par\u00e1bola, que espera siempre el regreso del hijo que se ha equivocado (cf. Lc 15,11-32). No existe tregua ni reposo para Dios hasta que no ha encontrado la oveja descarriada (cf. Lc 15,5).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por tanto, si Dios\u00a0espera, entonces la esperanza no se le puede quitar a nadie, porque es la fuerza para seguir adelante; la tensi\u00f3n hacia el futuro para transformar la vida; el est\u00edmulo para el ma\u00f1ana, de modo que el amor con el que, a pesar de todo, nos ama, pueda ser un nuevo camino&#8230; En definitiva, la esperanza es la prueba interior de la fuerza de la misericordia de Dios, que nos pide mirar hacia adelante y vencer la atracci\u00f3n hacia el mal y el pecado con la fe y la confianza en \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Queridos reclusos, es el d\u00eda de vuestro Jubileo. Que hoy, ante el Se\u00f1or, vuestra esperanza se encienda. El Jubileo, por su misma naturaleza, lleva consigo el anuncio de la liberaci\u00f3n (cf. Lv 25,39-46). No depende de m\u00ed poderla conceder, pero suscitar el deseo de la verdadera libertad en cada uno de vosotros es una tarea a la que la Iglesia no puede renunciar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A veces, una cierta hipocres\u00eda lleva a ver s\u00f3lo en vosotros personas que se han equivocado, para las que el \u00fanico camino es la c\u00e1rcel.\u00a0Cada vez que entro\u00a0una c\u00e1rcel me pregunto &#8216;por que ellos y no yo&#8217;, todos tenemos al posibilidad de equivocarnos, todos de una u otra\u00a0manera nos hemos equivocados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Y esa hipocres\u00eda hace que no se piense piense en la posibilidad de cambiar de vida, hay poca confianza en la rehabilitaci\u00f3n. Pero de este modo se olvida que todos somos pecadores y, muchas veces, somos prisioneros sin darnos cuenta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando se permanece encerrados en los propios prejuicios, o se es esclavo de los \u00eddolos de un falso bienestar, cuando uno se mueve dentro de esquemas ideol\u00f3gicos o absolutiza leyes de mercado que aplastan a las personas, en realidad no se hace otra cosa que estar entre las estrechas paredes de la celda del individualismo y de la autosuficiencia, privados de la verdad que genera la libertad. Y se\u00f1alar con el dedo a quien se ha equivocado no puede ser una excusa para esconder las propias contradicciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sabemos que ante Dios nadie puede considerarse justo (cf. Rm 2,1-11). Pero nadie puede vivir sin la certeza de encontrar el perd\u00f3n. El ladr\u00f3n arrepentido, crucificado junto a Jes\u00fas, lo ha acompa\u00f1ado en el para\u00edso (cf. Lc 23,43). Ninguno de vosotros, por tanto, se encierre en el pasado. La historia pasada, aunque lo quisi\u00e9ramos, no puede ser escrita de nuevo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero la historia que inicia hoy, y que mira al futuro, est\u00e1 todav\u00eda sin escribir, con la gracia de Dios y con vuestra responsabilidad personal. Aprendiendo de los errores del pasado, se puede abrir un nuevo cap\u00edtulo de la vida. No caigamos en la tentaci\u00f3n de pensar que no podemos ser perdonados. Ante cualquier cosa, peque\u00f1a o grande, que nos reproche el coraz\u00f3n, s\u00f3lo debemos poner nuestra confianza en su misericordia, pues \u00abDios es mayor que nuestro coraz\u00f3n\u00bb (1Jn 3,20).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La fe, incluso si es peque\u00f1a como un grano de mostaza, es capaz de mover monta\u00f1as (cf. Mt 17,20). Cuantas veces la fuerza de la fe ha permitido pronunciar la palabra perd\u00f3n en condiciones humanamente imposibles. Personas que han padecido violencias y abusos en s\u00ed mismas o en sus seres queridos o en sus bienes. S\u00f3lo la fuerza de Dios, la misericordia, puede curar ciertas heridas. Y donde se responde a la violencia con el perd\u00f3n, all\u00ed tambi\u00e9n el amor que derrota toda forma de mal puede conquistar el coraz\u00f3n de quien se ha equivocado. Y as\u00ed, entre las v\u00edctimas y entre los culpables, Dios suscita aut\u00e9nticos testimonios y obreros de la misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hoy veneramos a la Virgen Mar\u00eda en esta imagen que la representa como una Madre que tiene en sus brazos a Jes\u00fas con una cadena rota, las cadenas de la esclavitud y de la prisi\u00f3n. Que ella dirija a cada uno de vosotros su mirada materna, haga surgir de vuestro coraz\u00f3n la fuerza de la esperanza para vivir una vida nueva y digna en plena libertad y en el servicio del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(ZENIT &#8211; Ciudad del Vaticano).-\u00a0El papa Francisco presidi\u00f3 este domingo la santa misa en la bas\u00edlica de San Pedro en el d\u00eda del Jubileo de los reclusos, quienes estaban acompa\u00f1ados por sus familias, capellanes, voluntarios y funcionarios. 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