{"id":8827,"date":"2016-11-13T06:05:03","date_gmt":"2016-11-13T11:05:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-santa-misa-del-jubileo-de-los-excluidos\/"},"modified":"2016-11-13T06:05:03","modified_gmt":"2016-11-13T11:05:03","slug":"texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-santa-misa-del-jubileo-de-los-excluidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-santa-misa-del-jubileo-de-los-excluidos\/","title":{"rendered":"TEXTO: Homil\u00eda del Papa Francisco en la Santa Misa del Jubileo de los excluidos"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 13 Nov. 16 (ACI).-<br \/>\n\tLa Bas&iacute;lica de San Pedro alberg&oacute; a primera hora del domingo la Misa de clausura del Jubilo de las personas socialmente excluidas que se celebr&oacute; en Roma de los d&iacute;as 11 al 13 de noviembre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl Papa Francisco ofreci&oacute; un mensaje de esperanza en la homil&iacute;a que pronunci&oacute;. &ldquo;La persona humana, colocada por Dios en la cumbre de la creaci&oacute;n, es a menudo descartada, porque se prefieren las cosas que pasan. Y esto es inaceptable, porque el hombre es el bien m&aacute;s valioso a los ojos de Dios&rdquo;, afirm&oacute;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, la homil&iacute;a completa del Pont&iacute;fice:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPero para vosotros &laquo;os iluminar&aacute; un sol de justicia que lleva la salud en las alas&raquo; (Ml 3,20). Las palabras del profeta Malaqu&iacute;as, que hemos escuchado en la primera lectura, iluminan la celebraci&oacute;n de esta jornada jubilar. Se encuentran en la &uacute;ltima p&aacute;gina del &uacute;ltimo profeta del Antiguo Testamento y est&aacute;n dirigidas a aquellos que conf&iacute;an en el Se&ntilde;or, que ponen su esperanza en &eacute;l, que ponen nuevamente su esperanza en &eacute;l, eligi&eacute;ndolo como el bien m&aacute;s alto de sus vidas y neg&aacute;ndose a vivir s&oacute;lo para s&iacute; mismos y su intereses personales. Para ellos, pobres de s&iacute; mismos pero ricos de Dios, amanecer&aacute; el sol de su justicia: ellos son los pobres en el esp&iacute;ritu, a los que Jes&uacute;s promete el reino de los cielos (cf. Mt 5,3), y Dios, por medio del profeta Malaqu&iacute;as, llama mi &laquo;propiedad personal&raquo; (Ml 3,17). El profeta los contrapone a los arrogantes, a los que han puesto la seguridad de su vida en su autosuficiencia y en los bienes del mundo. La lectura de esta &uacute;ltima p&aacute;gina del Antiguo Testamento suscita preguntas que nos interrogan sobre el significado &uacute;ltimo de la vida: &iquest;En d&oacute;nde busco mi seguridad? &iquest;En el Se&ntilde;or o en otras seguridades que no le gustan a Dios? &iquest;Hacia d&oacute;nde se dirige mi vida, hacia d&oacute;nde est&aacute; orientado mi coraz&oacute;n? &iquest;Hacia el Se&ntilde;or de la vida o hacia las cosas que pasan y no llenan?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPreguntas similares se encuentran en el pasaje del Evangelio de hoy. Jes&uacute;s est&aacute; en Jerusal&eacute;n para escribir la &uacute;ltima y m&aacute;s importante p&aacute;gina de su vida terrena: su muerte y resurrecci&oacute;n. Est&aacute; cerca del templo, &laquo;adornado de bellas piedras y ofrendas votivas&raquo; (Lc 21,5). La gente estaba hablando de la belleza exterior del templo, cuando Jes&uacute;s dice: &laquo;Esto que contempl&aacute;is, llegar&aacute; un d&iacute;a en que no quedar&aacute; piedra sobre piedra&raquo; (v. 6). A&ntilde;ade que habr&aacute; conflictos, hambre, convulsi&oacute;n en la tierra y en el cielo. Jes&uacute;s no nos quiere asustar, sino advertirnos de que todo lo que vemos pasa inexorablemente. Incluso los reinos m&aacute;s poderosos, los edificios m&aacute;s sagrados y las cosas m&aacute;s estables del mundo, no duran para siempre; tarde o temprano caer&aacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAnte estas afirmaciones, la gente inmediatamente plantea dos preguntas al Maestro: &laquo;&iquest;Cu&aacute;ndo va a ser eso? Y &iquest;cu&aacute;l ser&aacute; la se&ntilde;al de que todo eso est&aacute; para suceder? (v. 7). Siempre nos mueve la curiosidad: se quiere saber cu&aacute;ndo y recibir se&ntilde;ales. Pero esta curiosidad a Jes&uacute;s no le gusta. Por el contrario, &eacute;l nos insta a no dejarnos enga&ntilde;ar por los predicadores apocal&iacute;pticos. El que sigue a Jes&uacute;s no hace caso a los profetas de desgracias, a la frivolidad de los hor&oacute;scopos, a las predicciones que generan temores, distrayendo la atenci&oacute;n de lo que s&iacute; importa. Entre las muchas voces que se oyen, el Se&ntilde;or nos invita a distinguir lo que viene de &Eacute;l y lo que viene del falso esp&iacute;ritu. Es importante distinguir la llamada llena de sabidur&iacute;a que Dios nos dirige cada d&iacute;a del clamor de los que utilizan el nombre de Dios para asustar, alimentar divisiones y temores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJes&uacute;s invita con fuerza a no tener miedo ante las agitaciones de cada &eacute;poca, ni siquiera ante las pruebas m&aacute;s severas e injustas que afligen a sus disc&iacute;pulos. &Eacute;l pide que perseveren en el bien y pongan toda su confianza en Dios, que no defrauda: &laquo;Ni un cabello de vuestra cabeza perecer&aacute;&raquo; (v. 18). Dios no se olvida de sus fieles, su valiosa propiedad, que somos nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPero hoy nos interpela sobre el sentido de nuestra existencia. Usando una imagen, se podr&iacute;a decir que estas lecturas se presentan como un &laquo;tamiz&raquo; en medio de la corriente de nuestra vida: nos recuerdan que en este mundo casi todo pasa, como el agua que corre; pero hay cosas importantes que permanecen, como si fueran una piedra preciosa en un tamiz. &iquest;Qu&eacute; es lo que queda?, &iquest;qu&eacute; es lo que tiene valor en la vida?, &iquest;qu&eacute; riquezas son las que no desaparecen? Sin duda, dos: El Se&ntilde;or y el pr&oacute;jimo. Estos son los bienes m&aacute;s grandes, para amar. Todo lo dem&aacute;s ?el cielo, la tierra, las cosas m&aacute;s bellas, tambi&eacute;n esta Bas&iacute;lica? pasa; pero no debemos excluir de la vida a Dios y a los dem&aacute;s. Sin embargo, precisamente hoy, cuando hablamos de exclusi&oacute;n, vienen r&aacute;pido a la mente personas concretas; no cosas in&uacute;tiles, sino personas valiosas. La persona humana, colocada por Dios en la cumbre de la creaci&oacute;n, es a menudo descartada, porque se prefieren las cosas que pasan. Y esto es inaceptable, porque el hombre es el bien m&aacute;s valioso a los ojos de Dios. Y es grave que nos acostumbremos a este tipo de descarte; es para preocuparse, cuando se adormece la conciencia y no se presta atenci&oacute;n al hermano que sufre junto a nosotros o a los graves problemas del mundo, que se convierten solamente en una cantinela ya o&iacute;da en los titulares de los telediarios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHoy, queridos hermanos y hermanas, es vuestro Jubileo, y con vuestra presencia nos ayud&aacute;is a sintonizar con Dios, para ver lo que &eacute;l ve: &Eacute;l no se queda en las apariencias (cf. 1 S 16,7 ), sino que pone sus ojos &laquo;en el humilde y abatido&raquo; (Is 66.2), en tantos pobres L&aacute;zaros de hoy. Cu&aacute;nto mal nos hace fingir que no nos damos cuenta de L&aacute;zaro que es excluido y rechazado (cf. Lc 16,19-21). Es darle la espalda a Dios. Un s&iacute;ntoma de esclerosis espiritual es cuando el inter&eacute;s se centra en las cosas que hay que producir, en lugar de las personas que hay que amar. As&iacute; nace la tr&aacute;gica contradicci&oacute;n de nuestra &eacute;poca: cuanto m&aacute;s aumenta el progreso y las posibilidades, lo cual es bueno, tanto m&aacute;s aumentan las personas que no pueden acceder a ello. Es una gran injusticia que nos tiene que preocupar, mucho m&aacute;s que el saber cu&aacute;ndo y c&oacute;mo ser&aacute; el fin del mundo. Porque no se puede estar tranquilo en casa mientras L&aacute;zaro yace postrado a la puerta; no hay paz en la casa del que est&aacute; bien, cuando falta justicia en la casa de todos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHoy, en las catedrales y santuarios de todo el mundo, se cierran las Puertas de la Misericordia. Pidamos la gracia de no apartar los ojos de Dios que nos mira y del pr&oacute;jimo que nos cuestiona. Abramos nuestros ojos a Dios, purificando la mirada del coraz&oacute;n de las representaciones enga&ntilde;osas y temibles, del dios de la potencia y de los castigos, proyecci&oacute;n del orgullo y el temor humano. Miremos con confianza al Dios de la misericordia, con la certeza de que &laquo;el amor no pasa nunca&raquo; (1 Co 13,8). Renovemos la esperanza en la vida verdadera a la que estamos llamados, la que no pasar&aacute; y nos aguarda en comuni&oacute;n con el Se&ntilde;or y con los dem&aacute;s, en una alegr&iacute;a que durar&aacute; para siempre, sin fin.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTambi&eacute;n te puede interesar:&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t\tEl Papa en Jubileo Excluidos: &iquest;Cu&aacute;les son los bienes m&aacute;s importantes para un cristiano? https:\/\/t.co\/epuHs4NtTI<\/p>\n<p>\t&mdash; ACI Prensa (@aciprensa) 13 de noviembre de 2016<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 13 Nov. 16 (ACI).- La Bas&iacute;lica de San Pedro alberg&oacute; a primera hora del domingo la Misa de clausura del Jubilo de las personas socialmente excluidas que se celebr&oacute; en Roma de los d&iacute;as 11 al 13 de noviembre. El Papa Francisco ofreci&oacute; un mensaje de esperanza en la homil&iacute;a que pronunci&oacute;. &ldquo;La persona &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-santa-misa-del-jubileo-de-los-excluidos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTEXTO: Homil\u00eda del Papa Francisco en la Santa Misa del Jubileo de los excluidos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-8827","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8827","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8827"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8827\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8827"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8827"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8827"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}