{"id":8828,"date":"2016-11-13T06:40:05","date_gmt":"2016-11-13T11:40:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/permanecer-firmes-en-el-senor-caminar-en-la-esperanza-trabajar-para-construir-un-mundo-mejor-el-papa-en-el-angelus\/"},"modified":"2016-11-13T06:40:05","modified_gmt":"2016-11-13T11:40:05","slug":"permanecer-firmes-en-el-senor-caminar-en-la-esperanza-trabajar-para-construir-un-mundo-mejor-el-papa-en-el-angelus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/permanecer-firmes-en-el-senor-caminar-en-la-esperanza-trabajar-para-construir-un-mundo-mejor-el-papa-en-el-angelus\/","title":{"rendered":"Permanecer firmes en el Se\u00f1or, caminar en la esperanza, trabajar para construir un mundo mejor: el Papa en el \u00c1ngelus"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2016\/11\/13\/ANSA1105514_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_8861990\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00557361.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>(RV).- <strong>Siguiendo a Jes&uacute;s, la Iglesia &laquo;por derecho y deber evang&eacute;lico&raquo;<\/strong> tiene la tarea de cuidar de la verdadera riqueza, que son los pobres, su verdadero tesoro, destac&oacute; el Papa Francisco, poniendo en guardia ante la grave e inaceptable cultura del descarte y la injusticia.<\/p>\n<p>En su homil&iacute;a, de la <strong>Misa para el Jubileo de las personas socialmente excluidas<\/strong>, el Obispo de Roma asegur&oacute; a estos queridos hermanos y hermanas que son ellos los &laquo;que nos ayudan a sintonizar con Dios&hellip;&raquo;, que &laquo;no se queda en las apariencias, sino que pone sus ojos en el humilde y acongojado ( Is 66, 2), en tantos pobres L&aacute;zaros de hoy&raquo;.<\/p>\n<p><strong>&laquo;El Se&ntilde;or nos interpela sobre el sentido de nuestra existencia&raquo;<\/strong><\/p>\n<p>Ante la &laquo;esclerosis espiritual&raquo; y &laquo;contradicci&oacute;n de nuestra &eacute;poca&raquo;, que centra su inter&eacute;s en las cosas que hay que producir, en lugar de &laquo;las personas que hay que amar&raquo;, el Sucesor de Pedro record&oacute; que Jes&uacute;s nos advierte que &laquo;incluso los reinos m&aacute;s poderosos, los edificios m&aacute;s sagrados, las cosas m&aacute;s estables del mundo, no durar&aacute;n para siempre, tarde o temprano caer&aacute;n&raquo;. Para luego hacer hincapi&eacute; en que el Se&ntilde;or no hace caso a los profetas de desgracias, a la frivolidad de los hor&oacute;scopos y predicciones que generan temores&raquo;. Nos invita a &laquo;distinguir lo que viene de &Eacute;l y lo que viene del falso esp&iacute;ritu.<\/p>\n<p>Con la importancia de &laquo;distinguir&raquo; la llamada que &laquo;Dios nos dirige cada d&iacute;a, del clamor de los que utilizan el nombre de Dios para asustar, alimentar divisiones y temores, el Papa record&oacute; tambi&eacute;n que &laquo;Jes&uacute;s invita con fuerza a no tener miedo ante las agitaciones de cada &eacute;poca&hellip; que afligen a sus disc&iacute;pulos&raquo;.<\/p>\n<p><strong>&laquo;El amor no pasa nunca&raquo;<\/strong> (1 Cor 13,38)<\/p>\n<p>Al coincidir esta celebraci&oacute;n con el d&iacute;a en que &laquo;en las catedrales y santuarios de todo el mundo, se cierran las Puertas de la Misericordia&raquo;, alentando a pedir &laquo;la gracia de no apartar los ojos de Dios que nos mira y del pr&oacute;jimo que nos cuestiona&raquo;, el Papa invit&oacute; a renovar <strong>la esperanza en el Se&ntilde;or, sol de justicia para los pobres a los que Jes&uacute;s promete el reino de los cielos<\/strong>.<\/p>\n<p><strong>&laquo;Abramos nuestros ojos al pr&oacute;jimo, en especial al hermano olvidado y excluido&raquo;, reiter&oacute; el Santo Padre, asegurando que &laquo;hacia all&iacute; apunta la lupa de la Iglesia&raquo;<\/strong>.<\/p>\n<p>Y deseando que &laquo;el Se&ntilde;or nos libre de dirigirla hacia nosotros. Que nos aparte de los oropeles que distraen, de los intereses y los privilegios, del aferrarse al poder y a la gloria, de la seducci&oacute;n del esp&iacute;ritu del mundo&raquo;, record&oacute; que <strong>nuestra Madre la Iglesia mira &laquo;a toda la humanidad que sufre y que llora; &eacute;sta le pertenece por derecho evang&eacute;lico<\/strong>&raquo; (Pablo VI, Discurso de apertura de la segunda sesi&oacute;n del Concilio Vaticano II, 29 septiembre 1963). <strong>Por derecho y tambi&eacute;n por deber evang&eacute;lico<\/strong>, porque nuestra tarea consiste en cuidar de la verdadera riqueza que son los pobres&#8230; Que el Se&ntilde;or nos conceda mirar sin miedo a lo que importa, dirigir el coraz&oacute;n a &eacute;l y a nuestros verdaderos tesoros&raquo;.<\/p>\n<p>(CdM &ndash; RV)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Voz y texto completo de la homil&iacute;a del Papa <\/strong><\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_8862219\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00557364.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>Pero para vosotros &laquo;os iluminar&aacute; un sol de justicia que lleva la salud en las alas&raquo; (Ml 3,20). Las palabras del profeta Malaqu&iacute;as, que hemos escuchado en la primera lectura, iluminan la celebraci&oacute;n de esta jornada jubilar. Se encuentran en la &uacute;ltima p&aacute;gina del &uacute;ltimo profeta del Antiguo Testamento y est&aacute;n dirigidas a aquellos que conf&iacute;an en el Se&ntilde;or, que ponen su esperanza en &eacute;l, que ponen nuevamente su esperanza en &eacute;l, eligi&eacute;ndolo como el bien m&aacute;s alto de sus vidas y neg&aacute;ndose a vivir s&oacute;lo para s&iacute; mismos y su intereses personales. Para ellos, pobres de s&iacute; mismos pero ricos de Dios, amanecer&aacute; el sol de su justicia: ellos son los pobres en el esp&iacute;ritu, a los que Jes&uacute;s promete el reino de los cielos (cf. Mt 5,3), y Dios, por medio del profeta Malaqu&iacute;as, llama mi &laquo;propiedad personal&raquo; (Ml 3,17). El profeta los contrapone a los arrogantes, a los que han puesto la seguridad de su vida en su autosuficiencia y en los bienes del mundo. La lectura de esta &uacute;ltima p&aacute;gina del Antiguo Testamento suscita preguntas que nos interrogan sobre el significado &uacute;ltimo de la vida: &iquest;En d&oacute;nde busco mi seguridad? &iquest;En el Se&ntilde;or o en otras seguridades que no le gustan a Dios? &iquest;Hacia d&oacute;nde se dirige mi vida, hacia d&oacute;nde est&aacute; orientado mi coraz&oacute;n? &iquest;Hacia el Se&ntilde;or de la vida o hacia las cosas que pasan y no llenan?<\/p>\n<p>Preguntas similares se encuentran en el pasaje del Evangelio de hoy. Jes&uacute;s est&aacute; en Jerusal&eacute;n para escribir la &uacute;ltima y m&aacute;s importante p&aacute;gina de su vida terrena: su muerte y resurrecci&oacute;n. Est&aacute; cerca del templo, &laquo;adornado de bellas piedras y ofrendas votivas&raquo; (Lc 21,5). La gente estaba hablando de la belleza exterior del templo, cuando Jes&uacute;s dice: &laquo;Esto que contempl&aacute;is, llegar&aacute; un d&iacute;a en que no quedar&aacute; piedra sobre piedra&raquo; (v. 6). A&ntilde;ade que habr&aacute; conflictos, hambre, convulsi&oacute;n en la tierra y en el cielo. Jes&uacute;s no nos quiere asustar, sino advertirnos de que todo lo que vemos pasa inexorablemente. Incluso los reinos m&aacute;s poderosos, los edificios m&aacute;s sagrados y las cosas m&aacute;s estables del mundo, no duran para siempre; tarde o temprano caer&aacute;n.<\/p>\n<p>Ante estas afirmaciones, la gente inmediatamente plantea dos preguntas al Maestro: &laquo;&iquest;Cu&aacute;ndo va a ser eso? Y &iquest;cu&aacute;l ser&aacute; la se&ntilde;al de que todo eso est&aacute; para suceder? (v. 7). Cu&aacute;ndo y cu&aacute;l&hellip; Siempre nos mueve la curiosidad: se quiere saber cu&aacute;ndo y recibir se&ntilde;ales. Pero esta curiosidad a Jes&uacute;s no le gusta. Por el contrario, &eacute;l nos insta a no dejarnos enga&ntilde;ar por los predicadores apocal&iacute;pticos. El que sigue a Jes&uacute;s no hace caso a los profetas de desgracias, a la frivolidad de los hor&oacute;scopos, a las predicciones que generan temores, distrayendo la atenci&oacute;n de lo que s&iacute; importa. Entre las muchas voces que se oyen, el Se&ntilde;or nos invita a distinguir lo que viene de &Eacute;l y lo que viene del falso esp&iacute;ritu. Es importante distinguir la llamada llena de sabidur&iacute;a que Dios nos dirige cada d&iacute;a del clamor de los que utilizan el nombre de Dios para asustar, alimentar divisiones y temores.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s invita con fuerza a no tener miedo ante las agitaciones de cada &eacute;poca, ni siquiera ante las pruebas m&aacute;s severas e injustas que afligen a sus disc&iacute;pulos. &Eacute;l pide que perseveren en el bien y pongan toda su confianza en Dios, que no defrauda: &laquo;Ni un cabello de vuestra cabeza perecer&aacute;&raquo; (v. 18). Dios no se olvida de sus fieles, su valiosa propiedad, que somos nosotros.<\/p>\n<p>Pero hoy nos interpela sobre el sentido de nuestra existencia. Usando una imagen, se podr&iacute;a decir que estas lecturas se presentan como un &laquo;tamiz&raquo; en medio de la corriente de nuestra vida: nos recuerdan que en este mundo casi todo pasa, como el agua que corre; pero hay cosas importantes que permanecen, como si fueran una piedra preciosa en un tamiz. &iquest;Qu&eacute; es lo que queda?, &iquest;qu&eacute; es lo que tiene valor en la vida?, &iquest;qu&eacute; riquezas son las que no desaparecen? Sin duda, dos: El Se&ntilde;or y el pr&oacute;jimo. &iexcl; Estas dos riquezas no desvanecen! &Eacute;stos son los bienes m&aacute;s grandes, para amar. Todo lo dem&aacute;s \u2015el cielo, la tierra, las cosas m&aacute;s bellas, tambi&eacute;n esta Bas&iacute;lica\u2015 pasa; pero no debemos excluir de la vida a Dios y a los dem&aacute;s.<\/p>\n<p>Sin embargo, precisamente hoy, cuando hablamos de exclusi&oacute;n, vienen r&aacute;pido a la mente personas concretas; no cosas in&uacute;tiles, sino personas valiosas. La persona humana, colocada por Dios en la cumbre de la creaci&oacute;n, es a menudo descartada, porque se prefieren las cosas que pasan. Y esto es inaceptable, porque el hombre es el bien m&aacute;s valioso a los ojos de Dios. Y es grave que nos acostumbremos a este tipo de descarte; es para preocuparse, cuando se adormece la conciencia y no se presta atenci&oacute;n al hermano que sufre junto a nosotros o a los graves problemas del mundo, que se convierten solamente en una cantinela ya o&iacute;da en los titulares de los telediarios.<\/p>\n<p>Hoy, queridos hermanos y hermanas, es vuestro Jubileo, y con vuestra presencia nos ayud&aacute;is a sintonizar con Dios, para ver lo que &eacute;l ve: &Eacute;l no se queda en las apariencias (cf. 1 S 16,7 ), sino que pone sus ojos &laquo;en el humilde y abatido&raquo; (Is 66.2), en tantos pobres L&aacute;zaros de hoy. Cu&aacute;nto mal nos hace fingir que no nos damos cuenta de L&aacute;zaro que es excluido y rechazado (cf. Lc 16,19-21). Es darle la espalda a Dios. &iexcl;Es darle la espalda a Dios!<\/p>\n<p>Un s&iacute;ntoma de esclerosis espiritual es cuando el inter&eacute;s se centra en las cosas que hay que producir, en lugar de las personas que hay que amar. As&iacute; nace la tr&aacute;gica contradicci&oacute;n de nuestra &eacute;poca: cuanto m&aacute;s aumenta el progreso y las posibilidades, lo cual es bueno, tanto m&aacute;s aumentan las personas que no pueden acceder a ello. Es una gran injusticia que nos tiene que preocupar, mucho m&aacute;s que el saber cu&aacute;ndo y c&oacute;mo ser&aacute; el fin del mundo. Porque no se puede estar tranquilo en casa mientras L&aacute;zaro yace postrado a la puerta; no hay paz en la casa del que est&aacute; bien, cuando falta justicia en la casa de todos.<\/p>\n<p>Hoy, en las catedrales y santuarios de todo el mundo, se cierran las Puertas de la Misericordia. Pidamos la gracia de no apartar los ojos de Dios que nos mira y del pr&oacute;jimo que nos cuestiona. Abramos nuestros ojos a Dios, purificando la mirada del coraz&oacute;n de las representaciones enga&ntilde;osas y temibles, del dios de la potencia y de los castigos, proyecci&oacute;n del orgullo y el temor humano. Miremos con confianza al Dios de la misericordia, con la certeza de que &laquo;el amor no pasa nunca&raquo; (1 Co 13,8). Renovemos la esperanza en la vida verdadera a la que estamos llamados, la que no pasar&aacute; y nos aguarda en comuni&oacute;n con el Se&ntilde;or y con los dem&aacute;s, en una alegr&iacute;a que durar&aacute; para siempre, sin fin.<\/p>\n<p>Y abramos nuestros ojos al pr&oacute;jimo, especialmente al hermano olvidado y excluido, al L&aacute;zaro postrado ante nuestra puerta. Hacia all&iacute; apunta la lupa de la Iglesia. Que el Se&ntilde;or nos libre de dirigirla hacia nosotros. Que nos aparte de los oropeles que distraen, de los intereses y los privilegios, del aferrarse al poder y a la gloria, de la seducci&oacute;n del esp&iacute;ritu del mundo. Nuestra Madre la Iglesia mira &laquo;a toda la humanidad que sufre y que llora; &eacute;sta le pertenece por derecho evang&eacute;lico&raquo; (Pablo VI, Discurso de apertura de la segunda sesi&oacute;n del Concilio Vaticano II, 29 septiembre 1963). Por derecho y tambi&eacute;n por deber evang&eacute;lico, porque nuestra tarea consiste en cuidar de la verdadera riqueza que son los pobres.<\/p>\n<p>&iexcl;A la luz de estas reflexiones, Yo quisiera que hoy fuera la jornada de los pobres!<\/p>\n<p>Nos lo recuerda una antigua tradici&oacute;n, que se refiere al santo m&aacute;rtir romano Lorenzo. &Eacute;l, antes de sufrir un atroz martirio por amor al Se&ntilde;or, distribuy&oacute; los bienes de la comunidad a los pobres, a los que consideraba como los verdaderos tesoros de la Iglesia. Que el Se&ntilde;or nos conceda mirar sin miedo a lo que importa, dirigir el coraz&oacute;n a &eacute;l y a nuestros verdaderos tesoros.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- Siguiendo a Jes&uacute;s, la Iglesia &laquo;por derecho y deber evang&eacute;lico&raquo; tiene la tarea de cuidar de la verdadera riqueza, que son los pobres, su verdadero tesoro, destac&oacute; el Papa Francisco, poniendo en guardia ante la grave e inaceptable cultura del descarte y la injusticia. 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