{"id":9086,"date":"2016-11-20T05:15:02","date_gmt":"2016-11-20T10:15:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-de-la-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-de-clausura-del-jubileo-de-la-misericordia\/"},"modified":"2016-11-20T05:15:02","modified_gmt":"2016-11-20T10:15:02","slug":"texto-completo-de-la-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-de-clausura-del-jubileo-de-la-misericordia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-de-la-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-de-clausura-del-jubileo-de-la-misericordia\/","title":{"rendered":"Texto completo de la homil\u00eda del papa Francisco en la misa de clausura del Jubileo de la Misericordia"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">(ZENIT &#8211; Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco cerr\u00f3 este domingo 20 de noviembre la Puerta santa del A\u00f1o jubilar de la Misericordia. A continuaci\u00f3n celebr\u00f3 la santa misa y pronunci\u00f3 la homil\u00eda que reproducimos a continuaci\u00f3n, en la cual se\u00f1ala la paradoja de\u00a0que en este d\u00eda de la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, \u201c\u00c9l se presenta sin poder y sin gloria: est\u00e1 en la cruz, donde parece m\u00e1s un vencido que un vencedor\u201d sufriendo nuestra condici\u00f3n m\u00e1s \u00ednfima. Y asegura que\u00a0no es posible creer que Jes\u00fas es Rey del universo y centro de la historia, sin que se convierta en el Se\u00f1or de nuestra vida.\u00a0\u00a0Record\u00f3 tambi\u00e9n\u00a0que \u201cmuchos peregrinos han cruzado la Puerta santa y lejos del ruido de las noticias han gustado la gran bondad del Se\u00f1or\u201d e invit\u00f3: \u201cContinuemos nuestro camino juntos\u201d sabiendo que \u201cnos acompa\u00f1a la Virgen Mar\u00eda, tambi\u00e9n ella \u00a0junto a la cruz\u201d, que \u201cdesea acogernos bajo su manto\u201d, conociendo que \u201c todas nuestras s\u00faplicas, dirigidas a sus ojos misericordiosos, que no quedar\u00e1n sin respuesta\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Texto completo<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo corona el a\u00f1o lit\u00fargico y este A\u00f1o santo de la misericordia. El Evangelio presenta la realeza de Jes\u00fas al culmen de su obra de salvaci\u00f3n, y lo hace de una manera sorprendente. \u00abEl Mes\u00edas de Dios, el Elegido, el Rey\u00bb (Lc 23,35.37) se presenta sin poder y sin gloria: est\u00e1 en la cruz, donde parece m\u00e1s un vencido que un vencedor. Su realeza es parad\u00f3jica: su trono es la cruz; su corona es de espinas; no tiene cetro, pero le ponen una ca\u00f1a en la mano; no viste suntuosamente, pero es privado de la t\u00fanica; no tiene anillos deslumbrantes en los dedos, sino sus manos est\u00e1n traspasadas por los clavos; no posee un tesoro, pero es vendido por treinta monedas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Verdaderamente el reino de Jes\u00fas no es de este mundo (cf. Jn 18,36); pero justamente es aqu\u00ed \u2014nos dice el Ap\u00f3stol Pablo en la segunda lectura\u2014, donde encontramos la redenci\u00f3n y el perd\u00f3n (cf. Col 1,13-14). Porque la grandeza de su reino no es el poder seg\u00fan el mundo, sino el amor de Dios, un amor capaz de alcanzar y restaurar todas las cosas. Por este amor, Cristo se abaj\u00f3 hasta nosotros, vivi\u00f3 nuestra miseria humana, prob\u00f3 nuestra condici\u00f3n m\u00e1s \u00ednfima: la injusticia, la traici\u00f3n, el abandono; experiment\u00f3 la muerte, el sepulcro, los infiernos. De esta forma nuestro Rey fue incluso hasta los confines del Universo para abrazar y salvar a todo viviente. No nos ha condenado, ni siquiera conquistado, nunca ha violado nuestra libertad, sino que se ha abierto paso por medio del amor humilde que todo excusa, todo espera, todo soporta (cf. 1 Co 13,7). S\u00f3lo este amor ha vencido y sigue venciendo a nuestros grandes adversarios: el pecado, la muerte y el miedo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hoy queridos hermanos y hermanas, proclamamos est\u00e1 singular victoria, con la que Jes\u00fas se ha hecho el Rey de los siglos, el Se\u00f1or de la historia: con la sola omnipotencia del amor, que es la naturaleza de Dios, su misma vida, y que no pasar\u00e1 nunca (cf. 1 Co 13,8). Compartimos con alegr\u00eda la belleza de tener a Jes\u00fas como nuestro rey; su se\u00f1or\u00edo de amor transforma el pecado en gracia, la muerte en resurrecci\u00f3n, el miedo en confianza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero ser\u00eda poco creer que Jes\u00fas es Rey del universo y centro de la historia, sin que se convierta en el Se\u00f1or de nuestra vida: todo es vano si no lo acogemos personalmente y si no lo acogemos incluso en su modo de reinar. En esto nos ayudan los personajes que el Evangelio de hoy presenta. Adem\u00e1s de Jes\u00fas, aparecen tres figuras: el pueblo que mira, el grupo que se encuentra cerca de la cruz y un malhechor crucificado junto a Jes\u00fas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En primer lugar, el pueblo: el Evangelio dice que \u00abestaba mirando\u00bb (Lc 23,35): ninguno dice una palabra, ninguno se acerca. El pueblo esta lejos, observando qu\u00e9 sucede. Es el mismo pueblo que por sus propias necesidades se agolpaba entorno a Jes\u00fas, y ahora mantiene su distancia. Frente a las circunstancias de la vida o ante nuestras expectativas no cumplidas, tambi\u00e9n podemos tener la tentaci\u00f3n de tomar distancia de la realeza de Jes\u00fas, de no aceptar totalmente el esc\u00e1ndalo de su amor humilde, que inquieta nuestro \u00abyo\u00bb, que incomoda. Se prefiere permanecer en la ventana, estar a distancia, m\u00e1s bien que acercarse y hacerse pr\u00f3ximo. Pero el pueblo santo, que tiene a Jes\u00fas como Rey, est\u00e1 llamado a seguir su camino de amor concreto; a preguntarse cada uno todos los d\u00edas: \u00ab\u00bfQu\u00e9 me pide el amor? \u00bfA d\u00f3nde me conduce? \u00bfQu\u00e9 respuesta doy a Jes\u00fas con mi vida?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hay un segundo grupo, que incluye diversos personajes: los jefes del pueblo, los soldados y un malhechor. Todos ellos se burlaban de Jes\u00fas. Le dirigen la misma provocaci\u00f3n: \u00abS\u00e1lvate a ti mismo\u00bb (cf. Lc 23,35.37.39). Es una tentaci\u00f3n peor que la del pueblo. Aqu\u00ed tientan a Jes\u00fas, como lo hizo el diablo al comienzo del Evangelio (cf. Lc 4,1-13), para que renuncie a reinar a la manera de Dios, pero que lo haga seg\u00fan la l\u00f3gica del mundo: baje de la cruz y derrote a los enemigos. Si es Dios, que demuestre poder y superioridad. Esta tentaci\u00f3n es un ataque directo al amor: \u00abS\u00e1lvate a ti mismo\u00bb (vv. 37. 39); no a los otros, sino a ti mismo. Prevalga el yo con su fuerza, con su gloria, con su \u00e9xito. Es la tentaci\u00f3n m\u00e1s terrible, la primera y la \u00faltima del Evangelio. Pero ante este ataque al propio modo de ser, Jes\u00fas no habla, no reacciona. No se defiende, no trata de convencer, no hace una apolog\u00eda de su realeza. M\u00e1s bien sigue amando, perdona, vive el momento de la prueba seg\u00fan la voluntad del Padre, consciente de que el amor dar\u00e1 su fruto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Para acoger la realeza de Jes\u00fas, estamos llamados a luchar contra esta tentaci\u00f3n, a fijar la mirada en el Crucificado, para ser cada vez m\u00e1s fieles. Cu\u00e1ntas veces en cambio, incluso entre nosotros, se buscan las seguridades gratificantes que ofrece el mundo. Cu\u00e1ntas veces hemos sido tentados a bajar de la cruz. La fuerza de atracci\u00f3n del poder y del \u00e9xito se presenta como un camino f\u00e1cil y r\u00e1pido para difundir el Evangelio, olvidando r\u00e1pidamente el reino de Dios como obra. Este A\u00f1o de la misericordia nos ha invitado a redescubrir el centro, a volver a lo esencial. Este tiempo de misericordia nos llama a mirar al verdadero rostro de nuestro Rey, el que resplandece en la Pascua, y a redescubrir el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es acogedora, libre, fiel, pobre en los medios y rica en el amor, misionera. La misericordia, al llevarnos al coraz\u00f3n del Evangelio, nos exhorta tambi\u00e9n a que renunciemos a los h\u00e1bitos y costumbres que pueden obstaculizar el servicio al reino de Dios; a que nos dirijamos s\u00f3lo a la perenne y humilde realeza de Jes\u00fas, no adecu\u00e1ndonos a las realezas precarias y poderes cambiantes de cada \u00e9poca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el Evangelio aparece otro personaje, m\u00e1s cercano a Jes\u00fas, el malhechor que le ruega diciendo: \u00abJes\u00fas, acu\u00e9rdate de m\u00ed cuando llegues a tu reino\u00bb (v. 42). Esta persona, mirando simplemente a Jes\u00fas, crey\u00f3 en su reino. Y no se encerr\u00f3 en s\u00ed mismo, sino que con sus errores, sus pecados y sus dificultades se dirigi\u00f3 a Jes\u00fas. Pidi\u00f3 ser recordado y experiment\u00f3 la misericordia de Dios: \u00abhoy estar\u00e1s conmigo en el para\u00edso\u00bb (v. 43). Dios, a penas le damos la oportunidad, se acuerda de nosotros. \u00c9l est\u00e1 dispuesto a borrar por completo y para siempre el pecado, porque su memoria, no como la nuestra, olvida el mal realizado y no lleva cuenta de las ofensas sufridas. Dios no tiene memoria del pecado, sino de nosotros, de cada uno de nosotros, sus hijos amados. Y cree que es siempre posible volver a comenzar, levantarse de nuevo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pidamos tambi\u00e9n nosotros el don de esta memoria abierta y viva. Pidamos la gracia de no cerrar nunca la puerta de la reconciliaci\u00f3n y del perd\u00f3n, sino de saber ir m\u00e1s all\u00e1 del mal y de las divergencias, abriendo cualquier posible v\u00eda de esperanza. Como Dios cree en nosotros, infinitamente m\u00e1s all\u00e1 de nuestros m\u00e9ritos, tambi\u00e9n nosotros estamos llamados a infundir esperanza y a dar oportunidad a los dem\u00e1s. Porque, aunque se cierra la Puerta santa, permanece siempre abierta de par en par para nosotros la verdadera puerta de la misericordia, que es el Coraz\u00f3n de Cristo. Del costado traspasado del Resucitado brota hasta el fin de los tiempos la misericordia, la consolaci\u00f3n y la esperanza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Muchos peregrinos han cruzado la Puerta santa y lejos del ruido de las noticias has gustado la gran bondad del Se\u00f1or. Damos gracias por esto y recordamos que hemos sido investidos de misericordia para revestirnos de sentimientos de misericordia, para ser tambi\u00e9n instrumentos de misericordia. Continuemos nuestro camino juntos. Nos acompa\u00f1a la Virgen Mar\u00eda, tambi\u00e9n ella estaba junto a la cruz, all\u00ed ella nos ha dado a luz como tierna Madre de la Iglesia que desea acoger a todos bajo su manto. Ella, junto a la cruz, vio al buen ladr\u00f3n recibir el perd\u00f3n y acogi\u00f3 al disc\u00edpulo de Jes\u00fas como hijo suyo. Es la Madre de misericordia, a la que encomendamos: todas nuestras situaciones, todas nuestras s\u00faplicas, dirigidas a sus ojos misericordiosos, que no quedar\u00e1n sin respuesta.<\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(ZENIT &#8211; Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco cerr\u00f3 este domingo 20 de noviembre la Puerta santa del A\u00f1o jubilar de la Misericordia. 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