{"id":946,"date":"2016-01-11T05:22:03","date_gmt":"2016-01-11T10:22:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/las-brujas-como-ciencia\/"},"modified":"2016-01-11T05:22:03","modified_gmt":"2016-01-11T10:22:03","slug":"las-brujas-como-ciencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/las-brujas-como-ciencia\/","title":{"rendered":"Las brujas como ciencia"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">Hace 50 a\u00f1os en Ardemil, una aldea del municipio coru\u00f1\u00e9s de Ordes, los que gastaban gafas no inspiraban ninguna confianza. De los cortos de vista hab\u00eda que sospechar, porque pod\u00eda ser que en realidad tuviesen una \u201cvista muy fuerte\u201d y precisasen de las lentes para contenerla. El mal de ojo, ese presunto superpoder que da la envidia, causaba estragos tremendos en la salud de los hombres y del ganado, y era necesario recurrir a los amuletos y al saber de los curanderos para protegerse. En 1965, un dan\u00e9s larguirucho se present\u00f3 en Ardemil becado por la Universidad de Copenhague y otros dos centros cient\u00edficos de su pa\u00eds. Una investigaci\u00f3n suya sobre pr\u00e1cticas brujeriles que se cre\u00edan extintas en un pueblo de Dinamarca hab\u00eda causado revuelo, y a sus 34 a\u00f1os Gustav Henningsen, antrop\u00f3logo y folclorista, empezaba a forjarse esa fama de \u201cmayor experto en el estudio de la brujer\u00eda moderna\u201d que hoy le precede all\u00e1 adonde va.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El sonriente Henningsen usaba gafas de pasta, y al principio en Ardemil los vecinos, precavidos, trataron de evitarlo. Tuvo que ganarse a pulso la confianza. Acordarse de saludar siempre diciendo \u201cSan Antonio\u201d, una f\u00f3rmula que parec\u00eda limpiar el aire de sospechas. Y sobre todo aprender a preguntar con largos y enrevesados rodeos para llegar al alma de los paisanos sin que saltasen las alarmas. Al final, la mayor\u00eda comprendieron que sus gafas no eran se\u00f1al de nada que no fuese miop\u00eda: \u201cComo usted no vive del ganado\u201d, justificaban, \u201cno necesita envidiar el de los dem\u00e1s\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al cabo de 20 meses, regres\u00f3 a Dinamarca cargado con unas 150 horas de grabaci\u00f3n en cinta magnetof\u00f3nica y 3.196 clich\u00e9s tomados con su Rolleyflex en esta aldea y en otros lugares de Galicia como el Santuario do Corpi\u00f1o (Lal\u00edn, Pontevedra), escenario habitual de los exorcismos a endemoniados practicados en el seno de la Iglesia Cat\u00f3lica. Hace siete a\u00f1os, Henningsen don\u00f3 sus archivos sonoros a la Universidad de Santiago. Y una parte de sus fotos de rituales para sanar los males causados por meigas y hechiceros se exponen hasta el fin de semana que viene en el tambi\u00e9n compostelano Museo do Pobo Galego (<em>Galicia M\u00e1xica. Reportaxe dun mundo desaparecido<\/em>).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al principio, Henningsen aspiraba a estudiar los paralelismos entre las creencias brujeriles que sobreviv\u00edan en su pa\u00eds, las de alg\u00fan lugar de Espa\u00f1a y las de Irlanda. Pero sobre la marcha cambi\u00f3 de plan porque, como dice, siempre ha sido \u201cinfiel\u201d a sus proyectos. Renunci\u00f3 a Irlanda cuando, al acabar su etapa galaica, se top\u00f3 en los archivos con la figura fascinante y olvidada del inquisidor Alonso de Salazar, un religioso que lleg\u00f3 a ser acusado de ejercer de abogado de las brujas y que al final logr\u00f3 que las quemas se aboliesen en Espa\u00f1a 100 a\u00f1os antes que en el resto de Europa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hace medio siglo Henningsen \u2014casado ya entonces con Marisa Rey, espa\u00f1ola con la que vive en Sevilla desde que se jubil\u00f3 de los Danish Folklore Archives\u2014 lleg\u00f3 a Galicia de rebote. Su sue\u00f1o era investigar en el Euskadi de los akelarres, \u201cel territorio m\u00e1s interesante en la historia de la brujer\u00eda\u201d. Pero antes contact\u00f3 con Caro Baroja para orientarse, y este le recomend\u00f3 desplegar su labor cient\u00edfica en el noroeste porque el Pa\u00eds Vasco estaba \u201cmuy pateado\u201d: Galicia era m\u00e1s desconocida para los antrop\u00f3logos y sus tradiciones estaban \u201cmejor preservadas\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">As\u00ed cay\u00f3 primero en Ardemil, un paisaje diezmado por la emigraci\u00f3n. El aparato de radio, colocado en un pedestal, cuidadosamente protegido por una cortinilla, era para Henningsen \u201cel s\u00edmbolo de que aquellas gentes viv\u00edan conscientes de que el mundo, a su alrededor, se les hab\u00eda escapado\u201d y ellos quedaban atr\u00e1s. Desde esta base de operaciones, con sucesivos becarios que le enviaba su universidad, fue documentando todo tipo de ritos, sus gestos, sus palabras m\u00e1gicas, algunos todav\u00eda en pr\u00e1ctica 30 a\u00f1os despu\u00e9s. Hab\u00eda f\u00f3rmulas ancestrales para curar todo tipo de males; se pod\u00eda descubrir al brujo haciendo oscilar un p\u00e9ndulo; y tambi\u00e9n leer en la ceniza la identidad de quien causaba las desgracias. Aquel que vio Henningsen era un mundo de cerdos con collares y vacas lecheras con diademas cargadas de amuletos. Las de carne no ten\u00edan ese problema. Todo el mundo sab\u00eda que no despertaban envidia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Fuente: <strong>www.elpais.com<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace 50 a\u00f1os en Ardemil, una aldea del municipio coru\u00f1\u00e9s de Ordes, los que gastaban gafas no inspiraban ninguna confianza. 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