{"id":9471,"date":"2016-11-30T09:05:02","date_gmt":"2016-11-30T14:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-mensaje-del-papa-por-la-jornada-mundial-de-la-oracion-por-las-vocaciones-de-2017\/"},"modified":"2016-11-30T09:05:02","modified_gmt":"2016-11-30T14:05:02","slug":"texto-mensaje-del-papa-por-la-jornada-mundial-de-la-oracion-por-las-vocaciones-de-2017","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-mensaje-del-papa-por-la-jornada-mundial-de-la-oracion-por-las-vocaciones-de-2017\/","title":{"rendered":"TEXTO: Mensaje del Papa por la Jornada Mundial de la Oraci\u00f3n por las Vocaciones de 2017"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 30 Nov. 16 (ACI).-<br \/>\n\tLa Santa Sede ha dado a conocer el mensaje del Papa Francisco por la 54&ordm; Jornada Mundial de Oraci&oacute;n por las vocaciones sobre el tema &ldquo;Empujados por el esp&iacute;ritu Santo para la Misi&oacute;n&rdquo;. La Jornada tendr&aacute; lugar el 7 de mayo de 2017.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, el texto completo del Mensaje:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEmpujados por el Esp&iacute;ritu para la Misi&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos hermanos y hermanas En los a&ntilde;os anteriores, hemos tenido la oportunidad de reflexionar sobre dos aspectos de la vocaci&oacute;n cristiana: la invitaci&oacute;n a &laquo;salir de s&iacute; mismo&raquo;, para escuchar la voz del Se&ntilde;or, y la importancia de la comunidad eclesial como lugar privilegiado en el que la llamada de Dios nace, se alimenta y se manifiesta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;Ahora, con ocasi&oacute;n de la 54 Jornada Mundial de Oraci&oacute;n por las Vocaciones, quisiera centrarme en la dimensi&oacute;n misionera de la llamada cristiana. Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jes&uacute;s, descubre enseguida, dentro de &eacute;l, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a trav&eacute;s de la evangelizaci&oacute;n y el servicio movido por la caridad. Todos los cristianos han sido constituidos misioneros del Evangelio. El disc&iacute;pulo, en efecto, no recibe el don del amor de Dios como un consuelo privado, y no est&aacute; llamado a anunciarse a s&iacute; mismo, ni a velar los intereses de un negocio; simplemente ha sido tocado y trasformado por la alegr&iacute;a de sentirse amado por Dios y no puede guardar esta experiencia solo para s&iacute;: &laquo;La alegr&iacute;a del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los disc&iacute;pulos es una alegr&iacute;a misionera&raquo; (Exht. Ap. Evangelium gaudium, 21).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPor eso, el compromiso misionero no es algo que se a&ntilde;ade a la vida cristiana, como si fuese un adorno, sino que, por el contrario, est&aacute; en el coraz&oacute;n mismo de la fe: la relaci&oacute;n con el Se&ntilde;or implica ser enviado al mundo como profeta de su palabra y testigo de su amor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAunque experimentemos en nosotros muchas fragilidades y tal vez podamos sentirnos desanimados, debemos alzar la cabeza a Dios, sin dejarnos aplastar por la sensaci&oacute;n de incapacidad o ceder al pesimismo, que nos convierte en espectadores pasivos de una vida cansada y rutinaria. No hay lugar para el temor: es Dios mismo el que viene a purificar nuestros &laquo;labios impuros&raquo;, haci&eacute;ndonos id&oacute;neos para la misi&oacute;n: &laquo;Ha desaparecido tu culpa, est&aacute; perdonado tu pecado. Entonces escuch&eacute; la voz del Se&ntilde;or, que dec&iacute;a: &ldquo;&iquest;A qui&eacute;n enviar&eacute;? &iquest;Y qui&eacute;n ir&aacute; por nosotros?&rdquo;. Contest&eacute;: &ldquo;Aqu&iacute; estoy, m&aacute;ndame&rdquo;&raquo; (Is 6,7-8).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTodo disc&iacute;pulo misionero siente en su coraz&oacute;n esta voz divina que lo invita a &laquo;pasar&raquo; en medio de la gente, como Jes&uacute;s, &laquo;curando y haciendo el bien&raquo; a todos (cf. Hch 10,38). En efecto, como ya he recordado en otras ocasiones, todo cristiano, en virtud de su Bautismo, es un &laquo;crist&oacute;foro&raquo;, es decir, &laquo;portador de Cristo&raquo; para los hermanos (cf. Catequesis, 30 enero 2016). Esto vale especialmente para los que han sido llamados a una vida de especial consagraci&oacute;n y tambi&eacute;n para los sacerdotes, que con generosidad han respondido &laquo;aqu&iacute; estoy, m&aacute;ndame&raquo;. Con renovado entusiasmo misionero, est&aacute;n llamados a salir de los recintos sacros del templo, para dejar que la ternura de Dios se desborde en favor de los hombres (cf. Homil&iacute;a durante la Santa Misa Crismal, 24 marzo 2016). La Iglesia tiene necesidad de sacerdotes as&iacute;: confiados y serenos por haber descubierto el verdadero tesoro, ansiosos de ir a darlo a conocer con alegr&iacute;a a todos (cf. Mt 13,44).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCiertamente, son muchas las preguntas que se plantean cuando hablamos de la misi&oacute;n cristiana: &iquest;Qu&eacute; significa ser misionero del Evangelio? &iquest;Qui&eacute;n nos da la fuerza y el valor para anunciar? &iquest;Cu&aacute;l es la l&oacute;gica evang&eacute;lica que inspira la misi&oacute;n? A estos interrogantes podemos responder contemplando tres escenas evang&eacute;licas: el comienzo de la misi&oacute;n de Jes&uacute;s en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,16-30), el camino que &eacute;l hace, ya resucitado, junto a los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s (cf. Lc 24,13-35), y por &uacute;ltimo la par&aacute;bola de la semilla (cf. Mc 4,26-27).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJes&uacute;s es ungido por el Esp&iacute;ritu y enviado. Ser disc&iacute;pulo misionero significa participar activamente en la misi&oacute;n de Cristo, que Jes&uacute;s mismo ha descrito en la sinagoga de Nazaret: &laquo;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque &eacute;l me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el a&ntilde;o de gracia del Se&ntilde;or&raquo; (Lc 4,18). Esta es tambi&eacute;n nuestra misi&oacute;n: ser ungidos por el Esp&iacute;ritu e ir hacia los hermanos para anunciar la Palabra, siendo para ellos un instrumento de salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJes&uacute;s camina con nosotros. Ante los interrogantes que brotan del coraz&oacute;n del hombre y ante los retos que plantea la realidad, podemos sentir una sensaci&oacute;n de extrav&iacute;o y percibir que nos faltan energ&iacute;as y esperanza. Existe el peligro de que veamos la misi&oacute;n cristiana como una mera utop&iacute;a irrealizable o, en cualquier caso, como una realidad que supera nuestras fuerzas. Pero si contemplamos a Jes&uacute;s Resucitado, que camina junto a los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s (cf. Lc 24,13-15), nuestra confianza puede reavivarse; en esta escena evang&eacute;lica tenemos una aut&eacute;ntica y propia &laquo;liturgia del camino&raquo;, que precede a la de la Palabra y a la del Pan partido y nos comunica que, en cada uno de nuestros pasos, Jes&uacute;s est&aacute; a nuestro lado. Los dos disc&iacute;pulos, golpeados por el esc&aacute;ndalo de la Cruz, est&aacute;n volviendo a su casa recorriendo la v&iacute;a de la derrota: llevan en el coraz&oacute;n una esperanza rota y un sue&ntilde;o que no se ha realizado. En ellos la alegr&iacute;a del Evangelio ha dejado espacio a la tristeza. &iquest;Qu&eacute; hace Jes&uacute;s? No los juzga, camina con ellos y, en vez de levantar un muro, abre una nueva brecha. Lentamente comienza a trasformar su des&aacute;nimo, hace que arda su coraz&oacute;n y les abre sus ojos, anunci&aacute;ndoles la Palabra y partiendo el Pan. Del mismo modo, el cristiano no lleva adelante &eacute;l solo la tarea de la misi&oacute;n, sino que experimenta, tambi&eacute;n en las fatigas y en las incomprensiones, &laquo;que Jes&uacute;s camina con &eacute;l, habla con &eacute;l, respira con &eacute;l, trabaja con &eacute;l. Percibe a Jes&uacute;s vivo con &eacute;l en medio de la tarea misionera&raquo; (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 266).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJes&uacute;s hace germinar la semilla. Por &uacute;ltimo, es importante aprender del Evangelio el estilo del anuncio. Muchas veces sucede que, tambi&eacute;n con la mejor intenci&oacute;n, se acabe cediendo a un cierto af&aacute;n de poder, al proselitismo o al fanatismo intolerante. Sin embargo, el Evangelio nos invita a rechazar la idolatr&iacute;a del &eacute;xito y del poder, la preocupaci&oacute;n excesiva por las estructuras, y una cierta ansia que responde m&aacute;s a un esp&iacute;ritu de conquista que de servicio. La semilla del Reino, aunque peque&ntilde;a, invisible y tal vez insignificante, crece silenciosamente gracias a la obra incesante de Dios: &laquo;El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. &Eacute;l duerme de noche y se levanta de ma&ntilde;ana; la semilla germina y va creciendo, sin que &eacute;l sepa c&oacute;mo&raquo; (Mc 4,26-27). Esta es nuestra principal confianza: Dios supera nuestras expectativas y nos sorprende con su generosidad, haciendo germinar los frutos de nuestro trabajo m&aacute;s all&aacute; de lo que se puede esperar de la eficiencia humana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCon esta confianza evang&eacute;lica, nos abrimos a la acci&oacute;n silenciosa del Esp&iacute;ritu, que es el fundamento de la misi&oacute;n. Nunca podr&aacute; haber pastoral vocacional, ni misi&oacute;n cristiana, sin la oraci&oacute;n asidua y contemplativa. En este sentido, es necesario alimentar la vida cristiana con la escucha de la Palabra de Dios y, sobre todo, cuidar la relaci&oacute;n personal con el Se&ntilde;or en la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica, &laquo;lugar&raquo; privilegiado del encuentro con Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAnimo con fuerza a vivir esta profunda amistad con el Se&ntilde;or, sobre todo para implorar de Dios nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. El Pueblo de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangelio. Por eso, pido a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numerosos grupos de oraci&oacute;n presentes en la Iglesia que, frente a la tentaci&oacute;n del des&aacute;nimo, sigan pidiendo al Se&ntilde;or que mande obreros a su mies y nos d&eacute; sacerdotes enamorados del Evangelio, que sepan hacerse pr&oacute;jimos de los hermanos y ser, as&iacute;, signo vivo del amor misericordioso de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos hermanos y hermanas, tambi&eacute;n hoy podemos volver a encontrar el ardor del anuncio y proponer, sobre todo a los j&oacute;venes, el seguimiento de Cristo. Ante la sensaci&oacute;n generalizada de una fe cansada o reducida a meros &laquo;deberes que cumplir&raquo;, nuestros j&oacute;venes tienen el deseo de descubrir el atractivo, siempre actual, de la figura de Jes&uacute;s, de dejarse interrogar y provocar por sus palabras y por sus gestos y, finalmente, de so&ntilde;ar, gracias a &eacute;l, con una vida plenamente humana, dichosa de gastarse amando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMar&iacute;a Sant&iacute;sima, Madre de nuestro Salvador, tuvo la audacia de abrazar este sue&ntilde;o de Dios, poniendo su juventud y su entusiasmo en sus manos. Que su intercesi&oacute;n nos obtenga su misma apertura de coraz&oacute;n, la disponibilidad para decir nuestro &laquo;aqu&iacute; estoy&raquo; a la llamada del Se&ntilde;or y la alegr&iacute;a de ponernos en camino, como ella (cf. Lc 1,39), para anunciarlo al mundo entero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tVaticano, 27 de noviembre de 2016 Primer Domingo de Adviento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tFrancisco<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 30 Nov. 16 (ACI).- La Santa Sede ha dado a conocer el mensaje del Papa Francisco por la 54&ordm; Jornada Mundial de Oraci&oacute;n por las vocaciones sobre el tema &ldquo;Empujados por el esp&iacute;ritu Santo para la Misi&oacute;n&rdquo;. La Jornada tendr&aacute; lugar el 7 de mayo de 2017. 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