{"id":9569,"date":"2016-12-02T13:40:06","date_gmt":"2016-12-02T18:40:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/boletin-semanal-con-las-noticias-mas-destacadas-en-la-radio-del-papa\/"},"modified":"2016-12-02T13:40:06","modified_gmt":"2016-12-02T18:40:06","slug":"boletin-semanal-con-las-noticias-mas-destacadas-en-la-radio-del-papa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/boletin-semanal-con-las-noticias-mas-destacadas-en-la-radio-del-papa\/","title":{"rendered":"Bolet\u00edn semanal con las noticias m\u00e1s destacadas en la Radio del Papa"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2015\/12\/04\/ANSA915835_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><strong>Bebamos, sobrios, la embriaguez del Esp&iacute;ritu<\/strong><\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_9022759\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00560166.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>(RV).- El primer viernes de diciembre a las 9.00 el <strong>Papa Francisco<\/strong> asisti&oacute; a la primera Predicaci&oacute;n de Adviento del Padre <strong>Raniero Cantalamessa<\/strong>, Predicador de la Casa Pontificia, en la capilla <em>Redemptoris Mater<\/em> del Palacio Apost&oacute;lico. Como todos los a&ntilde;os, asisten a estas predicaciones los Cardenales, Arzobispos y Obispos, junto a los Secretarios de las Congregaciones, los Prelados de la Curia Romana y del Vicariato de Roma, as&iacute; como los Superiores Generales y los Procuradores de las &Oacute;rdenes Religiosas que forman parte de la Capilla Pontificia.<\/p>\n<p>El tema de esta predicaci&oacute;n fue: &ldquo;Creo en el Esp&iacute;ritu Santo&rdquo;. Partiendo de <strong>la novedad del post Concilio<\/strong>, en la teolog&iacute;a y en la vida de la Iglesia, el Predicador se refiri&oacute; a este nombre precioso que es el Esp&iacute;ritu Santo. Y glos&oacute; un p&aacute;rrafo de la homil&iacute;a de la Misa crismal del Jueves Santo de 2012 de <strong>Benedicto XVI<\/strong> en que afirmaba:<\/p>\n<p>&ldquo;Mirando a la historia de la &eacute;poca postconciliar, se puede reconocer la din&aacute;mica de la verdadera renovaci&oacute;n, que frecuentemente ha adquirido formas inesperadas en movimientos llenos de vida y que hacen casi tangible la inagotable vivacidad de la Iglesia, la presencia y la acci&oacute;n eficaz del Esp&iacute;ritu Santo&rdquo;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de recordar que la renovada experiencia del Esp&iacute;ritu Santo ha estimulado la reflexi&oacute;n teol&oacute;gica, el Padre Cantalamessa &ndash; en el punto que denomin&oacute; &ldquo;<strong>el<\/strong> <strong>Credo le&iacute;do desde abajo&rdquo;<\/strong> &ndash; &nbsp;explic&oacute; que &ldquo;en el orden de la creaci&oacute;n y del ser, todo parte del Padre, pasa por el Hijo y llega a nosotros en el Esp&iacute;ritu&rdquo;; mientras &ldquo;en el orden de la redenci&oacute;n y del conocimiento, todo comienza con el Esp&iacute;ritu Santo, pasa por el Hijo Jesucristo y vuelve al Padre&rdquo;. Lo que, sin embargo &ndash; &nbsp;agreg&oacute; &ndash; no significa que el Credo de la Iglesia no sea perfecto o que deba ser reformado.<\/p>\n<p>En el tercer punto de su meditaci&oacute;n, el Predicador ofreci&oacute; un comentario sobre el llamado<strong> &ldquo;tercer art&iacute;culo&rdquo;<\/strong>, es decir, el art&iacute;culo del Credo sobre el Esp&iacute;ritu Santo, que desemboc&oacute; en la actual corriente denominada, precisamente, &ldquo;Teolog&iacute;a del tercer art&iacute;culo&rdquo;, que no pretende sustituir a la teolog&iacute;a tradicional, sino m&aacute;s bien estar a su lado y vivificarla.<\/p>\n<p>El Padre Cantalamessa abord&oacute; en su cuarto y &uacute;ltimo punto &ndash; titulado <strong>&ldquo;u<\/strong><strong>n art&iacute;culo que es necesario completar&rdquo;<\/strong> &ndash; &nbsp;la finalidad de este enunciado que no es decir todo sobre un dato de la fe, sino trazar un per&iacute;metro dentro del cual se debe colocar cada afirmaci&oacute;n, a la vez que explic&oacute; que ninguna afirmaci&oacute;n se puede contradecir.<\/p>\n<p>Tras destacar que no contamos s&oacute;lo con las pocas palabras del Credo sobre el Par&aacute;clito, el Predicador de la Casa Pontificia reafirm&oacute; que la teolog&iacute;a, la liturgia y la piedad cristiana, tanto en Occidente como en Oriente, han revestido de &ldquo;carne y sangre&rdquo; las descarnadas afirmaciones del S&iacute;mbolo de la fe. A la vez que en la secuencia de Pentecost&eacute;s la &iacute;ntima y personal relaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo con cada alma ha sido expresada con t&iacute;tulos como &ldquo;Padre de los pobres&rdquo;, &ldquo;Luz de los corazones&rdquo;, &ldquo;Dulce hu&eacute;sped del alma&rdquo; y &ldquo;Dulc&iacute;simo alivio&rdquo;.<\/p>\n<p>La misma secuencia &ndash; concluy&oacute; diciendo el Padre Raniero Cantalamessa &ndash; dirige al Esp&iacute;ritu Santo una serie de oraciones bellas y necesarias, que proclam&oacute; junto a los presentes para individuar entre ellas la que cada uno sienta m&aacute;s necesaria:<\/p>\n<p>Lava lo que est&aacute; sucio,<br \/>\nriega lo que est&aacute; &aacute;rido,<br \/>\nsana lo que sangra.<\/p>\n<p>Dobla lo que est&aacute; r&iacute;gido,<br \/>\ncalienta lo que est&aacute; g&eacute;lido,<br \/>\nendereza lo que est&aacute; desviado.<\/p>\n<p>(Mar&iacute;a Fernanda Bernasconi &#8211; RV).<\/p>\n<p><strong>Texto de la meditaci&oacute;n del Predicador de la Casa Pontificia traducido por la agencia Zenit<\/strong><\/p>\n<p>P. Raniero Cantalamessa, ofmcap<\/p>\n<p>Primera predicaci&oacute;n de Adviento 2016<\/p>\n<p>&ldquo;Creo en el Esp&iacute;ritu Santo&rdquo;<\/p>\n<p><strong>1. La novedad del post Concilio<\/strong><\/p>\n<p>Con la celebraci&oacute;n del 50&ordm; aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II se concluy&oacute; la primera fase del &ldquo;despu&eacute;s del Concilio&rdquo; y se abre otra. Si la primera fase ha estado caracterizada por los problemas relativos a la &ldquo;recepci&oacute;n&rdquo; del Concilio, esta nueva se caracterizar&aacute;, creo, por el completar e integrar el Concilio; en otras palabras, el releer el Concilio a la luz de los frutos producidos, dando luz tambi&eacute;n a lo que falta, o que estaba presente solo en la fase seminal.<\/p>\n<p>La mayor novedad del post Concilio, en la teolog&iacute;a y en la vida de la Iglesia, tiene un nombre precioso: el Esp&iacute;ritu Santo. El Concilio no hab&iacute;a ignorado su acci&oacute;n en la Iglesia, pero hab&iacute;a hablado casi siempre <em>en passant<\/em>, mencion&aacute;ndolo a menudo, pero sin dar luz al rol central, ni tampoco en la constituci&oacute;n sobre la Liturgia. En una conversaci&oacute;n, en el tiempo en el que est&aacute;bamos juntos en la Comisi&oacute;n Teol&oacute;gica Internacional, recuerdo que el padre Yves Congar us&oacute; una imagen fuerte respecto a esto; habl&oacute; de un Esp&iacute;ritu Santo, esparcido aqu&iacute; y all&iacute; en los textos, como se hace con el az&uacute;car sobre los dulces que, sin embargo, no entra a formar parte de la composici&oacute;n de la masa.<\/p>\n<p>El deshielo sin embargo hab&iacute;a comenzado. Podemos decir que la esperanza de san Juan XXIII del concilio como de &ldquo;un nuevo Pentecost&eacute;s para la Iglesia&rdquo; ha encontrado su actuaci&oacute;n solo despu&eacute;s, con el concilio concluido, como ha sucedido a menudo, por otro lado, en la historia de los concilios.&nbsp;<\/p>\n<p>En el a&ntilde;o entrante se celebra el 50&ordm; aniversario del inicio, en la Iglesia cat&oacute;lica, de la Renovaci&oacute;n Carism&aacute;tica. Es uno de los muchos signos -el m&aacute;s evidente por la vastedad del fen&oacute;meno- del despertar del Esp&iacute;ritu y de los carismas en la Iglesia. El Concilio hab&iacute;a allanado el camino a su acogida, hablando, en la <em>Lumen gentium<\/em>, de la dimensi&oacute;n carism&aacute;tica de la Iglesia, junto a esa institucional y jer&aacute;rquica, e insistiendo en la importancia de los carismas<a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\"><sup><sup>[1]<\/sup><\/sup><\/a>. En la homil&iacute;a de la misa crismal del Jueves Santo de 2012, Benedicto XVI afirm&oacute;:<\/p>\n<p>&ldquo;Mirando a la historia de la &eacute;poca post-conciliar, se puede reconocer la din&aacute;mica de la verdadera renovaci&oacute;n, que frecuentemente ha adquirido formas inesperadas en movimientos llenos de vida y que hacen casi tangible la inagotable vivacidad de la Iglesia, la presencia y la acci&oacute;n eficaz del Esp&iacute;ritu Santo&rdquo;.<\/p>\n<p>Contempor&aacute;neamente, la renovada experiencia del Esp&iacute;ritu Santo ha estimulado la reflexi&oacute;n teol&oacute;gica<a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\" title=\"\"><sup><sup>[2]<\/sup><\/sup><\/a>. Despu&eacute;s del concilio se han multiplicado los tratados sobre el Esp&iacute;ritu Santo: entre los cat&oacute;licos, el del mismo Congar<a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\" title=\"\"><sup><sup>[3]<\/sup><\/sup><\/a>, de K. Rahner<a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\" title=\"\"><sup><sup>[4]<\/sup><\/sup><\/a>, de H. M&uuml;hlen<a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\" title=\"\"><sup><sup>[5]<\/sup><\/sup><\/a> y de von Balthasar<a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\" title=\"\"><sup><sup>[6]<\/sup><\/sup><\/a>; entre los luteranos el de J. Moltmann<a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\" title=\"\"><sup><sup>[7]<\/sup><\/sup><\/a> y de M. Welker<a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\" title=\"\"><sup><sup>[8]<\/sup><\/sup><\/a>, y de muchos otros. Por parte del magisterio ha estado la enc&iacute;clica de san Juan Pablo II &ldquo;<em>Dominum et vivificantem<\/em>&rdquo;. Con ocasi&oacute;n del XVI centenario del concilio de Constantinopla del 381, el mismo Sumo Pont&iacute;fice promovi&oacute; un congreso internacional de Pneumatolog&iacute;a en el Vaticano, cuyos actos fueron publicados por la <em>Librer&iacute;a Editrice Vaticana,<\/em> en dos grandes vol&uacute;menes titulados &ldquo;Credo in Spiritum Sanctum&rdquo; <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\" title=\"\"><sup><sup>[9]<\/sup><\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os estamos asistiendo a un paso decidido hacia delante en esta direcci&oacute;n. Hacia el final de su carrera, Karl Barth hizo una afirmaci&oacute;n provocadora que era, en parte, tambi&eacute;n una autocr&iacute;tica. Dijo que en un futuro se desarrollar&iacute;a una teolog&iacute;a diferente, la &ldquo;teolog&iacute;a del tercer art&iacute;culo&rdquo;. En el mismo sentido se expres&oacute; Karl Rahner. Por &ldquo;tercer art&iacute;culo&rdquo; se entiende, naturalmente, el art&iacute;culo del credo sobre el Esp&iacute;ritu Santo. La sugerencia no cay&oacute; en el vac&iacute;o. De aqu&iacute; se inici&oacute; la actual corriente denominada, precisamente, &ldquo;Teolog&iacute;a del tercer art&iacute;culo&rdquo;.<\/p>\n<p>No creo que tal corriente quiera sustituir a la teolog&iacute;a tradicional (ser&iacute;a un error si lo pretendiera), sino m&aacute;s bien estar a su lado y vivificarla. Esta se propone hacer del Esp&iacute;ritu Santo no solo el objeto del tratado que a &eacute;l se refiere, la Pneumatolog&iacute;a, sino por as&iacute; decir la atm&oacute;sfera en la que se desarrolla toda la vida de la Iglesia y cada b&uacute;squeda teol&oacute;gica, la &ldquo;luz de los dogmas&rdquo;, como un antiguo Padre de la Iglesia defin&iacute;a al Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p>La exposici&oacute;n m&aacute;s completa de esta reciente corriente teol&oacute;gica es el volumen de ensayos que apareci&oacute; en ingl&eacute;s el pasado octubre, con el t&iacute;tulo &ldquo;Teolog&iacute;a del tercer art&iacute;culo. Para una dogm&aacute;tica pneumatol&oacute;gica&rdquo;<a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\" title=\"\"><sup><sup>[10]<\/sup><\/sup><\/a>. En &eacute;l, partiendo de la doctrina trinitaria de la gran tradici&oacute;n, te&oacute;logos de diferentes Iglesias cristianas ofrecen su contribuci&oacute;n, como premisa a una teolog&iacute;a sistem&aacute;tica m&aacute;s abierta al Esp&iacute;ritu y que responde m&aacute;s a las exigencias actuales. Se me ha pedido tambi&eacute;n a m&iacute;, como cat&oacute;lico, contribuir con un ensayo sobre &ldquo;Cristolog&iacute;a y pneumatolog&iacute;a en los primeros siglos de la Chiesa&rdquo;.<\/p>\n<p><strong>2. El Credo le&iacute;do desde abajo<\/strong><\/p>\n<p>Las razones que justifican esta nueva orientaci&oacute;n teol&oacute;gica no son solamente de orden dogm&aacute;tico, sino tambi&eacute;n hist&oacute;rico. En otras palabras, se entiende mejor qu&eacute; es, y qu&eacute; se propone, la teolog&iacute;a del tercer art&iacute;culo si se tienen en cuenta c&oacute;mo se ha formado el s&iacute;mbolo actual Niceno-Constantinopolitano. De esta historia emerge clara la utilidad de leer una vez tal s&iacute;mbolo &ldquo;a la inversa&rdquo;, es decir, empezando por el final en vez de que desde el principio.<\/p>\n<p>Trato de explicar qu&eacute; pretendo decir. El s&iacute;mbolo Niceno-Constantinopolitano refleja la fe cristiana en su fase final, despu&eacute;s de todas las declaraciones y las definiciones conciliares, terminadas en el siglo V. Refleja el orden alcanzado al final del proceso de formulaci&oacute;n del dogma, pero no refleja el proceso mismo. No corresponde, en otras palabras, al proceso con el que de hecho la fe de la Iglesia se ha formado hist&oacute;ricamente, y tampoco corresponde al proceso con el que se a&ntilde;ade hoy a la fe, entendida con fe viva en un Dios vivo.<\/p>\n<p>En el credo actual, se parte de Dios Padre y creador, de &Eacute;l se pasa al Hijo y a su obra redentora, y finalmente al Esp&iacute;ritu Santo operante en la Iglesia. En la realidad, la fe sigui&oacute; el camino inverso. Fue la experiencia pentecostal del Esp&iacute;ritu que llev&oacute; a la Iglesia a descubrir qui&eacute;n era verdaderamente Jes&uacute;s y cu&aacute;l hab&iacute;a sido su ense&ntilde;anza. Con Pablo y sobre todo con Juan, se llega a subir de Jes&uacute;s al Padre. Es el Par&aacute;clito que, seg&uacute;n la promesa de Jes&uacute;s, conduce a los disc&iacute;pulos a la &ldquo;plena vedad&rdquo; sobre &Eacute;l y el Padre (Jn 16, 13).<\/p>\n<p>San Basilio de Ces&aacute;rea resume en estos t&eacute;rminos el desarrollo de la revelaci&oacute;n y de la historia de la salvaci&oacute;n:<\/p>\n<p style=\"margin-left:35.4pt\">&ldquo;El camino del conocimiento de Dios procede del &uacute;nico Esp&iacute;ritu, a trav&eacute;s el &uacute;nico Hijo, hasta el &uacute;nico Padre; inversamente la bondad natural, la santificaci&oacute;n seg&uacute;n la naturaleza, la dignidad real se difunden desde el Padre, por medio del Unig&eacute;nito, hasta el Esp&iacute;ritu&rdquo;<a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\" title=\"\"><sup><sup>[11]<\/sup><\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>En otras palabras, en el orden de la creaci&oacute;n y del ser, todo parte del Padre, pasa por el Hijo y llega a nosotros en el Esp&iacute;ritu; en el orden de la redenci&oacute;n y del conocimiento, todo comienza con el Esp&iacute;ritu Santo, pasa por el Hijo Jesucristo y vuelve al Padre. &iexcl;Podemos decir que san Basilio es el verdadero iniciador de la teolog&iacute;a del tercer art&iacute;culo! En la tradici&oacute;n occidental todo esto est&aacute; expresado sint&eacute;ticamente en la estrofa final del himno del Veni creator. Dirigi&eacute;ndose al Esp&iacute;ritu Santo, en esta la Iglesia reza diciendo:<\/p>\n<p style=\"margin-left:35.4pt\">Per te sciamus da Patrem,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p style=\"margin-left:35.4pt\">noscamus atque Filium,<\/p>\n<p style=\"margin-left:35.4pt\">te utriusque Spiritum<\/p>\n<p style=\"margin-left:35.4pt\">credamus omni tempore.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p style=\"margin-left:35.4pt\">Haz que por ti conozcamos al Padre<\/p>\n<p style=\"margin-left:35.4pt\">y sabemos tambi&eacute;n qui&eacute;n es el Hijo<\/p>\n<p style=\"margin-left:35.4pt\">y que en ti, Esp&iacute;ritu de ambos,<\/p>\n<p style=\"margin-left:35.4pt\">creamos ahora y eternamente.<\/p>\n<p>Esto no significa m&iacute;nimamente que el credo de la Iglesia no sea perfecto o que deba ser reformado. Es la manera de leerlo que de vez en cuando es &uacute;til cambiar, para rehacer el camino con el que se ha formado. Entre las dos formas de utilizar el credo &ndash; como producto cumplido, o en su mismo hacerse &ndash; est&aacute; la misma diferencia que hacer personalmente, de buena ma&ntilde;ana, la escalada del Monte Sina&iacute; partiendo del monasterio de Santa Caterina, o leer el relato de uno que ha hecho la escalada antes que nosotros.<\/p>\n<p><strong>3. Un comentario sobre el &ldquo;tercer art&iacute;culo&rdquo;<\/strong><\/p>\n<p>Intentar&eacute; por lo tanto, en las tres meditaciones de Adviento, proponer reflexiones sobre algunos aspectos de la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, partiendo justamente del tercer art&iacute;culo del credo que se refiere a esto. Esto comprende tres grandes afirmaciones: partamos de la primera:<\/p>\n<p><em>a. &ldquo;Creo en el Esp&iacute;ritu Santo que es Se&ntilde;or y da la vida&rdquo;.<\/em><\/p>\n<p>El credo no dice que el Esp&iacute;ritu Santo es &ldquo;el&rdquo; Se&ntilde;or (un poco antes, en el credo se proclama: &ldquo;creo en un solo Se&ntilde;or Jesucristo&rdquo;. Se&ntilde;or (en el texto original,<em> to kyrion<\/em>, &iexcl;neutro!) indica aqu&iacute; la naturaleza, no la persona; dice <em>qu&eacute; cosa<\/em> es, no <em>qui&eacute;n<\/em> es el Esp&iacute;ritu Santo. &ldquo;Se&ntilde;or&rdquo; quiere decir que el Esp&iacute;ritu Santo comparte la Se&ntilde;or&iacute;a de Dios, que est&aacute; de la parte del Creador, no de las criaturas; en otras palabras que es de naturaleza divina.<\/p>\n<p>A esta certeza la Iglesia hab&iacute;a llegado bas&aacute;ndose no solamente en la Escritura, pero tambi&eacute;n en la propia experiencia de salvaci&oacute;n. El Esp&iacute;ritu, escrib&iacute;a ya san Atanasio, no puede ser una creatura porque cuando somos tocados por &eacute;l (en los sacramentos, en la Palabra, en la oraci&oacute;n) sentimos la experiencia de entrar en contacto con Dios en persona, no con un intermediario suyo. Si nos diviniza, quiere decir que es el mismo Dios<a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\" title=\"\"><sup><sup>[12]<\/sup><\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>&iquest;No se pod&iacute;a, en el s&iacute;mbolo de la fe, decir la misma cosa de una manera m&aacute;s expl&iacute;cita, definiendo al Esp&iacute;ritu Santo pura y simplemente &ldquo;Dios y consustancial con el Padre&rdquo;, como se hab&iacute;a hecho con el Hijo en el concilio de Nicea?&nbsp; Seguramente y fue justamente esta la cr&iacute;tica hecha por algunos obispos, entre los cuales san Gregorio Nacianceno, a la definici&oacute;n. Por motivos de oportunidad y de paz, se prefiri&oacute; decir la misma cosa con expresiones equivalentes, atribuyendo al Esp&iacute;ritu, adem&aacute;s que el t&iacute;tulo de Se&ntilde;or, tambi&eacute;n la <em>isotimia<\/em>, o sea la igualdad con el Padre y el Hijo en la adoraci&oacute;n y en la glorificaci&oacute;n de la Iglesia.<\/p>\n<p>La expresi&oacute;n sucesiva, seg&uacute;n la cual el Esp&iacute;ritu Santo <em>&ldquo;da la vita&rdquo;,<\/em> es tra&iacute;da de diversos pasajes del Nuevo Testamento: &ldquo;Es el Esp&iacute;ritu que da la vida&rdquo; (Jn 6, 63); &ldquo;La ley del Esp&iacute;ritu da la vida en Cristo Jes&uacute;s&rdquo; (Rm 8, 2); &ldquo;El &uacute;ltimo Ad&aacute;n se volvi&oacute; esp&iacute;ritu dador de vida&rdquo; (1 Cor 15, 45); &ldquo;La letra mata, el Esp&iacute;ritu vivifica&rdquo; (2 Cor 3, 6).<\/p>\n<p>Nos ponemos tres preguntas. Primero, &iquest;<em>qu&eacute; vida da<\/em> el Esp&iacute;ritu Santo? Respuesta: da la vida divina, la vida de Cristo. Una vida sobre-natural, no una s&uacute;per-vida natural; crea al hombre nuevo, no al superhombre de Nietzsche &ldquo;inflado de vida&rdquo;. Segundo, &iquest;d&oacute;nde nos da tal vida? Respuesta: en el bautismo, que es presentado de hecho como un &ldquo;renacer del Esp&iacute;ritu&rdquo; (Jn 3, 5), en los sacramentos, en la palabra de Dios, en la oraci&oacute;n, en la fe, en el sufrimiento aceptado en uni&oacute;n con Cristo. Tercero, &iquest;c&oacute;mo nos da la vida, el Esp&iacute;ritu? Respuesta: haciendo morir las obras de la carne. &ldquo;Si con la ayuda del Esp&iacute;ritu hacen morir las obras de la carne vivir&aacute;n&rdquo; dice san Pablo en Romanos 8,13.<\/p>\n<p><em>b. &ldquo;&hellip; y procede del Padre (y del Hijo) y con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado&rdquo;.<\/em><\/p>\n<p>Pasemos ahora a la segunda afirmaci&oacute;n del credo sobre el Esp&iacute;ritu Santo. Hasta ahora el s&iacute;mbolo de fe nos ha hablado de la <em>naturaleza<\/em> del Esp&iacute;ritu, no a&uacute;n de la <em>persona<\/em>; nos ha dicho <em>que es<\/em>, no <em>quien<\/em> es el Esp&iacute;ritu, nos ha hablado de lo que acomuna al Esp&iacute;ritu Santo al Padre y al Hijo &ndash; el hecho de ser Dios y de dar la vida. Con la presente afirmaci&oacute;n se pasa a lo que distingue al Esp&iacute;ritu Santo del Padre y del Hijo. Lo que lo distingue del Padre es que <em>procede<\/em> de &eacute;l (otro es aquel que procede, otro aquel del que procede); lo que lo distingue del Hijo es que procede del Padre no por generaci&oacute;n, pero por <em>espiraci&oacute;n<\/em>, para expresarnos en t&eacute;rminos simb&oacute;licos, no como el concepto (<em>logos<\/em>) que procede de la mente, pero como el soplo procede de la boca.<\/p>\n<p>Es el elemento central del art&iacute;culo del credo, aquello con lo que se entend&iacute;a definir el lugar que el Par&aacute;clito ocupa en la Trinidad. Esta parte del s&iacute;mbolo es conocida sobre todo por el problema del <em>Filioque<\/em>, que fue por un milenio el objeto principal del desacuerdo entre Oriente y Occidente. No me detengo sobre este problema que fue incluso demasiado discutido, tambi&eacute;n porque yo mismo he hablado de &eacute;l en esta sede, abordando el tema de la comuni&oacute;n de fe entre Oriente y Occidente, en la cuaresma del a&ntilde;o pasado.&nbsp;<\/p>\n<p>Me limito a poner en claro aquello que podemos recoger de esta parte del s&iacute;mbolo y que enriquece nuestra fe com&uacute;n, dejando de lado las disputas teol&oacute;gicas. Esto nos dice que el Esp&iacute;ritu Santo no es un pariente pobre de la Trinidad. No es un simple &ldquo;modo de actuar&rdquo; de Dios, una energ&iacute;a o un fluido que atraviesa el universo como pensaban los estoicos; es una &ldquo;relaci&oacute;n subsistente&rdquo;, por lo tanto una persona.<\/p>\n<p>No tanto la &ldquo;tercera persona singular&rdquo;, sino m&aacute;s bien &ldquo;la primera persona plural&rdquo;. El &ldquo;Nosotros&rdquo; del Padre y del Hijo<a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\" title=\"\"><sup><sup>[13]<\/sup><\/sup><\/a>. Cuando, para expresarnos de manera humana, el Padre y el Hijo hablan del Esp&iacute;ritu Santo, no dicen &ldquo;&eacute;l&rdquo;, sino &ldquo;nosotros&rdquo;, porque &eacute;l es la unidad del Padre y del Hijo. Aqu&iacute; se ve la fecundidad extraordinaria de la intuici&oacute;n de san Agust&iacute;n para quien el Padre es quien ama, el Hijo el amado y el Esp&iacute;ritu el amor que los une, el don intercambiado. Sobre esto se basa la creencia de la Iglesia occidental, seg&uacute;n la cual el Esp&iacute;ritu Santo procede &ldquo;del Padre y del Hijo&rdquo;.<\/p>\n<p>El Esp&iacute;ritu Santo, a pesar de todo, quedar&aacute; siempre el Dios escondido, tambi&eacute;n si logramos conocer los efectos. &Eacute;l es como el viento: no se sabe de d&oacute;nde viene y ad&oacute;nde va, pero se ven los efectos cuando pasa. Es como la luz que ilumina todo lo que est&aacute; delante, quedando esa escondida. Por esto es la persona menos conocida y amada de los Tres, a pesar de que sea el Amor en persona. Nos resulta m&aacute;s f&aacute;cil pensar en el Padre y en el Hijo como &ldquo;personas&rdquo;, pero es m&aacute;s dif&iacute;cil para el Esp&iacute;ritu.<\/p>\n<p>No existen categor&iacute;as humanas que puedan ayudarnos a entender este misterio. Para hablar de Dios Padre nos ayuda la filosof&iacute;a que se ocupa de la causa primera (el &ldquo;Dios de los fil&oacute;sofos&rdquo;); para hablar del Hijo tenemos la analog&iacute;a humana de la relaci&oacute;n padre &ndash; hijo y tenemos tambi&eacute;n la historia, porque el Verbo se hizo carne. Para hablar del Esp&iacute;ritu no tenemos sino la revelaci&oacute;n y la experiencia. La misma Escritura nos habla de &eacute;l sirvi&eacute;ndose casi siempre de s&iacute;mbolos naturales: la luz, el fuego, el viento, el agua, el perfume, la paloma.<\/p>\n<p>Comprenderemos plenamente qui&eacute;n es el Esp&iacute;ritu Santo solamente en el para&iacute;so. M&aacute;s aun lo viviremos en una vida que no tendr&aacute; fin, en una profundidad que nos dar&aacute; inmensa alegr&iacute;a. Ser&aacute; como un fuego dulc&iacute;simo que inundar&aacute; nuestra alma y la colmar&aacute; de gozo, como cuando el amor arrolla el coraz&oacute;n de una persona y esta se siente feliz.<\/p>\n<p><em>c. &ldquo;&hellip; y ha hablado por medio de los profetas&rdquo;<\/em><\/p>\n<p>Estamos en la tercera y &uacute;ltima gran afirmaci&oacute;n sobre el Esp&iacute;ritu Santo. Despu&eacute;s de haber profesado nuestra fe en la acci&oacute;n vivificadora y santificadora del Esp&iacute;ritu Santo en la primera parte del art&iacute;culo (el Esp&iacute;ritu que es Se&ntilde;or y da la vida), ahora se indica tambi&eacute;n su acci&oacute;n carism&aacute;tica. De ella se nombra un carisma para todos, aquel que Pablo considera el primero por importancia, o sea la profec&iacute;a. (cf. 1 Cor 14).<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n del carisma prof&eacute;tico se menciona solamente una etapa: el Esp&iacute;ritu que &ldquo;ha hablado por medio de los profetas&rdquo;, o sea en el Antiguo Testamento. La afirmaci&oacute;n se basa sobre diversos textos de la Escritura, y en particular en 2 Pedro 21: &ldquo;Movidos por el Esp&iacute;ritu Santo, hablaron algunos hombres de parte de Dios&rdquo;.<\/p>\n<p><strong>4. Un art&iacute;culo que es necesario completar<\/strong><\/p>\n<p>La Carta a los Hebreos dice que &ldquo;despu&eacute;s de haber hablado un tiempo por medio de los profetas, en los &uacute;ltimos tiempos Dios nos ha hablado en el Hijo&rdquo; (cf. Eb 1,1-2). El Esp&iacute;ritu no ha dejado por lo tanto de hablar por medio de los profetas; lo ha hecho con Jes&uacute;s y lo hace tambi&eacute;n hoy en la Iglesia. Esta y otras lagunas del s&iacute;mbolo fueron colmadas poco a poco en la pr&aacute;ctica de la Iglesia, sin necesidad, por esto, de cambiar el texto del credo (como sucedi&oacute; lamentablemente en el mundo latino con el a&ntilde;adido del <em>Filioque<\/em>). Tenemos un ejemplo en la epiclesi de la liturgia ortodoxa llamada de San Jacobo, que dice as&iacute;:<\/p>\n<p style=\"margin-left:35.4pt\">&ldquo;Manda tu sant&iacute;simo Esp&iacute;ritu, Se&ntilde;or y vivificador, que est&aacute; sentado contigo, Dios y Padre, y con tu Hijo unig&eacute;nito; que reina, consustancial y coeterno. &Eacute;l ha hablado en la Ley, en los profetas del Nuevo Testamento; ha bajado en forma de paloma sobre Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo en el r&iacute;o Jord&aacute;n, reposando sobre &eacute;l, y baj&oacute; sobre los santos ap&oacute;stoles el d&iacute;a de la santa Pentecost&eacute;s&rdquo;. <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\" title=\"\"><sup><sup>[14]<\/sup><\/sup><\/a><\/p>\n<p>Uno quedar&iacute;a desilusionado por lo tanto si quisiera encontrar en el art&iacute;culo sobre el Esp&iacute;ritu Santo todo o tambi&eacute;n solamente lo mejor de la revelaci&oacute;n b&iacute;blica sobre &eacute;l. Esto pone en evidencia la naturaleza y el l&iacute;mite de cada definici&oacute;n dogm&aacute;tica. Su finalidad no es decir todo sobre un dato de la fe, sino trazar un per&iacute;metro dentro del cual se debe colocar cada afirmaci&oacute;n y que ninguna afirmaci&oacute;n puede contradecir. A esto se a&ntilde;ade en nuestro caso, el hecho que el art&iacute;culo fue compuesto en un momento en el cual la reflexi&oacute;n sobre el Par&aacute;clito hab&iacute;a apenas iniciado y, por a&ntilde;adidura, razones hist&oacute;ricas contingentes (el deseo de paz del emperador) impon&iacute;a un compromiso entre las partes.<\/p>\n<p>Pero nosotros no tenemos solamente las pocas palabras del credo sobre el Par&aacute;clito. La teolog&iacute;a, la liturgia y la piedad cristiana, sea en Occidente que en Oriente, han revestido de &ldquo;carne y sangre&rdquo; las escarzas afirmaciones del s&iacute;mbolo de la fe. En la secuencia de Pentecost&eacute;s la &iacute;ntima relaci&oacute;n y personal del Esp&iacute;ritu Santo con cada alma &#8211; una dimensi&oacute;n completamente ausente en el s&iacute;mbolo &#8211; ha sido expresada con t&iacute;tulos como padre de los pobres, luz de los corazones, dulce hu&eacute;sped del alma, dulc&iacute;simo alivio.<\/p>\n<p>La misma secuencia dirige al Esp&iacute;ritu Santo una serie de oraciones que sentimos particularmente bellas y necesarias. Concluimos proclam&aacute;ndolas juntas, buscando de individuar entre ellas aquella que sentimos m&aacute;s necesaria para nosotros:<\/p>\n<p style=\"margin-left:35.4pt\">Lava quod ests &oacute;rdidum,<br \/>\nRiga quod est &aacute;ridum,<br \/>\nsana quod est s&aacute;ucium.<\/p>\n<p>Flecte quod est r&iacute;gidum,<br \/>\nfove quod est fr&iacute;gidum,<br \/>\nrege quod est d&eacute;vium.<\/p>\n<p style=\"margin-left:35.4pt\">Lava lo que est&aacute; sucio,<br \/>\nriega lo que est&aacute; &aacute;rido,<br \/>\nsana lo que sangra.<\/p>\n<p>Dobla lo que est&aacute; r&iacute;gido,<br \/>\ncalienta lo que est&aacute; g&eacute;lido,<br \/>\nendereza lo que est&aacute; desviado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div>&nbsp;<\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n<p><a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\"><strong><strong>[1]<\/strong><\/strong><\/a><strong> Lumen gentium 12.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"ftn2\">\n<p><a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\" title=\"\"><strong><strong>[2]<\/strong><\/strong><\/a><strong>Cf. <em>La riscoperta dello Spirito<\/em>. Esperienza e teologia dello Spirito Santo, a cura di Claus Hartmann e Heribert Muhlen, Milano 1975 (ed. originale, <em>Erfahrung und TheolgiedesHeiligenGeistes,<\/em> M&uuml;nchen 1974).<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"ftn3\">\n<p><a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\" title=\"\"><strong><strong>[3]<\/strong><\/strong><\/a><strong> Y. Congar, <em>Credo nello Spirito Santo,<\/em>2,&nbsp; Brescia 1982, pp. 157-224<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"ftn4\">\n<p><a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\" title=\"\"><strong><strong>[4]<\/strong><\/strong><\/a><strong> K. Rahner, <em>Erfahrung des Geistes. Meditation auf Pfingsten,<\/em> Herder, Friburgo&nbsp; i. Br. 1977.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"ftn5\">\n<p><a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\" title=\"\"><strong><strong>[5]<\/strong><\/strong><\/a><strong> H. M&uuml;hlen ,<em>Der Heilige Geist als Person. Ich &#8211; Du &#8211; Wir<\/em>, M&uuml;nster in W., 1963<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"ftn6\">\n<p><a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\" title=\"\"><strong><strong>[6]<\/strong><\/strong><\/a><strong> U. von Balthasar, <em>Spiritus Creator<\/em>, Brescia 1972, p. 109<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"ftn7\">\n<p><a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\" title=\"\"><strong><strong>[7]<\/strong><\/strong><\/a><strong> J. Moltmann, <em>Lo Spirito della vita<\/em>, , Brescia 1994, pp. 102-108.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"ftn8\">\n<p><a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\" title=\"\"><strong><strong>[8]<\/strong><\/strong><\/a><strong> M. Welker, <em>Lo Spirito di Dio. Teologia dello Spirito Santo<\/em>, Brescia 1995, p.62. <\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"ftn9\">\n<p><a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\" title=\"\"><strong><strong>[9]<\/strong><\/strong><\/a><strong> Editi da Libreria Editrice Vaticana nel 1983.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"ftn10\">\n<p><a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\" title=\"\">[10]<\/a><em>Third Article Theology: A PneumatologicalDogmatics<\/em>, a cura di <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"http:\/\/fortresspress.com\/author\/myk-habets\">MykHabets<\/a>, <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"https:\/\/www.google.it\/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=3&amp;cad=rja&amp;uact=8&amp;ved=0ahUKEwjiqq7Loc_NAhVIOBoKHSglDVEQFggvMAI&amp;url=http%3A%2F%2Ffortresspress.com%2Fproduct%2Fthird-article-theology-pneumatological-dogmatics&amp;usg=AFQjCNE1EdfpJSR907u6H1VLyI4tgdmBQA&amp;sig2=UHy4XWfHH8WF52q2blMrDw\">Fortress Press<\/a>, Settembre 2016.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"ftn11\">\n<p><a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\" title=\"\">[11]<\/a> Basilio di Cesarea<em>, De&nbsp; SpirituSancto<\/em> XVIII, 47 (PG 32 , 153).<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"ftn12\">\n<p><a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\" title=\"\"><strong><strong>[12]<\/strong><\/strong><\/a><strong> S. Atanasio, <em>Cartas a Serapi&ograve;n<\/em>, I, 24 (PG 26, 585).<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"ftn13\">\n<p><a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\" title=\"\">[13]<\/a>Cf H. M&uuml;hlen, <em>Der Heilige Geist als Person. Ich &#8211; Du &#8211; Wir<\/em>, Aschendorff, M&uuml;nster in W. 1963. Il primo a definire lo Spirito Santo il &laquo;divino Noi&raquo; &egrave; stato S. Kierkegaard, <em>Diario<\/em> II A 731 (23 aprile 1838).<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"ftn14\">\n<p><a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\" title=\"\"><strong><strong>[14]<\/strong><\/strong><\/a><strong> In A. H&auml;nggi &#8211; I. Pahl, <em>PrexEucharistica<\/em>, Fribourg, Suisse, 1968, p. 250.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bebamos, sobrios, la embriaguez del Esp&iacute;ritu (RV).- El primer viernes de diciembre a las 9.00 el Papa Francisco asisti&oacute; a la primera Predicaci&oacute;n de Adviento del Padre Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apost&oacute;lico. Como todos los a&ntilde;os, asisten a estas predicaciones los Cardenales, Arzobispos y Obispos, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/boletin-semanal-con-las-noticias-mas-destacadas-en-la-radio-del-papa\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abBolet\u00edn semanal con las noticias m\u00e1s destacadas en la Radio del Papa\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-9569","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9569","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9569"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9569\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9569"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9569"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9569"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}