{"id":9981,"date":"2016-12-15T11:15:02","date_gmt":"2016-12-15T16:15:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/beata-maria-de-los-angeles-marianna-fontanella-16-de-diciembre\/"},"modified":"2016-12-15T11:15:02","modified_gmt":"2016-12-15T16:15:02","slug":"beata-maria-de-los-angeles-marianna-fontanella-16-de-diciembre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/beata-maria-de-los-angeles-marianna-fontanella-16-de-diciembre\/","title":{"rendered":"Beata Mar\u00eda de los \u00c1ngeles (Marianna) Fontanella \u2013 16 de diciembre  \u00a0"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">(ZENIT &#8211; Madrid).- Naci\u00f3 en Tur\u00edn, Italia, el 7 de enero de 1661. Era la \u00faltima de once hermanos habidos en el matrimonio de los condes Giovanni Donato y Mar\u00eda Tana, que estaba emparentada con la madre de san Lu\u00eds Gonzaga. Fue educada conforme conven\u00eda a su origen aristocr\u00e1tico y se convirti\u00f3 en una joven despierta e inteligente, de trato exquisito. Su gran temperamento y vivacidad discurr\u00eda parejo al equilibrio y templanza que exhibi\u00f3 en muchos instantes de su vida. Su infancia estuvo caracterizada por una poderosa inclinaci\u00f3n hacia lo espiritual; constru\u00eda altares, y le agradaba escuchar las vidas de santos que le le\u00eda una empleada dom\u00e9stica, costumbre que tuvo un poderoso influjo en su vocaci\u00f3n. Su modelo era san Lu\u00eds Gonzaga. Como hizo santa Teresa de Jes\u00fas, huy\u00f3 de casa con su hermano en busca del martirio. Esta sensibilidad tuvo otro momento de fulgor al descubrir un Crucificado sin brazos en el \u00e1tico de su hogar, que la dej\u00f3 profundamente conmocionada. Tanto es as\u00ed, que conmovida por su visi\u00f3n desterr\u00f3 a su mu\u00f1eca del dormitorio y convirti\u00f3 a la imagen en objeto de su ternura. Ante ella suplicaba con l\u00e1grimas el perd\u00f3n de sus pecados. Humanamente, su pasi\u00f3n era la danza, en la que sobresal\u00eda con creces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Poco a poco se iba dando cuenta de que le atrapaban ciertas flaquezas, experimentando vanidad y agrado ante los halagos de los que era objeto. Una visi\u00f3n de Cristo ensangrentado y coronado de espinas, que contempl\u00f3 en el espejo, le hizo aborrecer la vanidad. Otro instante de inflexi\u00f3n en su vida fue la primera comuni\u00f3n que recibi\u00f3 en 1672. Despu\u00e9s, inclinada a luchar contra sus tendencias, buscaba en la oraci\u00f3n la fuerza precisa para hacerles frente, iniciando un camino de mortificaci\u00f3n y penitencia que no abandonar\u00eda. Se dedic\u00f3 a visitar enfermos y a ejercitar obras de caridad. Su director, el p\u00e1rroco padre Malliano, acertadamente la condujo por el sendero de la virtud. En 1673 ingres\u00f3 en el monasterio cisterciense de Santa Mar\u00eda de la Estrella para recibir formaci\u00f3n. Permaneci\u00f3 all\u00ed a\u00f1o y medio porque su madre, viendo sus muchas cualidades, y dado que el conde hab\u00eda muerto en 1668, no dud\u00f3 en ponerla al frente de la administraci\u00f3n de la casa, y tuvo que dejar la comunidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde la beata sonde\u00f3 nuevamente el parecer materno porque quer\u00eda ser religiosa, pero su madre fraguaba su matrimonio. No hubo acuerdo, y comenz\u00f3 una enconada lucha en defensa de su vocaci\u00f3n que se dilat\u00f3 en el tiempo en medio de numerosas vicisitudes y contrariedades. Por fin, convencida su madre de que no pod\u00eda disuadirla, dio su consentimiento para que ingresara con las cistercienses de Saluzzo. Pero en 1675 o 1676, en el transcurso de un viaje a Tur\u00edn para ver la S\u00e1bana Santa, la joven conoci\u00f3 a un padre carmelita. Tuvieron una conversaci\u00f3n tan decisiva que determin\u00f3 ingresar en el monasterio de carmelitas descalzas de Santa Cristina. De nuevo su madre se opuso a que consagrara su vida en una Orden con regla tan austera, pero el 19 de noviembre de ese a\u00f1o Marianna logr\u00f3 su prop\u00f3sito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La vida conventual fue extremadamente dif\u00edcil para ella, como narr\u00f3 en su autobiograf\u00eda. Las pruebas espirituales que duraron catorce a\u00f1os incluyeron sequedad en la oraci\u00f3n, animadversi\u00f3n a sus hermanas, as\u00ed como a las penitencias y mortificaciones, asechanzas del demonio, una hipersensibilidad a su entorno percibido con un insoportable hedor que le llevaba a rechazar el alimento. Ella, que hab\u00eda gustado de los favores divinos, de repente no encontraba consuelo en la oraci\u00f3n y deb\u00eda caminar en fe porque no vislumbraba a Dios: <em>\u00ab\u00a1Me has enga\u00f1ado, Dio m\u00edo! Cuando era libre me dabas consuelo y dulzura; y ahora que estoy ligada a Ti no me das m\u00e1s que amargura\u00bb.<\/em> Sus s\u00faplicas insistentes a Cristo le sum\u00edan en una sima m\u00e1s oscura, y la experiencia de aborrecimiento de s\u00ed misma llenaba su existencia de angustia y repugnancia por sus muchas ofensas. En ese desierto surgieron las dudas acerca de su vocaci\u00f3n, atentados y tentaciones contra la caridad, el abandono del convento y hasta la desesperaci\u00f3n, adem\u00e1s de incitaciones contra la pureza. Frente a ello, con su oraci\u00f3n insistente forjada en la fe, ofrecida con esp\u00edritu de reparaci\u00f3n y fidelidad en la obediencia, alcanz\u00f3 la gracia de la perseverancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De ese estado interior de luchas que terminaron en 1691 nadie tuvo noticia. Ante los dem\u00e1s su virtud brillaba poderosamente. Austera en su vida, se consideraba la m\u00e1s indigna de todas. <em>\u00abO dadme mortificaciones o hacedme morir<\/em>\u00bb, rogaba a Dios. En 1682 los \u00e9xtasis ya hab\u00edan comenzado a ser frecuentes y, en ocasiones, p\u00fablicos. Era devota de Mar\u00eda y de san Jos\u00e9, y a \u00e9l dedic\u00f3 el Carmelo de Moncalieri que fund\u00f3 con gran celo apost\u00f3lico en 1702 aunque no pudo estar presente en su inauguraci\u00f3n que se produjo al a\u00f1o siguiente. En 1696 logr\u00f3 que la di\u00f3cesis de Tur\u00edn instituyese la festividad del patrocinio del santo Patriarca. Fue una excelente maestra de novicias. Elegida priora cuatro veces, se neg\u00f3 a encarnar la misi\u00f3n una quinta en 1717, fecha ya cercana a su muerte: <em>\u00abPueden empe\u00f1arse en hacerme priora; yo me empe\u00f1ar\u00e9 con mi Jes\u00fas a ver quien puede m\u00e1s\u00bb.<\/em> Muri\u00f3 el 16 de diciembre de ese a\u00f1o. Fue beatificada por el papa P\u00edo IX el 25 de abril de 1865. Fue la primera carmelita descalza italiana en subir a los altares. San Juan Bosco redact\u00f3 su biograf\u00eda para este momento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&nbsp;<\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(ZENIT &#8211; Madrid).- Naci\u00f3 en Tur\u00edn, Italia, el 7 de enero de 1661. Era la \u00faltima de once hermanos habidos en el matrimonio de los condes Giovanni Donato y Mar\u00eda Tana, que estaba emparentada con la madre de san Lu\u00eds Gonzaga. 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