por Teresa Blowes
Si usted está planeando iniciar grupo, piense bien: ¿cuáles son sus metas? ¿cómo piensa alcanzarlas? Recuerde la necesidad de iniciar el proyecto con clara intención de que sea un taller de trabajo en santidad, donde los integrantes vayan aprendiendo la Palabra de Dios y ejercitando sus dones en pro de sus hermanos. Esto exige el compromiso firme de cada miembro, tanto hacia el grupo como a sus metas.
«Miren al pajarito y sonrían».
¡Puf! Explota el flash, y tenemos una foto.
Caras sonrientes… ojos bizcos… lenguas afuera… alguien cayéndose… otro haciendo «cuernitos» detrás de la cabeza del amigo… todos abrazados y felices.
¿Siempre es así, amigos «locos» disfrutando del compañerismo? Sin embargo, eso es sólo un instante en la vida del grupo.
Un grupo no es como una foto. No es una imagen estática. Un grupo tiene vida. Tiene dinámica. Hay todo un vaivén de relaciones que produce cambio en los miembros individualmente y en el grupo como entidad.
En el primer artículo vimos el siguiente resumen de la dinámica de un grupo: «trabajar en un grupo pequeño es contener a las personas en un ambiente seguro, con relaciones de profundidad creciente, y liberarlas para que se expresen y descubran por sí mismas lo que Dios quiere decirles en su Palabra».
El trabajo de aquel que quiere aprovechar al máximo la experiencia de un grupo pequeño para el crecimiento de sus miembros en Cristo se ve en dos palabras claves: contener y liberar.
Contener: profundizando las relaciones
Crecer en Cristo tiene que ver con deshacer la vieja manera de vivir (Efesios 4:22-24), hacer morir los deseos del hombre pecador (Romanos 8:12,13), y luchar en contra a nuestra naturaleza pecaminosa (Romanos 7:22, 23). Requiere que miremos con honestidad en el espejo de nuestro ser interior, reconozcamos nuestra necesidad, y busquemos la ayuda de Dios y de su pueblo para que el Espíritu Santo nos vaya transformando.
Este nivel de honestidad significa correr riesgos, porque requiere transparencia frente a otros. Un grupo pequeño puede ser un lugar propicio para esto, pero se necesita mucha confianza y amor entre los integrantes. El responsable de un grupo tiene que ser consciente de esto y realizar el trabajo necesario para tacilitar el crecimiento de esta clase de relaciones.
Para comenzar, dos cosas pueden ser de gran ayuda: fijar normas de conducta, y tener presente la etapa de desarrollo en que se encuentra el grupo.
1. Normas
En un grupo pequeño ciertos modales facilitan el crecimiento de relaciones de confianza que nutren la maduración.
Corno ya vimos anteriormente, en un grupo hay conductas que comunican
amor y compromiso, tal como la asistencia regular y puntual, la participación activa y respetuosa dentro de la reunión, y el compromiso de buscar el bien de demás. Parte de esto último es guardar la confidencialidad de lo que se trata en el grupo y dar lugar para que todos participen.
Estas normas deben ser establecidas desde un principio y presentadas como la manera en que todos pueden ayudarse a crecer.
A un grupo no se asiste como pasatiempo, es un lugar de servicio que todos deben tomar en serio.
2. Etapas de desarrollo del grupo
a) Etapa inicial
Así como un grupo posee vida propia, tiene también etapas de desarrollo. En las primeras reuniones de los miembros no se conocen ni tienen confianza entre sí. Tampoco hay fluidez en la forma de trabajo. Es la etapa de conocerse adaptarse.
Teniendo esto en cuenta, el que dirige tiene que evitar el uso de técnicas y preguntas que requieran un alto nivel de confianza. Su meta en esta etapa es facilitar el conocimiento, a fin de establecer una base de confianza, y establecer las normas y el método de trabajo. En este tiempo hay que acompañar en forma especial a los más tímidos y los menos conocidos, sin presionarlos.
b) Etapa Intermedia
Con el paso del tiempo se produce un aumento en el nivel de confianza, y se está en condiciones de pedir un mayor nivel de participación y responsabilidad en el trabajo del grupo. Puede ser necesario un reajuste en el área de las normas, del método de trabajo, o incluso en la relación entre dos o más miembros del grupo. Es también fructífero dar tiempo para la retroalimentación, la evaluación del progreso del grupo hacia las metas establecidas y, si hace falta, hacer los ajustes necesarios,
c) Etapa final
Va a llegar el momento en que se acerque el fin del grupo, bien porque las metas se están alcanzando, o el tiempo establecido se ha cumplido, o la tarea está completa. (¡Ojalá las tres cosas ocurran a la vez!). Es la etapa de terminación del grupo, el punto en el cual se pueden evaluar los logros y poner nuevas metas personales para el futuro. Provee un espacio para expresar en voz alta lo que se fue sintiendo durante el progreso del grupo. Da también la posibilidad de separarse para asumir otros compromisos. La tarea del líder es crear un ámbito que facilite el proceso de terminación. Esto no significa que las relaciones formadas dentro del grupo se terminen. Por el contrario, éstas se continúan en un nuevo nivel de confianza y contribuyen a la edificación mutua.
Lo importante es la formación de relaciones fuertes y maduras que faciliten el crecimiento, porque éstas proporcionan un sentido de seguridad personal.
Un líder que realiza bien el trabajo de contención a través de relaciones profundas verá cambios en las vidas de los integrantes del grupo de acuerdo a las metas fijadas.
Liberados para dar y recibir
La contención es importante para la permanencia en la fe, pero es solamente el punto de partida hacia la meta de crecimiento en Cristo. Queremos que los miembros de nuestros grupos dejen los malos hábitos del pasado y desarrollen los dones que Dios les ha regalado para servir a su pueblo y para alcanzar a otros.
Para esto el grupo pequeño provee un ambiente idóneo, porque crea un tipo de «mini-iglesia» en la que se puede practicar y crecer en servicio.
El liderazgo
Pensemos en un grupo como en una máquina. La tendencia general es creer que el líder es el ingeniero, el mecánico, el conductor y el que hace todo para que la máquina funcione. Este es un concepto equivocado y no bíblico del liderazgo.
El grupo pequeño, al igual que una máquina, está compuesto por un conjunto de partes. El ingeniero es quien la arma; el mecánico la mantiene; el conductor la hace andar, etcétera, pero todas las piezas que componen la máquina deben funcionar. Cada una de ellas es importante, y si una no cumple su función, la máquina va a sufrir desperfectos.
¿Cuáles son los componentes necesarios para que funcione bien un grupo pequeño?
Como en una máquina, hay partes visibles e invisibles. Lo más concreto o visible en un grupo son los roles relacionados con el contenido del estudio a realizar. La dirección de un buen estudio necesita una persona (o personas) que pueda:
· Iniciar el estudio y «enganchar» miembros en él.
· Aclarar puntos confusos.
· Sintetizar lo que se ha compartido acerca de un punto.
· Preguntar cuando hace falta aclarar un punto
· Coordinar la discusión.
· Mantener el rumbo cuando el grupo se desvía
· Aplicar el contenido del estudio
· Y otras tantas cosas más!
Al comenzar un grupo, probablemente el líder designado tenga que hacer todo
esto, pero con el correr del tiempo es mejor que vaya descubriendo quién en el grupo tiene capacidades en las distintas áreas, y dé lugar a que las ejerciten. Esto se puede hacer repartiendo tareas específicas para probar la capacidad, o simplemente observando lo que hacen los miembros naturalmente y animado su participación en determinados momentos.
Sin embargo, hemos considerado solamente las tareas de liderazgo más visibles.
Si observamos una máquina, percibimos lo que hace y escuchamos el zumbido del motor, pero raras veces vemos a éste en acción. Es la parte invisible, pero la más necesaria, pues sin el motor la máquina es nada más que un adorno inútil.
De la misma manera hay todo un ambiente invisible en la función de un grupo pequeño, del cual depende el buen resultado del grupo. Este es el ambiente de las relaciones interpersonales. Es a través de la comunicación e interacción humana que el mensaje de la Biblia es transmitido, recibido, y aceptado o rechazado. Para el mantenimiento de este aspecto hay toda una nueva lista de funciones de liderazgo:
· Incluir a todos en la conversación
· Animar a los que están decaídos retraídos.
· Aliviar tensiones cuando ocurren discusiones fuertes.
e Facilitar la armonía entre los miembros del grupo.
· Observar cómo el grupo va progresando en términos relacionales.
· Escuchar activamente las contribuciones de otros.
· Confirmar el valor de las contribuciones Y otras tantas cosas más
Esto es también un tema de dones. Todos tenemos capacidades dadas por Dios para el bien de su pueblo. Facilitar comunicación y buenas relaciones no es algo que todos sepamos hacer bien. Algunos son especiales en esto, y un líder sagaz va a dar ese lugar a una persona que juega el papel de «aceite« en su grupo, asegurando el buen funcionamiento y evitando el desgaste de las partes, que en este caso son personas.
La atención a esta área va a facilitar el desarrollo de relaciones de confianza. En ese ambiente los miembros se sienten libres para expresarse y están abiertos para aprender y crecer.
Algunos líderes son más fuertes en el área de las tareas visibles, mientras otros lo son en el área de las relaciones. Lo importante es que el líder esté consciente de la necesidad de atender ambas áreas, y que busque entre el grupo los talentos necesarios para que juntos completen el trabajo y, a la vez, desarrollen sus dones.
Actitudes inmaduras de los participantes que no contribuyen al buen
funcionamiento de un grupo pequeño:
1. Observar pero no hablar la persona reacciona por medio de las expresiones de su rostro, pero no hace otra contribución. Es un pasajero, no un miembro de la tripulación.
2. Monopolizar: este participante habla todo el tiempo, muchas veces sin pensar. Defiende su derecho a opinar cuando quiere y tantas veces como se le ocurra.
3. Menospreciar: la persona minimiza las contribuciones de los demás. Siempre tiene la explicación preparada de por qué algo no puede funcionar».
4. Hacer bromas permanentemente: él piensa que es la «vida del grupo», pero en realidad cae pesado y no atiende al tema de la reunión.
5. Manipular: el participante piensa que tiene la única solución razonable y manipula a los demás para conseguir el objeto deseado.
6. Viajar a dedo: esta persona nunca tiene un pensamiento original. No se compromete con nada. Se anota recién cuando la decisión está tomada.
7. Ser obsesivo: la persona siempre vuelve a su «causa», y todo debe dar vuelta alrededor de ella.
8. Ser caprichoso: cuando el grupo no acepta su aporte, él se pone de malhumor
Quizás el talento más importante en el grupo pequeño e incluso en todas las relaciones humanas , es el de escuchar..
Hay muchas maneras de comunicar la Palabra de Dios, pero si una persona no logra incorporarla a su propio entendimiento para luego expresarla en palabra y vida, no va a obtener los resultados transformadores que Dios quiere. Los miembros de un grupo necesitan ayuda para poder expresarse. Esto les crea una especie de espejo en el cual pueden verse y compararse con lo que están aprendiendo de la Biblia.
Esto es algo que todos deben aprender. No es algo que surja naturalmente, porque la tendencia universal es enfocarse en uno mismo. Los que tienden a hablar sienten la necesidad de compartir con otros sus pensamientos, mientras los más tímidos no dicen mucho pero de igual manera están pensando en sí mismos. Es toda una obra del Espíritu Santo empezar a poner las necesidades del otro antes que las propias, porque nuestra naturaleza pecaminosa se muestra en el egocentrismo. Y lo que más nos cuesta es el control de nuestra lengua para el bien del otro (Stg. 3:8).
Escuchar en una forma que facilite el crecimiento del otro no es algo pasivo, sino muy activo. No consiste simplemente en contenerse hasta que la otra persona termine, para luego hacer la contribución propia. Es tomar la decisión de postergar lo mío para ayudar a mi hermano a expresarse, sentirse aceptado y entendido, y progresar en su viaje personal.
Para escuchar mejor:
· Enfoque a la persona: preste atención a sus expresiones corporales tanto como a sus palabras.
· Haga esperar a aquellos que quieren interrumpir.
· No piense en su respuesta. La primera tatea es entender lo que el otro quiere decir.
· Sea abierto, honesto; muestre interés; no emita un juicio.
· Escuche compasivamente y con el compromiso de amar a la persona.
· Repita lo escuchado para verificar que entendió bien.
· Piense bien la respuesta. Tome su tiempo.
· Escuche lo que la persona responde.
En las pisadas del Maestro
Nuestra meta es crecer en la imagen de Cristo. La Palabra de Dios nos enseña cómo, y el ámbito de un grupo pequeño puede proveer todo un campo en el cual practicar ser como Cristo.
Asimismo, nos ajustamos a las normas del grupo por el bien de los demás. Como dijo Pablo: «todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro»(l Co. 10:23, Además, buscamos satisfacer las necesidades del prójimo antes que las propias y abrimos espacios para que el otro crezca.
Si usted está planeando iniciar grupo, piense bien: ¿cuáles son sus metas? ¿cómo piensa alcanzarlas? Recuerde la necesidad de iniciar el proyecto con clara intención de que sea un taller de trabajo en santidad, donde los integrantes vayan aprendiendo la Palabra de Dios y ejercitando sus dones en pro de sus hermanos. Esto exige el compromiso firme de cada miembro, tanto hacia el grupo como a sus metas. Además, enseñe servicio en todo lo que haga. De esta manera, la experiencia en el grupo pequeño será poderosa y verá vidas revolucionadas por el Señor.
Si no nos escuchamos
· Nuestras relaciones van a ser profundas y fuertes, uniéndonos como una familia (Col. 3:9-15).
Si no nos escuchamos
· Nuestras relaciones permanecerán superficiales (Stg. 3:134:1)
· Escuchar es un acto de amor, porque significa rechazar mis deseos a favor del otro (2 Co. 1:3-7).
· Seremos egoístas porque solamente nos va a importar lo que nosotros pensemos (Flp. 2:3, 4)
· Una persona escuchada tiene confianza; es capaz de expresarse honestamente; puede examinarse frente a sus hermanos; puede ver qué tiene que cambiar (Pr. 16:19-24).
· Una persona no escuchada tiene temor, esconde las cosas que están dentro suyo. Entonces no las puede ver y evaluar con claridad y se queda en la prisión de si mismo (Sal. 31:10, 32:3,38:8; Pr 28:13).
· Podemos corregimos, ayudar a clarificar las dudas, tener un buen entendimiento de cómo Dios nos habla a través de su palabra (Pr 9:8)
· Permaneceremos con nuestros errores nuestras dudas, nuestra ignorancia (Pr. 12:15).