Yugo liviano
por Christopher Shaw
Caminando con él alcanzaremos el mismo estado de fortaleza que él posee, una fuerza que descansa, insólitamente, sobre una actitud de mansedumbre y humildad.
Versículo: Mateo 11:23-30
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11:23 Y tú, Capernaúm, ¿acaso serás levantada hasta el cielo? No, sino que descenderás hasta el *abismo. Si los milagros que se hicieron en ti se hubieran hecho en Sodoma, ésta habría permanecido hasta el día de hoy. 11:24 Pero te digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para Sodoma que para ti.» 11:25 En aquel tiempo Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habiendo escondido estas cosas de los sabios e instruidos, se las has revelado a los que son como niños. 11:26 Sí, Padre, porque esa fue tu buena voluntad.11:27 »Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo.11:28 »Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. 11:29 Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. 11:30 Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana.»
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Ayer reflexionábamos sobre la analogía que utilizó Jesús para describir el proceso por el cual logramos la mansedumbre y la humildad. En esta analogía él nos invita a tomar sobre nosotros su yugo, el pesado madero que unía a dos bueyes para que juntos realicen una tarea. Algunos de los que lo escuchaban podrían haber pensado que esta propuesta, después de todo, no tenía ningún atractivo. No consistía en otra acción que cambiar una carga insoportable por otra de las mismas características, salir de una situación de opresión solamente para sumergirse en una similar. El Señor, no obstante, nos sorprende, con la siguiente declaración: « porque mi yugo es fácil y ligera mi carga» (Mt 11.30).Cuando estamos «metidos en muchas tareas», es imposible que nos sintamos livianos Nuestra sorpresa se debe a que la vida de Jesús no tiene, a nuestros ojos, aspecto de fácil ni ligera. Lo vemos incesantemente acosado por las multitudes. La presencia de personas necesitadas es permanente. Donde quiera que él se presenta, ellos rápidamente aparecen. Vive obrando el bien y, no obstante, los cuestionamientos de los religiosos de la época no cesan. Le dedica lo mejor de su tiempo y esfuerzo a los Doce y, sin embargo, lo decepcionan una y otra vez. El ritmo del ministerio es agotador; Marcos comenta que en ciertos momentos Jesús no encontraba ni siquiera tiempo para comer (Mr 3.20). Tampoco tenía dónde recostar su cabeza. ¿Cómo pudo, entonces, afirmar que su yugo era fácil y su carga ligera? La declaración de Cristo nos lleva, una vez más, a un plano diferente del que ocupa nuestro tiempo y esfuerzo. Nosotros consideramos que la liviandad de una situación la determinan las circunstancias en las que nos encontramos. Cuando estamos «metidos en muchas tareas», es imposible que nos sintamos livianos. Al contrario, el exceso de actividades y responsabilidades es el factor que más contribuye al elevado grado de estrés con el que libramos el combate de cada día. Resulta obvio, pues, que la comodidad del yugo y la ligereza de la carga en la vida del Mesías no tienen que ver con su entorno. ¿Dónde radica su secreto? Lo hemos afirmado en varias oportunidades a lo largo de esta aventura de caminar con Jesús. El secreto radica en la fuerza del hombre interior. Jesús posee un espíritu enteramente centrado en los asuntos de Dios. El estado que produce esta cercanía al Padre le otorga una entereza y un sosiego que le permiten hacerle frente a las situaciones más adversas. De hecho, por medio de esta invitación Cristo nos está proponiendo que entremos en la misma dimensión de vida que él disfruta con el Padre. Para lograr esto, debemos estar dispuestos a tomar sobre nuestros «hombros» el yugo que él lleva. Caminando con él alcanzaremos el mismo estado de fortaleza que él posee, una fuerza que descansa, insólitamente, sobre una actitud de mansedumbre y humildad. La invitación ha sido extendida. Usted y yo hemos sido incluidos entre los invitados. No tenemos por qué seguir viviendo en el mismo estado de fatiga y cansancio de los que están a nuestro alrededor. Cristo pone delante de nosotros la opción de una vida liviana y tranquila. ¡No la dejemos pasar!
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