Biblia

Retener la fe

Retener la fe

por Christopher Shaw

La fe es asustadiza. Nuestra tarea es inspirarle confianza ante los desafíos de la vida

Versículo: Hebreos 3:6

3:6 *Cristo, en cambio, es fiel como Hijo al frente de la casa de Dios. Y esa casa somos nosotros, con tal que mantengamos nuestra confianza y la esperanza que nos *enorgullece.

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El autor de Hebreos nos ha exhortado a examinar con cuidado el proceder de la persona de Jesús, con la consigna específica de comprender su fidelidad. En el verso 6 menciona el desafío de «retener hasta el fin nuestra confianza», lo que quita cualquier duda con respecto al porqué de la exhortación previa: El objetivo es que nosotros imitemos la firmeza de Cristo ante las pruebas y dificultades que nos presenta la vida. Según el Diccionario de Idiomas Bíblicos (de Swanson), la palabra griega para retener es katechō. Es llamativo el sentido de este término, que se traduce como evitar, entorpecer, impedir, retener, poseer, controlar. La fe se vuelve robusta y osada con el uso.Encontramos un excelente ejemplo de este sentido en Lucas 4.42. Luego de una noche intensa de ministerio Jesús se levantó de madrugada para orar. Las multitudes que se habían reunido la noche anterior salieron a buscarlo y, cuando lo hallaron, «procuraban detener a Jesús para que no se separara de ellos». Ellos no querían que él prosiguiera hacia otras aldeas y decidieron intentar retenerlo, por la fuerza si fuera necesario. Cuando descubrí que este mismo término se empleaba en referencia a la confianza en el Señor (de la cual depende nuestra fe), de inmediato se me vino a la mente una imagen. En las competencias hípicas de salto suele ocurrir algún incidente en el que uno de los caballos, llegando frente a un obstáculo, se asusta. El jinete experimentado que ama a su animal no lo castigará por haberse desviado de la pista. Más bien, se inclinará hacia delante y le acariciará el cuello, mientras le susurra palabras de ánimo. El objetivo es aquietar el espíritu de nerviosismo e inspirarle confianza, para que vuelva a intentar superar el mismo obstáculo que antes lo asustó. La imagen es por demás clara. Podemos pensar de la fe como una postura frágil y asustadiza. Frente al primer problema nos sentimos tentados a huir. El autor de Hebreos, sin embargo, desea que nosotros cumplamos con nuestra fe el mismo trabajo que el jinete llevó adelante con su caballo. Debemos sujetar nuestro espíritu y hablarle palabras de ánimo, basadas en las incomparables promesas de Dios, de manera que recupere la valentía y se atreva a hacerle frente a aquello que considera una amenaza. La necesidad de este ejercicio deja en claro que la fe es frágil. El autor va a ilustrar esta fragilidad apelando a las muchas instancias en las que el pueblo de Dios, pasando por el desierto, se olvidó de su intervención en favor de ellos y dudó de sus intenciones. No obstante esta fragilidad, la fe se vuelve robusta y osada con el uso. Cuando nos acostumbramos a mantenernos firmes en circunstancias adversas, la fe crece y se anima a hacerle frente a desafíos mayores. Para que esto suceda, sin embargo, será preciso que ejercitemos sobre ella la disciplina adecuada para que no «salga corriendo» cada vez que la necesitamos. 

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