Confianza perfecta
Cuando los filisteos atraparon a David en Gat, él dijo: «En el día que temo, Yo en ti confío» (Salmo 56:3). Cuando huyó de Saúl a una cueva, clamó a Dios: «Porque en ti ha confiado mi alma, Y en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos» (Salmo 57:1).
Hace muchos, muchos años, Félix de Nola estaba escapando de sus enemigos, y él, también, se refugió temporalmente en una cueva. Casi ni había entrado por la boca de la cueva cuando una araña empezó a tejer su tela en la abertura. Con asombrosa velocidad, el insecto completamente selló la boca de la cueva con una intrincada telaraña , dando la apariencia de que nadie había entrado en esa cueva por semanas. Cuando los que perseguían a Félix pasaron por allí, vieron la telaraña, y ni siquiera se molestaron en mirar adentro. Más tarde, cuando el santo fugitivo salió a la luz del sol, pronunció estas aleccionadoras palabras: «En donde está Dios, una telaraña es una muralla; donde él no está, una muralla no es sino una telaraña.»
Tomado del libro Sabiduría Para el Camino (Nashville: Grupo Nelson, 2009). Copyright © 2015 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.