Biblia

Construye la pared en la cima

Construye la pared en la cima

por Sam Doherty

Evangelizar a los niños no sólo significa una vida que se salva, sino también un futuro siervo que podría traer a otros hasta los pies del Padre. En el último artículo de esta serie, el autor Sam Doherty nos pone a pensar sobre la importancia de la vida de los niños.

Segundo artículo de la serie: Toda una vida por delante

Ya hemos visto en el Salmo 78 la importancia de que los niños pongan su confianza en Dios (vs 7) para que no sean como sus padres (vs 8): una generación obstinada y rebelde. Imaginemos que la vida es como un empinado acantilado de la cual se caen muchas personas y sus vidas se ven destrozadas y rotas. Con los ojos de la imaginación podemos ver al pie del acantilado montones de vidas destrozadas. Dios llama a muchos para que ministren a estas vidas destrozadas allí abajo, y este es un ministerio necesario e importante.

Sin embargo, Dios nos llama a algunos a ir a la cima del acantilado y construir allí una pared para evitar que la gente se caiga y sea destrozada. Esa pared es la evangelización de niños. De esta manera alcanzamos a los niños antes de que «se tornen como sus padres», y antes de que sus vidas se destrocen y sus corazones se endurezcan por el pecado. ¿No parece lógico?

Un hombre mayor fue asignado a pastorear una pequeña iglesia en la región montañosa de Escocia. Cierto domingo por la noche asistieron él, su esposa, el guardián de la iglesia y un niño. Después del servicio, el pastor le dijo a su esposa: «¿Vale la pena sólo por nosotros tres?» No había tomado en cuenta al niño. Pero el niño le escuchó y le dijo: «Pero, señor, ¿acaso no valgo yo?» Ese niño fue Robert Moffatt. Años después iría como misionero al África. Acudió a Cristo en los primeros años de su vida, y como niño dijo: «Pero, señor, ¿acaso no valgo yo?»

D.L. Moody, el famoso evangelista norteamericano, de quien hicimos mención al comienzo de la serie, siempre reconoció la importancia de los niños. En una de sus reuniones en Denver, Colorado, vio a un niño que lloraba en los escalones de entrada a la iglesia porque ya no quedaban asientos adentro. Moody lo llevó hasta la plataforma y luego dijo a la congregación: «A este niño se le dijo que no había lugar para él. Pues yo quiero que esté aquí, así que le he dado este lugar en la plataforma. Pido sus oraciones para que sea el mejor niño de los Estados Unidos». Se oyó un fuerte «Amén» de los presentes.

Impactado por el amor y el interés de Moody, el niño escuchó atentamente su mensaje. Cuando creció llegó a ser un destacado y conocido evangelista, llevando a miles a Cristo. Su nombre: Paul Rader.

Para concluir, recuerde: Evangelizamos a niños porque tienen toda su vida por delante.

Carlos Spurgeon escribió:


¿Se enojarán demasiado si les digo que más vale la pena salvar a un niño que a un hombre? Es sólo por la infinita misericordia de Dios que se salvan los que tienen setenta años, pues ¿qué bien pueden hacer con lo que queda de sus vidas? Llegamos a los cincuenta o los sesenta años, y estamos casi agotados; si hemos pasado los primeros años con el diablo, ¿qué es lo que queda para Dios?


Pero con estos queridos niños y niñas se puede hacer mucho. Si ahora se entregan a Cristo, pueden tener una larga vida, feliz y santa, en la que pueden servir a Dios de corazón.


(Citado de Come Ye Children)

No es necesario que yo hable extensamente sobre las ventajas de una vida pía desde temprana edad. El ser creyente en Dios desde una edad tierna es librarse de mil motivos de pesar. El que llega a Cristo de niño puede formar hábitos santos y ser librado de la esclavitud a lo opuesto. Los hábitos pronto se instalan; es difícil formar hábitos nuevos, pero los que se forman en la juventud permanecen hasta la vejez.


(Citado de Come Ye Children)

Por más que nos esforcemos con las personas que se convierten a edad madura, jamás podremos hacer mucho con ellos. Claro que nos alegramos por su salvación en sí; pero a los setenta años, ¿qué queda, aunque llegaran a vivir diez años más? Instruye a un niño, y es posible que tenga cincuenta años de servicio por delante.


(Citado de Come Ye Children)

Me he dado cuenta que con frecuencia los que llegan a Cristo en su juventud crecen en gracia más rápidamente y con mayor facilidad que los otros. No tienen tantas cosas aprendidas que deben desaprender, ni tan pesada carga de viejas memorias. Las cicatrices y las llagas que son la consecuencia de haber pasado años al servicio del diablo están ausentes en aquellos a quienes el Señor trae a su Iglesia antes que hayan vagado demasiado por el mundo.


(Citado de Come Ye Children)

Los Samueles y los Salomones de la iglesia reciben sabiduría en su juventud; los Davides y los Josías tuvieron el corazón tierno a tierna edad. Lee la biografía de la mayoría de los eminentes siervos de Dios, y por lo general hallarás que su vida cristiana empezó a una edad temprana.


(Citado de Words of Counsel for Christian Workers)

Cuanto antes el alma reciba luz, más corta será su noche de tinieblas, de manera que cuanto antes llegue la salvación al corazón, mejor será y habrá mayor bendición. Recibir el rocío de la gracia estando aún en la frescura de la juventud es doble bendición. Deseamos, por la gracia de Dios, ganar el corazón para Cristo al comienzo de la vida, y esta es la bendición más grande. Espero que no te encuentres entre aquellos que sólo desean ver a sus hijos convertidos cuando ya sean mayores, y te sientas satisfecho de que se queden en sus pecados mientras sean niños. Espero que ores por la conversión de niños mientras sean niños, y que con la ayuda del Espíritu estés trabajando hacia ese fin. Si así lo estás haciendo, te diré que no conozco ningún otro servicio más apto para los ángeles del cielo, si se les permitiera realizarlo. Sin duda, si ellos pudieran enseñar el evangelio a la humanidad y elegir quienes serían sus alumnos, dejarían de lado a los que ya están endurecidos por el pecado y que sólo pueden dar a Cristo su tambaleante vejez, y más bien buscarían para Cristo a los jóvenes cuya vida recién empieza. No podemos comparar una labor con la otra, pero podemos sentirnos felices si nuestra obra está entre los jóvenes. Recojamos los pimpollos para Jesús.


(Citado de Words of Counsel for Christian Workers)

Y existe este motivo adicional de gozo: cuando se convierten los jóvenes, se realiza una gran labor preventiva. La conversión salva al niño de una multitud de pecados. Si la eterna misericordia de Dios bendice lo que enseñas a un pequeño, cuán feliz será la vida de ese niño comparada con lo que hubiera sido de haber crecido en necedad, pecado y vergüenza y sólo se hubiere convertido años más tarde. Demuestra la más elevada sabiduría y verdadera prudencia orar por nuestros niños para que entreguen sus corazones al Salvador cuando todavía son pequeños. Es bueno recuperar al pródigo, pero es mejor evitar que llegue a serlo. Traer al ladrón y al borracho es una acción digna de mérito, pero es mucho mejor obrar de tal manera que el niño jamás llegue a ser ni ladrón ni borracho.


(Citado de Words of Counsel for Christian Workers)


Las cuatro velas

Mira que corta es esta vela en mi mano.


Representa a un hombre que halló al Señor siendo ya mayor,


Y si bien ahora alumbra con fuerza,


No puede dar mucho pues pronto se apagará.

Esta vela aquí alumbrará más tiempo que la anterior.


¿No es hermoso su resplandor? Representa a una madre,


Quien halló al Señor a la mitad de su vida; sus hijos ya habían crecido.


Qué pena que no lo conociera mientras ellos aún estuvieran en el hogar.

Esta vela es más larga. Representa a un joven,


Quien entregó su vida a Dios y anda en el camino de la luz y la verdad.


Su luz puede resplandecer durante largo tiempo, logrando ganar a muchos,


Tiene más que dar porque halló al Señor siendo joven.

Esta vela es la más larga de todas, seguramente te gustará,


Porque sabes que alumbrará más tiempo que las demás.


Representa a un niño que oyó el llamado y respondió


Pudiendo así alumbrar y servir al Señor durante largos años.

(Autor desconocido)

Construye la pared en la cima

Todos opinaban que el acantilado era peligroso,


Aunque era tan agradable caminar al borde;


Pero al hacerlo habían resbalado


Tanto nobles como campesinos.


Así que decidieron que se diera una solución,


Y surgieron dos proyectos muy distintos;


Algunos dijeron: Que se ponga una reja en el borde del acantilado


Otros: Que haya una ambulancia en el valle


Ganaron los que sugerían una ambulancia,


Pues pidieron apoyo en la ciudad cercana también;


Una reja puede o no ser útil,


Pero todos se llenaron de compasión


Por aquellos que resbalaron por el temible acantilado;


Y los habitantes de la ciudad y del valle


Dieron lo que pudieron, fuera mucho o poco,


Para poner, no una reja, sino una ambulancia en el valle.


Un viejo muy sabio dio su opinión: Me maravilla a mí


Que la gente preste más importancia


A reparar las consecuencias en vez de detener la causa,


Sería mejor un sistema preventivo.


Detengamos esta tragedia en su origen,


¡Vecinos y amigos, unamos esfuerzos!


Si cercamos el acantilado


Casi no habrá necesidad de la ambulancia en el valle.


Este es un fanático, dijeron los demás,


¿Deshacernos de la ambulancia? ¡Jamás!


Él se desharía de todas las instituciones benéficas también;


«No; no». Las apoyaremos siempre.


¿Acaso no recogemos a la gente apenas se cae?


¿Y este hombre nos quiere obligar a cambiar?


¿Por qué habríamos de poner una cerca


Mientras hay ambulancia en el valle?


Pero unos cuantos sensatos,


No aguantarán esta situación mucho tiempo.


Ellos creen que es mejor prevenir que curar,


Y pronto su voz se oirá con fuerza.


Anímenles, pues, con dinero, voz y pluma,


Y mientras otros demoran,


Ellos pondrán un sólido cerco


Al acantilado que está sobre el valle.


Es mejor dar buena dirección a los jóvenes que procurar recuperarlos ya mayores,


Pues así llama la voz de la sabiduría:


Es bueno rescatar a los caídos, pero es mejor


Evitar que otros caigan.


Es mejor clausurar la fuente de la tentación y el crimen


Que tener que librar del calabozo y las galeras;


Es mejor poner un sólido cerco en la cima del acantilado


Que poner una ambulancia en el valle.

(Autor Desconocido)

Tomado y adaptado del libro ¿Por qué evangelizar a los niños?, Sam Doherty, Desarrollo Cristiano Internacional, 2002, pp. 72–78