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Políticas de conciliación: La clave que logrará su efectividad

Políticas de conciliación: La clave que logrará su efectividad

Por: Feliciana Merino Escalera

Es un hecho constatable que las políticas de conciliación están cada vez más lejos de conseguir su objetivo y los datos aquí son terminantes.

Por un lado tenemos el descenso de la natalidad y el aumento de las familias monoparentales -bien porque en el último tercio de siglo haya crecido notablemente el número de divorcios y separaciones, bien porque han decrecido los matrimonios- y, por otro, que según los informes de centros como el Eurostat (la oficina estadística de la Comisión europea que ofrece datos macro-económicos y sociales sobre los estados miembros de la Unión) las parejas con ingresos provenientes de ambos cónyuges han aumentado un 12% en los últimos ocho años.

Con todo esto no nos queda sino intuir que las mujeres que se están incorporando al mundo laboral lo hacen a costa de renunciar o retrasar la maternidad.

Otro dato nada irrelevante es que en las empresas, los porcentajes de presencia femenina son todavía muy inferiores a los de los varones, con lo que viene siendo generalizado el que los empleados sean hombres que representan la única fuente de ingresos para sus familias y cuyos horarios no les permiten ser una ayuda real y efectiva en las labores domésticas y en la atención y cuidado a su descendencia.

De hecho, algunas de las empresas más recientes, en sectores tan innovadores como las últimas tecnologías (Twitter, Facebook, etc.), no sólo no parecen tener conciencia de esta situación, sino que discriminan a la mujer de forma directa, no permitiendo su acceso a puestos de responsabilidad o retribuyendo peor a las que lo consiguen.

Como muestran los estudios y estadísticas (como los del Instituto Nacional de la Juventud), los jóvenes sienten como factores amenazantes para su futuro, entre otros, el contexto económico de la crisis, con la subsiguiente precariedad en las condiciones de trabajo (contratos de prácticas, poca estabilidad, temporalidad y salarios mínimos) y la ausencia de políticas efectivas para conciliar la vida laboral y familiar.

De estos resultados no podemos concluir que las mujeres tengan una mayor libertad objetiva para cumplir su vocación de ser madres sin tener que abandonar por ello su desarrollo profesional.

Su incorporación al trabajo, junto al retraso de la edad para la maternidad y la caída de la natalidad, nos hacen presagiar lo peor: su vida profesional crece a costa del abandono de la vida familiar.

¿Qué está pasando realmente?

A pesar de que fueron muchas las empresas que se lanzaron a la promoción de las medidas para el logro de la igualdad de género, comienza a ser frecuente un modelo de política empresarial que presiona a la mujer para que renuncie o retrase el momento de tener hijos.

Las corrientes que el liberalismo propone están dejando de lado la conciliación justo porque predomina una visión donde somos exactamente iguales que los hombres, ejercemos nuestra profesión con los mismos parámetros y en consecuencia no existe ninguna diferencia de valor en el modo de trabajar.

Sólo encontramos una dificultad real: la maternidad. De hecho, muchas firmas ofrecen ya diversas técnicas, como el pago de la congelación de óvulos a sus empleadas, lo que al final se convierte en una medida de presión para las que no quieran acogerse a estas "ofertas", siendo obligadas a elegir entre ser madres o mantener su puesto de trabajo. 

El principal obstáculo es que las medidas de conciliación -a través de un discurso igualitarista que pretende equiparar a la mujer con el hombre desde una visión masculinizante de la sociedad- sólo se dirigen a la mujer, o casi exclusivamente a ella, con una conciencia clara y distinta que la señalan como única responsable de la crianza de la prole