Biblia

Reflexión sobre la iluminación de las iglesias, por fray Gregorio Cortázar Vinuesa, OCD

Reflexión sobre la iluminación de las iglesias, por fray Gregorio Cortázar Vinuesa, OCD

La iluminación de las iglesias en la Vigilia Pascual

Así comienza el Pregón Pascual: «Exulten por fin los coros de los ángeles… por la victoria de Rey tan poderoso… Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante».

¿Cómo no estar seguros de que estamos celebrando ya, y con mayor solemnidad que en cualquier domingo del año, la resurrección del Señor? Y si esto es así, que todas las iglesias, al comenzar el Pregón Pascual, resplandezcan por su iluminación; que no haya nadie que, para proclamar el Pregón Pascual, necesite de una linterna para ver su letra y sus notas musicales. ¿Cómo no estar encendidas ya las luces del templo, si estamos celebrando la resurrección de Jesús Luz del mundo? ¿No sería eso un contrasentido?

La Iglesia nos asegura sobre lo debemos hacer. En efecto, cuando quien porta el cirio pascual llega adonde está el altar y, vuelto a los fieles, canta el tercer «Luz de Cristo», y ellos responden: «Demos gracias a Dios», el Misal Romano contiene este mandato: «Y se encienden las luces de la iglesia».

Y así lo expresa la Editio typica tertia del Misal Romano: «Diaconus, cum venerit ante altare, stans versus populum, elevat cereum et tertio cantat: Lumen Christi. Et omnes respondent: Deo gratias. Deinde diaconus cereum paschalem deponit super candelabrum magnum iuxta ambonem paratum, vel in medio presbyterii. Et accenduntur lampades per ecclesiam, exceptis cereis altaris».

Fray Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D.