¿Aprendimos?
por Christopher Shaw
Muchos esperan en su vida espiritual manifestaciones dramáticas, pero la obra de Dios es lenta.
Versículo: Marcos 4:35-41
Leer versículo
Ocultar versículo
4:35 Ese día al anochecer, les dijo a sus discípulos: __Crucemos al otro lado.4:36 Dejaron a la multitud y se fueron con él en la barca donde estaba. También lo acompañaban otras barcas. 4:37 Se desató entonces una fuerte tormenta, y las olas azotaban la barca, tanto que ya comenzaba a inundarse. 4:38 Jesús, mientras tanto, estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, así que los discípulos lo despertaron. __¡Maestro! gritaron , ¿no te importa que nos ahoguemos?4:39 Él se levantó, reprendió al viento y ordenó al mar: __¡Silencio! ¡Cálmate! El viento se calmó y todo quedó completamente tranquilo.4:40 ¿Por qué tienen tanto miedo? dijo a sus discípulos . ¿Todavía no tienen fe?4:41 Ellos estaban espantados y se decían unos a otros: __¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?
Leer todo el capitulo
¡Qué diferente es el Señor a nosotros! Frente a las acusaciones de otros, no podemos resistir la tentación de defendernos, de buscar la manera de comprobar que sus comentarios no son ciertos. Los discípulos le habían reprochado a Jesús su aparente falta de interés en sus vidas, evidenciada en un comportamiento incomprensible en medio de una feroz tormenta: ¡el hombre dormía! Cristo no perdió tiempo en argumentos inútiles. Quien hace justicia y revela la verdad es el Padre, y sus hijos todos han sido llamados a descansar en la protección que él ofrece a los que lo aman. En lugar de confrontar a los discípulos, Jesús intervino para quitar del medio la aparente causa de la angustia de los Doce. «Levantándose, reprendió al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» Entonces cesó el viento y sobrevino una gran calma.»Los hijos de Dios deberían poseer la capacidad de ver más allá de las circunstancias en las que se encuentran. ¿Acaso existían fuerzas demoníacas detrás de esta tormenta, para que Cristo le hablara como a un ser vivo? Fuera cual fuera la realidad, no cabe duda de que esta es una extraordinaria demostración de autoridad. También nosotros hubiéramos quedado atónitos. Simplemente no entra dentro de la experiencia normal de la vida el cruzarse con personas que puedan aquietar, con una palabra, las más violentas manifestaciones del viento y el mar. De todos modos, Jesús inmediatamente se dirigió a los discípulos, y les dijo: «¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?» Lo verdaderamente increíble de la situación no era que el hijo del hombre había calmado la tempestad, sino que ellos no habían demostrado una actitud de confianza en medio de ella. La postura de calmado reposo que ellos habían visto en Cristo es la que él esperaba que surgiera también en ellos. Teniendo tantas evidencias del obrar de Dios en medio de ellos, ¿cómo es que perdían con tanta facilidad la orientación espiritual en la vida, para caer cautivos a las más paralizantes manifestaciones de miedo? Los hijos de Dios deberían poseer la capacidad de ver más allá de las circunstancias en las que se encuentran, «no mirando las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas» (2Co 4.18). Los discípulos, sin embargo, se habían quedado con la demostración de poder: «se decían el uno al otro: «¿Quién es este, que aun el viento y el mar lo obedecen?» El asombro por lo que Jesús había hecho no les permitió concentrarse en la actitud de sus corazones, donde era necesario una transformación aun mayor que la que habían visto en el mar. Esta respuesta es típica del ser humano; fácilmente queda cautivado por manifestaciones extraordinarias y asombrosas, las cuales normalmente no tienen mucho peso en el ámbito de lo espiritual. Deslumbrados por los fuegos artificiales, que duran apenas un instante, no apreciamos la inmensidad de la noche estrellada que proclama la existencia de un Dios cuyas dimensiones son eternas. Las experiencias más significativas en nuestro peregrinaje espiritual rara vez van acompañadas de manifestaciones dramáticas, aunque a estas últimas procuramos con más fervor. Más bien, la obra de Dios es lenta y, mayormente, secreta.
Producido y editado por Desarrollo Cristiano Internacional para DesarrolloCristiano.com. Copyright ©2003-2010 por Desarrollo Cristiano, todos los derechos reservados.