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Charles Stanley – AFERRARNOS A NUESTRA ESPERANZA

Charles Stanley – AFERRARNOS A NUESTRA ESPERANZA

AFERRARNOS A NUESTRA ESPERANZA

Elí respondio y dijo: Vé en paz y el Dios de Israel te otorgue la petición que has hecho. Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino y comió y no estuvo más triste. Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová. Y Elcana se llegó a Ana su mujer y JEHOVÁ SE ACORDÓ DE ELLA. 1Samuel 1:17-19.

La situación de Ana parecía irremediable. Estaba angustiada porque “Jehová no le había concedido tener hijos”. Lo cual por sí solo, era un gran motivo de desgracia para una mujer hebrea. Pero Ana sufría aún más por la provocación intencional de la otra esposa de su marido, quien había sido bendecida con hijos.

Aferrarnos a nuestra esperanza puede ser difícil cuando las circunstancias son amargas y no hay señales de progreso. Para los creyentes, esto puede ser aún más desalentador, porque saben que Dios puede satisfacer sus esperanzas y remediar la situación, pero no lo ha hecho.

Ana era una mujer de gran fe, incluso en medio de su frustración y de su dolor. Año tras año seguía yendo a Silo para adorar al Señor. La perseverancia es una cualidad que Dios valora mucho en su pueblo. El aguante en las pruebas da un carácter piadoso y una esperanza que no avergüenza Ro 5.3-5: Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia y la paciencia, prueba, y la prueba esperanza y la Esperanza no avergûenza porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

El dolor agudo muchas veces lleva al Señor. Ana había adorado fielmente a Dios en compañía de todo Israel, pero esta vez fue sola al tabernáculo para orar al Único que podía ayudarla. Con amargas lágrimas derramó su alma delante del Señor, y le ofreció el sacrificio de lo que ella más valoraba, un hijo. Puso su esperanza a sus pies, y prometió que si Dios le concedía su deseo, le daría su hijo.Aquello a que nos aferramos sólo podremos conservarlo si lo rendimos a Dios. Este principio bíblico se aplica a nuestras esperanzas, y también a nuestra vida misma Lc 9.24: Porque todo aquel que quiera salvar su vida la perderá, y todo el que pierda su vida por causa de mi, es la salvará.

Aprenda del ejemplo de Ana, y derrámele su corazón a Dios. Ponga sus esperanzas delante de Él, el Único que puede satisfacer sus deseos o cambiarlos para armonizarlos con su voluntad.

Por:Charles Stanley