Biblia

Considerar a Jesús

Considerar a Jesús

por Christopher Shaw

En Cristo están encerrados los misterios de la persona de Dios.

Versículo: Hebreos 3:1

3:1 Por lo tanto, hermanos, ustedes que han sido *santificados y que tienen parte en el mismo llamamiento celestial, consideren a Jesús, apóstol y sumo sacerdote de la fe que profesamos.

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Resulta claro que para el autor de Hebreos Jesús posee un peso inusual. Ha dedicado gran parte de los primeros dos capítulos del libro para exhibir las impecables credenciales que lo distinguen como mensajero de Dios. Convencido de que no existe figura en la historia del pueblo de Dios más importante que el Cristo, nos insta a que prestemos mucha atención al mensaje que nos ha traído. Ahora el autor da un paso adicional. Nos invita a considerar a Jesús, en quien se unen los roles más significativos del Antiguo y Nuevo Pacto, los de sacerdote y apóstol. El término que emplea el griego, katanoeō, es difícil de traducir. El Diccionario de Idiomas Bíblicos explica que significa «considerar cuidadosamente, meditar atentamente, preocuparse por comprender cabalmente, descubrir mediante observación directa».La mirada apurada no bastará para dilucidar los misterios de la persona de Jesús. Todas estas acepciones dejan en claro que la mirada apurada no bastará para dilucidar los misterios de la persona de Jesús. Esta no es una tarea para los curiosos que están de paso. Es un llamado a aquellos dispuestos a muñirse de paciencia, perseverancia y concentración. La Nueva Traducción Viviente intenta captar esta idea con la exhortación a «considerar cuidadosamente» a Jesús. El verbo indica un diligente estudio de Jesús, tal como el que uno podría realizar frente a una obra de arte para apreciar mejor los detalles con los que lo dotó su creador. La misma palabra se emplea en algunos pasajes que pueden ayudarnos a comprender mejor la actitud que espera despertar en nosotros el autor de esta carta. En su discurso a los fariseos, Esteban mencionó que Moisés, confrontado por la zarza que ardía sin consumirse, se acercó «para ver mejor» aquel fenómeno (Hechos 7.31 – NBLH). De la misma manera Pedro, en la visión que tuvo en la azotea, cuando vio el lienzo que descendía del cielo, relató: «cuando fijé mis ojos en él y lo observaba, vi cuadrúpedos terrestres, fieras, reptiles y aves del cielo» (Hechos 11.6 – NBLH). Resulta evidente que en este llamado el autor de Hebreos no pretende que realicemos la clase de meticuloso estudio que fascinaba a los fariseos. Ellos podían pasar horas discutiendo sobre el significado de una sola palabra en el texto. Más bien, existe algo en la persona de Jesús que no se vislumbra a simple vista. Está escondido a los ojos de aquellos que no sienten hambre ni sed de Dios. No obstante, para los que han comprendido que «El Hijo irradia la gloria de Dios y expresa el carácter mismo de Dios» (Hebreos 1.3 – NTV), el acercamiento a Jesús es un llamado a una misión sagrada. Detrás del hombre que transitó los polvorientos caminos de Israel se esconden los atributos más preciosos del Padre que anhelamos conocer. El Señor nos dé ojos para ver lo que no se ve a simple vista.  

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