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Cruzadas, Inquisición y Guerra contra las mujeres: es hora de derribar mitos

Cruzadas, Inquisición y Guerra contra las mujeres: es hora de derribar mitos

Por: Susan Wills

En tiempos de terrorismo diseminado por todos los continentes, no faltan afirmaciones gratuitas de todo tipo, sea para poner a todos los musulmanes en el mismo saco con los terroristas, sea para intentar librarlos de esa generalización mediante más generalizaciones respecto a otras religiones (con preferencia, la católica).
 
Entre las palabras de moda, vuelven a la palestra las indefectibles acusaciones del tipo “No olviden los actos bárbaros cometidos en nombre de Cristo durante las Cruzadas y la Inquisición!", además de reduccionismos al orden del día, como la llamada “Guerra contra las mujeres”, expresión que está de moda aquí en Estados Unidos y en buena parte de Europa occidental.
 
Pero hoy hechos históricos que son cuidadosamente dejados de lado respecto a estos clichés. Veamos algunos:
 
Las Cruzadas
 
¿Será verdad que los cruzados no eran más que saqueadores y vándalos crueles que distorsionaban el cristianismo, como afirma la visión popularizada de esos episodios de la historia medieval?
 
Thomas F. Madden, historiador de las Cruzadas y director del Centro de Estudios Medievales y Renacentistas de la Universidad de Saint Louis, afirma que no. Él lleva tiempo en una “cruzada en solitario” para desenmascarar los mitos populares sobre las supuestas atrocidades patrocinadas por la Iglesia católica entre los siglos XII y XVI.
 
Madden explica que los guerreros del islam, con enorme energía, comenzaron a combatir a los cristianos después de la muerte de Mahoma. Y los musulmanes tuvieron mucho éxito en la empresa comenzada, hasta el punto de que en Palestina, en Siria y en Egipto, que antes eran las regiones más fuertemente cristianas del mundo entero, sucumbieron rápidamente.
 
En el siglo VIII, los ejércitos musulmanes ya habían conquistado todo el Norte de África y España, que también eran, anteriormente, áreas cristianas. En el siglo XI, los turcos seleúcidas conquistaron Asia Menor (actual Turquía), que había sido cristiana desde los tiempos del Apóstol San Pablo.
 
El antiguo Imperio Romano de Oriente, que los historiadores modernos prefieren llamar Imperio Bizantino, se redujo a poco más que el territorio de la Grecia actual. Desesperado, el emperador bizantino, cuya sede estaba en Constantinopla (actual Estambul, Turquía), envió un mensaje a los cristianos de Europa occidental pidiendo ayuda para defender a sus hermanos y hermanas de Oriente.
 
Fue este el contexto que dio a luz a las Cruzadas. Ellas no fueron fruto de la imaginación de un papa ambicioso o de caballeros voraces, sino una respuesta a más de cuatro siglos de conquistas musulmanas que ya habían dominado dos terceras partes del viejo mundo cristiano. El cristianismo, como fe y cultura, tenía que tomar una decisión: o se defendía o era engullido por el islam. Las Cruzadas fueron la estrategia adoptada para la reacción en defensa propia.
 
Madden describe los dos objetivos establecidos por el papa Urbano II para las Cruzadas: rescatar a los cristianos de Oriente Medio, que estaban siendo esclavizados por el dominio musulmán, y liberar de los musulmanes la ciudad de Jerusalén y otros lugares santificados por la vida de Cristo. Lejos de ser una distorsión del catolicismo, las Cruzadas nacieron del mismo corazón de la fe, explica el historiador, citando una carta del papa Inocencio III a los Caballeros Templarios: "Vosotros realizáis con hecho las palabras del Evangelio: nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos".
 
En la ejecución práctica de las ocho Cruzadas, sucedieron, está claro, muchos abusos inadmisibles por parte de los grupos combatientes. Pero de ahí a afirmar gratuitamente que las Cruzadas ya fueron concebidas con fines violentos extrapola y mucho la veracidad histórica.