Deje que Dios haga la exaltación
Piense en David, el joven músico, cuidando las ovejas de su padre en las colinas de Judea, hace muchos siglos. Era un músico que se había enseñado a sí mismo, talentoso. No fue en alguna gira, tratando de hacerse un nombre. Más bien, le cantaba a las ovejas. No tenía ni idea de que algún día sus poemas se abrirían paso al salterio y serían los mismos cantos que han inspirado y consolado a millones de personas en noches largas y oscuras.
David no buscaba el éxito: simplemente se humilló bajo la poderosa mano de Dios, estando cerca al Señor y sometiéndose a Él. Y Dios exaltó a David al cargo más alto en la tierra. . . .
Usted no tiene que promoverse a sí mismo. . . . Dios lo promoverá. . . . ¡Permita que Dios haga la exaltación! Mientras tanto, siéntese quietamente bajo Su mano.
Tomado del libro Sabiduría Para el Camino (Nashville: Grupo Nelson, 2009). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.