Biblia

En pos de una estrella

En pos de una estrella

por Christopher Shaw

La aparición de la estrella debe servirnos para recordar que el Señor puede servirse de lo que él quiera para comunicarse con nosotros.

Versículo: Mateo 5

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La llegada de estos hombres, estudiosos de los fenómenos astronómicos que observaban en el firmamento, inmediatamente traslada el significado del nacimiento de Jesús, más allá de las fronteras de Israel, hacia el mundo gentil. Desde tiempos inmemoriales Dios había comunicado a su pueblo que deseaba que ellos fueran una nación de sacerdotes, instrumentos del Señor para bendecir a toda la tierra. De hecho, esta vocación está contenida en el llamado del padre de la nación, Abraham: «Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. En ti serán benditas todas las familias de la tierra» (Génesis 12.3).Nos basta con saber que el firmamento proclama la existencia de Dios, pero solamente lo perciben aquellos con ojos para verlo. Tristemente, no encontramos indicios en la historia del Antiguo Testamento de que alguna vez le haya interesado a Israel buscar la forma de extender la bendición de Dios hacia sus vecinos más cercanos. No obstante, el Señor se movió periódicamente entre los gentiles. Las Escrituras relatan cómo Naamán, de vuelta a su país, llevó las convicciones espirituales que resultaron de la sanidad que recibió de Dios. Desde África llegó la reina de Saba para probar la sabiduría de Salomón. Jonás, renuente misionero de Jehová, predicó la Palabra entre los Asirios, y fue testigo del arrepentimiento de toda una ciudad. En el exilio, Dios usó poderosamente a Daniel para bendecir a los babilonios, como también a Ester, a Nehemías y a Esdras. No cabe duda de que el Señor, a pesar de la indiferencia de su pueblo, siempre ha sabido cuál es el medio ideal y particular para moverse entre las naciones a fin de dar a conocer las bondades de su corazón. El relato de Mateo es llamativo porque muestra a un grupo de hombres, que sin la herencia religiosa de los judíos, tuvo en sus manos cómo descubrir que el Mesías había nacido. El mensajero de esta noticia, para ellos, fue una estrella. No se nos provee ningún tipo de detalle acerca de la forma en que apareció este astro ni cómo interpretaron su significado. Nos basta con saber que el firmamento proclama la existencia de Dios, pero solamente lo perciben aquellos con ojos para verlo. David compartió, en el Salmo 8, su asombro ante la creación de Dios, y exclamó: «tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has establecido» (v. 3). En el Salmo 19 declara que «los cielos proclaman la gloria de Dios, y la expansión anuncia la obra de sus manos» (v. 1). Los magos, con esa obsesión típica de los científicos, habían interpretado el mensaje de un fenómeno que observaron en el cielo, y llegaron a Jerusalén para investigar más a fondo el asunto. Aun no teniendo mensajeros dispuestos a ir a los gentiles, Dios se estaba moviendo en medio de ellos y dando a conocer su intención de incluir a los gentiles en la salvación que empezaba, primero, en la casa de Israel. La aparición de la estrella debe servirnos para recordar que el Señor puede servirse de lo que él quiera para comunicarse con nosotros, pero seguramente escogerá el medio que más se preste para que interpretemos lo que nos quiere anunciar. El deseo profundo de su corazón, después de todo, es darse a conocer.

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