Invierte donde haya mayor rendimiento
por Sam Doherty
A mayor edad de la persona, mayor es su resistencia al evangelio, y resulta más difícil alcanzarlos para Cristo. El rechazo continuo hace que el corazón se endurezca más (Hebreos 4:7; 2 Corintios 6:12). Por lo tanto la niñez y la juventud son los mejores años para la salvación, y en consecuencia los campos más fructíferos de evangelización.
Primer artículo de la serie: Dispuestos a oír el evangelio
«Tengo un maravilloso plan», me dijo un joven evangelista. «Iré al centro de cada pueblo y tocaré mi acordeón y cantaré. Y conforme se congregue la gente para escucharme, les predicaré el evangelio y los evangelizaré».
Sonreí pero no dije mucho. Ya sabía lo que sucedería.
Más adelante compartió conmigo sus experiencias.
«Me sentí desilusionado», dijo, «cuando vi que ningún hombre ni mujer quería escucharme. Ni siquiera uno apareció. Pero dondequiera que iba, se congregaban muchos niños para escucharme y estaban muy interesados en lo que decía.»
No me sorprendió. Esto era lo que yo esperaba. Tales relatos y experiencias se repiten vez tras vez. Los adultos, e incluso los adolescentes de hoy, por lo general están muy cerrados al evangelio. Los niños, y sobre todo los más pequeños, son muy distintos. Son abiertos y demuestran interés así que no deberíamos sorprendernos cuando sucede algo así. La porción de la comunidad más receptiva al evangelio son los niños. Muchos de ellos desean venir, desean escuchar las buenas nuevas, y con frecuencia entre ellos hay quienes verdaderamente desean confiar en el Señor Jesucristo.
Por ende, ¿no deberíamos evangelizar a aquellos que son receptivos y dispuestos a escuchar? ¿O deberíamos más bien concentrar todos nuestros esfuerzos en aquellos cuyos corazones son duros y resistentes, y a quienes no les interesa nuestro mensaje?
La Biblia nos enseña que los niños son más receptivos al evangelio que los adultos
En Marcos 10:15 el Señor Jesús dice: «Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño, de ninguna manera entrará en él».
En Mateo 18:3 el Señor Jesús dice: «Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos».
Antes que un adulto pueda ser salvo, debe volverse como un niño. Debe ser sencillo, humilde, confiado y dependiente. No se requiere que el niño se torne como un adulto; más bien el adulto tiene que volverse como un niño. Para el adulto esto es difícil. Para el niño no lo es. Él ya es un niño. Es por naturaleza sencillo, humilde, confiado y dependiente. Aunque esté tan espiritualmente muerto como un adulto, seguramente está un paso más cerca del reino que este. Además, como es menor, ha vivido menos años en el pecado, y su corazón está más abierto y tierno.
Dios puede usar todas estas cualidades naturales para guiar al niño hacia un conocimiento que le dé salvación en Jesucristo sin que tenga que pasar por las experiencias a veces traumáticas de un adulto que tiene que «volverse como niño».
Salomón escribe a niños y jóvenes en Eclesiastés 12:1: «Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días malos y vengan los años en que digas: «No encuentro en ellos placer alguno»».
A mayor edad de la persona, mayor es su resistencia al evangelio, y resulta más difícil alcanzarlos para Cristo. El rechazo continuo hace que el corazón se endurezca más (Hebreos 4:7; 2 Corintios 6:12). Por lo tanto la niñez y la juventud son los mejores años para la salvación, y en consecuencia los campos más fructíferos de evangelización.
Martín Lutero dijo en alguna ocasión, referente a la enseñanza de los menores: «Sé que aparte de la predicación, esta es la mejor, la más segura y la más útil vocación, y no estoy seguro cuál de las dos es mejor pues es difícil reformar a los viejos pecadores con quienes trata el predicador, mientras que el árbol joven se puede doblar sin que se rompa.»
Cuando llegó la libertad a Europa Oriental, un líder cristiano me dijo: «Concentrémonos en la mayor medida posible en los niños. Son ellos los que han sido menos envenenados e influenciados por el mal del comunismo.» Y es así en todas partes.
La experiencia nos muestra que los niños son más receptivos al evangelio
Muchos de los que trabajan con niños, y también los que trabajan con adultos, han comprobado la relativa apertura de los menores a la enseñanza del evangelio. Pareciera que el adulto de hoy, e incluso el adolescente de hoy, se torna cada vez más duro, y más resistente al evangelio y las demandas de Cristo. Desafío a cualquier lector que dude de lo escrito que lo ponga a prueba, y compare las reacciones y respuestas de niños, adolescentes y adultos al mensaje del evangelio.
Otros grupos están conscientes de la apertura de los niños a lo que dicen y enseñan, y las influencias que desean ejercer sobre ellos. Es por eso que concentran mucha de su labor en los niños:
Los comunistas de Europa Oriental siempre han enfocado su atención y su propaganda en los niños
Las propagandas de televisión con frecuencia se dirigen a los niños
La iglesia Católica Romana da alta prioridad a los niños
Después de la Reforma la Iglesia Católica Romana «concibió el plan de alcanzar a los hijos de los combatientes y criarlos como una generación de amantes y defensores de Roma». Los Jesuitas basaron su contra-reforma en esta estrategia de alcanzar a los niños. Y Francisco Javier «dio a los menores e ignorantes el primer lugar en su evangelización de la India». Fue él quien dijo: «Dadme a los niños hasta los siete años de edad y después se los puede llevar quienquiera».
Lamentablemente no todos los evangélicos aprecian la apertura de los niños y las maravillosas recompensas por alcanzarlos con el evangelio mientras son aún niños.
Me parece que el salmista había percibido la apertura de los niños a la Palabra de Dios al escribir los primeros ocho versículos del Salmo 78. Había visto la terquedad y la rebelión de su propia generación (vs 8), y el hecho de que tantos no habían encaminado su corazón ni se habían mantenido fieles a Dios. ¿Cuál era la respuesta? La da en los dos versículos anteriores. Enfatiza la importancia de que los niños, la siguiente generación, la generación venidera, conozcan la Palabra de Dios (vs 6), y pongan su confianza en Dios (vs 7a) para que recuerden y obedezcan los mandatos de Dios (vs 7b). El resultado sería que no serían obstinados y rebeldes como la generación adulta mencionada en el versículo 8.
Ahora es el momento de alcanzarlos y enseñarles, cuando aún están receptivos y dispuestos a escuchar. Ahora es el momento de alcanzar a la generación venidera, antes que se torne tan desobediente y pecaminosa como la actual.
Sin embargo, debemos reconocer que los niños no sólo están abiertos al evangelio. Su misma naturaleza implica que están abiertos a todo lo que les pueda influenciar y afectar. Están abiertos a todo mensaje y a todo pecado.
Tomado y adaptado del libro ¿Por qué evangelizar a los niños?, Sam Doherty, Desarrollo Cristiano Internacional, 2002, pp. 5962