La Chequera del Banco de la Fe/14 de Marzo
Por Charles H. Spurgeon
14 de Marzo
“Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros.”
Isaías 66: 13.
¡El consuelo de una madre! Ah, es la ternura misma. ¡Cómo se adentra una
madre en el dolor de su hijo! ¡Cómo lo estrecha contra su pecho, y trata de
extraerle toda su aflicción para trasladarla a su propio corazón! Él puede contarle
todo a ella, ya que se identificará con el problema como nadie podría hacerlo.
Entre todos los consoladores, el niño prefiere a su madre, e incluso hombres
adultos han descubierto que esto es así.
¿Acaso Jehová condesciende a hacer el papel de una madre? Esto, en verdad,
es bondad. Podemos percibir con facilidad que Él sea un padre; pero ¿será
también como una madre? ¿Acaso no nos invita esto a una santa familiaridad, a
una confianza sin reservas, a un reposo sagrado? Cuando Dios se convierte en
“el Consolador” ninguna angustia puede permanecer por largo tiempo. Cada uno
de nosotros ha de contarle su problema, aunque los sollozos y los suspiros se
conviertan en nuestra primera expresión. Él no nos despreciará por nuestras
lágrimas; nuestra madre no lo hizo. Él considerará nuestra debilidad así como lo
hizo ella, y quitará nuestras faltas, sólo que lo hará de una manera más cierta y
más seguro de lo que nuestra madre podría hacerlo. No procuraremos llevar solos
nuestro dolor: eso sería rudo para Uno tan gentil y tan amable. Comencemos el
día con nuestro amante Dios, y, ¿por qué no lo terminamos en la misma
compañía, puesto que las madres nunca se cansan de sus hijos?