La perla de gran valor
por Christopher Shaw
En la conversión el ser humano no tiene ningún rol protagónico, es Dios quien se mueve buscando al hombre.
Versículo: Mateo 13
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Como ya hemos visto en las anteriores parábolas, Cristo ilustró la misma verdad con historias similares. Al relato del hombre que encontró un tesoro en la tierra le añadió esta otra parábola: «También el reino de los cielos es semejante a un comerciante que busca buenas perlas, y al hallar una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.» (Mt 13.46). En la parábola anterior, el labrador encontró el tesoro escondido puramente por accidente. No obstante, entendió inmediatamente que había encontrado algo de tan gran valor que fue y vendió todo lo que poseía. En la historia del comerciante de perlas Cristo apela, una vez más, a una figura que sería bien conocida por la mayoría de sus oyentes. Las perlas eran consideradas de gran valor en el Medio Oriente y existía un gran número de comerciantes que se dedicaban a la compra y venta de estas piezas. Detrás del reino se mueve un Dios que está buscando la forma de invitar al hombre a una comunión con él. El comerciante de perlas al que hace referencia la parábola seguramente era una persona que se dedicaba a la compra al por mayor. Hemos de entender, entonces, que este era un hombre acostumbrado a efectuar negocios en forma cautelosa, calculando cuidadosamente los riesgos y beneficios de cada transacción. No obstante, cuando encontró la perla preciosa, echó por la borda su habitual cautela y vendió todo lo que tenía para comprarla. A pesar de que era una persona conocedora de perlas, no salía del asombro por el descubrimiento que había hecho. De este modo se perfilan dos clases de personas que ingresan al reino. El campesino representa a aquellas personas que encuentran el reino sin estar buscándolo. Probablemente no tienen siquiera conocimiento de su existencia. No obstante, cuando se les presenta la oportunidad de acceder a ella, la toman gozosamente. El comerciante de perlas podría representar a la persona que se ha abocado al cultivo de una sensibilidad a las cosas espirituales. Posee un interés en entablar una relación con Dios, mas su propia ceguera no le permite encaminar su vida por el camino correcto. Hemos de notar que en ambos casos las dos personas encuentran el tesoro de gran valor sin estar buscándolo. El campesino, por supuesto, ni siquiera soñaba de la existencia de algo enterrado en la tierra. El comerciante de perlas había dedicado su vida a buscar perlas, pero no sabía de la existencia de esta perla de gran valor. La encontró sin estar buscándola. Estas dos situaciones ponen de manifiesto que el reino no es algo que podamos encontrar por nuestros propios medios, a pesar de que nuestros testimonios frecuentemente le otorgan al ser humano un rol protagónico en la conversión. Es más acertado decir que el reino se nos presenta en forma sorpresiva, porque detrás del reino se mueve un Dios que está buscando la forma de invitar al hombre a una relación de comunión e intimidad con él. El único mérito que tienen el campesino y el comerciante de perlas es que supieron aprovechar bien la situación inesperada que se les presentó. Somos, por siempre, personas que reaccionamos a las iniciativas de Dios, lo que indica que nuestra vida total está envuelta en un manto de gracia.
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