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La política, hoy día

La política, hoy día

La política, hoy día

Lamentablemente estamos asistiendo en España a una enorme conflictividad política, social y judicial, producto de odios y venganzas, y de intereses partidistas dentro de una grave crisis social, financiera, económica y educativa. El pueblo español está soportando una pésima política partidista y una mala gestión y administración de nuestros políticos  que, en lugar de remedir nuestros males, los empeoran.

La política es organizar y gobernar la convivencia ciudadana de un estado, de un pueblo, de una nación mirando a su bienestar, a su interés general y a sus necesidades. Para ello, hay dos formas de hacerlo: Una, mediante leyes justas y estables, y  otra, mediante la fuerza y la astucia al considerar  que  este mundo es una pura selva en la que rigen dos leyes, la de león y de la zorra, es decir, fuerza y astucia combinadas.

  La política democrática, hoy día en España, es una lucha entre partidos  para conquistar el poder del Estado por medio de la fuerza del número de votos en los comicios electorales y por la astucia de los diputados para  beneficiarse, dominar la sociedad, imponer sus ideologías y eliminar a sus adversarios políticos.

Ante ello, es necesario regenerar la actividad política legislativa, administrativa y judicial de las diversas instituciones del Estado español mediante leyes justas y estables, separando los tres poderes, con el fin de buscar el interés general y el bien común de los  ciudadanos, resolver  sus necesidades, promover su bienestar, salud, educación, cultura y progreso y evitar determinadas presiones injustas e inmorales de ciertos particulares, partidos y grupos de presión.

 Hay personas políticas que pretenden gobernar un estado político, una comunidad autónoma, un ayuntamiento o acceder a cargos de responsabilidad política, sin saber gobernarse a sí mismos y a su familia, o sin saber dirigir una empresa o hacer un trabajo profesional. Estas personas no están en condiciones ni están capacitadas para acceder a dichas responsabilidades.

Para mandar democráticamente, los políticos  y sus dirigentes  deben ser personas competentes, prudentes, justas, fuertes, moderadas, cercanas al pueblo, capaces de gobernar y ser gobernados honesta y justamente, servir a sus ciudadanos y no servirse de ellos para alcanzar el poder.

 

José Barros Guede

A  Coruña, 7 de enero del 2016